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lunes, 14 de agosto de 2017

La “Ley del Vascuence” ha desaparecido del pasado de Navarra


Han borrado de la memoria colectiva de Navarra una de sus leyes, sin necesidad de derogarla. Como lo está leyendo: Ya no existe la Ley del Vascuence de 1986. El cuatripartito aprobó el día 27 de junio en el Parlamento foral una modificación de dicha ley, y el Gobierno foral se ha encargado durante el mes de julio de reescribirla en nuestro pasado. Bonita manera de respetar la memoria de un pueblo. ¿Le parece increíble? Veamos.

Durante esta primavera, los parlamentarios han estado discutiendo cómo modificar la Ley del Vascuence para incluir en la zona mixta y en la zona vascófona nuevos municipios que así lo habían solicitado. Las posturas eran (Ver noticia de febrero de 2017 aquí ):

- EH Bildu y Podemos querían la desaparición pura y simple de la zonificación establecida en la Ley de 1986, para “superar el marco discriminatorio”. Estos partidos veían la modificación de la ley como “un parche”, y un avance muy limitado para solucionar el tratamiento discriminatorio a los ciudadanos según donde vivan.

- Pero se ve que Geroa Bai consideraba esa postura traumática para la sociedad (por algo será), y dijeron que la ley se puede ir modificando mediante decretos para impulsar un cambio “profundo, tranquilo e integrador” que normalice el vascuence sin generar ningún trauma.  Dicho en román paladino: Para que no nos enteremos, vaya.

Y así, de sesión en sesión parlamentaria, se llega a la aprobación final de la modificación de la Ley de 1986, publicada en el BON del 6 de julio a mediodía, que se puede consultar aquí.   Vemos que el cuatripartito añade ahora una disposición adicional  que ordena la sustitución de la expresión “vascuence” por la expresión “euskera”.  Según la R.A.E., ambas palabras son sinónimas, pero algunos no están convencidos, y luego son los que acusan a otros de tener “obsesiones identitarias”. Qué paciencia.

A lo largo del mes de julio, el Gobierno foral, obedeciendo al Parlamento, ha reescrito la ley antigua para, con decisiones de 2017, colocarla en el año 1986: Vea el texto de la nueva “Ley del Euskera” que sustituye al  anterior.   De esta forma tan peculiar de hacer las cosas, la Ley del Vascuence ya no existe. Como dijo Geroa Bai, sin traumas, por favor. Y circulando, que es gerundio.

Sin embargo, como el pasado es terco y se empecina en mantenerse, podemos consultar en la página web del Parlamento Foral cómo era el texto de la Ley del Vascuence de 1986.  Nos imaginamos que los Boletines escaneados desde el papel no podrán cambiarse tan fácilmente, aunque no es descabellado. Pero no vamos a dar más pistas para que sigan borrando nuestra memoria.  

Por supuesto, ahora tenemos todo tipo de reglamentos, decretos e incluso alguna ley posterior a 1986 que modifican una ley anterior que ya no existe, según el Gobierno Foral.  La verdad, ni siquiera en la serie “El  Ministerio del Tiempo” se habían atrevido a tanto.  La realidad siempre supera a la ficción.

 Una colaboración de Leodegundia

viernes, 17 de febrero de 2017

Euskaldunizar TODA Navarra a golpe de decreto, ¿lo llamamos ya invasión?



Lo primero que llama la atención del borrador del Decreto Foral de la euskerización de las Administraciones Públicas de Navarra es que, si bien se supone que regula el uso de las lenguas propias, va enfocado a meter más euskera en la Administración, luego en realidad debería de llamarse “Decreto Foral del euskera”. Por otro lado, la “excusa” del Gobierno para sacar adelante esta norma se basa en la necesidad de dar “derecho” a los vascoparlantes de comunicarse con las Administraciones en vascuence. Sin embargo, la realidad social es que solo el 12% de los navarros son bilingües vascuence-castellano, luego, por dar derecho a una minoría corremos el riesgo de discriminar a una mayoría. Y por si fuera poco, ni siquiera han presentado una memoria económica del coste de ejecución material del Decreto Foral, aunque es de suponer que será bastante considerable, coste al que contribuiremos de manera forzosa todos los navarros a través de los impuestos.

Por otro lado, el debate nace viciado ya que, en realidad, lo que pretende el cutrepartito es, por un lado, segregar a los navarros y, por otro, adoctrinar en las escuelas vía modelo D. En realidad las lenguas no tienen derechos, son las personas, pero el nacionalismo necesita para crear una nación una lengua, y una educación en euskera donde se adoctrine a los niños en el separatismo. El problema no es el euskera, es la discriminación a la mayoría, la segregación y el adoctrinamiento. Por otra parte, de llevarse a la práctica en su línea más dura, lo que supondrán este tipo de normas es que la presencia de vascos como trabajadores de las Administraciones Públicas se incremente de manera proporcional a la disminución de navarros, algo que a todos nos debería hacer, cuando menos, reflexionar.

Aparte de la infumable exposición de motivos, el Decreto Foral  está compuesto por tres Títulos:   I Disposiciones Generales, II De los usos lingüísticos en las Administraciones Públicas de Navarra y III Conocimiento del euskera en el ingreso y provisión de los puestos de trabajo y capacitación lingüística para el desempeño profesional. Lo primero que nos tiene que quedar claro es que, si bien no han acabado todavía (a pesar de Bildu y Podemos) con la zonificación, en la práctica en el Decreto abren la puerta tanto que en las zonas mixta y no vascófona podría llegarse a una situación que en la práctica se fueran desdibujando por asimilación a la zona vascófona.

De entrada, la cartelería del Gobierno en la zona mixta y no vascófona podrán ser bilingües, y el “podrán” que va a aparecer a lo largo de todo el Decreto implica que los responsables podrán y de hecho ya lo están haciendo, poner todo bilingüe. En cuanto al acceso a la función pública, la clave está por un lado en los “servicios centrales”, y por otro en los puestos de “atención al público”. Los servicios centrales desde donde se atiende a toda Navarra (y por lo tanto, a la zona vascófona) está centralizado en Pamplona, donde se concentra gran parte de la Administración. Por otro lado, atención al público según como se interprete puede abarcar una parte muy extensa de la Administración. Lo que tiene que quedar claro a nuestros lectores es que puestos bilingües obligatorios en la Administración (euskera obligatorio para coger plaza) van a aumentar de manera considerable. Y en aquellas plazas donde no sea obligatorio, será mérito que puntúa, incluyendo zona no vascófona.

Cambios en la cartelería, comunicaciones de la Administración en bilingüe (con el consiguiente coñazo de tener que leer cartas en dos idiomas), obligación o mérito para acceso a un empleo público, e incluso necesidad de contar con trabajadores con perfil lingüístico para acceder a una subvención o contratar con la Administración (licitar en obras públicas, suministros, servicios públicos…), aparte de la extensión del euskera en la educación. Todo esto y la ikurriña en las instituciones no son meros miedos agitados por reaccionarios ultramontanos, sino un futuro que ya se puede tocar con las manos. Un futuro que empieza a hacerse presente, una pesadilla de la que esperemos despertar, pero para ello depende de todos los navarros no adscritos a la secta separatista, incluyéndote a ti amable lector.

En nuestro blog no tenemos una bola de cristal, no sabemos qué pasará en un futuro ni qué nos aguarda pero, si no se revierten el actual curso de los acontecimientos y, sobre todo, si el cutrepartito repite cuatro años más, bien sea GBai, Bildu, IU/IE y Podemos, o bien sean dos o tres de esos partidos con un PSN-PSOE esquizofrénico y volcado mayoritariamente en apoyar a Pedro Sánchez, los separatistas continuarán con su cambio de paradigma social hasta el punto de que podríamos presenciar cómo una región donde el nacionalismo permanecía estancado en torno al 20% podría llegar a hacerse con el control social e institucional, y Navarra como tal se podría perder para siempre. El reto es global, por eso resultará imprescindible que, los navarros que no queremos dejar de serlo para acabar siendo una colonia de las antaño castellanísimas provincias vascongadas, estemos a la altura de las circunstancias.

martes, 20 de diciembre de 2016

30 años y 5 días de la Ley más cara e injusta


Kontseilua celebró hace unos días el 30 aniversario de la Ley Foral del Vascuence. Y hay algo de confuso en todo el asunto. Si los defensores de la ultra-oficialidad del vascuence en Navarra la festejan, será porque esa Ley, aprobada por el PSOE en el poder y mantenida y aplicada por UPN en el poder, favorece sus planes. Pero al mismo tiempo ellos se han pasado las tres décadas pidiendo más, diciendo que no era bastante, y en definitiva exhibiendo sus sueños: que el vascuence sea la lengua oficial de Navarra, que sea enseñada en toda la escuela navarra y que tanto la Administración como los navarros deban conocerla y usarla bajo pena de sanción o cuando menos de minusvaloración. Que es lo que sus hermanos abertzales hacen en la Comunidad vecina.

Aclárense, gudaris de las ideas. Si fue tan mala cosa, ¿por qué la celebran? Y si es buena ¿por qué la han criticado, además de usarla, durante 30 años, y por qué quieren cambiarla?
Esto no se entiende muy bien. ¿No estaba el vascuence cruelmente reprimido en Navarra? Si no lo estaba y esta Ley dejó las cosas como estaban, ¿por qué mienten? Y si lo estaba y esta Ley lo “salvó”, ¿por qué mienten, al decir que “desde 1986 hasta ahora, los vascoparlantes en Navarra han pasado de 50.000 a casi 90.000”?

La mentira básica es la que propaga a los cuatro vientos el Diario de Mentizias, financiado por el PNV y el resto del Tetrapartito con dinero de todos y nunca del todo negado por los otros medios ni por los otros partidos, que buenas razones tendrían para hacerlo: no, señores, no, el vascuence no es y jamás ha sido salvo en su imaginación “la lengua originaria de los navarros”. El resto viene por añadidura.

Los diferentes dialectos del vascuence sólo han sido la lengua de una parte de los navarros, y no la común, ni la mayoritaria. Esta ley, hecha desde los complejos y desde la aceptación sumisa de los presupuestos abertzales, ha sido el camino para extender el euskera batua, ajeno a Navarra, por nuestra sociedad y por nuestro territorio. Y sí, gracias al empleo del dinero público por socialistas y navarristas hay más hablantes de vascuence.  O mejor dicho más conocedores del batúa, fundamentalmente gracias al sistema educativo público y privado generosamente financiado y en toda la zona de Montaña impuesto directamente sin que las familias puedan optar. Conocido, que no usado: porque el vascuence hoy se conoce más y se ostenta más, pero se usa menos, según todos los estudios, en la vida familiar o entre amigos.

Entiendo que a los abertzales esto les sepa a poco. Ellos quieren todo. Con caramelo –si te portas bien podrás ser funcionario de la Navarra Euskaldún- y con palo –si no te portas bien te aislarás, serás un españolista y marcarás a tus hijos para siempre-. El “movimiento social de apoyo al euskera” no defiende lo que queda de la lengua de algunos de nuestros antepasados, sino que trata de imponer como seña común de identidad la que no lo ha sido nunca. Y en medio de todo eso los abertzales no saben si celebrar la Ley o si seguir llorando por ella. Si la cambian será a peor, pero esto no convierte en buena la de 1986.

De hecho, son los 30 años de una Ley mala, hecha por malas razones y con pésimas consecuencias. Han conseguido convertir el euskera en una baza política; si eres abertzale amas el euskera, y viceversa, como si las lenguas pudiesen, o incluso debiesen, amarse. Los hechos son tozudos: no lo conoce más que un 15%, lo hablan en realidad aún menos como lengua materna, y lo hacen en una parte de Navarra muy localizada. Con la adición de la parte de la sociedad que se reconoce en el extremismo abertzale. Y eso no es todo: el precio no ha salido sólo de los impuestos de todos –no sólo de ellos- sino además de la libertad de dos generaciones expuestas a esa imposición sin defensa alguna. De ese error tendrán que responder no sólo los abertzales hoy en el poder sino los consejeros de educación que desde 1986 han sido.

Estos pobres incautos, con Mendoza al frente, ya han hecho un experimento: este año, por primera vez, se ofreció a los padres la posibilidad de que sus hijos estudiaran en euskera en la Ribera y en la Zona Media aún libre y fueron 77 los interesados. 77 en más de la mitad de Navarra. Ni dos autobuses, y eso que era “todo gratis”.  El euskera deseado por los abertzales y tolerado por sus insuficientes enemigos no crece con la libertad, sino que ha necesitado la imposición –en unos casos legal, en otros por la presión social nacionalista- para crecer, y al precio añadido de hacerlo mal. Nosotros sí queremos una nueva Ley del Vascuence, una como la que en tiempos pedían UPN, PP y no pocos del PSOE: una ley de libertad, pero sin prebendas ni ventajas que conviertan a una nueva lengua, una nueva fe o una nueva política a nadie. La libertad es la solución y, por supuesto, el español es la lengua común de la libertad de todos los navarros.

Caius