Mostrando entradas con la etiqueta derecho a decidir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derecho a decidir. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de octubre de 2017

Derecho a hacer el paripé


Cualquier declaración de Rajoy o Soraya respecto a la problemática de Cataluña, basta para ver que esta gente en ningún momento pretende articular un discurso mínimamente operante, capaz de ilusionar a los españoles. Haciendo gala de ese engendro ideológico que es el patriotismo constitucional, el Gobierno de la Nación es incapaz de justificar la permanencia de Cataluña en el proyecto de España, más allá de que es lo que dice la ley. Argumentos estos que no sirven de nada frente a un gobierno autonómico que hace de los hechos consumados su política.

Pero es que Cataluña es España mucho antes de que nos diésemos ninguna constitución y más allá de cualquier opinión, ya sea minoritaria o mayoritaria. A razón de esto, tenemos que estar dispuestos a darle una explicación directa a quien la crea necesaria.

El nacionalismo se ha dotado de unas ideas generales que todos nosotros sabemos que parten de premisas falsas, pero que no por ello pierden su fuerza entre el populacho desinformado. 

Nos han hablado de derecho de autodeterminación, de derecho a decidir y últimamente de votar. Es importante entender que democracia no equivale a votar, democracia significa que el poder viene del pueblo. Puede haber democracia con voto, siempre eso sí como medio para obtener cierto consenso y no verdades absolutas, porque ninguna mayoría puede convertir lo falso en cierto. Puede no haber democracia con voto; que es lo que sucede en Venezuela, donde la gente vota pero no se respetan los derechos civiles de los ciudadanos.

También puede haber democracia sin votar, ¿cómo puede ser esto? pues en la democracia original, la democracia ateniense, el sistema de elección que consideraban más democrático era el sorteo; ya que además de ser más difícil de amañar, en un sorteo todos los ciudadanos tenían las mismas posibilidades, mientras que en una elección se favorecía generalmente a los más ricos. Vuelvo a concluir entonces que democracia no equivale a votar, simplemente existe cierta correlación entre ambos términos.

Centrándonos en el problema que nos ocupa, que un territorio se arrogue el derecho de decidir algo que concierne a toda la nación, como es su configuración territorial, no puede ser algo democrático. De hecho, la unidad nacional es algo recogido en la práctica totalidad de las constituciones alrededor del mundo, y el motivo es simple: un país no puede estar permanentemente sometido al chantaje de una región cada vez que en esta no estén de acuerdo con lo que haya elegido el conjunto o atraviese cualquier tipo de dificultad.

El llamado derecho a decidir plantea otros problemas a su vez: para los independentistas resulta legítimo que sólo ellos decidan respecto a la secesión de su comunidad; pero niegan esa capacidad a las subdivisiones de su ansiado territorio. Si Cataluña puede independizarse, ¿por qué no Tarragona de Cataluña? ¿y los municipios? Si saliese el NO, ¿habría que votar de nuevo cada cinco años hasta que saliese el SÍ? Si saliese el SÍ, ¿se podría volver a votar dentro de cinco años si Cataluña se reintegra en España? Os respondo yo a todo que no, a eso apunta el borrador de la futura Constitución catalana. Es grande la hipocresía que rodea a los movimientos separatistas. 

El derecho de autodeterminación es por el contrario un término cuyo uso está en declive y la razón es simple: cualquiera que sepa leer puede comprobar en minutos que este principio recogido en numerosas resoluciones de la Asamblea General de la ONU, no es aplicable a Cataluña ya que sólo se aplica a los dominios coloniales o aquellos casos en los que el Estado margine o oprima a una parte de su población por motivos raciales o religiosos. El derecho de autodeterminación no se aplica a las naciones que han forjado su convivencia durante siglos, en cuyo caso la secesión sería incompatible con los principios de la ONU: "Art 6. Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas".

Artículo relacionado: Autodeterminación: Entre la fragmentación y la globalización

En definitiva, ni Cataluña tiene derecho a la secesión, aunque todos los catalanes la quisiesen; ni mucho menos un puñado de separatistas tienen derecho a votar algo que no se les ha pedido que voten y que nos afecta a todos.

Hispano

lunes, 11 de septiembre de 2017

El 12 de octubre, toda España con Cataluña

Cartel publicitando el 12 de octubre en el año 2014

Ante la fiesta de la "Diada" de hoy, transformada en aquelarre independentista y punto de partida de la campaña para el referéndum del 1 de octubre, los ciudadanos catalanes que quieren seguir siendo españoles saldrán a la calle el próximo 12 de octubre como vienen haciendo en los últimos años, para demostrar que no están de acuerdo con la huida hacia adelante del régimen secesionista que se ha adueñado del poder en Cataluña.  Con referéndum y sin referéndum, es ya seguro que habrá convocatoria unitaria de todos los colectivos constitucionalistas para el día de la Hispanidad. 

La "Diada" del once de septiembre no siempre fue un escaparate del independentismo. En realidad, es la conmemoración de una derrota (la capitulación de Barcelona ante las tropas borbónicas en 1714, en el marco de la guerra de Sucesión al trono de España), pero también se ha ido convirtiendo en una jornada de afirmación del carácter propio de Cataluña y de su identidad como "nación".  La figura que se homenajea es la de Rafael Casanova, jurista y patriota español que estaba al frente de la ciudad de Barcelona,  que luchó por la causa que él creía mejor para Cataluña y para España.  Su papel en la Historia ha sido manipulado hasta la saciedad por el régimen catalán, hecho denunciado por sus descendientes mismos. http://www.libertaddigital. com/espana/2013-09-10/una- descendiente-directa-de- rafael-casanova-el-era-un- patriota-espanol-1276499030/  

Sitio de Barcelona de 1714

Así pues, hartos de la manipulación y de la locura colectiva de sus gobernantes, los ciudadanos catalanes y españoles ya llevan varios años saliendo a la calle el 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional de España, también conocido como "Día de la Hispanidad".  El concepto de "Hispanidad" fue creado por un ilustre vizcaíno, don Zacarías de Vizcarra Arana, para referirse a la herencia cultural común de los pueblos de origen hispano, y a las cualidades que los distinguen de los demás.  Fue acuñado en 1926 en su artículo "La Hispanidad y su verbo", publicado en Buenos Aires, donde residía en aquel momento. El término hizo fortuna cuando lo retomó Ramiro de Maeztu en su "Defensa de la Hispanidad" (1934).

"Vasconia españolísima": 
Libro de don Zacarías de Vizcarra, reeditado en 2012, que se puede encontrar en las librerías.

En este 2017, la convocatoria del 12-O ha partido, como decíamos recientemente, de Sociedad Civil Catalana, la asociación Espanya i Catalans y Empresarios de Cataluña.  Estos colectivos llaman a unirse a "la mayoría de catalanes que no quieren la independencia". La idea es "dejar claro que, en Cataluña, no hay pensamiento único", lo cual nos alegra por lo que tiene de lucha por la libertad de todos los españoles.   El acto tendrá lugar en la Plaza de Cataluña, como en los últimos años.

12 de octubre de 2012.  La Fiesta de todos.

Ante esta demostración de fuerza y sensatez, las recientes palabras de EH Bildu-Navarra diciendo que están con los independentistas catalanes, suenan trasnochadas y desconectadas de la realidad del pueblo catalán. Arrimando el ascua a su sardina, a Adolfo Araiz no se le ocurre otra cosa que decir que "es el momento de que en Navarra abordemos entre todos qué queremos para nuestro futuro" y romper el desequilibrio con España para que "seamos dueños de nuestras decisiones, para poder debatir y resolver qué Navarra queremos, cómo nos vamos a relacionar con nuestro entorno, decidir nuestro propio modelo económico, ...etc ". Ver más en:  http://navarra.elespanol.com/ articulo/politica/bildu-catalu na-referendum/2017090913432814 1206.html


En lugar de hacer el ridículo con sus proclamas, más le valdría a Bildu tomar nota de la resistencia popular que está haciendo frente al secesionismo en Cataluña con muy pocos medios y grandes dosis de arrojo y valentía.

Leodegundia

jueves, 5 de enero de 2017

La falacia del referendum separatista o el falso derecho a decidir


En los últimos años los separatismos vasco, y especialmente catalán, nos han bombardeado con ayuda y comparsa de la izquierda radical (IU, Podemos y sectores del PSOE) con la falacia del derecho a decidir que se concretaría con el referéndum de autodeterminación. Aparte del debate de si cabe legal, moral o de cualquier otra consideración dichos referéndums para los distintos territorios que integran España, nos pretenden colar cuestiones elementales como pasaremos a ver a continuación.

Suponiendo que se aceptara la premisa de que lo más democrático, moderno y progresista sería convocar referéndums en aquellos territorios de España donde una mayoría social presuntamente amplia aspira a separarse de España y constituir un "Estado propio", previas modificaciones legales oportunas, lo primero sería convocar el referéndum, y tras su resultado, crear un Estado propio o mantenerse en España, tal y como están en la actualidad o de otra manera (es decir, con más o menos autonomía), y en el caso de que el referéndum fuera favorable a las tesis secesionistas, entonces dar los pasos políticos, económicos y jurídicos para concretar dicha "voluntad popular".

Sin embargo, en el "desafío separatista" en Cataluña vemos que ocurre lo contrario, primero crean las leyes de transitoriedad jurídica y estructuras de Estado paralelas, para luego convocar un referéndum. Por lo tanto, ¿qué ocurriría si en el referéndum saliera un voto negativo a las tesis separatistas y favorable a mantenerse en España? ¿para qué tanto esfuerzo político, jurídico y sobretodo económico en crear unas estructuras de Estado sin conocer el resultado del hipotético referéndum?. Si acudiéramos a dos espejos en los que siempre se miran los secesionistas que apuestan por la vía moderada (frente a los radicales tipo Batasuna y CUP que apuestan más por la vía kosovar), tanto en Quebec como en Escocia, primero fueron los referéndum, las estructuras de Estado y leyes de transitoriedad jurídica se dejaron para después. 

Luego en el caso catalán, hay algo que no cuadra, y cuando huele a cadáver es que hay un muerto cerca, cuando suena agua, hay un rio cerca, luego hay algo que no cuadra. ¿Acaso los secesionistas catalanes están tan convencidos de su triunfo o es que tienen intención de manipular el resultado para que salga siempre a su favor?. Lo que no me cabe la menor duda es que, en el caso de que desde Madrid se diera luz verde a un referéndum, la sociedad catalana sería sometida a una presión brutal para que los catalanes votaran a favor de las tesis secesionistas en un ambiente para nada democrático, aunque guarden las formas poniendo urnas. También ponen urnas en Bielorrusia cada cuatro años y nadie considera que sea una democracia formal, y lo mismo sacó en varias ocasiones urnas el régimen franquista (referéndum sobre la Ley Sucesión Jefatura del Estado 6.07.1947 y referéndum Ley Orgánica del Estado 14.12.1966) y no por ello los españoles de hoy consideran que por ello fuera un régimen democrático.   

Como se puede apreciar, las urnas de por sí no garantizan que un proceso sea democrático, y desde luego las sociedades vasca, catalana (y algunas otras que van por detrás) están bastante lejos de cumplir una calidad democrática mínima, menos aún para celebrar un "referéndum de secesión", que es algo bastante serio y que en el caso de salir adelante, a la gente corriente le cambia bastante la vida, y no tiene que ser necesariamente a mejor, pero que por desgracia muchas personas no llegan a comprender por incapacidad, egoísmo o visceralidad, siendo ésta última un mal social y político por desgracia bastante extendido en la España del siglo XXI.

Curiosamente quienes nunca convocaron un referéndum para aplicar "recortes" (CiU) u otras medidas de gran calado e impacto en la sociedad, no solo plantean el derecho de autodeterminación - referéndum como su única meta política innegociable, sino que dan tan por sentada su victoria que están vendiendo la piel del oso antes de cazarlo (es decir, crear estructuras de Estado y leyes de transitoriedad jurídica sin ni siquiera haberlo celebrado, y por lo tanto, sin tan siquiera conocer su resultado), algo que nos debería llevar al resto a hacer un análisis profundo de las oscuras intenciones de los secesionistas, y de si no estaríamos jugando una partida de póker con las cartas marcadas, es decir, amañada.

El papel comparsa de la izquierda radical

A todo esto, aprovechando el tema del referéndum, siempre nos quedará la pregunta de cuál es el papel de la comparsa secesionista (los secesionistas sabemos perfectamente quiénes son y que quieren), es decir, la izquierda radical española actualmente ubicada en Podemos, IU/PCE y una parte nada despreciable del PSOE. Si acudiéramos a nuestra historia más reciente, en octubre de 1934 izquierda revolucionaria y separatismo catalán fueron de la mano en un intento de emular la revolución bolchevique de 1917 los primeros, y una autentica secesión los segundos. En aquel proceso histórico la izquierda radical pactó y apoyó el intento secesionista de la Generalidad de Cataluña en un intento de crear un caos mayor que beneficiara a su intentona revolucionaria.

Ante estos antecedentes, por lo tanto, el apoyo de buena parte de la izquierda radical al secesionismo nos lleva a plantearnos si pretenden generar un caos que anule las instituciones del Estado con objeto de generar un golpe revolucionario al más puro estilo bolchevique, simplemente destruir su odiada España, o una imbecilidad supina. De los tres supuestos, no se cual me da más miedo, pero que les quede claro a nuestros lectores una cosa: ni Pedro Sánchez, ni Pablo Iglesias ni Alberto Garzón apoyando directa o indirectamente, por acción o por omisión a los secesionistas son demócratas ni amantes de la libertad, sino meros corruptos y filibusteros, irresponsables que juegan con nuestro futuro y el de las próximas generaciones, gente vil y depreciable que una sociedad sana condenaría al más puro ostracismo político, social, económico y laboral.

jueves, 19 de mayo de 2016

Autodeterminación: Entre la fragmentación y la globalización


Los expertos en Derecho ya lo han dicho antes: El supuesto “derecho a decidir” es un concepto que no existe en ningún ordenamiento jurídico (Ver más detalle en http://sociedadcivilnavarra.com/el-inexistente-derecho-a-decidir/)    Es una expresión que se utiliza como sinónimo del derecho de autodeterminación o de secesión.  Así que no es porque políticos separatistas y oportunistas lo mencionan desde hace muchos años en sus mítines que se va transformar en una verdad, por muchas veces que lo prometan.                   
Bien, dado que dicho derecho no existe, sigamos con el sinónimo, que tiene un poco más de recorrido jurídico. El referéndum de autodeterminación se ha convertido hoy en día en un instrumento cada vez más utilizado para determinar las soberanías, y modificar el mapa político mundial.  Este proceso es la consecuencia de los principios salidos de la Revolución Francesa y del “derecho de los pueblos a disponer de sí mismos”, proclamado al final de la Primera Guerra Mundial por Wilson y Lenin.  Además, la definición es conforme a la Resolución (entre otras) nº 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU de 1960.

Los 14 puntos del presidente de EE.UU. Woodrow Wilson fueron una serie de propuestas realizadas en enero de 1918 que pudiesen servir de base para las negociaciones de paz con los Imperios Centrales europeos.  Se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra mundial. En 1919, la Sociedad de Naciones se basó, para su creación,  en los principios de la cooperación internacional, arbitraje de los conflictos y la seguridad colectiva.

Sin embargo, el principio de la autodeterminación de los pueblos que, en principio, quiere pacificar las relaciones internacionales fundándolas sobre un principio de legitimidad moderna, llega a multiplicar las guerras por un efecto perverso bien conocido de sociólogos y politólogos.  Desde 1914, eso ha desembocado en el mundo en una serie de conflictos en cadena, lo que ha llevado a que el siglo XX haya sido descrito por algunos analistas como el “el siglo de los separatismos”.  Ahí está la mayor contradicción de este principio: Buscando la paz, se encuentra la guerra. 

Además, el término “autodeterminación” ha ido evolucionando a lo largo del siglo XX entre “el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos”, por un lado, e integridad de los Estados, por otro. Hoy en día, el principio parece haber quedado fijado en la concepción territorial, rechazando el derecho de secesión para los territorios situados en fronteras estatales preexistentes, así que no cabría hacer grandes promesas electorales en España de dudoso cumplimiento.     
   
Cualquiera que sea la legitimidad supuesta de los argumentos secesionistas;  cualquiera que sea el grado de implicación de las poblaciones en el proyecto; y cualquiera que sea el territorio implicado, el éxito de un referéndum de este tipo depende siempre de su reconocimiento último a nivel internacional.  Solo este reconocimiento permite validar la expresión de los votos, y éste depende a su vez de la definición que determinen la ONU y las grandes potencias que, como acabamos de ver, no es inmutable.  Así pues, la supuesta democratización iniciada por un referéndum de autodeterminación debe ser relativizada, si entendemos por “democracia” un régimen fundado sobre la expresión popular.


Charla-debate "Derecho de Autodeterminación. Pueblos rehenes del siglo XXI: País Vasco, Irlanda y Québec”. Rosario, Argentina (año 2007). http://argentina.indymedia.org/print.php?id=519505

La causalidad y la conveniencia de los procesos de fragmentación en el mundo han sido muy debatidos por las Ciencias Sociales. En el contexto actual, mientras que el poder de los Estados cada vez está más erosionado por el de las estructuras transnacionales (organismos y empresas multinacionales) y por la emergencia de una sociedad civil cosmopolita, la fragmentación nacional  solo se entiende como el resultado de una afirmación de la propia identidad, en un mundo considerado alienante por su homogeneidad.

Por otra parte, inquieta la multiplicación de nacionalismos y la emergencia de una cierta forma de egoísmo de los pueblos, ya que la secesión está muchas veces ligada a una preocupación por un mejor bienestar económico para el propio territorio donde se vive, cuando no un rechazo a compartir las riquezas del mismo.  Este síndrome “a la lombarda” agita, por ejemplo, a grandes regiones industrializadas como Flandes, País Vasco, Cataluña y Padania. 

En este contexto de fragmentación, la Unión Europea podría servir de contrapeso, ya que ha conseguido crear un espacio unificado de soberanía compartida con mecanismos para-federales como el Parlamento Europeo, el BCE, la zona euro, el espacio Schengen, l´Eurocorps, entre otros, que podrían demostrar la capacidad de la UE para superar la partición a través de la integración.       

Sin embargo, la propia U.E. está igualmente amenazada por procesos de fragmentación en el seno de los Estados miembros, siendo  paradójico que suceda algo así dentro de un conjunto más vasto que tiende hacia una mayor integración.   Pero hay que tener en cuenta que son las mismas instituciones europeas las que suelen reforzar el surgimiento del poder regional bajo los Estados que la componen, mediante la aplicación de las políticas comunes en los más diversos ámbitos. Por ejemplo, la Política Regional (http://ec.europa.eu/regional_policy/es/) lleva muchos años  creando unas nuevas dinámicas de competencia en el seno de los territorios europeos y favoreciendo la fragmentación estatal “desde arriba”.

Una muestra de los mapas utilizados en la Comisión Europea para medir todo tipo de indicadores socio-económicos a nivel regional en la UE. http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/GDP_at_regional_level/es
       
Como muestra de esto, en una conferencia sobre el futuro de la Unión Europea organizada por el Gobierno de Navarra el pasado 9 de mayo en Pamplona, pudimos escuchar al Sr. Eneko Landaburu (ex_Director General de Política Regional y de Relaciones Exteriores) decir literalmente que “hace falta una revolución ciudadana de abajo arriba que pida el reforzamiento de los entes regionales y locales, puesto que los Estados han demostrado sus limitaciones”.  Es decir, una revolución ciudadana incitada desde arriba. Que cada persona extraiga sus conclusiones y lo compare con lo que todavía está por venir. 

Por último, no conviene ver globalización y fragmentación como ideas opuestas. En efecto, la fragmentación sería más bien un intento de recomposición del poder, de las jerarquías, de las organizaciones y de las marcas territoriales dentro de los procesos actuales de globalización. El instrumento de la autodeterminación debilita más todavía la capacidad de decisión política de los Estados frente a los nuevos poderes transnacionales que gobiernan el mundo, y los movimientos separatistas están siendo cómplices de ello en unos procesos donde, lo que se dice decidir, la ciudadanía decide muy poco. 


Referencias:


Calíope

viernes, 28 de septiembre de 2012

El derecho de Autodeterminación


Para analizar las reclamaciones autodeterministas de nuestros nacionalismos se hace necesario definir en qué consiste la autodeterminación para acto seguido poder concluir si tiene aplicación al caso español.

El principio de autodeterminación de los pueblos no es algo que existe en el mundo desde siempre. Se trata de un principio que regula las relaciones de los miembros de la comunidad internacional desde hace no muchas décadas. En diciembre de 1918 el presidente norteamericano Wilson, con la Primera Guerra Mundial recién concluida, declaró lo siguiente:

“El principio central por el que hemos luchado en este guerra es que ningún gobierno tiene el derecho a disponer del territorio de un pueblo libre”.

Este principio fue utilizado sobre todo para desmantela los imperios vencidos, que dieron nacimiento a multitud de nuevos Estados.

La aplicación generalizada de este principio, sin embargo, tuvo que esperar al fin de la siguiente guerra mundial y a que las Naciones Unidas proclamaran en su Carta Fundacional el principio de igualdad de derechos de los pueblos y su derecho a disponer de sí mismos.

Con tal precepto se establecía la necesidad de revisar dos tipos de relaciones de dominación de una nación sobre otra creadas por la fuerza: la conquista militar de una nación, como las que habían provocado la Segunda Guerra Mundial, que acababa de terminar, y la dominación colonial que en otros continentes se había establecido desde el siglo anterior.

El principio de autodeterminación aparece recogido por primera vez en la Carta Fundacional de la ONU (art. 1, párr. 2): “(es propósito de la ONU) Fomentar entre las naciones relaciones de mistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos”

Ya en esta fundacional ocasión, en le documento explicativo elaborado por la misma Conferencia de la ONU que promulgó la Carta se aclara un punto esencial:  “Los pueblos tienen el derecho de administrarse a sí mismos, pero no el derecho de secesión”.

El primer texto legal de la ONU en el que se desarrolla el principio de autodeterminación es la “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales” (Resol. 1.514 (XV), 14 dic. 1960), de título harto explícito. En esta declaración, tras recordar que “todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación”, “reconocer el apasionado deseo de libertad que abrigan todos los pueblos dependientes”, “reconocer que los pueblos del mundo desean ardientemente el fin del colonialismo” y “creer que es preciso poner fin al colonialismo”, se establece:

Art. 6: “Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”.

Diez años más tarde, ya con el proceso descolonizador muy avanzado, vuelve la ONU a proclamar el derecho de autodeterminación de los pueblos en la “Declaración sobre los principios de Derecho Internacional referentes a las relaciones de amistad y la cooperación entre los Estados” (24 oct. 1970, Resol. 2.625), en la que se establece el deber para todo Estado, “en virtud del principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos” de “poner fin rápidamente al colonialismo”, pues “el sometimiento de los pueblos a la subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una violación de dicho principio”.

Esta Declaración vuelve a establecer que el derecho de autodeterminación es sólo aplicable a las situaciones coloniales y a aquellos supuestos en los que un Estado margine u oprima a una parte de su población por motivos raciales o religiosos. En caso contrario, será incompatible con los principios de la ONU:  “Cualquier intento encaminado a quebranta total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un Estado”.

Así pues, para la ONU y la comunidad internacional no son comparables los casos de un nacionalismo que pretenda el desgarramiento de una nación formada por siglos de convivencia y otro que pretenda resolver una situación de dominio colonial. La secesión, consiste no en el acceso al autogobierno por parte de un pueblo hasta entonces sometido a la dominación de una potencia colonial, sino en la separación de una parte de una nación, está expresamente rechazada.

Ya en 1919, con ocasión de la Conferencia de Paz de París, Robert Lansing, Secretario de Estado con Woodrow Wilson, declaró que: “No cabe pensar que un presidente americano abogue por un planteamiento secesionista después de que en 1860 los Estados Unidos no reconociesen la secesión de los Estados del Sur, asegurando la unidad incluso por medios militares”.

En resumen: el derecho de autodeterminación figura en la legislación de la ONU con el fin de que se acogieran a él las colonias que desearan separarse de sus metrópolis. Además de para procesos de descolonización, el segundo supuesto para el que la legislación y la doctrina internacionales han previsto este mecanismo es para situaciones de opresión nacional en las que los ciudadanos de un grupo nacional, religioso, racial o cultural determinado incluido en una estructura estatal, sufriese menoscabo de sus derechos individuales o colectivos. En dicho caso, al no estar ese colectivo representado por el gobierno de su nación, se equipara su situación de opresión con la de una colonia y se entiende justificado el derecho de autodeterminación; lo que evidentemente ni ha sido nunca ni es hoy el caso de ninguna región española. Especialmente las provincias vascas, cuyos ciudadanos disfrutan por lo menos de los mismos derechos que el resto de españoles. Y decimos por lo menos porque las particularidades derivadas del régimen del Concierto Económico en todo caso hacen de los vascos unos ciudadanos fiscal y económicamente privilegiados en España, como han venido siendo durante los últimos cinco siglos.

La autodeterminación exige, por lo tanto, unos requisitos objetivos –límites razonables a su ejercicio, sin los cuales cada región, cada pueblo, cada aldea y cada familia podrían ser sujetos teóricos de ese principio-. No es cierto que cualquier colectivo humano, por mucho que lo sostenga uno de sus partidos políticos, pueda hacerse titular del derecho de autodeterminación por el mero hecho de autoproclamarse como tal, como quien se apunta a una lista de espera.

Javi Hispánico