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lunes, 1 de octubre de 2018

Fake news a la vasca


El término fake news (noticias falsas) fue popularizado por el actual presidente de Estados Unidos Donald Trump al principio de su legislatura, hasta el punto que fue considerada "Palabra del 2017" por el diccionario Collins.

Pero hoy no voy a hablar de como medios supuestamente serios llegaron a publicar bulos creados en 4chan para demostrar que los progres de la CNN se comerían cualquier historia manifiestamente falsa por rocambolesca, con tal de tener un titular contra Trump. El bulo al que me refiero fue aquella historieta que decía que Trump había contratado a prostitutas rusas para practicar la "lluvia dorada" y mancillar la misma cama de un hotel de Moscú en la que había dormido el anterior presidente Barak Obama durante una de sus visitas, que todo había sido grabado por el FSB (servicio secreto ruso) y que con ello mantenían chantajeado al nuevo presidente.

Tampoco voy a hablar de las propuestas veladas a favor de limitar la libertad de expresión y de prensa por parte de la vicepresidenta Carmen Calvo, con un ejecutivo en crisis permanente debido a las informaciones bastante feotas que vienen saliendo en la prensa y que le están cortado la cabeza uno por uno a sus ministros.

Hoy quiero hablar de una noticia falsa a la vasca. La semana pasada andaba echando un vistazo a un conocido blog "antifa", que reconozco ver de vez en cuando a partes iguales para reirme y para ver qué se les pasa por la azotea a estos cabestros. En dicho blog se cortapegaba (porque es un blog de cortapega que no aporta nada nuevo) una noticia según la cual dos "cineastas" de Pamplona iban a ser juzgados en Pamplona "por realizar un documental"; motivo por el cual, según la "noticia", la Fiscalía pedía dos años de cárcel y el pago de una multa de 12.000€ para los dos inculpados.

Esta "noticia" salía a su vez de otro pseudomedio titulado "el odio" en francés (supongo que inspirado por una película francesa de los 90 que tiene como protagonistas a unos racailles de barrio marginal) que a su vez la había cortapegado del facebook del ZER, el colectivo fantasma al que perteneceden los dos acusados "por realizar un documental", cerrando así el círculo.


Pero algo chirría porque según la citada "noticia", los imputados serán juzgados por un delito de revelación de secretos... ¿por hacer un documental?

En marzo del 2016 un miembro de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz encontró una videocámara oculta en un respiradero de la cripta del Monumento a los Caídos de Pamplona. Las pesquisas policiales al respecto determinaron que quienes habían colocado la citada cámara eran un matrimonio de desmemorialistas, que son a su vez quienes montaron unas jornadas a favor de la demolición del Monumento. En la colocacion de estos dispositivos de grabación probablemente fueron ayudados por alguien del Ayuntamiento de Pamplona, ya que alguien les tenía que haber facilitado la entrada al Monumento y el acceso al cuadro de luces al que estaban conectados.


Artículo relacionado: Vigilantismo social en Pamplona

Recordemos que si bien como vengo diciendo el Monumento está en manos del Ayuntamiento, la cripta es un recinto privado cuyo usufructo pertenece a la Iglesia, por lo que realizar grabaciones sin el consentimiento de los usuarios constituye un delito de revelación de secretos mediante captación de imágenes y escuchas ilegales.

Y estos estalentaos de ZER pretendían colar que se enfrentaban a juicio con penas de hasta dos años (ni siquiera ingresarán en prisión) y una multa de 12.000€; "por hacer un documental".

Mentiras como estas son sintomáticas a una extrema izquierda que trata a sus adeptos como a imbéciles carentes de sentido crítico, de esta forma tenemos masas de idiotas dispuestos a manifestarse a favor de los "chicos de Alsasua" que van a la cárcel por una "pelea de bar" y no por darle una paliza a dos guardias civiles en una estrategia de acoso que busca la expulsión de las FYCSE de Navarra; o a podemitas y antifas madrileños diciendo que que el tal Alfon está en la cárcel "por acudir a una huelga" o incluso "por ser joven" y no por acudir a una manifestación con un dispositivo explosivo improvisado.

Cosas veredes, amigo Sancho, pero con estos borregos nos ha tocado bregar.

Hispano

viernes, 4 de mayo de 2018

Por qué comprender y defender el Monumento a los Caídos


El Monumento a los Caídos de Pamplona, en su particular historia, siempre ha sido paradójico.

Se construyó en un momento en que Navarra iniciaba un tránsito sin retorno desde una sociedad y un orden tradicional, cohesionados por el catolicismo, hacia un destino desconocido que auguraba promesas de tiempos mejores.

A ritmo de vértigo, Navarra pasó de ser una sociedad agraria a otra predominantemente urbana. Del modelo de familia extensa, sujeta a la autoridad del padre y la madre en sus respectivos ámbitos y bajo la mirada de benévola autoridad de los abuelos, a una familia nuclear en la que todos sus integrantes precisaban resituarse en un mundo en rápido cambio.
Adhesivo de una iniciativa ciudadana en defensa del Monumento

La Iglesia católica, en los años 50 del pasado siglo, todavía era dominante, dogmática e incuestionable. Con todo, entre sus paredes se respiraban ciertos aires de libertad: daba sentido a la vida, consuelo ante las dificultades, formación y escuela, criterios para responder a los retos cotidianos y accesos al mundo circundante de tan cerrada sociedad. La vida transcurría despacio, pero todo, realmente marchaba muy deprisa; acelerándose en los 60 y, no digamos ya, en los 70 y siguientes décadas. De un orden social tradicional se saltó a la posmodernidad casi abruptamente y sin escalas.

El Monumento fue una respuesta colectiva, de su tiempo, a una experiencia traumática de la que casi nadie quería acordarse: el tributo de unos “vencedores” a sus muertos en la reciente guerra civil, quienes empezaban a sentirse solos.

Se ha afirmado, y no pocas veces, aunque con intencionalidad muy distinta, que la ciudad de Pamplona ha vivido de espaldas al Monumento. Se podría afirmar que no sólo Pamplona; seguramente toda Navarra.

A un monumento, el que sea, o se le insufla vida o sus dimensiones y significados simbólicos perderán sentido para las gentes que lo contemplan. Así fue.

La Guerra Civil fue una tragedia de dimensiones cósmicas. El dilema de unos y de otros, a pesar de otros muchos que no se sentían o no querían verse involucrados, fue matar o morir; espoleados por el miedo.

El siglo XX anticipó sobre Navarra y el resto de España lo peor de sí: las ideologías totalitarias, la violencia política, la división entre las familias, la conflictividad social, nuevos mecanismos de dominio y manipulación individual y colectiva… el miedo. Y el miedo puede sacar lo peor de la especie humana.

Historia e historiografía pretenden entender el pasado, hacerlo comprensible, aportar luces para presente y futuro, entrar en la mente de nuestros antepasados.

El pasado fue y nada lo cambiará. Se puede reescribir la Historia, pero ello no traerá paz a los muertos; ni sentido a los sufrimientos olvidados, distorsionados o magnificados.

La Memoria Histórica puede ser un instrumento al servicio de la convivencia si es honesta, global, imparcial.

La memoria, toda, en principio es selectiva. Pero su ejercicio puede permitir recuperar experiencias, relatos, vivencias que forman parte, en cierto modo, de todos nosotros; pues somos fruto de nuestras acciones, de nuestra herencia y de la sociedad que nos toca vivir.

El Monumento se construyó sobre una aparente unanimidad; que no era tal. Demasiadas heridas, silencios, conveniencias, tópicos… demasiada muerte.

Fue una obra monumental, pero, como toda obra humana, imperfecta.

Con indudables valores artísticos, urbanísticos y arquitectónicos, antes o después sería cuestionada.

Se podría perfeccionar tal obra, adecuarla, o destruirla… Las opciones siguen abiertas.

ETA primero, las organizaciones memorialistas que poco a poco se fueron configurando con pretensiones muy legítimas, y los partidos de izquierda y separatistas finalmente, han hecho causa común con el mismo objetivo: destruir el monumento o transformarlo de tal modo que llegue a significar todo lo opuesto que sus constructores pretendieron.

El futuro del Monumento según AFFNA
Si lo logran –lo que pueden conseguir ante la incomparecencia pública de los herederos de quiénes debieran defenderlo-, Navarra volvería a sufrir una nueva mutilación; si bien incruenta y sin derramamiento de sangre.

La cuestión que subyace realmente es: ¿queremos conocer la verdad?, ¿saber qué sucedió? ¿Por qué nuestros antepasados -padres, abuelos, tíos- se enfrentaron hasta extremos inimaginables?

La Historia y la historiografía pueden ayudarnos a ello, pero despojándonos previamente de prejuicios ideológicos y tópicos hoy predominantes, pero que, como toda obra humana, están condenados un día no muy lejano al ostracismo y al olvido.

 Si miramos las piedras que todavía tenemos ante nosotros, podemos entender muchas cosas. Veremos, así, que entre los muros del Monumento figuran, aunque hoy tapados, los nombres de miles de nuestros antepasados. Con sus vidas truncadas ferozmente, sus proyectos, sus rostros, sus esperanzas, sus creencias… con toda su humanidad violentada. Y no menos que los de quienes eran fusilados masiva y brutalmente en un ejercicio impío de “limpieza” y “seguridad”.

Entonces, ¿a quiénes correspondían aquellos nombres entonces grabados y hoy tapados patéticamente?

La Gran Enciclopedia de Navarra, a la que difícilmente pudiera acusarse de tendenciosa, en su versión digital (http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=10876) responde de la siguiente manera, aportando un contexto histórico sin el cual es muy difícil encuadrar estas circunstancias a las que hoy nos asomamos: “Se ha calculado que, durante los tres años de guerra, empuñaron las armas más de 16.000 requetés y unos 6.500 falangistas navarros, voluntarios todos, a los que se sumaron más de 18.000 soldados, navarros también, que fueron llamados a filas con sus respectivas quintas. En total, la aportación navarra a la guerra fue semejante, en número de hombres, a la del resto de la España sometida desde el principio por los sublevados, dado que los mandos militares acabaron por imponer la movilización general obligatoria. La singularidad de Navarra radicó en que, muy por delante de todas las demás regiones de España, la gran mayoría -dos tercios- de los movilizados fueron voluntarios”.

Desde algunos “memorialistas” se insiste que en el factor “voluntariado” -decisivo para entender las razones de este monumento y el “espíritu” de aquel tiempo- concurrieron muchas motivaciones dispares nada acordes con el “espíritu de Cruzada”: oportunistas, desesperados, aventureros… y no pocos cuyo motor real fue salvar la propia vida, la de sus familiares o conseguir unos mínimos ingresos económicos (por ejemplo, véase https://zaratiegui.net/2015/08/21/voluntarios-navarros-en-la-guerra-civil/).

Seguramente hubo de todo: altruismo, miedo, terror, pasión, indiferencia, desesperación, fatalidad… El clima político de los años anteriores era prebélico. La incorporación de las masas a la política, fenómeno propio del siglo XX, acarreó como inevitable e indeseable tributo la formación de milicias por parte de casi todos los partidos existentes, fueran democráticos o no; y la consiguiente extensión de una guerra civil a toda la población mediante procedimientos “industriales”. Todos estos factores deben considerarse –y no ignorarse o darse por sentados- para comprender con los datos de hoy, la mentalidad de ayer, en un intento de entender las motivaciones y los mecanismos mentales de nuestros antepasados; aunque en principio sus comportamientos nos generen rechazo, incomprensión o lejanía.

En todo caso, independientemente de la motivación de aquellos voluntarios, o enrolados forzosamente, quienes concibieron el Monumento situaron a cada fallecido, y con no escaso sentido común, en su localidad de origen; no en la unidad militar o milicia a la que se incorporó. Con más razón debieran rehabilitarse tales relaciones nominales, hoy tapadas, en un ejercicio de valoración y respeto ante tanto dolor y como impotente aproximación ante lo inconmensurable de aquella tragedia que jamás debiera reproducirse; ni siquiera a mínima escala. Nombres y apellidos: de todos. En Pamplona y en Sartaguda; pues no es una cuestión de equidistancia, sino de humanidad.

La Gran Enciclopedia Navarra, por su parte, también concreta al respecto: “En total, de todos estos hombres, entre 1936 y 1939 murieron 4.545: de ellos 1.766 soldados, 1.700 requetés y 1.074 falangistas, conforme a la estadística del Gobierno civil”.

Tal es la realidad de la Historia. Aunque hoy nos sorprenda, abrume o aterre.

Inscripción hoy tapada de fallecidos -a resultas de los combates- de Tudela

Desde una voluntad de servicio a la sociedad navarra, sin ataduras políticas y libremente, queremos facilitar a nuestros lectores, y a todos los interesados en esta temática -que se remite a la identidad, la herencia y las raíces de nuestro ser individual y colectivo- un documento elaborado por el colectivo El colibrí, al que hemos abierto en otras ocasiones este medio, en el que se abordan múltiples informaciones y perspectivas centradas en el Monumento a los Caídos: Hasta su total demolición (https://drive.google.com/file/d/12oTo76LcNlJ-BWAppsQDEZn-UAu9K_8m/view?usp=sharing). Tal es el título escogido para un trabajo que no debiera pasar desapercibido a cualquier interesado en las raíces y problemas de nuestros días.

Sila Félix

viernes, 20 de abril de 2018

Por una Memoria Histórica de todos: aleccionadores ejemplos desde Líbano


Del tamaño de nuestra tierra navarra, Líbano está poblado por cuatro millones de libaneses, millón y medio de refugiados sirios, trescientos mil palestinos, cien mil armenios, otros tantos kurdos…

Están presentes 18 confesiones religiosas: cristianos, musulmanes y drusos.

Acaso su más reciente actualidad sigue vinculada, en nuestra memoria colectiva, a la terrible guerra civil que asoló al país desde 1975 hasta 1990; año en que Siria, que había apoyado intermitentemente a una u otra facción durante a lo largo de todo el conflicto, ocupó el país derrotando a las principales facciones cristianas.

Fueron más de 200.000 los muertos violentamente, decenas de miles de desaparecidos (todavía hoy), buena parte de su patrimonio artístico devastado, sus infraestructuras destrozadas, sus ciudades arrasadas, la agricultura contaminada.

Sufrieron todo tipo de combates urbanos, bombardeos sobre objetivos civiles, terrorismos individuales y colectivos, ejecuciones extrajudiciales, represalias…

El país fue invadido por Israel y por Siria. También participaron paracaidistas americanos y franceses, pagando un alto precio en vidas.

Todos contra todos. Musulmanes contra cristianos, cristianos entre sí, musulmanes contra drusos, chiíes contras suníes, palestinos contra cristianos, etc., etc.

Miliciano de Hezbolá saluda al "profeta" Jesús

Sin embargo, la memoria de sus “mártires” -así se denomina allí a todos sus caídos (ya fueran comunistas, creyentes, indiferentes, independientemente de su filiación política, religiosa o tribal)- se cuida y mina. Y quienes fueron rivales mortales durante tantos años, la respetan y valoran.

Un ejemplo de humanidad, civismo y Memoria Histórica omnicomprensiva que no censura nada y quiere recordar todo… para no volver a caer en nada parecido.

Es más, para algunos no es suficiente y quieren más: un memorial para TODOS los muertos en combate, asesinados, desaparecidos, ejecutados… Con el nombre de cada uno de ellos. Sin apriorismos, sin censuras, sin imposiciones.

Cuando en Navarra se pretende demoler el Monumento a los Caídos e imponer una única y sectaria lectura de todo lo que acaeció muchos años antes que en la tragedia libanesa que hoy nos ocupa, estos ejemplos modélicos de humanidad y sentido común que nos llegan desde allí, son un reclamo a la sensatez, al respeto a todos los muertos y a la verdad histórica. Frente al sectarismo: la verdad y la Memoria… de todos.

Hoy proponemos a nuestros lectores la lectura de un artículo de actualidad, traducido del francés por nuestra colaboradora Calíope, publicado en uno de los diarios más prestigiosos del Próximo Oriente: el beirutí, decano de la prensa francófona del área, L’Orient - Le Jour.

Por un memorial nacional en homenaje a todos los mártires del Líbano.


«Todos los libaneses tienen mártires. No es normal que el martirio sea exclusivo de éste o aquel partido político», subraya el activista.

Nasser Bakkar quiere inmortalizar, en un muro, los nombres de todas las víctimas de la guerra.

Uno de los sueños de Nasser Bakkar, joven originario de Marjeyoun, al sur del Líbano, es el de permitir a las víctimas de la guerra, de cualquier confesión y tendencia, reconciliarse y tener sus nombres expuestos, unos al lado de los otros, en las fachadas de un muro que se edificaría en un oasis de paz, en el centro de Beirut.

«Formamos parte de esos pocos pueblos que no han conseguido pasar página de su conflicto armado,  su guerra fratricida, sus masacres que ensangrentaron el país desde los años 70», explica. «La guerra, los atentados terroristas, la resistencia frente al enemigo israelí han causado más de 200.000 muertos, en su mayoría desconocidos que han sido privados de homenaje, de reconocimiento o de una simple oración, al contrario que otros cuyos retratos y glorificación son bien visibles en las carreteras y en los medios».

Este padre de familia que muestra orgulloso su patriotismo pasó sus años de juventud como voluntario en el seno de la Defensa Civil y en la Cruz Roja libanesa, y solo piensa desde hace unos años en la concreción de su proyecto, todavía en mantillas, que enseña con entusiasmo.

El proyecto es un muro conmemorativo que se levantaría en homenaje a todas las víctimas, politizadas o no, civiles o militares, de todas las confesiones, caídos en suelo libanés desde el comienzo de la guerra libanesa, y hasta hoy. «Una comisión nacional se está encargando, a través de un portal electrónico, del registro en el cual serán inscritos los nombres de todos los mártires», explica. «Una vez recogidos los nombres, serán dispuestos por orden alfabético, sin ninguna distinción, en un  muro concebido por un amigo arquitecto, Tarek Houry, de manera que todos los nombres sean legibles por los viandantes», explica el creador.  Así, el plan prevé un conjunto de varios muros irregulares, yuxtapuestos de manera que formen un mapa del Líbano rodeando un estanque.

Maqueta del proyecto de Memorial elaborado por Nasser Bakkar y Tarek Houry

«Esos nombres grabados en el muro unirán a los muertos a falta de unidad de los supervivientes y de sus responsables, siempre activos y poderosos en la escena política, sobre la cuestión del desarrollo y desenlace de la guerra», prosigue Nasser Bakkar.  «El lugar ideal para este memorial sería un parque dispuesto en los alrededores del Bosque de los Pinos y enfrente de la mezquita Khachoukji, un lugar que representa la unión entre el Oeste y el Este de Beirut».

Para el joven activista, lo esencial es que «los Libaneses, sobre todo los jóvenes, dispongan de un lugar diferente a la plaza de los Mártires donde podrían recogerse y reflexionar sobre el sentido de la vida y el valor de la paz, teniendo bajo sus ojos una de las más graves consecuencias de la guerra».  «Sería también la expresión de un reconocimiento de nuestra parte hacia todas esas personas asesinadas y hacia sus familias, dejando aparte todas nuestras diferencias», dice.

Lo que falta para la realización de este proyecto es simplemente la financiación.  «Después de haber visitado a varias personalidades políticas y al Presidente del Consejo Municipal de Beirut, el proyecto sigue tristemente huérfano», se lamenta Nasser, que ha vivido en Marjeyoun, une localidad en la que cristianos y musulmanes han seguido viviendo en armonía incluso durante la guerra.  «Espero que este proyecto sea próximamente patrocinado por un líder político o una organización, porque nos permitiría reconciliarnos todos juntos alrededor de un memorial nacional y cerrar así la herida abierta de la guerra libanesa», concluye.

Introducción Sila Félix, traducción Calíope

miércoles, 11 de abril de 2018

¿Memoria Histórica o revanchismo guerracivilista?


El del Monumento a los Caídos de Pamplona, del que venimos hablando y no poco en este blog últimamente, en realidad no es un caso excepcional. El encono y persistencia con que se le viene persiguiendo –y ello, además, sin posibilidad de réplica a un discurso impuesto y autopresentado como universalmente explicativo y definitivo- acompaña múltiples decisiones políticas, acciones sociales, pronunciamientos mediáticos, legislaciones nacionales, autonómicas y municipales… muchas de ellas impulsadas desde unas asociaciones autodenominadas de Memoria Histórica. Y por toda España de manera análoga. El del Monumento a los Caídos de Pamplona sería otro supuesto más… ¿Seguro?

En este caso que nos ocupa concurre una incidencia significativa, acaso decisiva, al proporcionar abundante luz sobre este debate: ETA, desde sus orígenes, se marcó como objetivo prioritario demoler este Monumento y eliminarlo hasta del recuerdo mismo. Quiso imponer su Memoria Histórica y su “relato”, frente a la verdad y realidad de la misma.

La Transición española a la democracia tuvo aspectos positivos y otros no tanto. Pero, en todo caso, estuvo marcada por la voluntad de superación de las ulteriores guerras civiles que tanto sufrimiento trajeron a España en los siglos XIX y XX, así como el cierre de las heridas previas más inmediatas; incluso las del terrorismo sufrido a finales del franquismo.

Existió un general consenso –ejemplar el papel del Partido Comunista de España de entonces- roto exclusivamente por ETA y GRAPO, quienes persiguieron, todavía con más medios y saña, sus estrategias terroristas; no dirigidas ya contra un franquismo enterrado en las instituciones y por la Historia, sino contra la misma realidad de una España que nunca aceptaron. Unos querían romperla; otros, sovietizarla.

Insistiremos en algo obvio: no hay nada más humano que el afán de sentido, reconocimiento, justicia, relato y afecto. Y si es posible, reparación.

Cientos de miles de personas sufrieron en extremo bajo el franquismo, en primera persona, o en las de sus familiares más directos. Todas ellas precisaban –también hoy- memoria y reparación. Bienvenidas, así, todas las actuaciones emprendidas en tal sentido: recuperación de cuerpos, entierros dignos, ceremonias de reconocimiento, placas, monumentos, películas y relatos, estudios científicos... Pero si se procede paralelamente a la eliminación sistemática de todo lo que recuerde a los “otros”, tales extremos no estarán dirigidos a la reconciliación, sino al revanchismo determinado por un guerracivilismo que pretende alterar la Historia... con efectos retroactivos.

No vamos a afirmar que todas las violencias sean similares; tal carga, para los amigos de los terroristas. Ni creemos en la equidistancia moral. Tampoco concebimos que cada sufrimiento, personal e intransferible, pudiera, siquiera, suprimirse con palabras vanas y tardías.

El Ayuntamiento de Callosa de Segura (Alicante), gobernado por un tripartito formado por el PSOE, Podemos e Izquierda Unida; retiro una cruz "franquista" entre una gran contestación ciudadana. Ahora los vecinos de Callosa de Segura reproducen la cruz de los caídos en forma de luz a pesar de que están siendo multados con 100€ por noche.

Memoria, por supuesto. Historia, siempre. Reconciliación: es deseable e imperiosa. La paz, el objetivo que debiera ser común a todos. Pero no seamos ingenuos: para algunos la paz no es un bien prioritario, incluso apenas deseable; por encima estaría el triunfo del propio proyecto político y social. El fin justificaría los medios. Un ejemplo evidente: el de todos los terrorismos.

No obstante, más allá de generalizaciones más o menos compartidas, debemos señalar que la denominada Memoria Histórica parte de algún discutido presupuesto metodológico que afecta incluso a su propia denominación: si es memoria, será selectiva. Y si es selectiva, no puede ser histórica, pues esta disciplina –la Historiografía- pretende explicar qué sucedió, cómo, porqué, quienes fueron sus protagonistas, sus mentalidades, su intrahistoria, la vida cotidiana… De una manera integral, unitaria; sin eliminar espacios, hechos, o protagonistas. Sin “adaptarla”, mutilándola, en función de un criterio ideológico.

En los años de la Transición, especialmente a lo largo de los primeros, pero también en un goteo constante perpetrado en décadas siguientes, se eliminaron monumentos e inscripciones “franquistas” de todo tipo, múltiples denominaciones de los callejeros, de las mismas localidades, estatuas, títulos honoríficos…  De hecho, del franquismo no queda mucho a nivel simbólico; pero sí materialmente hablando: ¿se debieran derribar todos los miles de viviendas sociales entonces edificadas? ¿Y los colegios, carreteras, edificios públicos de todo tipo…?

Efectivamente, permanecen en pie el Valle de los Caídos, en Madrid, y este gran monumento navarro. Pero, la pretensión de su demolición, ¿realmente responde a una higiene democrática o, más bien, a intereses de tinte totalitario cuyo objetivo real sería el cambio socio-político y  mental por medio de una “policía del pensamiento”?

Mucho tenemos que, analizando críticamente los procesos en marcha, nos encontramos ya en esta situación que, en su naturaleza última, nada tiene que ver con la verdad histórica; siendo tal máscara, únicamente, mero instrumento a manipular al servicio de fines totalmente ajenos.

Veamos una situación de hecho que se remite al más elemental sentido común. Si hoy es imposible recabar apoyo institucional alguno en la búsqueda de un requeté navarro desaparecido en combate en el frente de Belchite, por poner un ejemplo, alegándose desde las instituciones actuales que sus familiares pudieron hacerlo durante 40 años de franquismo y que no se contempla por ley, algo está fallando en los presupuestos de tales medidas; y en el mismísimo sentido de realidad. En el franquismo tampoco se desplegaron excesivos medios al respecto; respondiendo buena parte de las mismas a iniciativas particulares. De hecho, hoy mismo, vienen siendo recuperados restos de combatientes del ejército nacional, si bien se consideraba que corresponderían a republicanos represaliados (https://www.20minutos.es/noticia/3070917/0/exhuman-primera-fosa-figuerola-dorcau-encuentran-17-soldados-guerra-civil/).

Soldados republicanos llevan capturado a un oficial del bando nacional para ser fusilado durante la Guerra Civil Española (1936)

En la pretensión de borrar todo rastro de aquél que sea considerado como rival, despreciando por puro sectarismo otras legítimas pretensiones, no hay grandeza alguna. Si se pretende resarcir la violencia pasada con otras modalidades más “actuales y “sofisticadas” de violencia espoleadas por el rencor, sus frutos no serán duraderos. Ni responderán a la verdad.

Memoria Histórica, de acuerdo, pero para todos y para todo. En caso contrario, se trata de elemental sectarismo.

Reconciliación… Todas las personas de buena voluntad afirman que es un bien colectivo siempre deseable. Pero hoy algunos persiguen un tardío castigo del “otro”, borrar su recuerdo, eliminarlo del relato histórico, imponer una única visión… Todo esto es incompatible con las prácticas más elementales dirigidas a la reconciliación; lo que implica “unos”, “otros”, acaso unos “terceros”, y, en todo caso, pluralidad de fuentes, testimonios, miradas... Unanimidad equivale, entonces, a totalitarismo.

Perdón… Un movimiento de la inteligencia, la voluntad y el afecto que debe ser siempre libre, moral y personal: no existiendo Ley que lo imponga. Ni violencia que lo sostenga por siempre.

El que fuera presidente de la Segunda República, y tantas veces citado, D. Manuel Azaña, incorporó otra palabra en tan difícil, pero necesaria, ecuación colectiva: piedad. Un término que acaso hoy suene a “antiguo”, se perciba como demasiado “religioso”, o simplemente imposible de practicar.

Paz, piedad, perdón; en palabras literales de Don Manuel de su célebre discurso del 18 de julio de 1938 en Barcelona: «Cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que les hierva la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelva a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y escuchen su lección: la de esos hombres que han caído magníficamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, piedad, perdón».

Es la pura y dura realidad: muchos de quienes dicen ser deudores del espíritu del intelectual alcalaíno, o no le comprenden o simplemente lo ningunean…. conforme el bastardo interés del momento. Piedad, por tanto.

Por último: verdad. Simplemente, verdad. Para buscarla, sin adjetivos, hay que ser honesto y veraz. Pero cuando hay una ideología por medio, ello es imposible; o extremadamente dificultoso. Aquí radica la clave de la peculiar Memoria Histórica de hoy: está al servicio de una ideología totalitaria que pretende destruir la Historia, cambiar las mentalidades y predeterminar el futuro. Un ejercicio de “ingeniería social” que torpedea la convivencia.

Por todo ello, hoy, los espíritus críticos no pueden permanecer en silencio cuando se dogmatiza y discursea por medio de eslóganes vacíos de estricta virtualidad propagandística. Ser rebelde y crítico implica rechazar la Memoria Histórica que nos quieren imponer desde el poder.


Sila Félix

lunes, 26 de marzo de 2018

ETA, ZER, Asiron e Izquierda-Ezkerra quieren demoler el Monumento a los Caídos


Desde sus orígenes, ETA señaló el Monumento a los Caídos de Pamplona como objetivo a batir por su significación meramente española.

Ya hemos mencionado, en otras ocasiones, que la organización terrorista ETA inició sus operaciones en Navarra con otro nombre: Iratxe.

Artículo relacionado: El primer etarra de Navarra, un colono guipuchi

Casi inmediatamente a su implantación de la mano de activistas guipuzcoanos, el 22 de diciembre de 1964 terroristas de ETA/Iratxe colocaron dos bombas de escasa potencia en el Monumento. En torno a las tres de la madrugada, una de ellas explotó, dañando una de las lápidas de mármol situadas junto a la puerta principal. Y con un soplete sobre la piedra escribieron: “Navarra para los navarros”, paradójico, pues los primeros etarras en Navarra fueron guipuzcoanos; “morir por Navarra sí, morir por España, no”, y “Dios, Patria, Rey = opio”. A la vez arrojaron numerosos panfletos reivindicando el atentado.

Sus motivaciones eran contundentes, aunque por entonces resultaran casi incomprensibles para la mayoría social: Navarra no sería España, desde su perspectiva nacionalista; el carlismo representaría España, al igual que el Monumento; por españoles, ambos deberían ser extirpados de Navarra, como obstáculos humanos, simbólicos y materiales a su programa. Y lo cierto es que siempre persistieron en esa línea, llegando a asesinar a algunos carlistas navarros, años después, y a numerosas otras personas; demasiadas. Paradójico: unos guipuchis resentidos dando lecciones de Historia a los propios navarros… mediante prácticas terroristas.

ETA no admite disidencia alguna: ni dentro, ni fuera. Ni en su entorno propio, ni para la sociedad civil. Por ello sus seguidores –desde el alcalde Asiron al último simpatizante- se esfuerzan por eliminar cualquier resistencia, imponiendo su uniformidad característica en todos los aspectos de la vida pública e, incluso, privada. Siempre fue, y sigue siendo, una organización totalitaria; no en vano, todavía no se ha disuelto y si lo hace será integrándose en la “izquierda abertzale” que ella misma creó e impulsó.

Artículo relacionado: ETA anuncia que se disolverá en la “izquierda abertzale”: el último sofisma de la banda

A lo largo de los años, ETA atentó nuevamente de diversas maneras contra el Monumento a los Caídos. Pero, visto lo visto, ¿acaso fue una “audaz y genial” precursora de tan revanchista “Memoria Histórica” que el conjunto de las izquierdas viene agitando en España, muy posteriormente, con maneras guerracivilistas?


Por otra parte, el pasado 14 de marzo, Izquierda-Ezkerra (la IU navarra) reclamó, en boca de la concejala del Ayuntamiento de Pamplona Edurne Eguino, la demolición del Monumento a los Caídos, alegando sus típicas razones ideológicas comunistas. Y añadieron otra nueva: "Es una construcción de poco valor artístico, un falso neoclasicismo sin calidad, y de ningún valor histórico. No es un edificio, con usos transformables, sino un símbolo grande sin uso inicial ni posterior razonable". Impresionante: Edurne Eguino, igualita al camarada Stalin. “Saben” de todo, opinan de todo, juzgan todo, ¿también ejecutaría a sus “enemigos” todos? Ganas no parece faltarle…


A los comunistas, en cualquiera de sus versiones, les pueden sus maneras chequistas y mafiosas: no soportan discrepancias, les puede la impaciencia, están dispuestos a cualquier cosa con tal de “acelerar la Historia”. A pesar de todos y de todo. Por ello están tan manchados de sangre y su brutal historia es inseparable de la de los mayores genocidios de la Historia.

Con tales antecedentes, no es de extrañar semejante confluencia -tan natural en objetivos y medios- de terroristas etarras y neocomunistas; aunque alguno de ellos fuera antiguo falangista en su juventud, en lógica continuidad con su familiar ascendencia e ilustre apellido originario de Estella, y hoy militante de I-E. ¡Si Julio Ruiz de Alda levantara la cabeza y viera a su Ignacio Rodríguez!

Son famosas las escenas de época que muestran la voladura, por los bolcheviques rusos, de la catedral ortodoxa de Cristo Salvador en Moscú; apenas uno de los miles de templos derruidos -ortodoxos, católicos, adventistas, musulmanes y budistas- por su función y simbología religiosas, en aras de un “mundo nuevo”. Igualmente, allí donde triunfaron, los comunistas de cualquier latitud derribaron obras arquitectónicas de todo tipo y en incalculable número y valor; para elevar en su lugar los omnipresentes mamotretos del “Realismo socialista” que hoy siguen espantando, por todo el mundo, a propios y extraños, autóctonos y visitantes.

Izquierda, demolición de la catedral del Cristo Salvador en Moscú (1931) Derecha, la catedral reconstruída en los años 90.

No parece razonable, pues, que comunista alguno venga a dar lecciones de ningún tipo; ni mucho menos, de arte y arquitectura.

Relájense, queridos comunistas navarros. Y disfruten de la vida. Por ejemplo: anímense a ver la película “La muerte de Stalin”, de Armando Iannucci, todavía en cines. Diviértanse y hagan un poquito de autocrítica.  Y tranquilos: ninguno se verá en la tesitura de vociferar “¡Larga vida a Stalin!”…o morir en el intento.

Sila Félix

lunes, 19 de marzo de 2018

Derribar nuestra Historia para erigir su farsa


La semana pasada Izquierda-Ezkerra nos recordó su propuesta electoral (de 2015) de derribar cuanto antes el Monumento a los Caídos porque, entre otros motivos, no tiene “ningún valor artístico” y “urbanísticamente es un impedimento a eliminar”.   Estos argumentos nos parecen sumamente peligrosos y poco adecuados en pleno siglo XXI. Vamos a ver por qué el valor artístico, siendo importante, no es lo único que importa a la hora de apreciar un monumento como bien cultural.
  
Durante el transcurso del siglo XX, se produjo una evolución desde el concepto de Patrimonio histórico-artístico al de Patrimonio Cultural.  El concepto de Patrimonio histórico-artístico estaba formado, hasta principios del siglo XX, por un solo conjunto de bienes: Los monumentos con cualidades históricas o artísticas.  Sin embargo,  la destrucción bélica de las dos guerras mundiales y la desolación producida generó un debate teórico  importante que recogió la necesidad de proteger todo tipo de bienes.  Así pues, el Patrimonio poco a poco difuminó sus límites para acoger otros muchos bienes con cualidades muy diversas, pero con la misma capacidad informativa sobre el pasado de un pueblo.  

Este cambio hizo que el criterio de valoración de los bienes no se basara solo en las cualidades artísticas, sino en la capacidad de los bienes para ofrecer información sobre lo sucedido en la Historia.  Los bienes culturales, por lo tanto, pasaron a ser valorados por su condición de testimonio;  no solo por su valor intrínseco artístico o estético.  Según esta perspectiva, el Patrimonio Cultural se construye poco a poco y se va dotando de contenido con los bienes que se van generando con el paso del tiempo en un lugar concreto.  A esto se le conoce como la función social del Patrimonio Cultural, ya que el patrimonio es un registro de la memoria social, de un pasado y presentes compartidos y vividos.  La memoria y la experiencia compartida determinan la identidad de un pueblo.

Y aquí llegamos al meollo de la cuestión.  Cuando Bildu o Izquierda-Ezkerra quieren derribar el monumento, o arrancarle la cúpula de cuajo, lo que quieren realmente es eliminar la historia espiritual de Navarra, expresada precisamente en los frescos que el valenciano Ramón Stolz realizó en el año 1950. En esas pinturas se nos habla de la labor evangelizadora de San Francisco Javier; de Sancho el Fuerte y las Navas de Tolosa; de San Miguel de Aralar;  las romerías a Ujué y Montejurra; las guerras carlistas y los voluntarios en la Guerra Civil. Todo un programa que algunos quieren ver borrado de la memoria colectiva.


Si de arquitectura hablamos, la cúpula está entre las más grandes de España: Mide 24 metros de diámetro y tiene alrededor de 80 metros de perímetro. La superficie pintada es de 697 metros cuadrados y, en total, la composición contiene noventa y una figuras.  Stolz realizó esta tarea entre el 16 de agosto y el 16 de noviembre de 1950, como consta en la firma con la que el artista terminó su obra. 

Con el derribo también quieren derribar la historia real de Navarra, lo que realmente sucedió en el pasado. Necesitan hacer ver ahora que la Navarra de 1936 no existió; que ningún navarro salió de su pueblo para defender su tradición y su fe contra el comunismo y el nacionalismo separatista. Aunque en la actualidad ya no queda nadie para contarnos cómo fue aquel empuje generacional por salvar la forma de vida que conocían, ahí está el Monumento para recordárnoslo.

Por todo ello es vital su conservación tal y como nos ha llegado hasta hoy en día, encontrándole un uso adecuado a su dignidad que permita el mantenimiento de su estructura, y ofrezca a la ciudadanía un mejor acercamiento a un edificio que siempre ha estado ahí, pero del que se desconoce su origen y su significado.

Calíope

miércoles, 7 de marzo de 2018

Monumento a los Caídos: ¿ya ha decidido Asiron su demolición?


El Ayuntamiento de Pamplona, liderado con mano de hierro por el bilduetarra Joseba Asiron, prosigue con su farsa de “proceso participativo” respecto al Monumento a los Caídos de la mano del colectivo ZER. Y no somos los únicos que tienen tal percepción: recuérdese la viñeta de Navarra.com del pasado 26 de febrero (https://navarra.elespanol.com/blog/by.koko/asiron-bildu-caidospamplona/20180226092114172884.html).

De las intenciones reales de sus impulsores, tanto del colectivo ZER como del equipo directivo del propio Ayuntamiento, dicen mucho las personalidades respectivas.

Es público, y así se ha difundido en diversos medios de comunicación, que el Ministerio Fiscal ha solicitado 2 años de prisión para dos integrantes del ZER (un feliz y bien avenido matrimonio) por espiar –siempre presuntamente- desde un edificio de propiedad municipal (la Sala de Exposiciones del Monumento a los Caídos) electrónicamente las actividades religiosas de una Hermandad autorizada para ello en la cripta del Monumento. Espacio, recordemos, que sigue siendo de uso y disfrute del Arzobispado. 

Todo un caso de espionaje, ¡y en Pamplona, sin ir más lejos! Un escandalazo…
No es nada complicado llegar a una sencilla conclusión: “alguien”, presuntamente, desde el propio Ayuntamiento, presuntamente, les ha dado permiso para ello, facilitándoles las llaves para acceder al edificio municipal y así perpetrar la fechoría: accediendo al cuadro de luces, “alguien”, presuntamente, colocó un dispositivo de grabación de sonido e imagen a través de una rejilla de ventilación.

¿Y quiénes son esos presuntos delincuentes? ¿Qué es ZER? ¿Quiénes son ZER? “Proceso participativo” del Ayuntamiento y ZER, ¿persiguen el mismo objetivo?
Repasemos los datos concretos y objetivos:

1- A las personas a las que Fiscalía pide pena de prisión por presunto espionaje son dos miembros de ZER. Un feliz y bien avenido matrimonio.

2- ZER es una plataforma creada, hace unos 3 años, para abordar dilemas urbanísticos, en teoría. Pero, en la práctica, su única actividad pública –al menos de manera visible- son unas jornadas sobre el Monumento. Véase el impreso “nada inocente” de la convocatoria, avalada por el Ayuntamiento de todos los pamploneses.


No resulta sencillo seguirles el rastro, no en vano, ¿recuerdan aquel video en el que se escenificaba la voladura del Monumento? Efectivamente, lo elaboró ZER y hoy, salvo que usted lo tenga guardado, ya no se encuentra fácilmente por internet… al igual que otras cualesquiera actividades de ZER. Sorprendente, ¿no?

3- Integrantes de ZER. Sigamos desentrañando el misterio. Según las diversas informaciones que se han ido publicando, de fuentes propias de ZER y externas, al menos tres personas se han identificado como impulsores, militantes, directivos, etc., de ZER, a saber: el fotógrafo Clemente Bernard, el polémico pintor de la exposición “Navarra 1936” José Ramón Urtasun e Iñaki Arzoz (ex-pintor, en sus propias palabras, polifacético artista y activista).

4- Clemente Bernard, a su vez, es titular de una empresa de proyectos culturales, Alkibla. (https://www.alkibla.com/qui%C3%A9nes-somos/).

5- Relación entre ZER y el Ayuntamiento, presuntamente. O no tan presuntamente; no en vano, el Ayuntamiento de Pamplona figura como colaborador de ZER en las jornadas "¿Qué hacemos con el monumento a los caídos?" de enero de 2017. Subvenciones al margen, que de todo habría que hablar -acaso de esas que nunca superan los 3000 euros- tales jornadas se realizaron en el Palacio del Condestable, de titularidad municipal. Y, entre otras actividades, se efectuó una visita guiada y colectiva al Monumento… entonces, ¿quién abrió las puertas del mismo? 

6- Casualmente, dos meses después de la visita, se descubre el equipo de espionaje que ha originado el proceso penal y el correspondiente escandalazo político. Casualidades, ¿o causalidades? Pero presuntas, siempre presuntas.

7- Para este mismo mes de marzo de 2018, cuando ya se sabía que dos personas –presuntamente- vinculadas a ZER estaban siendo investigadas penalmente, el Ayuntamiento de Pamplona organiza unas jornadas de reflexión sobre el Monumento e ¡¡¡invitando a ZER!!! Qué fuerte, oiga.
Estas nuevas jornadas, pre-demolición, culminarán con una mesa redonda, a celebrar el día 15, en la que tomarán parte las diferentes “asociaciones memorialistas de Navarra”: AFNA, Autobús de la Memoria, Amapola del Camino, Colectivo ZER y Txinparta Elkartea (todas afines, por cierto, ¡viva el pluralismo!). El coste total previsto para la realización de esta serie de actuaciones es de 30.000 euros (http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/pamplona-comarca/pamplona/2018/02/22/jornadas-pamplona-sobre-los-caidos-previas-concurso-ideas-577954-1702.html).

Tras este breve, pero intenso recorrido, por las tácticas de Asiron, podemos preguntarnos: los presuntos espías, ¿actuaron por cuenta propia o ajena? ¿Pudieron actuar SIN contar con complicidades e impulsores del mismísimo Ayuntamiento?

José Ramón Urtasun y Clemente Bernard, miembros de ZER

Ya sabemos, al menos, que ZER -al menos, y presuntamente- son: un fotógrafo "memorialista", un polémico pintor y un (ex) pintor, Iñaki Arzoz, quien se dedica a la escritura de textos de arte, política y al activismo bajo diferentes seudónimos (http://www.arte1512.org/index.php/inaki-arzoz). Todos ellos muy amigos, ideológicamente fanáticos, muy cercanos a Asiron y los suyos… ¿es necesario decir más?

El colibrí

lunes, 8 de enero de 2018

Vigilantismo social en Pamplona


Nos hemos enterado recientemente, pero en marzo del año 2016 un miembro de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz encontró una videocámara oculta en un respiradero de la cripta del Monumento a los Caídos de Pamplona. Monumento que por cierto nunca se llamó oficialmente así, sino "de Navarra a sus Muertos en la Cruzada", pero nos entendemos.

¿Qué clase de actividades subversivas venía realizando esta asociación religiosa canónica legalmente inscrita para que alguien le haga una escucha? Pues una misa privada todos los meses (este es un recinto consagrado) en honor a todos aquellos que han dado su vida defendiendo España, además de las reuniones ordinarias de la asociación. Quizás quienes colocaron la cámara creían que iban a grabar a los asistentes brazo en alto y entonando el Cara al Sol; o urdiendo conspiraciones golpistas, pero el hecho es que si no lo han filtrado ya se debe a que lo más peligroso que vieron en los vídeos son unos cuantos rezos.

De la investigación llevada a cabo por parte de la Policía Nacional se desprende que los responsables de la colocación de este artículo de espionaje serían dos miembros de ZER, un colectivo memorialista de extrema izquierda cuya única finalidad es la demolición del monumento que recuerda a los casi 5000 navarros que prefirieron morir luchando a ser llevados al matadero como corderitos mansos.


Descartado el que este dispositivo fuese colocado desde la propia cripta, ya que su acceso está restringido a los miembros de la hermandad, se desprende que quienes colocaron la cámara accedieron al conducto a través de la nave principal del monumento, esta sí en posesión del Ayuntamiento de Pamplona y cerrada al público. Lo que quiere decir que esta maniobra de espionaje fue llevado a cabo con la colaboración de algún empleado municipal, sino en connivencia con el Consistorio de extrema izquierda.

Bien podría ser este el escándalo Watergate de Joseba Asirón, pero la realidad es -y me gustaría equivocarme- que no existe voluntad política alguna para exigirle responsabilidades a la corporación proetarra de Bildu por estas labores de espionaje tan torpes pero que suponen un delito de revelación de secretos que no es baladí, acompañado de otro de prevaricación para los colaboradores necesarios en el Ayuntamiento. Recordar también que este consistorio reserva una partida de 13 millones de euros para la demolición del monumento, que es lo que más le preocupa a los pamploneses, ¿verdad?

Que el vigilantismo social es un proceder habitual en la ultraizquierda es algo harto conocido, un caso típico son los Comités de Defensa de la Revolución aun vigentes en Cuba y que se dedican a la vigilancia y el control de la vida pública y privada de sus conciudadanos; en aras del señalamiento y el acoso a los disidentes aun presentes en ese paraíso socialista del caribe que se está cayendo a cachos. Estos organismos parapoliciales los encontramos en cualquier lugar en el que se intenta reproducir una revolución socialista y todos ellos beben de los Revcom, los comités revolucionarios de la extinta Unión Soviética.

Recientemente las CUP intentaron crear "comités de defensa del referéndum" que se iban a encargar de suministrar las "hòsties que pariran terror" que nos habían prometido.

Esta maniobra de espionaje propia de algún Anacleto no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una estrategia de acoso llevada a cabo por medios y asociaciones en la órbita de la izquierda abertzale y Podemos; que llevan años vigilando las actividades de esta hermandad y sacando fotografías a aquellos que asisten a sus misas o a quienes acuden por el Día de Todos los santos a las tumbas del cementerio de Pamplona que están reservadas a los combatientes caídos durante Guerra Civil.

Tomar fotografías a escondidas de una señora de 88 años que acude a un oficio religioso, lo llaman informar.

El vigilantismo, el señalamiento y el acoso; siempre han estado en el ADN de la extrema izquierda y actualmente la mayor amenaza para la libertad en España no son ni Donald Trump, ni Marine Lepen, por mucho que se empeñe en hacernos creer algún redactor cornudo de El Mundo; sino la formación criptocomunista que es la tercera fuerza más votada, gobierna las dos ciudades más grandes de España y gracias a la cual también el vasquismo ha tomado el poder político en Pamplona y en Navarra.

Hispano