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jueves, 1 de junio de 2017

Frente a los enemigos de España, no hay concordia que valga: o ellos o nosotros


El diputado de Podemos Eduardo Santos Itoiz lo dejó muy claro en el debate a tres que mantuvo en Navarra Televisión, unos días antes de las elecciones internas a la dirección navarra de su partido, en las que resultó discreto ganador: «Podemos pretende la hegemonía, en una Navarra plural por supuesto, pero en definitiva, la hegemonía». Pluralidad, poder, ¿hegemonía?

Del reciente editorial de una novedosa revista digital de metapolítica (http://www.posmodernia.com/la-batalla-de-la-cultura-2/) procede el siguiente y muy clarificador párrafo: «No hace falta haber leído a Antonio Gramsci para entender el concepto de hegemonía cultural, dominar la cultura para imponer un sistema de valores, creencias e ideologías sobre el resto de la sociedad. Igual alguna explicación mayor merece el concepto de violencia simbólica de Pierre Bourdieu. El autor lo define como “La violencia simbólica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en unas “expectativas colectivas”, en unas creencias socialmente inculcadas”». Hegemonía y sumisión: esos mecanismos operativos que los radicales de todos los matices están empeñados en monopolizar e imponer al precio que haga falta. También en Navarra.

Pero no está sólo Santos en tal empeño: son todos los políticos radicales quienes comparten tales pretensiones; no andándose con tonterías para ello. En suma, persiguen la hegemonía en todas sus manifestaciones, es decir, el poder puro y duro; sirviéndose de esa terminología gramsciana y de múltiples tácticas apropiadas a tal fin. Objetivo último: el poder total; el político, el cultural que lo precede y sustenta, el social que lo fija, el mental que lo interioriza… No han venido para jugar, para echar unas risas, para “experimentar”, para buscarse un huequecito cálido y remunerado: quieren el poder, y quedarse. Y punto, Olé la claridad.

Desde el separatismo colaboracionista, sus pretensiones no son menos totalitarias, sin embargo, algunos/as no se quieren enterar y, entre café y charla, pretenden algo así como una “tercera vía”: la de la concordia. Nada de extremismos, por favor. ¡Qué gente más buena! Pero, ¿es posible? ¿Hay espacio? Y sobre todo, ¿alguien les espera en “la otra orilla”?

Para que se enteren, de una vez, vamos a reproducir a continuación, íntegramente, un interesante texto de un pseudomedio separatista en el que, insultos al margen, se explicita perfectamente sus pretensiones y programas. En suma: sus tácticas, estrategia y objetivos intermedios y finales. Vamos a ello.

«La batalla final  - Cambio o Régimen

El próximo 3 de junio las fuerzas del Viejo Régimen navarro españolista han convocado una manifestación, dicen que en defensa de la bandera de Navarra. 
   
Me produce cierta satisfacción. Y lo digo porque el hecho de que hayan tenido que echar mano de los instintos más básicos de su esencialismo navarrero barato para sacar a los suyos a la calle, significa que no tienen otros reclamos más importantes y que estén más justificados.

Todo el mundo sabe que la bandera navarra no está en peligro. La excusa para tomar las calles no ha estado nunca tan poco justificada. No han encontrado ni un caso de corrupción, ni una política antisocial, ni ningún escándalo por mal hacer político como para convocar esta manifestación, y por eso echan mano de la bandera. Es cutre, sí, muy cutre, pero es que así son ellos. La convocatoria fue cutre, sus vídeos son cutres, su manifiesto es cutre, hasta sus hastags son cutres… Y salen a la calle todos juntos: los regionalistas de UPN, los antiforales de Ciudadanos, los fascistas y sus mil siglas, los corruptos del PP, los despistados del PSN…

Quienes han mangoneado durante décadas, los que han gobernado para una minoría, quienes han vendido nuestra sanidad pública y la Educación al Opus, los que están salpicados por mil casos de corrupción, los familiares de quienes no pagan sus impuestos a la Hacienda navarra, se erigen ahora de nuevo como defensores de la identidad navarra. Es cutre, y es una vergüenza.

Pero no nos engañemos: puede que les funcione y que el 3J sean miles. Por eso digo que comienza la batalla final. Quedan dos años para unas nuevas elecciones forales y autonómicas, y nos jugamos mucho. Las fuerzas del Régimen comienzan a mover ficha, y seguramente no será esta la última muestra de fuerza que harán en la calle. ¿Y qué debemos hacer? ¿Cómo responder? Es evidente que el Cambio todavía está en sus comienzos. Revertir años y años de políticas de derechas no se puede hacer de un día para otro, pero hay que exigir que los pasos que se den sean firmes, cortos si se quiere, pero firmes y en la buena dirección. Y aunque yo pueda tener mis reservas con el Gobierno de Nafarroa o con los diferentes ayuntamientos del Cambio, está claro que no hay alternativa válida a día de hoy, y que es necesaria la suma de fuerzas diferentes para salvaguardar Nafarroa de la mafia regionalista.

Es por ello que ya no valen excusas ni posturas infantiles: o estás con el Cambio o estás con el Régimen. Consciente o inconscientemente. Es la hora de la responsabilidad, de actuar con estrategia y con inteligencia, de volver a tomar la calle, de participar en el movimiento popular, de construir, de defender lo logrado y apuntar hacia nuevas metas. Es la hora de apostar por seguir con la transformación social y política de Nafarroa».

Algunas conclusiones del texto:

1.- El separatismo quiere el poder absoluto. En consecuencia, y lo dicen sin ambigüedades: o con ellos o contra ellos. En semejante contexto, hablarles de “concordia”, o proponérsela como vía de encuentro, lo único que les provoca es desprecio o unas risitas.

2.- La consecuencia inmediata de semejante proyecto histórico –la nación estatal vasca- es su persistente y agobiante acción y presencia -simbólica y material- que pretenden exclusivas; en la calle, la sociedad, los medios de comunicación, la producción cultural, los símbolos, el lenguaje común…

3.- Los separatistas entienden perfectamente la diferencia entre tácticas y estrategia. De ahí “pasos cortos pero firmes”, etc. Pensar desde una perspectiva estratégica requiere una formación, un entrenamiento y una voluntad: ellos tienen todo ello. Además de un entorno humano de apoyo que facilita sumergirse en una “cultura política” de deriva totalitaria.

4.- Desde tal concepción dialéctica de mirada estratégica, vienen planteándose su combate político-social-cultural a muy largo plazo, por medio de avances parciales y batallas cruciales. De hecho, nos situaríamos ante una de ellas. Ello es del todo evidente: ETA se fundó en 1958 y siguen en ello. Con numerosos cambios orgánicos y de tácticas, pero no de estrategia.

5.- La moral revolucionaria subsiguiente implica la carencia de escrúpulo moral alguno. En su día justificaron el asesinato y jalearon a los verdugos. Ahora se siguen sirviendo de insultos, señalamientos mediáticos, hostigamiento callejero a los disidentes, eliminación de todo símbolo ajeno a su cosmovisión (desde la legalidad, ilegalidad o alegalidad). El texto referido es un concentrado –uno entre miles- de demagogia grosera de la que se sirven abundantemente de manera habitual: en tribunas y plazas.

6.- Todas las “capas de la cebolla”, de los centros de decisión y poder de radicales y separatistas, son unos medios sociales, en consecuencia, hiperideologizados -verdaderas sectas en las que el lavado de cerebro es una maquinaria bien engrasada y a pleno rendimiento-, que no admiten discrepancias de ningún tipo: ya sean de tipo sentimental o puramente ideológica. Ni entre ellos, ni entre los ajenos.

7.- Por mucho que pronuncien el término “democracia” y sus numerosas variables –en ocasiones acompañados del adjetivo “popular” u otros-, únicamente es instrumentalizado como un mero mecanismo al servicio de sus fines; no un fin en sí mismo. Un recurso cómodo, sencillo, tranquilizador y adormecedor (para pasotas, incautos y cobardes).

8.- A los panvasquistas, la bandera de Navarra no les genera problema alguno. Desde la dialéctica marxista y la simbología identitaria nacionalista, la ikurriña y la bandera roja son compatibles. Los argumentos, los símbolos, los conceptos, son “herramientas” que pueden manipularse y retorcerse a placer. Si se establecen las bases del debate, siempre será más sencillo controlarlo. En ello están.

9.- Recordemos el objetivo fundamental de la ofensiva que sufre Navarra desde hace décadas: una república vasca. “Burguesa” para unos, “socialista” para otros. Navarra, en resumen, únicamente es un medio decisivo para un fin ajeno y artificioso.

10.- Desde tales premisas, los separatistas y sus compañeros de viaje no quieren acuerdo alguno con los adversarios: lo pretenden todo. No habrá paz para los disidentes.

Si alguien, conociendo tales premisas, entre charla y café, pretende tener “una visión”, una “idea revolucionaria”, “la clave de la concordia perdida”, etc., desengáñese: todo está inventado. ¿Ideas nuevas?, ¿a estas alturas de la película?, no, para nada; a lo sumo, ocurrencias. De modo que alimentar la esperanza en una “concordia” entre “los navarros de todos los colores, sentimientos y tendencias” es por completo irreal; además de desmovilizador para las fuerzas que no quieren rendirse ante los totalitarios.

Lo que encubre el tan anunciado “cambio de régimen” -del que tanto hablan los chulos y perdonavidas del cuatripartito y sus esbirros mediáticos- no es un inocente recambio de partido en el gobierno o un amable y necesario “lavado” democrático. En realidad son veraces: pretenden un “cambio de régimen” que resulte, finalmente, “más régimen” que otros sufridos en el pasado; no en vano, su pertinaz panvasquismo está orientado a la predeterminación de toda forma de vida humana –social e incluso individual en el ámbito privado- en nuestra Navarra, conforme un diseño ideológico totalitario, omnicomprensivo y cerrado.

Lo que está en juego, no nos engañemos, es la libertad, la identidad navarra y su propia Historia, el pluralismo, la convivencia y la propia democracia: el estilo de vida de los navarros, en suma.

No dejan opción: o con ellos o contra ellos; mal que les pese a los tibios.

Sila Félix

1 comentario:

  1. España da plena autonomía a Navarra, en cambio una Navarra en el País Vasco sólo sería una provincia más, sin autonomía. El País Vasco eliminaría todo lo que no suene a vasco en Navarra. Es decir la mayoritaria identidad navarroaragonesa.

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