Mostrando entradas con la etiqueta Manifestación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manifestación. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de junio de 2018

El movimiento panvasquista nacionalista y socialista muestra su músculo en Pamplona: totalitarismo versus ciudadanía


El pasado sábado 16 de junio, por enésima vez, el movimiento totalitario abertzale desbordó Pamplona en una verdadera demostración de fuerza.

Acaso fueran algunos menos manifestantes que en la del pasado 14 de abril; ocasión en la que también se movilizaron masivamente en defensa de la manada de Alsasua. En todo caso, fueron muchos, muy organizados, sabían a qué venían y actuaron en consecuencia. Se dejaron ver y tenían ganas de ello.

Así, conforme llegaban a la ciudad, desfilaban en grupos de amigos, muchísimos padres con niños (pero, ¿no es eso adoctrinamiento?), pandillas de adolescentes voceando, militantes abertzales ya veteranos… Se les identificaba inmediatamente: ropas análogas, cortes de pelo al estilo “vasco”, botas de monte, tonos oscuros, camisetas negras sin mangas, pegatina en pecho. Marchaban alegres, con miradas desafiantes, muy seguros, endiosados incluso. Sabían que sería una gran jornada, un nuevo éxito. Y volvían a manifestarse en Pamplona, su “capital irredenta de los vascos”; con una “derecha cunetera” aterrorizada, ausente, de rodillas… Todo muy perfecto, una maquinaria bien engrasada, un ensayo reiteradamente probado.

Esa manifestación no se asemejó, apenas en nada, a la del pasado 2 de junio organizada en contra de la imposición lingüística del vascuence batúa; es decir, la convocada por entidades ciudadanas más o menos navarristas.

Cohesión interna, ritmo acompasado, acompañamiento corifeo de los eslóganes propios de la campaña en favor de los cabestros de Alsasua… Por contra, en la del 2 de junio, apenas se corearon gritos; asemejándose más a una romería dominical que a esas demostraciones de orgullo y odio, a partes iguales, que tanto caracterizan a los abertzales.

Un bisoño dirigente local de Ciudadanos nos confesaba, al término de la del 2 de junio, que “nosotros no sabemos manifestarnos”, “los nuestros se manifiestan poco”, “tenemos que aprender de los otros”. Y como excusaba alegaba que “casi todos los abertzales que se mueven están pagados”. Empecemos por el final.

Es cierto que el movimiento abertzale ha estructurado un complejo entramado de asociaciones deportivas, centros escolares, librerías, locales hosteleros, entidades recreativas, fundaciones culturales, sindicatos…, copando, además, profesiones como las de profesores de euskera, traductores, gestores culturales, técnicos de igualdad, determinadas ramas artísticas. Sin duda han generado una verdadera “industria” cultural y recreativa; una auténtica clientela, en el sentido más romano del término, que se moviliza cada fin de semana con una u otra excusa. Y ello sin considerar la trama conjunta de enchufes, contrataciones amañadas, convocatorias casi clandestinas en las que únicamente se omite el nombre del beneficiario, con las administraciones públicas que van progresivamente controlando. Es cierto que muchos de estos manifestantes habituales tienen conexiones personales, profesionales y crematísticas con el entramado, llamémoslo cultural, abertzale. Pero no nos engañemos: la mayoría de quienes vinieron a Pamplona el sábado pasado no están a sueldo de ninguna de esas entidades tan diversas. No lo están los jubilados que en buen número también se manifestaron. Ni entre los numerosísimos jóvenes y adolescentes movilizados. Ni seguramente, entre la mayoría de presentes. Es más: esas familias que, al completo y en grupo desfilaron unidas y alegres, vienen disfrutando y mucho en cada evento; siendo muy conscientes de su aportación cotidiana –y no de manera ocasional- a la “construcción nacional”. No en vano, lo que mueve a todos ellos no es un sueldo, que también puede ayudar en una fase de la vida, ciertamente. Lo que les impulsa a movilizarse cada fin de semana, en Pamplona, en otras capitales, frente a una prisión española alejada, en Bayona o en las múltiples iniciativas en favor del batúa, es una mística común y unos ideales vivos. Nos referimos al hálito vital que insufla vida a su particular concepción de la existencia, de la cultura y, lo que es tan importante o más, su sentido de pertenencia a una comunidad humana en marcha en aras de un preciso proyecto holístico.

Es fertilizante, decían jocosamente las batasunas mientras sus hombretones "regaban" las plantas altas de los jardines de la Avenida de Juan Pablo II en Pamplona, decenas de ellos uno detrás de otro hacían del orin el aroma de la parte alta de la cuesta sin importar demasiado las familias que paseaban al otro lado del parque. Nos dejaban lo mejorcito antes de subirse a los autobuses (con baño) que les habían traído a la manifestación a favor de La Manada de Alsasua, la cerveza y el kalimotxo es lo que tienen.

El título de este texto es un poquito demagógico adrede. El movimiento abertzale no es un nazismo al estilo hitleriano; si bien podríamos encontrar no pocas analogías: las propias de un movimiento de orientación totalitaria. Es decir: una cosmovisión propia, voluntarismo personal y colectivo, dogmatismo ideológico, radicalidad formal, ruptura cultural, movilización permanente, transgresión normativa, insolencia frente a la legalidad, moralidad revolucionaria, espíritu subversivo, acatamiento acrítico al liderazgo colectivo, subordinación de lo individual a lo grupal.

Todo ello caracteriza, decíamos, lo que hoy día se viene denominando como holismo y que encaja en gran medida con ese fantasma que arrasó el continente en el siglo XX: el de los totalitarismos.

Efectivamente, ya no desfilan las escuadras pardas por Berlín, pero sí lo hacen grupos de jóvenes vestidos análogamente y de modo fácilmente identificable al ritmo del ideal y con la misma chulería. La Plaza Roja de Moscú no es inundada por los mismos gritos lanzados en formidable conjunción desde tribuna y asfalto; pero la izquierda abertzale controla gran parte de los espacios públicos de dos comunidades españoles con sus liturgias, símbolos, sonidos y estéticas. En la plaza de Tiananmén no se sacrifican chivos expiatorios, pero los discursos del odio se siguen mostrando multitudinarios en nuestras calles y plazas con absoluta normalidad y, ahora, con apoyo institucional de Barkos y otros muchos como ella.

En el mismo espacio, en nuestra propia tierra navarra, dos concepciones de la existencia y de la política están enfrentadas por decisión de una de ellas: la izquierda abertzale, junto a sus aliados separatistas y extremistas de izquierdas, por una parte; por otra, la ciudadanía libre propia de una sociedad abierta.

Ellos son totalitarios. Nosotros, no.

Lo normal es vivir sin preocuparse demasiado por la política. Y más cuando los partidos políticos del sistema se han convertido en oficinas de intereses profesionales, de grupo y de colocación personal. En definitiva, poniendo un ejemplo: Sortu, en su íntima y externa naturalezas, nada tiene que ver con UPN. Ni en su funcionamiento interno o externo, ni en sus propósitos inmediatos y últimos; tampoco en su real voluntad de poder, que en el caso abertzale es de poder total. Ello se evidencia en su modelo organizativo, en su dinámica movilizadora, en el espíritu de su militancia, en su prototipo humano… Y ello a pesar de que en UPN todavía resuenan inequívocos pulsos populares.

Conviene tener muy claros estos conceptos y realidades para afrontar desde el análisis, que debe preceder toda acción, las tácticas y estrategia que el pueblo navarro -es decir, su ciudadanía libre y pacífica- debe adoptar en respuesta al reto del totalitarismo en curso que pretende marginarla, cuando no extirparla.

La izquierda abertzale ha logrado conjugar, de una manera muy hábil, identidad y contracultura, pertenencia y subjetivismo, cotidianidad y radicalismo, bienestar y movilización. No es una simple moda de paso. No es un postureo frívolo que se agote en un instante fugaz. Es una voluntad de poder total al servicio de una ideología cerrada y omnicomprensiva.

Frente a tamaño desafío, una sociedad moderna, libre, abierta y democrática, debe proveerse de instrumentos de organización, formación, movilización y participación ciudadana, alternativos a esa contra-sociedad -edificada pacientemente desde los orígenes de ETA junto a otras entidades precursoras de carácter nacionalista/separatista- que pretende sustituirla. Y ello debe ser así si quiere sobrevivir e imponer la razón frente a la violencia estructural propia de toda ideología totalitaria.

Sila Félix

lunes, 18 de junio de 2018

La Gran Invasión


El pasado sábado tuvo lugar en Pamplona una nueva manifestación a favor de La Manada de Alsasua. Esta gentuza juntó a una gran multitud, sí, pero a base de importar en más de 130 autobuses gratuitos con bocadillo incluido, a sus correligionarios del Guipúzcoa y Vizcaya; además de  separatistas catalanes e incluso podemitas ultraizquierdistas de Madrid y otras partes del "Estado" con lugares tan distantes como Mérida. 

Estos infraseres defienden que se vayan de rositas los niñatos que le dieron una paliza a dos guardias civiles que cometieron la osadía de salir de fiesta por su pueblo de destino con sus novias, que recordemos también fueron agredidas por esta turba de abertzales que luego dirán ser "feministas" que defienden a las mujeres, siempre y cuando no sean novias de guardias civiles, único motivo por el cual para ellos ya es lícito agredirlas. 

Este acto de cobardía se enmarca dentro de la estrategia de acoso conocida como "Alde Hemendik" (Fuera de aquí) que fue orquestada por la banda terrorista ETA para lograr la expulsión de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en Navarra y el País Vasco; como paso previo a una auténtica limpieza ideológica de todas aquellas personas que disienten del proyecto totalitario del nacionalismo vasco.

Este vídeo también rinde tributo a la escena de la película de ciencia-ficción Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997) en la que la Infantería Móvil invade el planeta Klendathu: https://www.youtube.com/watch?v=8Rx8_vjbXX4

Descargar versión móvil (16,3 MB): https://ufile.io/1jsaw

miércoles, 6 de junio de 2018

El 2-J, una crítica constructiva


Como ayer ya di a conocer mi postura al respecto de las cifras de la asistencia, siendo un cálculo que tampoco ha de ser tomado como infalible ni definitivo dado que lo he inferido a partir de los datos limitados de los que dispongo respecto a la afluencia en las calles principales y sin fotos de las calles aledañas; hoy toca la crítica que espero sea vista como constructiva, porque sin crítica (y autocrítica) sólo se puede hacer lo mismo una y otra vez y no tiene sentido aspirar a obtener unos resultados diferentes si no hacemos nada más que lo mismo de siempre.

En primer lugar, como todas las manifestaciones de lo que llamamos el navarrismo, aunque en realidad confluye una mezcla compleja de diferentes visiones, fue mirada con lupa por los medios proetarras o de extrema izquierda, que suscitaron unas cuantas polémicas artificiales cuya única finalidad era la de socavar el éxito relativo de la convocatoria. Aunque pienso que todo lo que digan estos anormales nos la tiene que traer al pairo y no nos ha de condicionar lo más mínimo, también creo que la propaganda ha de ser respondida con contrapropaganda:

El Euskogobierno de Navarra criticó de forma pública, por ejemplo, que algunos ayuntamientos colaborasen económicamente con el flete de los autobuses, diciendo que eso quizás fuese legal, pero no ético. A mí en el fondo me gustaría que la gente pagase los autobuses de su bolsillo y por iniciativa propia (de igual manera que por ejemplo muchos riberos subieron con su coche particular) dado que al fin y al cabo es su futuro lo que está en juego, pero es comprensible que haya ayuntamientos de la Ribera que colaboren en este menester, tratándose de un lugar de Navarra marginado por el Gobierno vasquista por no votar lo que a ellos les gustaría, aspirando este a convertir a sus ciudadanos en navarros de segunda.

Lo que sí que es de juzgado de guardia es que en el Gobierno de Navarra critiquen esta medida, pero luego haya partidos integrantes del mismo que en la comunidad vecina se dedican a sufragar con dinero público autobuses para ir a visitar a los presos de ETA cada fin de semana. Y quien dice esto, también dice decenas de miles de euros en comprar kilómetros de la korrikaka, nafarroaoinheces o recientemente montarle la escenografía a la manifestación de hace poco más de un mes a favor de los agresores de Alsasua, que recientemente han sido condenados por cierto.

Asistimos a idéntica hipocresía cuando partidos y medios abertzales critican que en los discursos del final se haga referencia a que con el euskera se busca primar a "los de fuera" tildándolo de declaraciones xenófobas cuando en todo caso debería de ser como mucho una declaración guiputxifóbica, porque el hecho es que el euskogobierno de Navarra emprende medidas para regalarle los puestos de funcionario de forma preferente al exceso de guipuzcoanos vascoparlantes de su cuerda, puntuando de forma desproporcionada e innecesaria los conocimientos en batúa de los aspirantes, haciéndoles exámenes en vascuence más fáciles e intentando que las convocatorias no coincidan con las del resto de España (y en concreto con las del País Vasco) para que los guipuzcoanos se puedan presentar también en Navarra. 

Pero es otro caso de la ya famosa eusko doble vara de medir, ya que se critica exponer esta realidad mientras los abertzales llevan décadas con lo del "Alde Hemendik" (que se vayan) o el "UPN kanpora", sin que estos que ahora se la agarran con papel de fumar hayan movido ni una pestaña. Parece que cuando se dice en euskera, se puede decir cualquier barbaridad, incluso pedir la ejecución de personas, sin que ninguno de estos ofendiditos profesionales pongan objeción alguna e incluso digan que es "libertad de expresión".

Una persona por su cuenta lanzó por los lugares de la manifestación unas octavillas contra la anexión de Navarra al País Vasco, me da que amadas y odiadas a partes iguales por nuestra gente, fueron también objeto de descrédito hacia la manifestación en su conjunto por parte de medios abertzales como el Gara o el Nafarroa Orín, al considerarlas algo así como "banalización de la violación"...

"Cada vez son más los navarros que se dan cuenta de que no es la navarridad sino la hispanidad, no es la foralidad sino la unidad nacional la que habrá de garantizar su libertad. España es la libertad y los enemigos de España son los totalitarios tribales enemigos de la libertad." https://twitter.com/hermanntertsch/status/1003679264624005121 — Hermann Tertsch (@hermanntertsch) 4 de junio de 2018

Pero es que manda cojones que esto venga de personas que durante décadas han mirado para otro lado, cuando no jaleado, los asesinatos de la banda terrorista ETA. Y sí, asesinar es peor que violar. Sin ir más lejos ayer mismo pseudomedios como el citado Nafarroa Orín (que no tiene a penas difusión y probablemente se financia con dinero del País Vasco), a parte de calificar como bizarros a los manifestantes del sábado (cosa que es cierta, ya que en español bizarro significa valiente, generoso, espléndido, gallardo... no estrambótico, que es lo que significa en inglés) andaba sacando la cara a favor de la Manada de Alsasua que apalizó a dos guardias civiles fuera de servicio y sus novias. 

Volviendo al tema inicial, a mí no es que me parezca la consigna más efectiva por la polarización que provoca, pero desde luego que si el autor de los panfletos lo que quería era llamar la atención, lo consiguió.


Por último, a la altura de la Estación de Autobuses, espacio público que fue cedido por el Alcalde proetarra de Pamplona para uno de los actos abertzales que pretendían contraprogramar la manifestación contra la imposición del batúa, salieron unos guiputxis con ikurriñas y parafernalia feminista (¿?) a provocar a los asistentes con gritos de "Euskal Herrian euskaraz" (en Euskal Herria en euskera, vamos que sólo quieren que se hable euskera en lo que ellos llaman Euskal Herria) a lo que fueron respondidos por los asistentes con gritos de que en la Ribera no hablan euskera o sugiriéndoles que en Rentería están más guapos.

Ante esta provocación, un señor le pegó un paraguazo a uno de los alborotadores, voy a decir lo que pienso y me da que no voy a ser el único: el guiputxi vino a Pamplona a por lana y salió trasquilado, si le dieron un paraguazo, pocos me parecen. Con rapidez este señor fue retenido e identificado por la Policía Foral de paisano que se encontraba en las inmediaciones... con la celeridad que no tuvieron para identificar a los guiputxis por contramanifestación ilegal o aunque sea mandarlos de vuelta a su cueva. Pero es que eso igual no le gusta a la batasuna que tienen por jefa.

En definitiva y en lo que debe concernir a los convocantes de la manifestación, tiene razón aquella frase apócrifa de El Quijote que dice: "Ladran Sancho, señal que cabalgamos".

Lo negativo

En primer lugar, veo negativo que algunas personas de la organización (es decir, no todas) que luego se dirán "forales y españolas" y criticarán a Geroaguay por esconder la ikurriña; se dediquen a sobreponer sus intereses políticos cortoplacistas a la defensa de los símbolos comunes que conciernen a la nación española, y con esto me refiero a la guarrada de poner sólo el himno de Navarra y no también el de España. 

Ya hemos hablado en otras ocasiones de acomplejamiento, pero es que lo que realmente supone esto es el luchar una batalla como los cangrejos, con un paso adelante y dos atrás, porque abandonando la defensa de los símbolos comunes te estás plegando ante la hegemonía social del enemigo que es quien ha determinado que sentirse español es de "fachas" y estás fomentando de forma innecesaria una identidad paralela (que no convergente) que ya está siendo recorrida de forma plena hacia el napartarrismo por no pocos elementos. A base de "repliegues tácticos" no se gana ninguna batalla, ni se muestra voluntad por ganar la guerra.

Si realmente quieres ser un bienqueda, no dejas de poner el himno de España para quedar bien con unos, pero mal con otros (porque para un sector importante del público fue una cortada de rollo que no se pusiese el himno español) sino que no pones ninguno de los dos y pones por ejemplo el Himno de la Alegría como hace Sociedad Civil Catalana (otros que tal bailan) que ya se encargará el público de montarse la fiesta por su cuenta. Por lo menos esta vez no han tenido la excusa -o han confiado en la incercia- para mandar a comisarios políticos por grupos de facebook y whastapp a decir que "esta vez sólo había que ir con banderas de Navarra" (porque ni ahora, ni nunca, va a ser el momento de la bandera española para algunos flojetes) y a la vista ha estado que las banderas que más han destacado son las españolas que cada uno llevó de su casa, precisamente para ser altamente visible fue diseñada la bandera española.


El espíritu de los prolegómenos de esta marcha no ha sido el mismo que la del año pasado. Por ejemplo, el año pasado se implicó a diferentes grupos de personas en la publicitación de la manifestación, mediante pegatinas, carteles u otros medios. Es posible que los cambios organizativos respecto a la anterior marcha de la bandera, desdeñen el activismo a pie de calle en favor de la presencia intangible en los medios de comunicación. 

También, se creó una web con un importante apartado de suscripción popular además de otras asociaciones y partidos políticos. Este año parece que se ha optado por poner la venda antes de la herida y no abrir tanto la convocatoria, no sea que los del Diario de Menticias se inventen apoyos fantasmas como el de La Falange o digan que es una manifestación franquista (que lo han dicho igualmente). 

La manifestación ha funcionado, sí, pero no ha acudido tanta gente como el año pasado, lo cual es palpable. Habrá que ponderar qué factores nuevos han influido, porque la batalla contra la discriminación lingüística es clave y puede tener tantos o más apoyos, que la lucha contra la imposición de la ikurriña en las instituciones, más sentimental.

Por último, creo que la Ribera no ha estado lo suficientemente representada, ni en la organización de la manifestación ni en el estrado final. La Ribera es una de las partes de Navarra menos corruptas en lo que a nacionalismo vasco se refiere. La Ribera puede no ser la zona más poblada, pero es el contrapeso sin el cual Navarra ya sería Euskadi. Los riberos están hartos de ser tratados como navarros de segunda por no tener la cultura y lengua adecuadas y cuando toca manifestarse, siempre son los primeros que suben a Pamplona. No tenemos que descuidar a la Ribera de Navarra.

Lo positivo

Es positivo que en la manifestación primasen los símbolos comunes y no los símbolos partidistas -en gran formato- que sólo dividen, aunque que ocurra esto es algo normal en este tipo de manifestaciones. Criticados fueron por ejemplo los globos de Ciudadanos que muestran un corazón con la bandera de Navarra, la de España y la de Europa, pero la realidad es que estos símbolos en sí mismos no son criticables al menos por el común de los partidos constitucionalistas y tampoco por ningún lado aparecía el nombre o el logo del partido. Quizás este tipo de críticas vayan más en el plano político, pero es que guste o no guste Ciudadanos es un partido con implantación nacional que va a entrar en el Parlamento de Navarra y si nos obstinamos en machacarlo lo único que lograremos no es que sus votantes voten de nuevo a UPN, PP o PSOE; sino que directamente no vayan a votar y las fuerzas que salgan ganando sean las del kamviazo.

También es bueno que se haya logrado integrar en esta manifestación a la comunidad hispanoamericana, presente con una pancarta propia y banderas de Perú o Colombia, además de la bandera de Navarra y la de España, esta última ondeada por un niño que era el que más salero tenía de toda la manifestación con diferencia.


Indudablemente esta convocatoria ha requerido una menor carga económica que la anterior, baste recordar por ejemplo que en la de hace un año se repartieron miles de banderas de Navarra. Esto no ha sido óbice para juntar a como mínimo 15.000 personas, cantidad que la izquierda abertzale sólo logra sobrepasar en ocasiones especiales en las que traen de excursión a miles de vasquitos.

El euskera ha estado presente en su justa medida, con unas frases leídas que inmediatamente eran traducidas, sin un discurso-ladrillo que casi nadie entiende y sin venidas arriba cantando. Pasarse con esto es otro factor que le baja la moral a los asistentes, como es evidente para cualquiera que esté entre el público y tenga dos ojos en la cara. Se han impreso pegatinas en castellano y otras bilingües, lo que está bien hecho porque el año pasado veías a gente que había tachado la parte del euskera, como es natural en unas personas que están hartas de la mandanga del batúa. Intentar reflejar un bilingüismo que no es tal es no entender quién es tu público objetivo o peor aún, pretender moldearlo a tu gusto.

También este año se ha notado que el servicio de seguridad estaba mucho mejor planteado y organizado, yo diría que incluso en grado profesional.

En definitiva, considero que la manifestación ha sido un éxito, como todo con sus luces y sombras, pero al fin y al cabo con una afluencia respetable y lo más importante; que se ha atrevido a romper el tabú de esa vaca sagrada que es el euskera. Sólo teniendo en cuenta eso ya ha merecido la pena y le damos las gracias a los organizadores por su esfuerzo, dedicación y exposición pública; que teniendo en cuenta la tendencia de sus detractores hacia la violencia, la amenaza, la manipulación y el ataque personal; es algo a ser loado. Sin embargo, pasado el 2-J la lucha continúa y la movilización social es un músculo que requiere ejercicio continuo para que funcione.

Hispano

martes, 5 de junio de 2018

El 2-J, los números


El pasado sábado tuvo lugar en Pamplona una manifestación a favor de la libertad lingüística y en contra de la imposición del euskera como filtro político del cuatripartito abertzale; en el funcionariado, la educación y otros ámbitos. Aquellos que no pudísteis acudir, podéis ver el vídeo que colgamos ayer para haceros a la idea del ambiente, o visitar la galería fotográfica del Navarra.com


La manifestación por la igualdad, en imágenes: una marea en contra de la imposición del euskera (Navarra.com)

Sin haber acabado la manifestación siquiera, llegó la guerra de las cifras. La Policía Municipal cifró en 15.000 los asistentes mientras que el Diario de Navarra elevó esta cifra a los 25.000. Otros como el medio proetarra Gara, adelantaron la cifra de 9.500 asistentes en una crónica que quitando las taras clásicas del mundillo batasuno, es incluso objetiva en comparación con el tratamiento recibido por el Diario de Noticias, más conocido como El Menticias.

Portada satírica del Diario de Menticias

Según el Menticias, que tildó la manifestación de forma más tendenciosa imposible, como "Marcha contra el euskera", esta había sido un fracaso al lograr reunir a 5.468 personas menos que el año pasado. El mismo pseudomedio cifró en 9.420 los asistentes, habiendo utilizado para ello según ellos un "medidor satélite SITNA" para determinar este número con una precisión tal, que no se han molestado ni en redondear la cifra. Otra de las guarradas que hizo fue usar en la portada del mismo domingo una imagen recortada del final de la manifestación cuando aun no habían terminado de llegar los asistentes, nada que no hayamos visto ya en un medio lacayo a sueldo del nacionalismo vasco. La marcha contra el euskera reúne a 5.468 personas menos que en la de 2017 (Diario de Noticias)


La realidad es que los del Menticias le deben de considerar gilipollas a sus lectores, dado que en primer lugar aportan una cifra que no es redonda para generar la ficción de que han contratado un método de medida satelital infalible que en tiempo real cuenta los manifestantes únicos (¡14888 asistentes llegaron a poner el año pasado! ni dos más, ni tres menos) cuando en realidad lo que han hecho es medir la superficie de unas fotos satelitales usando una herramienta de medición del SITNA y nada más, como quien usa la regla del google maps, y a partir de ahí restarle un 25% de la superficie por los obstáculos no ocupados (garajes y jardineras, según ellos) y asignar 2,5 manifestantes por metro cuadrado. De ahí la cifra de 9420 asistentes al menos en teoría, ya que no proporcionan una foto con el área que ellos han calculado para la manifestación.

Esta foto del Navarra.com es la principal referencia de la extensión de la manifestación, aunque la emisión en directo de este mismo medio nos sirve para comprobar que también hay gente agolpándose en torno al escenario en la Plaza del Castillo.

Viendo fotos de referencia que definen los límites del espacio ocupado por la manifestación, podemos comprobar que se extiende por Carlos III para dar un quiebro por la calle Cortes de Navarra en dirección a la avenida de San Ignacio. Podemos ver también que hay gente agolpada a los lados del escenario ya en la Plaza del Castillo, lo que no he podido comprobar es hasta qué punto se concentra gente al inicio de las calles Duque de Ahumada y de nuevo Cortes de Navarra, pero en dirección a la plaza de toros.

Usando algo tan sencillo como google maps, determinamos que la superficie ocupada por la manifestación es de unos 6.600 metros cuadrados a los que hay que restar 400 metros cuadrados de la rampa del garaje de la Plaza del Castillo, así como el jardín que hay a media calle, que como podemos apreciar en la foto más definitoria está sólo parcialmente ocupado. Aquí el Diario de Menticias le habría restado por la cara el 25% de la superficie, es decir 1.650 metros cuadrados, debido a los garajes (que sólo es uno) y las jardineras de los árboles, que son perfectamente practicables.

En rojo, la superficie ocupada por la manifestación, descontado el acceso al garaje y el jardín.

Aplicando a estos 6.000 metros cuadrados (en realidad son 6.200, pero redondeemos a la baja para curarnos en salud) un factor de 2,5-3 personas por metro cuadrado, dado que en la parte delantera la densidad probablemente supere las 3 personas por metro cuadrado (personas paradas casi a punto de tocarse) pero en la parte de la cola en Carlos III se aprecia que la densidad disminuye hasta las 2-2,5 personas por metro cuadrado, nos queda una cifra final de entre 15.000 y 18.000 asistentes.

¿Es esto mucho o poco? como no me quiero extender demasiado dejaré la crítica constructiva para mañana, pero para hacernos a la idea de momento nos quedamos con algunas reacciones de rabia de los detractores de la manifestación.



Hispano

lunes, 4 de junio de 2018

¡Viva la libertad!


Estas son algunas de las imágenes que nos dejó la manifestación de ayer en Pamplona contra de la política lingüística del Gobierno 'abertzale' de Navarra que busca la imposición del euskera en el funcionariado, la enseñanza y otros ámbitos.

Gracias a la Asociación Cultural Doble 12, Maribel Vals (Vecinos de Paz) y Patxi Mendiburu (blog Desolvidar) por la organización.

Descargar versión móvil: https://uploadfiles.io/kuxy3

El lapsus de Patxi Mendiburu, el cortoplacismo y la metapolítica


Ya fuera un lapsus, una inadvertida incorrección política o un instintivo aldeanismo coloquial, el gran Patxi Mendiburu metió la pata –y no poco- mientras presentaba, junto a otros convocantes, la manifestación que tuvo lugar el 2 sábado de junio en Pamplona contra la imposición lingüística (http://www.noticiasdenavarra.com/2018/05/30/politica/navarra/el-modelo-d-es-discriminacion-te-quitas-a-los-deficientes-inmigrantes-y-os-quedais-los-guays); unas declaraciones del pasado 30 de mayo. Una gota de irreflexiva espontaneidad en un mar de sensatez y civismo.

Únicamente se equivoca quien arriesga: ninguno de los que se quejan, protestan y desesperan en privado, pero incapaces de manifestarse, defender sus ideas en público o abonar una simple cuota anual, ninguno de ellos corre ni correrá jamás tamaño riesgo. Patxi lo ha corrido y, a su pesar, ha sido políticamente incorrecto. Cargado de razones, experiencias políticas y humanas, activista impetuoso y constante, se vino arriba… y se equivocó.

Es lo que tiene la vida pública: dar la cara nunca sale gratis. Te somete a un duro examen; sobre todo si eres un francotirador y no tienes un partido o una secta detrás que cierre filas en todo caso.

Desde Navarra Confidencial proporcionaron una perspectiva muy lúcida del incidente (https://www.navarraconfidencial.com/2018/05/31/el-2j-patxi-mendiburu-los-deficientes-los-inmigrantes-la-hipocresia-y-la-discriminacion-del-modelo-d/): evidentemente, hay mucha hipocresía en juego. Y basta un error –leve o inmenso, pero humano, muy humano en todo caso- para que hasta tus próximos miren hacia otro lado. O te pongan verde; sobre todo en público.

Entendemos que la citada circunstancia -conocida y comentada hasta el exceso- para nada es anecdótica y sí, por el contrario, representativa  -termómetro incluso- de un estado de cosas que conviene analizar.

El movimiento cívico navarrista es muy joven; con todas las características propias de tan transitoria y efímera etapa de la vida: espontaneidad, reactividad, mucha testosterona, escasa reflexión, poca contención verbal, indisciplina… En suma: carece de una cultura política específica y de un método de trabajo unitario. Tampoco dispone de un lenguaje común; ni siquiera de un elemental “manual de estilo”. Aficionados; no “liberados”.

Lo que nadie puede exigir a otros es que se sepa -desde ya- trabajar en equipo: ello requiere una voluntad a fortalecer, un método, una trayectoria del día a día que apenas se ve… y una mirada larga.


En partidos y movimientos de cariz totalitario, o autoritario, las cosas son más sencillas que en otras organizaciones en las que la libertad individual y de conciencia priman sobre los demás aspectos organizativos: hay un liderazgo incuestionable, un estilo de trabajo, unos cauces orgánicos muy estrictos, un lenguaje preciso diseñado al milímetro, unos mitos movilizadores, una cultura política compartida que el recién llegado deberá asimilar sin reservas, unas tácticas y una estrategia. De ahí la sorprendente unanimidad, en formas, tono y contenidos, de cualquier abertzale filoetarra o peneuvista: una vez entras, aceptas todo el paquete. Nada básico, por cierto. De ahí esa capacidad de movilización día tras día, año tras año. En todas partes. Hablando alto. Marcando territorio. Luchando por imponerse; con buenas y malas artes. La “revolución”, la “construcción nacional”, todo lo justifica.

Pero el joven movimiento cívico navarrista no es ni totalitario ni autoritario. Para lo bueno y lo malo. Tal es la razón de tanto verso suelto; de no pocas iniciativas abortadas; de asociaciones agonizantes apenas inscritas; de improvisadas tácticas fruto de un calentón, del miedo o de las prisas.

Para que un movimiento social sea libre y autónomo debe proveerse de unos medios humanos (equipo dirigente, militancia, base asociada), materiales (espacios de trabajo, fuentes de financiación), cultura organizativa (estilo de trabajo, subordinación de lo individual a lo colectivo), concepción ideológica (cosmovisión del mundo), estrategia y tácticas apropiadas.

Si falta alguno de esos componentes aflora la confusión, el desconcierto, las “ideicas”, las decisiones erráticas, los malentendidos. Y con tales bases no hay posibilidad de trabajo a largo plazo; que es lo que el navarrismo precisa más allá de sus instrumentos estrictamente políticos (los partidos).

Desde hace ya varias décadas, en el mundo de la cultura y de las ideas prevalece la convicción de que Antonio Gramsci tenía razón: un cambio cultural y social precede todo cambio político. Ello implica un trabajo a largo plazo que construya, paso a paso, una nueva hegemonía social, especialmente por medio de los “intelectuales orgánicos” (periodistas, docentes, actores), además de novedosos organismos populares (tejido asociativo nada convencional), editoriales afines, medios de comunicación…; sin olvidar los clásicos pero devaluados partidos y sindicatos. Todas las izquierdas han asimilado esta dinámica estratégica del cambio político y social; también otros sectores no marxistas, incluso desde campos antagónicos (https://www.pagina12.com.ar/105357-todos-se-inspiran-en-gramsci). Pero, realmente ¿todos? En Navarra, todavía, algunos no quieren enterarse; sobre todo quienes están acostumbrados al cortoplacismo partidario.

Esta concepción gramsciana -que se presenta como mayoritariamente apreciada y operativa en nuestra civilización occidental- implica una cierta depreciación del trabajo político a corto plazo: es necesario, pero no sirve si es el único instrumento empleado. O, en román paladino: “A Dios rogando con el mazo dando”.

Afortunadamente, en el navarrismo crece, poco a poco, el número de quienes entienden que trabajar y preparar el futuro implica mirar a muy largo plazo: no existen, pues, soluciones mágicas; ni atajos; tampoco mesianismos personalistas que valgan.

Patxi Mendiburu habrá metido la pata. Pero es mucho más lo que tenemos que agradecerle y aprender de él: su mirada, acompañamiento, trabajo, humor, experiencia, altruismo, espíritu de servicio, sentido común…

Con sus grandes virtudes, y sus pequeños defectos. Patxi: no nos faltes y no te calles. Nunca.

Sila Félix

viernes, 1 de junio de 2018

Algunos motivos para manifestarse el 2-J


Porque los navarros que no hablamos euskera no queremos ser navarros de segunda.

Porque utilizan el euskera como excusa para gastar los impuestos de todos los navarros en los privilegios de una minoría.

Porque el 100% de los navarros hablamos español y sólo una minoría habla euskera batúa, no es la mayoría la que se tiene que adaptar al capricho de la minoría.

Porque queremos médicos que salven vidas, queremos a los mejores profesionales, no a los que con calificaciones peores son colados por el euskera.

Porque utilizan el euskera como excusa para negarnos el mejor sistema sanitario y las mismas oportunidades laborales.

Porque han subvertido la lengua vasca ligándola a proyectos políticos separatistas y utilizándola como filtro político para regalarle plazas de funcionario a sus amiguetes.

Porque con la excusa del euskera están malversando nuestros impuestos financiando a medios proetarras.

Porque no queremos que les regalen las plazas con euskera a los suyos, para que después opten por una plaza sin euskera, para dejar una plaza con euskera libre y volver a empezar.

Porque una minoría nacionalista utiliza el euskera como excusa para repartirse nuestros trabajos, nuestros servicios y nuestros impuestos.

Porque queremos infraestructuras de calidad, no autovías con la mitad de las farolas fundidas, carreteras llenas de agujeros, hospitales que se caen a cachos.

Porque no queremos plazas de funcionario reservadas para los euskaldunes, aunque no vayan a utilizar el euskera nunca.

Porque rechazamos las prácticas mafiosas que llevan a que una de cada tres adjudicaciones del Gobierno Foral beneficien a las empresas que usan euskera, dos de cada tres en el caso del Ayuntamiento de Pamplona.

Porque no queremos que los contratos públicos de Navarra sean adjudicados a dedo a empresas guipuzcoanas.

Porque estamos hartos de amenazas, coacciones, señalamientos, insultos, agresiones... en nombre del nacionalismo vasco y su agenda política totalitaria.

Porque seguimos queriendo ser parte de una Comunidad Foral con historia, símbolos, cultura propia... no un remedo de Guipúzcoa.

Porque no queremos una casta de privilegiados que accede a puestos con menos preparación que los demás y exámenes más fáciles a los que se pueden presentar dos veces.

Porque nuestros hijos van a clases masificadas, mientras que los suyos a clases de mínimo cinco alumnos, con comedor y transporte gratis.

Porque queremos los mismos derechos para TODOS NUESTROS HIJOS, el 2 de junio saldremos a la calle para exigir un futuro en igualdad.

lunes, 28 de mayo de 2018

Manifestaciones del 2 de junio: Juntas, pero no revueltas


Se han convocado para el próximo sábado 2 de junio dos manifestaciones en Valencia y Pamplona para denunciar la política lingüística seguida desde cada uno de sus gobiernos autonómicos.  Cuenten con más o menos separatistas, podemitas y/o socialistas en el poder regional, el caso es que la ciudadanía saldrá a la calle en ambas ciudades a la misma hora (18h00)  para expresar su cansancio ante la vulneración de los derechos lingüísticos de la mayoría.  En ambos casos, se trata de luchar contra los problemas generados por la imposición de una lengua minoritaria a la mayoría de la población que no la habla. Además, en ambas ciudades se pedirá que se garantice el derecho a estudiar en castellano, con matices diferentes y con otras palabras. No obstante, aunque coincidentes, las dos manifestaciones no son iguales ni en convocantes ni en objetivos.

La Asociación Hablamos Español (www.hispanohablantes.es) es la convocante en Valencia.  La organización explica que quieren defender el principio de elección de lengua en la enseñanza (para luchar contra la inmersión lingüística en valenciano, que ya ha comenzado en edad infantil) y, además, propugnan el funcionamiento de una administración bilingüe en castellano y valenciano.  Por otra parte, resaltan el carácter apartidista tanto de la asociación como de la manifestación del 2-J, señalando que se trata de “una movilización de la gente y para la gente, sin siglas”.  Esta asociación es la que está también recorriendo España para recoger 500.000 firmas que lleven una Iniciativa Legislativa Popular al Congreso llamada “Por la libertad de elección lingüística”, y parece que lo van a conseguir a pesar de los boicots que se están encontrando en algunas ciudades por denegación del permiso municipal para organizar la recogida.  Más información en la misma web.  

Como se pueden imaginar, desde aquí entendemos las razones que van a llevar a muchos valencianos a salir a la calle, pero en Navarra no hay un bilingüismo real ni oficial, por lo que la convocatoria del 2-J tiene otras variaciones sobre el mismo tema.

Los organizadores en Navarra (www.futuroenigualdad.org) son la Asociación Cultural Doble 12, la Asociación Vecinos de Paz, el bloguero Patxi Mendiburu (blog “Desolvidar”) y el artista Pepe Alfaro.  Han preparado un manifiesto en el que inciden en que la política lingüística del actual Gobierno de Navarra discrimina a gran parte de la ciudadanía y que el vascuence debe ser promovido proporcionalmente en el territorio donde su uso justifique la adopción de medidas de protección y fomento, pero no donde nunca se ha hablado.  Además, en sus propias palabras, “no estamos dispuestos a aceptar que en una sociedad mayoritariamente castellanoparlante, abierta y democrática, el euskera se convierta en un permiso de trabajo o en un requisito obligatorio para poder acceder a ayudas públicas en igualdad de condiciones”.  A la manifestación de Pamplona ya se han sumado partidos políticos (UPN, PP, PSN, C´s); sindicatos (UGT, AFAPNA, CSIF, SPA, Sind. Médico Navarro); intelectuales; profesores de varias universidades; ayuntamientos; y ciudadanos anónimos que son los que han reclamado e impulsado que se organizara una protesta de estas características.


Como se puede deducir, en Navarra todavía no estamos en la situación de tener que reclamar el bilingüismo  como un mal menor, como puede pasar en Cataluña, País Vasco, Baleares, Galicia o la Comunidad Valenciana.  Todavía queremos defender que en Navarra se habla mayoritariamente el castellano, y afirmar que el reciente Decreto del Euskera discrimina a la mayoría de los navarros en el acceso a la función pública, por lo que no vemos la necesidad de reclamar una administración que sea bilingüe. También el sector privado se ve afectado por la reciente modificación de la Ley de Contratos, en la que una disposición obliga a las empresas a tener previsto un Plan de Euskera para los trabajadores que atiendan al público. Por otra parte, no estamos de acuerdo con derrochar dinero público en implantar el modelo D de forma artificial en la Ribera, donde nunca se ha hablado vascuence. Incluso hay quienes discuten que sea pertinente la zonificación actual de Navarra en “vascófona”, “mixta” y “no vascófona”, puesto que solo el norte de Navarra es bilingüe, siendo el resto de la Comunidad Foral hispanófona desde Pamplona hasta la Ribera. 

En suma, deseamos el mayor de los éxitos a las iniciativas de la Asociación Hablamos Español, y que el 2 de junio la asistencia a las manifestaciones sea masiva tanto en Valencia como en Pamplona. Será una buena ocasión para demostrar a los políticos en el poder que la ciudanía puede movilizarse por sus intereses reales y no por los establecidos en una agenda política; cualquiera que sea. 

Calíope

viernes, 18 de mayo de 2018

Yo iré a la manifestación del 2-J


Como la inmensa mayoría de quienes me leen sabrán, distintos colectivos de la sociedad civil han organizado una manifestación contra la política lingüística totalitaria del separatismo vasco anexionista. La manifestación está fijada para el 2 de junio y saldrá desde el Parlamento de Navarra a las 18:00 horas. Quiero animar a todo aquel que me lea a acudir a la marcha frente a la imposición totalitaria de un idioma minoritario cuyo objetivo principal es la construcción nacional de su mítica eusqualherria y el objetivo secundario es segregar la población navarra en buenos (vascoparlantes) y malos (aquellos que no hablen vascuence).

El futuro no puede ser más negro, de continuar la actual deriva vasquista en el Gobierno de Navarra, en menos de una década la situación será similar a la que actualmente se vive en Cataluña, con el agravante de que en el momento que consumen su fechoría prevista en la Disposición Transitoria 4 de esa más que discutible Constitución del 78, Navarra será relegada de Comunidad Foral a mera Diputación, su identidad entre usurpada y aniquilada, y sus recursos esquilmados.

No caben las excusas, o nos movilizamos y demostramos no solo nuestro descontento y oposición a sus políticas lingüísticas (y del resto de cuestiones identitarias) sino nuestra fuerza y capacidad de movilización, o de lo contrario corremos el riesgo de que repitan cuatro años más de cuatripartito (con o sin el PSN-PSOE). Ya no vale quejarse, verlo todo negro y alegar que "nadie hace nada", el próximo 2 de junio todos los navarros tendremos la oportunidad de salir a la calle y manifestar nuestra oposición a la política lingüística totalitaria del gobierno de euskaldunización. Os animo a salir y en tono festivo y entrañable manifestar que estamos hartos de imposiciones, que nuestra identidad es navarra y española, que no podrán con nosotros y que sus fechorías tienen plazo de caducidad para siempre: mayo de 2019.

Una colaboración anónima

miércoles, 13 de diciembre de 2017

ETA ordena y Kontseilua actúa: Pamplona será tomada el sábado 16 por los guipuchis


El próximo día 16 de diciembre, sábado, Pamplona volverá a ser escenario de una nueva demostración de fuerza del separatismo euskaltzale.

En esta ocasión, el convocante es Kontseilua, uno de tantos “organismo populares” de la omnipresente contra-sociedad que ETA y sus múltiples emanaciones vienen estructurando, desde hace décadas, con su característico estilo y mirada a largo plazo.

Kontseilua es el “Consejo de los Organismos Sociales del Euskera”, en el que se agrupan y coordinan varios cientos de entidades de muy diverso calado: empresas culturales, sindicatos, editoriales, ikastolas, fundaciones de todo tipo, etc., etc.; un admirable alarde de voluntarismo constructivista. Por cierto, su domicilio social está en Andoáin: casualmente… ¡Guipúzcoa!

Serán muchos; vendrán desde “todos los territorios vascos”, sobre todo desde Guipúzcoa: se dejarán ver, mostrarán “músculo”. Tienen mucha experiencia en ello. De hecho es todo un “clásico” venir a Pamplona, perdón, Iruña, a manifestarse para, después, recorrer “lo viejo, de pintxos” y visitar las herriko tabernas de los barrios de la capital de… ¿Euskalherria?

Un espectáculo que ya aburre y apesta: nada nuevo; nada excepcional. Y es que estamos acostumbrados a todo: a sus imposiciones, a su lenguaje sesgado, sus tácticas, su apropiación del espacio público, sus violencias de todo tipo (tiempos pasados, mejor no mentarlos), sus ritos, cortejos y ropajes, banderas y pancartas, jerarquías en filas, cortes de pelo, sus conversaciones en altísimo tono para que todo el mundo sepa que son euskaltzales…

Pero sí merece la pena conocer la convocatoria y sus términos: lo que dicen y cómo lo dicen (http://kontseilua.eus/internazionala/bide-eman-euskarari-berdintasunaren-alde-sera-el-lema-de-la-manifestacion-del-16-de-diciembre/). Y sacar las pertinentes conclusiones: el porqué lo dicen.

El lema de la convocatoria es «Dad paso al euskara, por la igualdad», no en vano siguen defendiendo, desde su característico victimismo, que el vascuence estaría perseguido, ninguneado, maltratado. Lo cierto es que, en el norte de Navarra, apenas es posible -salvo en algún gueto residual- estudiar en español en la escuela pública. Entonces, ¿de qué igualdad están hablando? ¿No será que por igualdad entienden supremacía del vascuence?

Pero lo que les ha impulsado a movilizarse “de urgencia” ha sido el posicionamiento de Izquierda-Ezkerra en contra de la lista única en las oposiciones de Educación; una piedra en su camino con la que no contaban. Pues lo que gusta al separatismo panvasquista son “socios”, y demás compañeros de viaje, mudos y sumisos.

La realidad es tozuda: por mucho que hablen de igualdad, pluralismo, derechos sociales, etc., todo lo que no entre en la rígida hoja de ruta de Kontseilua y amigos -el monolingüismo euskaldún a largo plazo- lo califican como «actitudes antisociales que están llevando a cabo algunas entidades». Ojito con el señalamiento, que hace unos pocos años sería una diana de tiro.

Pero los guipuchis de Kontseilua no ocultan sus intenciones: «en la primera mitad de la legislatura se han dado avances, pero han sido demasiado tímidos»; es decir, gradualistas pero impacientes. Y prosiguen: «Ahora, por el contrario, la decisión del Gobierno de impulsar la lista única, ha sido no solo valiente, sino también adecuada y también lo hemos dicho públicamente. Es un ejemplo del cambio que necesitamos las personas euskaldunes, que se revoquen las normas que marginan y discriminan». Una sorprendente manera, la suya, de fomentar la igualdad: imponiendo el euskera a la mayoría de los navarros y privilegiándolo en la Función Pública, la enseñanza y las subvenciones de todo tipo.

El gran objetivo de Kontseilua: imponer el euskera en toda Navarra y que no se pueda estudiar en español

Lo que pretenden en corto, realmente, es presionar a I-E. No en vano, la proposición de ley del PSN para regular el acceso a la función pública docente -cuyo objetivo es evitar la lista única que pretende el Gobierno de Barkos- rompe «el consenso en los temas referente al euskara entre los cuatro partidos que forman el Gobierno».

Y más dinamita para I-E, por si no lo tenían claro: «oponiéndose a la lista única, están posicionándose en contra de la cohesión y la justicia social. Ponen en duda el derecho al trabajo, con el objetivo de mantener el privilegio de no saber euskara y están castigando el conocimiento del euskara. Es antisocial desde todos los ámbitos». De tal modo, les dan bien  duro: en “lo social”, lo que definiría a I-E; no son listos… Y mira que lo sentimos por l@s chic@s de I-E. Es lo que tiene la vida: esta vez, os ha tocado a vosotros. Ya era hora.

Para conseguir sus propósitos, desde Kontseilua proponen: «construir complicidades entre las personas que queremos vivir en euskara»; es decir, la “construcción nacional” en la vida cotidiana. Y, ahora viene lo “delicado”: «Debemos condicionar las posiciones de los/las que están en contra de nuestros derechos, en la calle. La ciudanía no va a entender ni admitir recuperar una decisión discriminatoria impulsada por UPN, con la ayuda de algún partido que ha hecho posible el cambio. Que nos oigan». Pero, ¿”condicionar las posiciones…”? ¿De qué están hablando? ¿Qué quieren decir exactamente? Además de señalar al “enemigo”, ¿acaso pretenden hacerles la vida imposible? Pero, ¿cómo?, ¿de qué manera? ¿Volverán a emplear incluso la violencia física? ¿No se trata de auténticas amenazas en toda regla? ¿Es admisible semejante tono?

Como buenos conocedores de las tácticas totalitarias, de base marxista-leninista, los de Kontseilua se muestran cínicos hasta el final; y es que, pobrecitos ellos, ¡qué mal se les interpreta! De hecho aseguran que, únicamente, querrían  mantener «la cohesión de la sociedad navarra y la normalización y por la igualdad de derechos entre todas y todos». Nos va hacer llorar tanta ternura…

Así las cosas, todo está más claro: cuando hablan de “cohesión” están pensando en “unanimidad”; al pronunciar el término “normalización”, tienen en sus cabezas “imposición” del euskera; y al meter en el mismo saco “igualdad de derechos”, querrían decir, pero no llegan a atreverse, “privilegios de los euskaldunes”.

El lenguaje que hoy emplean, como en tantos otros emplazamientos, es el de siempre: el de ETA y el de la autodenominada izquierda abertzale, que hacen propio incluso los burgueses del PNV en tanto les genere beneficios (las nueces y el árbol, ¿recuerdan?)

Ya no matan, es cierto, pero persisten infatigables con sus demás tácticas violentas: el señalamiento, la confrontación, la expulsión del espacio público de los hispanoparlantes, la estigmatización del que no comulga con sus planteamientos, la demonización del adversario (para ellos, “el enemigo”; es decir, todos los que no opinen y vivan como ellos). Saben mucho de violencia: la practican constantemente. Como una verdadera secta… siempre destructiva.

En coherencia con tales planteamientos, los convocantes continúan sirviéndose de un lenguaje y de unos términos propios de los informes de cualquier partido maoísta del mundo; o el de las actas de las reuniones de los taldes de ETA. O el de cualquiera de sus “organismos populares”. Conceptos manipulados, palabras distorsionadas, segundas intenciones, intereses ocultos, amenazas veladas. Violencia y manipulación del lenguaje para llevarlos también a la vida.

Día 16 de diciembre: nuevo capítulo, mismo libro.

Sila Félix