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jueves, 28 de junio de 2018

Conmemoración de la batalla de Noain


El día 30 de junio se conmemora en Navarra la batalla de Noáin. Este año se van a realizar un serie de conferencias sobre esta batalla realizadas por personajes como Mikel Sorauren, Xabier Irujo… todos ellos de clara tendencia nacionalista. En el cartel anunciador aparecen dos perros con collares con las banderas de España y Francia mordiendo un mapa de Navarra, el País Vasco y la Baja Navarra, intentando quedarse con una parte del territorio. Es preocupante que supuestos historiadores intenten utilizar la historia para sus fines políticos.

En 1512 un ciudadano de Navarra no tenía ni idea por qué estaba luchando. Cada ciudadano seguía a su señor. Si su señor estaba a favor de los castellanos se unía a ellos, y si estaba al lado de los franceses hacía lo propio.

Navarra se encontraba en medio de dos potencias mundiales, España y Francia. Su supervivencia dependía solamente de con quién podía aliarse si con Francia o con España. Navarra no luchaba por su independencia por dos razones fundamentales: 1- Navarra estaba dividida en dos facciones que defendían la integración en Francia o en España; 2- Las élites navarras buscaban sus beneficios propios.

En el siglo XIV nace el colegio español de Bolonia. Había en las élites españolas un sentimiento de pertenencia a una comunidad común. Sancho III el Mayor firmaba como Rey de las Españas. Es decir, en todos los reinos de la Reconquista sí había un sentimiento, por lo menos en las élites, de pertenencia a ese destino común que es España. En los pueblos de Castilla o de Aragón no había un sentimiento de pertenencia tampoco a algo superior. Los pobladores de la España cristiana sabían que había un enemigo común que era el mundo musulmán.  

En los altos de Salinas de Navarra, sobre el río Elorz y a la vista desde Noain, los abertzales erigieron este monumento a la batalla de Noain que es más feo que un frigorífico por detrás.

Existe un libro titulado “Aspectos militares de la anexión de Navarra Aspectos militares de la anexión de Navarra (1512-1521). Aportación de la provincia de Guipúzcoa, el señorío de Vizcaya y las Hermandades de Álava a la conquista de Navarra”, escrito por el historiador Jesús María Ruiz, aquí transcribimos lo que el autor señala sobre la batalla de Noáin:

“Asparrós no esperó a las guarniciones de Pamplona y otras villas y se lanza al combate contra un ejército tres veces mayor que el suyo. Sabía Andrés de Foix que el combate era inevitable. 

Andrés de Foix coloca a sus hombres al abrigo de los montes, mirando hacia el sur, adosadas la sierra de Arraniaga o del Perdón, y dejando expeditas las rutas de retirada hacia Pamplona. 

Los franceses acampan en el puerto de Subiza, por donde pasaba el camino real de Puente la Reina a Pamplona, y creía que no le podía pasar nada, teniendo las macizas estribaciones de la sierra cubriéndole las espaldas, y asegurando la facilidad de comunicaciones con Pamplona donde estaban concentradas sus fuerzas de reserva y sus aprovisionamientos.  

Él creía que no podía ser rodeado, pero los españoles, guiados por Francés de Beaumont, dieron un rodeo de más de diez kilómetros por su derecha, salvando la sierra del Perdón, y llegaron a la llanura de Pamplona, con lo que cortaron la vía de retirada al ejército galo. 
En la vanguardia de las tropas castellanas estaban los guipuzcoanos al frente de los que estaba Juan Pérez de Ainziondo, los cuales atacarían los flancos y la retaguardia impidiendo la retirada de los bajo-navarros.

El 30 de junio llegaban los españoles a la cuenca de Pamplona, habían cortado la retirada a los franceses y podían, cuando quisieran, obligarles a la batalla. Acamparon, esperando y espiando los movimientos del ejército francés, en los pueblos de Barbatáin, Esquíroz y Noáin. 

Los franceses se dieron cuenta de que la situación era muy grave, pero, en vez de esperar la llegada de refuerzos desde la capital, atrapando entre dos fuegos a los españoles, abandonan sus posiciones defensivas rápidamente y a las seis de la tarde atacan al ejército español. Estaban intentado evitar que nuevas fuerzas enemigas los encerraran en un cerco sin salida. Este combate estaba teniendo lugar en Noáin, a poco más de cinco kilómetros de Pamplona. Era el 30 de junio de 1521.

El ataque francés fue inesperado para los españoles. Los españoles estaban instalando el campamento y repartiendo el rancho.

La artillería barría los prados donde estaban las fuerzas españolas.

Al comienzo el fuego eficaz de la artillería francesa y la carga de la gendarmería hizo replegarse a los españoles, pero el contraataque del almirante de Castilla, que estaba al mando de la caballería, logra equilibrar la situación. La gendarmería francesa destrozaba un flanco de la infantería española. La caballería del Almirante de Castilla rodea a los franceses.

Por fin, la disciplinada infantería española se rehace y, cuando pudo maniobrar, logró apoderarse de la artillería francesa, los 2.000 gascones que la protegían huyeron ante la avalancha castellana. Los soldados españoles giraron los cañones franceses  y comenzaron a bombardear a las fuerzas francesas, lo que provocó estragos en sus filas.

Ante esta situación, la desbandada fue general en el ejército francés. Según Alesón hubo 5.000 muertos entre los franceses. Entre los muertos estaban más de la mitad de los jefes. Se hicieron miles de prisioneros, entre los que destaca Andrés de Foix, que se rindió a Francés de Beaumont tras caer ciego y herido, por él se obtuvo un rescate, posterior, de 10.000 ducados. Perdieron toda la artillería. Por parte española y de los navarros hubo un millar de muertos o heridos.

La de Noáin fue la única batalla campal de la guerra y la más decisiva. Las guarniciones de Navarra y las de otras localidades se retiraron, pero el dominio de los pasos pirenaicos y de las Tierras de Ultrapuertos no quedó asegurado. 

Una de las causas determinantes de la derrota francesa fue la debilidad de la infantería, insuficiente, poco diestra e incapaz de defender sus cañones”.

Santos Ladrón

martes, 14 de marzo de 2017

Catalina de Foix, la francesa que abandonó el reino de Navarra


La figura de Catalina de Foix ha iniciado un ciclo de charlas conmemorativas de la historia de Navarra. Y conforme a los tiempos de Barkos que vivimos, la primera conferencia 'La reina Catalina de Foix o la defensa de la soberanía navarra', fue a cargo de Aitor Pescador Medrano, en el Palacio del Condestable.

Pero que Mendoza y su séquito no llamen a esto “charlas conmemorativas de la historia de Navarra” con el apellido de “encuentros plurales”. Porque nada es verdad: ni se habla de historia, porque es propaganda, ni hay pluralismo, porque sólo se cuenta con personas e ideas que comparten lo que conviene a los abertzales del gobierno. Y ya está bien.

Catalina de Foix nació en 1468 y murió en 1517, centenario que sirve de excusa a esta grosera manipulación. La primera circunstancia que hacía difícil el reinado de Catalina, hermana y heredera del rey niño Francisco I Febo, era su edad.  Catalina asumió el reino de Navarra el 30 de enero de 1483, teniendo catorce años. Un auténtico papelón, con una Navarra en guerra civil entre agramonteses y beamonteses y su primo Fernando el Católico siendo el único en condiciones de poner paz a este lado del Pirineo.

Al final, toda la vida y el mismo matrimonio de Catalina se resumen en algo que ni los abertzales de hoy ni sus propagandistas han entendido. Al Norte de las montañas, Catalina tenía amplios y ricos señoríos, y la posibilidad de enlazar con la Casa Real francesa; pero para eso París pedía su subordinación, y amenazaba con no reconocerla como señora y sí a alguno de sus primos. Frente a eso, al Sur el rey Fernando no quería ni una Navarra en tumultos ni una Navarra subordinada a Francia, y no olvidaba que muchos navarros le eran a él personalmente leales, como lo habían sido a su padre Juan II.

Al principio, Catalina (y su madre) eligieron llevarse bien con Fernando. Cómo estarían de mal las cosas que tardó 10 años, hasta 1493, en tomar posesión del reino. Francesa en buena parte por su familia, Catalina creció en medio de la preocupación por la posible pérdida de su patrimonio francés, fue educada como una princesa de sangre real francesa, y emparentó con otra gran familia francesa, la de Juan de Albret. Lo más saneado de sus rentas provenía de Francia, y sólo con la benevolencia de París podía conservarse. Navarra, por el contrario, fue hasta finales de 1493 una tierra desconocida, o mejor dicho conocida sólo por los problemas y gastos que generaba, que aparecía siempre envuelta en inextricables querellas familiares, y que sólo podía mantenerse por voluntad de los Reyes Católicos, la única fuerza constantemente interesada por el reino.

Para Catalina, Navarra era una aventura, pero la realidad inmediata, incluso afectivamente, eran las tierras del Midi. Magdalena de Francia la educó en su mismo orden de prioridades políticas: Francia ante todo, ya que de Francia dependían los señoríos verdaderamente queridos, no Navarra. Lo sucedido en 1512 fue simplemente la consecuencia: llamada a elegir entre España y Francia, Catalina eligió con buena lógica Francia. De Navarra conservó el uso, prestigioso, del título real, pero nada más. Desde la entrada del duque de Alba en 1512, desde aquella derrota francesa y desde las Cortes navarras de Burgos de 1515, rey de Navarra fue Fernando el Católico, que durante décadas había sido el único en interesarse por Navarra y los navarros. No se equivocó Catalina: a cambio de renunciar a este reino pequeño y empobrecido, palabras aparte, llevó a su familia a trepar al trono de Francia. Los que se equivocan son los que siguen a divulgadores abertzales como Aitor Pescador, pues no hacen historia sino propaganda de las ideas navarreras manipuladas por los nacionalistas. Nacionalistas vascos, por supuesto.

Caius