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viernes, 3 de noviembre de 2017

Medalla de Oro de Navarra 2017 a la “Navarra silenciada”


La manifestación del 3 de junio en defensa de los símbolos propios de Navarra fue un éxito.  Tanto, que el mismo euskorégimen que decidió derogar la Ley de Símbolos ha aprobado ahora conceder la Medalla de Oro a los intelectuales que diseñaron la bandera homenajeada el 3-J,  en la que recogieron los elementos del pasado con los que los navarros se sentían identificados.  

Con la concesión del premio quizás quieran repetirnos que la bandera de Navarra no está en peligro, y que el cutrepartito es el primero que la defiende: Vienen a decir que la bandera siempre estará ahí, aunque sea acompañada de ikurriña, republicana o irisada tipo LGTB.  

O quizás quieran desactivar el ímpetu popular defensor de la identidad navarra y española.  Porque no lo olvidemos, hubo unos días previos al 3-J en los que defender la bandera navarra era ser catalogado de español.  Y  lo cierto es que, entre el 3 de junio y el 31 de octubre,  han sucedido bastantes cosas en España que han venido a confirmar esa “acusación”.  Entre ellas, la “crisis catalana”, por ponerle un nombre.

También puede ser que el separatismo esté intentando apropiarse de los símbolos navarros, al más puro estilo napartarra, siempre latente entre quienes quieren recuperar un estado propio que también incluya a Euskadi, o al revés, que igual les da.  Con esta táctica quizás consigan atraer a algún navarrista despistado, y para ello ya están dedicando fondos y energía en cursos de formación acelerada.

Curso “Historia del Estado Navarro. Siglos VIII-XVI”, de sept. a dic. 2017

Sea como fuere, el pasado día 8 de octubre se manifestaron en Barcelona cerca de un millón de personas, entre ellas algunas navarras, para decir que quieren ser españolas. Y tres días después, al Gobierno de Navarra solo se le ocurre decir que le preocupa el “rebrote de la ultraderecha franquista que creían superada”. (Lean, lean despacio la declaración institucional).    ¿Por  manifestarse con una bandera española? ¿Pero qué es lo que nos quieren hacer creer?  ¿No ven la realidad social que se expresa a gritos?  

Por fortuna, los catalanes nos han enseñado el camino. Hay muchos ciudadanos que son catalanes y españoles.  Ya se han sacudido el complejo de ser llamados con las tres F: fascistas, franquistas, falangistas.  Han comprendido que nada tiene que ver su identidad con el régimen que gobernó España durante un tiempo.  Y lo están demostrando en la calle, en los balcones, en las redes sociales, y donde haga falta.

Manifestación del 8 de octubre en Barcelona

La “Cataluña silenciada” ha dicho ¡basta!.  Esperamos que el ejemplo sirva para “empoderar” a la Navarra silenciada y para seguir viendo más banderas españolas y navarras como las que se van asomando a las ventanas con timidez, y con alegría. Será la única forma que les queda a UPN y PPN (y a los que quieran sumarse) de no perder señas de identidad ni discurso político, como vía para recuperar la iniciativa popular en este último tramo de legislatura que va a resultar crucial para el futuro de Navarra como parte del proyecto común de España.

Leodegundia

miércoles, 24 de mayo de 2017

Y el día 4 de junio, ¿qué?


Han tenido que ser unos pocos activistas navarristas quienes hayan tomado el toro por los cuernos -bajo su responsabilidad y con el concurso inicial de sus fuerzas-, al convocar una manifestación en defensa de la bandera de Navarra para el próximo 3 de junio.

Los partidos políticos no son, estamos viendo, quienes lideran esta movilización; tampoco esos entes que han aterrizado no hace mucho para “salvar” Navarra. Los que se están jugando su prestigio e imagen, incluso su cara en el sentido físico, visto lo visto, son esos activistas y en primera, primerísima, persona.

No han faltado a la cita esos, siempre, “agudos observadores” que entienden que “no existe demanda social” para tal convocatoria. Entonces, conforme su criterio, ¿a qué esperar? Su actitud recuerda la de las ranas cuando son cocidas a fuego lento: despacito, despacito, y cuando se dan cuenta de que están agonizando, ya no pueden reaccionar, pues acaban de morir… salvo que oculten otras intenciones.

Otros, verdadera legión, no quieren “marcarse”: que sean “otros” los que se muevan; para colmo, reclaman de paso: ¡moderación!, ¡nada de extremismos, por favor! Pero, ¿es extremismo reivindicar lo que se considera justo? ¿Es radicalismo ondear la bandera amarilla y roja? Callar y mirar hacia abajo, ¿es moderación? Renunciar y dejarse arrastrar, ¿es justificable?

Del cuatripartito y su entorno no podía esperarse otra cosa: desvelándose inequívocamente totalitarios. Pero algo ha cambiado respecto a años anteriores: no tienen, en principio, quienes les mueva el árbol; si bien están muy, pero que muy, dispuestos a recoger las nueces. De ahí su empeño en implementar el que denominan “cambio de régimen” al más puro estilo chavista, contramanifestaciones incluidas. Pero, en democracia, no se cambia de régimen: se producen recambios gubernamentales. Entonces, ¿qué pretenden? Pues, por si alguien no lo tenía claro todavía, trabajan para avanzar más y más en la “construcción nacional vasca”; y para ello juzgan imprescindible neutralizar toda posible resistencia.

De tan compleja situación se desprende una incómoda conclusión: al centro-derecha en particular, y al navarrismo en general, le cuesta mucho movilizarse; no forma parte de su genética. Con votar, ya sería suficiente… Tantos años escudándose en la Diputación, primero, y en el Gobierno de Navarra, después, se han perdido reflejos, músculo y ganas; conformando un estilo escasamente reivindicativo, salvo en el característico tono quejica mediterráneo de tantos hogares, barras de bar y clubs sociales.

Aun conservando el poder político formalmente, el centro-derecha, con el concurso, en uno u otro modo, de un socialismo histórico en profundísima crisis de identidad, los activistas culturales radical-progresistas-separatistas –y sus crecientes entornos de apoyo- conquistaban posiciones de poder en el tejido social a lo largo de décadas: tanto en lo público, como en lo privado. Ello también en pleno franquismo… impulsando un acelerado cambio mental, antropológico y de costumbres. Mientras tanto, el terrorismo separatista destrozaba muchas vidas y familias, imponiendo la “ley del silencio”; afianzándose esos comportamientos conformistas que dejan todo para última hora.

Llegó el momento de recoger las nueces y el resultado es de sobras conocido: desalojo de UPN de buena parte de las instituciones y una enorme pérdida de poder real, así como la marginación política del PSN-PSOE; lo que se pretende afianzar definitivamente mediante esa potentísima batería de medidas legislativas, simbólicas, sociales, publicitarias, educativas, etc., que viene abrumando a tantos navarros… y desbordando a los partidos opositores. Una situación impensable –insistiremos- de no haber mediado previamente un profundo cambio cultural en la sociedad navarra; circunstancia que o bien se niega o se aminora. Pero también han contribuido a allanar esta coyuntura las prácticas partitocráticas y oligárquicas que han desnaturalizado las instituciones y desengañado a tantos ciudadanos.

La manifestación convocada para el 3 de junio era necesaria, pero no es suficiente.

Sea un éxito o un relativo fracaso en cuestión de números –que nadie espere milagros- hay que pensar en el día siguiente; pues no basta con una manifestación aislada y esperar otros 10 años para volver a salir a la calle.

La calle es importante, pero también lo es la articulación y salud de la sociedad civil y sus agrupaciones; unos partidos políticos revigorizados, saneados, audaces y con ganas de trabajar (hacia dentro, hacia la calle y hacia las instituciones).

Hay más asociaciones trabajando que hace dos años, se viene afirmando. Es cierto. Pero hacen falta muchas más: especializadas, estables, nutridas, autofinanciadas, con voluntad de continuidad incluso en el hipotético caso de que un día se recuperaran espacios de poder. Unas entidades en las que el sentido de lo colectivo y la perspectiva a largo plazo prevalezcan sobre el interés en corto y el ánimo crematístico. Sin espíritu de secta. Que identifiquen y desprecien las “soluciones mágicas” y los atajos inexistentes.

Cada uno desde su lugar, con sus experiencias, conocimientos y capacidades; con su conciencia del límite y su generosidad. Sin arrogarse papeles ajenos; sin vivir de un pasado que jamás regresará…

Desde la red ciudadana Navarra Resiste seguiremos trabajando a nuestro estilo: la presencia en la calle, en redes sociales, la opinión pública. Y acudiremos cuando se nos convoque, desde nuestra libertad e independencia.

Es la vía: menos postureo y más trabajo social, cultural y político callado con la mirada puesta en las siguientes generaciones de navarros.

Sila Félix