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martes, 10 de enero de 2017

Así son Pamplona y los Sanfermines para "Mentes Criminales"


El jueves pasado Cuatro emitió en España un nuevo episodio del spin-off "Mentes Criminales: Sin fronteras", una serie norteamericana en la que un equipo de investigación criminal del FBI se pasea por el mundo resolviendo asesinatos de ciudadanos estadounidenses.

Si hoy hablamos de esta serie, para los que no se hayan enterado ya, es porque en esta ocasión la Unidad de Análisis de Conducta capitaneada por el inefable Jack Garret (Gary Sinise, el detective Mac Taylor de CSI Nueva York) viene a Pamplona para dar caza a un asesino en serie que secuestra a turistas durante los Sanfermines de los que sólo aparecen por la ciudad sus orejas cortadas. Lo de que viene a Pamplona es un decir, puesto que de la vieja Iruña (que no Iruñea) tan sólo aparecen algunas imágenes grabadas con anterioridad y los personajes tan sólo interactúan en un set de rodaje.

Llegados hasta este punto y si te interesa ver el capítulo en cuestión (que tiene Toro bravo por título) antes de que te lo destripe, a día de hoy lo puedes ver en mitele.es o de forma indefinida en una de las muchas plataformas de enlaces a contenidos audiovisuales como pordede.com, en este último caso siempre y cuando los pop-ups y la publicidad obscena no te molesten.

Ateniéndonos al historial de las series y películas estadounidenses que se han acercado a Navarra, nos encontramos como no se puede esperar de otra manera con un nuevo zarrio con un cero patatero en ambientación. En primer lugar, el capítulo fue grabado como decía más arriba en algún tipo de decorado de Hollywood, que parece que han reutilizado de alguna película de Pancho Villa. En algún momento se puede intuir algo parecido al suelo de la Estafeta, pero otras calles sin asfaltar y la arquitectura nos retrotraen a algún pueblo del México de principios del siglo pasado, muy en la linea de los topicazos de los useños respecto a los pueblos "hispanos".

Para mayor escocedura de los abertzales, la ciudad aparece caracterizada con decenas de banderas de España, prácticamente en todas las escenas aparece una bandera española para dejar bien clarito que nos encontramos en España, situación esta que no se corresponde con la realidad: Navarra es España, pero no se ven muchas banderas españolas en San Fermín. Supongo que para los yankis tiene que ser difícil de creer que en una ciudad española alguien que exhiba algo relacionado con España se exponga a ser agredido por una turba de abertzales bajo el influjo de múltiples substancias. A los antecedentes me remito, de hecho hace una semana incluso fue apedreada la casa de un ciudadano por tener colgada una bandera de Navarra, ver para creer.

En el capítulo sí que nombran varias veces el cambalache identitario en el que se encuentra sumida nuestra tierra, de hecho en un principio el perfil del asesino en serie es el de un nacionalista vasco. Cada año la etarrada emprende por Sanfermín una campaña propagandística de pintadas y panfletos para convencer a los guiris de que "Navarre is not Spain", esfuerzos que como podemos ver caen en saco roto cuanto una serie con millones espectadores pinta a Pamplona como una ciudad alegre, española y en la que los malos son los abertzales.

Hay que valorar que por lo menos se han molestado en reproducir con mayor o menor acierto los uniformes de la Policía Municipal de Pamplona y la Policía Nacional; pero la serie vuelve a pinchar de nuevo cuando se afirma que la policía autonómica de Navarra es la Ertzaintza y cuando pintan a agentes del FBI con libre acceso a las bases de datos policiales de España o armados y en primera línea en un registro en territorio español.

Ahora viene la que la mata, y es que el desenlace de la historia se produce cuando en su omnisapiencia el equipo del FBI conduce a la Policía Nacional -habría que ver si las policías de EEUU son capaces de resolver tantos casos de asesinato en su propio territorio- al lugar en el que el asesino pica la carne de los cadáveres en una picadora de lo más truculento para dársela de comer... ¡a toros bravos de lidia! Que yo sepa en España los toros y las vacas son herbívoros (comen hierba) pero quizás a los de Estados Unidos también les han aficionado a la fast food, no se podía esperar menos de un país más avanzado.

En definitiva, este capítulo suma un cúmulo de despropósitos considerable y bien harían en la CBS cambiando de asesores aunque quizás para algunos les sirva bien para lo que está hecho: matar el tiempo.

Ejemplos de otras apariciones estelares de Navarra en películas y series estadounidenses son las escenas en los Sanfermines (de Cádiz) de la película Noche y Día con Tom Cruise y Cámeron Díaz; o aquel capítulo de Mc Giver en el que rescataba a una geóloga de unos insurgentes vascos que quieren construir una bomba atómica en pleno Pirineo Navarro, suponemos. A cada cual más delirante y cutre; yo me quedo con el videoclip que el grupo heavy alemán Helloween grabó durante su visita a Pamplona por el festival Monsters of Rock 1988, videoclip que casi treinta años después aún conserva buen gusto musical y estético.


Hispano

jueves, 15 de diciembre de 2016

Apreciaciones en torno a "el padre de Caín"


Recientemente la cadena del grupo mediaset Telecinco estrenaba la miniserie compuesta por dos capítulos "El padre de Caín", basada en la novela del mismo nombre escrita por el ex-Secretario de Estado socialista (inculpado por los GAL) Rafael Vera Fernández-Huidobro. En cuanto a ambientación histórica y otras cuestiones más de carácter técnico, nada que objetar, es más, para ser una producción española sorprende la calidad de la misma. En cuanto a la trama, o más bien, a los diálogos de los personajes y la línea argumental de fondo, resulta bastante decepcionante en el mejor de los casos, llegando de manera indirecta a asumirse parte de la visión separatista del supuesto "conflicto".

De hecho, cualquier profano en la materia, una vez visualizada la miniserie, le queda la sensación de que en la Comunidad Autónoma Vasca ha existido un conflicto fruto de una especie de "ocupación militar" por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. No es la única serie ni película rodada en los últimos años que nos impone un revisionismo muy negativo de nuestra historia, cuya última perla es la infumable (pueden ahorrarse la entrada nuestros lectores) y recién estrenada película de "1898, los últimos de Filipinas". Por eso se hace ineludible desmontar todas las falsedades que desde algunas instancias se muestran tan interesadas en propagar.

Pues bien, cuando el protagonista de la serie (teniente de la Guardia Civil) llega al cuartel de Inchaurrondo en la localidad guipuzcoana de San Sebastián, los mandos y compañeros del cuartel lo primero que le  trasmiten es que están en una especie de Vietnam/Fort Apache/El Álamo. La sensación que le pueda quedar al telespectador es que está visualizando una serie en la cual una potencia militar invade otro territorio (como sí ocurrió en Vietnam), cosa que es totalmente falsa en el caso que nos ocupa. El presunto "conflicto vasco" no enfrentó a vascos con españoles, sino a un grupo de españoles residentes en la CAV  (y en Navarra, e incluso otros territorios españoles), algunos de los cuales eran originarios de la CAV y otros procedentes de otras partes de España.

Pero la cosa no queda ahí, ya que tampoco es cierto que el terrorismo de las facciones etarras (ETApm, ETAm y Comandos Autónomos Anticapitalistas) también asesinaban por aquel entonces a políticos (de partidos como UCD o AP, y otros grupos más modestos como Falange o carlistas), o incluso bajo la mascarada de "chivato" o "camello" a personas que se mostraban manifiestamente hostiles con el proyecto de la etarrada en particular, y del secesionismo en general. Luego como se puede comprobar, el terrorismo etarra fue transversal, es decir, afectaba a toda la sociedad en su conjunto, y no era un conflicto entre dos territorios.

En otro momento de la serie, el protagonista en la cantina del cuartel comenta con los compañeros que los etarras cuentan con el respaldo de todo el "pueblo vasco", cosa que tampoco es cierta. La Comunidad Autónoma Vasca en la segunda mitad de la década de los 70 del pasado siglo contaba con una importante mayoría no secesionista, que si bien ha conservado electoralmente hasta la irrupción de Podemos, ha ido menguando por efecto de los expatriados, que algunos expertos cifran nada menos que en torno a 200.000 vascos que han tenido que emigrar de manera forzosa al resto de España (o incluso el extranjero) huyendo del totalitarismo separatista y de la incapacidad de las instituciones del Estado y de la sociedad en su conjunto de dar la debida respuesta política, social y legal.

Destripando parte de la serie, en el segundo y último capítulo, supuestamente en torno al 2001 el hijo del protagonista, recién salido de la academia de la Guardia Civil, siguiendo los pasos de su progenitor solicita como primer destino la CAV. Allí resulta asesinado por un comando etarra, lo que da la sensación de "prolongación del conflicto" en el tiempo. Sin embargo, con la visión del tiempo podemos percibir como una línea dura pero legal (ilegalización de todo el entorno legal etarra -partidos políticos, periódicos, asociaciones varias...-, medios policiales, legales y judiciales) como los emprendidos y ejecutados durante la etapa de Aznar, resultan efectivos para acabar con ese presunto "conflicto", lo que demuestra que lejos de encontrarnos con una nueva Argelia o Vietnam, estamos más ante la versión moderna de los facinerosos andaluces de Curro Jiménez o mexicanos de Pancho Villa.

Por otro lado, la etarrada no fueron los únicos que en aquellos años causaron estragos, otros grupos terroristas de inspiración marxista como el FRAP o el GRAPO (éste último intentó con sus crímenes durante la segunda década de los 70 una involución antidemocrática violenta dentro de su paranoia revolucionaria) también se dejaron notar, lo que demuestra que el "conflicto" fue más político (marxistas radicales contra el resto de españoles) que un conflicto meramente territorial Euskadi-España. A lo dicho, una serie bien ambientada y rodada, pero llena de incongruencias y con una línea de fondo muy mal trabajada. Viniendo de un político socialista encarcelado por corrupción y participación en la chapuza criminal de los GAL, no resulta de extrañar el bodrio, si además lo enmarcamos en un revisionismo televisivo de nuestra historia que pretende dejar a España a la altura del barro, menos todavía.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿Por qué el cine español está lleno de basura?


Las semanas pasadas han estado marcadas por la polémica en torno a dos películas españolas. Por un lado el director Fernando Trueba estrenó a finales del mes pasado su película "La Reina de España" como secuela a "La niña de tus ojos". Esta sería una película más que habría pasado sin pena ni gloria de no ser porque desde antes de su estreno se había movido desde las RR.SS. y el whatsapp una campaña de boicot que había contado con la adhesión de algún personaje público como Fran Rivera.

Fue el año pasado cuando Fernando Trueba recibió en San Sebastián el Premio Nacional de Cinematografía 2015 y en su discurso, hizo declaraciones como "Qué pena que España ganara la Guerra de Independencia. Me hubiera gustado que ganara Francia" o "Ni cinco minutos de mi vida me he sentido español". Hace falta tener la cara más dura que el uranio empobrecido para despreciar de esa manera al resto de sus compatriotas, más aún en ese lugar y en ese momento; cuando este personaje por el contrario no ha tenido reparo en aceptar de España cuatro millones de euros en subvenciones públicas para realizar  casi todas sus películas y documentales.

Dichas declaraciones no caerían en saco roto y volvieron a salir a la luz con motivo de su nuevo estreno, ¿cómo le vamos a dar nuestro dinero a un imbécil que nos insulta a la cara de esa manera? Dicho y hecho, "La Reina de España" no llegó a los 400.000 euros en su primera semana en las salas de cine, con apenas 200.000 euros en la segunda. Teniendo en cuenta que la película había costado inicialmente 11 millones de euros nos encontramos ante un batacazo de los que hacen época. De poco le han servido a Trueba las nuevas entrevistas en las que intentaba retractarse y aseguraba que "Quien ataca al cine español ataca a su país", claro está cuando ha visto que el fiasco de su película le va a reportar pérdidas millonarias.

Por las mismas fechas también se estrenó "1898 Los últimos de Filipinas" dirigida por Salvador Calvo aunque en esta ocasión se trata más de cine del productor Enrique Cerezo. Yo era otro más de los que esperaba esta película con entusiasmo debido a que consideraba una gran idea llevar a la gran pantalla una Gesta de unos héroes olvidados que de haber sido estadounidenses ya habrían contado con al menos una superproducción que les honrase en su memoria.

También tenía mis reservas, puesto que no sería la primera vez que el cine español utiliza un hecho histórico para desvirtuarlo y ofrecer una versión acorde a la ideología progre hegemónica en el panorama cinematográfico del "estaoespañol", como a ellos les gusta decir. No iba mal encaminado e hice bien en tomarme mi tiempo, puesto que las malas críticas no tardaron en llegar, ya que como era de esperar el director no dejó pasar la ocasión para meter la mano y enmierdar una historia maravillosa.

Incluso hoy en día se estudia el asedio de Baler en los manuales de la Academia Militar de West Point, como una historia de supervivencia y resistencia hasta la última bala. Sin embargo Salvador Calvo pinta a los soldados como unos pobres chicos desorientados y enviados a la otra punta del mundo a morir por algo que no va con ellos, aquel que es patriota es un psicópata y su teniente un sádico obcecado con no rendir la plaza. Todo esto aderezado, como no, con un sacerdote drogadicto enganchado al opio, licencia que se toman y que no tiene ninguna base histórica.

En definitiva la adaptación  de una historia de unos soldados que mayoritariamente cumplieron con honor su deber hasta las últimas consecuencias y en la que cualquier derrotista habría salido por patas en los 337 días que duró el cerco, cosa que no encaja con la ideología progre del siglo XXI y por ello rescatan esta historia olvidada por el común del público para ensuciarla. Yo no tengo nada en contra de que el director lleve a cabo una película con la historia que le venga en gana, pero si la va a llenar de basura antihistórica que al menos tenga la decencia de no llamarla "1898: Los últimos de Filipinas" con la finalidad de aprovecharse de los españoles que acudiríamos a verla ávidos de rememorar este tipo de pasajes de nuestra historia.

Los héroes de Baler eran perfectamente conscientes de lo que hacían y así lo atestiguan las misivas que se escribieron entre ellos a posteriori. Los cobardes y los antiespañoles son otros y ya de este siglo XXI.

Por último, retomo la cuestión que le da título a esta entrada: ¿Por qué el cine español está lleno de basura? Algunos dirán que las películas no son atractivas, que nos han saturado con películas de la Guerra Civil donde los buenos siempre son los mismos (como si los republicanos no hubiesen cometido asesinatos en masa) o historias "muy humanas" de yonkis y prostitutas; cine de ese por el que nadie con dos dedos de frente está dispuesto a pagar un duro. Explicar como el marxismo cultural ha pasado a ser la ideología dominante en el mundo de la farándula es algo que requiere un artículo a parte que publicaré en los próximos días.

No quiero decir que todo el cine español es basura -la última que me ha gustado es la de 22 ángeles-, pero se puede decir que en este caso son las subvenciones las que han matado a la industria del cine en España: mientras que en otros países como Estados Unidos las producciones cinematográficas disfrutan a nivel Federal como mucho de exenciones recaudatorias, en España se le ofrece a las producciones cada año más de 50 millones de euros en subvenciones que sólo tendrán que devolver en caso de que las películas resulten rentables. Así, no es de extrañar que los mermaos de turno sean capaces de filmar cualquier bodrio infumable, ya que ellos se lo van a llevar calentito igualmente porque son los ciudadanos españoles los que van a pagar estas películas, las quieran ver o no.

Hispano

viernes, 30 de septiembre de 2016

El hombre de las mil caras

Dicen que no hay hombre del que te puedas fiar más que de aquel cuya lealtad puede ser comprada con dinero y ese podría ser el caso de Francisco Paesa; uno de esos jugadores que igual pueden traficar con armas, como colaborar con el servicio secreto en operaciones encubiertas contra ETA.


El hombre de las mil caras cuenta con una de esas tramas que te enganchan desde el principio hasta el final. A pesar de que deja bien claro al inicio que se trata de una película basada en hechos reales, la realidad es que nos ofrece un relato bastante certero de la huida de Luís Roldán: el infame ex Director General de la Guardia Civil que usó su cargo político para meterle mano a los fondos reservados y amasar así una fortuna de 1.500 millones de pesetas de la época; así como de la vida de su protagonista, el exespía venido a menos Francisco Paesa, que ayudando al prófugo, encontró la manera de devolverle el tanto al Estado. Y vaya que si lo hizo.

Este thriller de Alberto Rodríguez (‘La isla mínima‘) es, a su vez, un recorrido por un pedazo de la historia reciente de la España regida a mediados de los años 90 por el PSOE, una España con unos índices de corrupción política endémicos en la que todos parecen participar y lo raro es la honradez, ¿nos suena de algo?

La vida de Paesa bien merece una película (o más) y más aún si viene de la mano de Alberto Rodríguez, un director de los que te demuestran que en España también se puede hacer buen cine, de ese que no le tiene que envidiar a las grandes producciones estadounidenses, del que no necesita subvenciones porque el público está dispuesto incluso a pagar por verlo.

Hispano

jueves, 8 de octubre de 2015

Todos estamos invitados


Pocas han sido las películas españolas que han abordado de formal total o parcial el tema de la banda terrorista ETA, algo llamativo si tenemos en cuenta que se trata de un fenómeno que nos ha acompañado durante más de cinco décadas y que tan profundo impacto negativo ha tenido en las actuales sociedades vasca y navarra. Teniendo en cuenta esto, da la sensación que sobre el cine español pesa cierta incomodidad o miedo a la hora de tratar este tema ¿o es que quizás en ocasiones la banda terrorista levanta ciertas simpatías entre la “casta cinematográfica”? Para llegar a esta conclusión basta con ver a Willy Toledo.

El veterano cineasta Manuel Gutierrez Aragón, con 38 años como director y 22 películas a sus espaldas, aborda en Todos estamos invitados -su último largometraje hasta la fecha- la problemática del terrorismo etarra en el País Vasco, plasmando también el clima de acoso y violencia por parte de su entorno. También colabora como guionista la ex-ministra Ángeles González-Sinde.

El filme recoge dos historias dispuestas a encontrarse: Josu Jon (Óscar Jaenada) es un joven terrorista que sufre amnesia tras un enfrentamiento con la Guardia Civil al intentar incendiar un camión. Las monjas del hospital penitenciario intentan que sea un buen cristiano, mientras que otros internos de ETA intentan que vuelva al redil. Xabier (José Coronado) es un profesor de universidad amenazado por ETA por sus opiniones y que sale con Francesca (Vanessa Incontrada), una psicóloga de la misma institución penitenciaria. ¿Querrá Josu Jon acordarse de quién es o olvidarlo?

Artículo por Persephone, sacado de 'LA RESISTENCIA' nº2 (julio 2015): http://navarraxesp.blogspot.com.es/2015/07/la-resistencia-n0-02.html