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martes, 3 de julio de 2018

¿Dónde quedan los Fueros?


El nacionalismo vasco se ha hecho con el lenguaje y con parte de lo que siempre se había considerado como foralismo. Durante los años de la Transición española, los defensores de los Fueros en Navarra eran los defensores de Navarra como Comunidad diferenciada dentro de España. Grandes personajes como Arza, Del Burgo y Aizpún se enfrentaron al nacionalismo excluyente con diferentes partidos que tenían como bandera de su política los Fueros. 

Los navarros teníamos claro que la defensa de la foralidad de Navarra impedía la integración en esa entelequia llamada Euskadi. Cuando uno salía a la calle y preguntaba qué eran los Fueros, la mayoría de la población sabía más o menos de qué se trataba.

Sin embargo, desde hace unos 20 años no sé si por culpa de la intelectualidad navarra, los partidos políticos o la sociedad en general, que ha olvidado los años más duros de la Transición en Navarra, las nuevas generaciones desconocen qué son los Fueros, y qué significa para Navarra esa defensa foral. Los políticos en Navarra no tienen un nivel intelectual comparable a los políticos de la Transición, con alguna honrosa excepción como Enrique Maya o Iñaki Iriarte. Tampoco tenemos en la intelectualidad navarra gente como Martín Duque, Jaime del Burgo u otros grandes profesores que defendieron la foralidad de Navarra.

Las nuevas generaciones desconocen qué significó la Transición en Navarra, algunos no saben ni que Bildu es el brazo político de ETA, ni tan siquiera conocen qué supuso ETA para la sociedad navarra con sus asesinatos, extorsiones o secuestros. La labor pedagógica ha quedado relegada a un plano inferior. La derecha navarra no se ha preocupado de defender diferentes aspectos que no ganan las batallas políticas a corto plazo, pero sí se ganan a largo plazo. 

Estos aspectos son: cultura, historia, publicaciones, creación de escuelas de pensamiento, y diferentes aspectos que van formando el pensamiento de las nuevas generaciones y que no dan votos hoy, pero sí los dan mañana. La izquierda y el nacionalismo han trabajado pensando en el futuro ocupando todos los aspectos señalados anteriormente y la cultura para ir asentando en la sociedad navarra toda una serie de mitos que conformen la base de su futuro estado vasco. Navarra no tiene estadistas que vean más allá de las próximas elecciones, sin embargo, el nacionalismo vasco sí los ha tenido.

Si a algo aspiraban los reyes navarros era a ser reyes españoles, por eso en el prólogo del Fuero General de Navarra se hablaba de como se perdió España a los moros (incluyendo las tierras de Navarra) y como los cristianos que resistieron, eligieron como su primer rey a Don Pelayo. En la imagen, transcripción del original en romance navarro del prólogo del Fuero General de Navarra (s. XIII)

Uno de los puntos esenciales que Geroa Bai ha intentado vender en sus campañas es ser la gran defensora de los fueros. Era la forma de atraer a un tipo de elector muy navarrista y que el ser español quedaba en un segundo plano. Esperemos que se den cuenta en las futuras elecciones todos aquellos que votaron a Geroa Bai y, se han arrepentido, de quién está detrás de Geroa Bai: El PNV, la antinavarra y la antiespaña.

Santos Ladrón

lunes, 14 de mayo de 2018

Un objetivo estratégico inaplazable: la eliminación de la Disposición Transitoria Cuarta


A lo largo de esta última semana, dos expresiones muy diversas del activismo navarro se han decantado abiertamente por la eliminación de la Disposición Transitoria Cuarta de la vigente Constitución Española: el prestigioso digital Navarra Confidencial y la joven Sociedad Civil Navarra.

Por parte de los primeros (https://www.navarraconfidencial.com/2018/05/10/entre-la-transitoria-cuarta-y-el-nuevo-estatus-para-navarra-del-pnv/), los argumentos esgrimidos son impecables: “en una plantilla de 17, somos el que se encuentra en precario” y otras afortunadas analogías y metáforas por todos comprensibles. En definitiva: cualquier comunidad española tiene la certeza de pervivir sin sobresaltos, salvo Navarra…; una inquietante percepción espoleada por la hipotética reforma estatutaria de nuestros vecinos vascos que, con mimbres confederales, contemplaría diversas maneras de dar el bocado definitivo a su “querida” Navarra. Por último, en NC destacaban las tramposas características innatas de la Transitoria Cuarta: es un camino de ida, pero no de retorno; contempla la integración de Navarra en el régimen vasco “vigente” (¿el de Guernica?, ¿el de una futura Comunidad Foral o República Confederal Vasca?). Bien visto, amigos de NC.

Por su parte, Sociedad Civil Navarra ha dado un paso de gigante en su calculada, y en ocasiones desconcertante trayectoria, al iniciar una campaña, en internet y redes sociales, inequívoca: “¡Navarra no es Euskadi! ¡Supresión de la Transitoria Cuarta!” (https://twitter.com/hashtag/Supresi%C3%B3nYA?src=hash). Y sus argumentos, concisos pero claros, son de tono análogo a los ya citados de NC… y a los que venimos defendiendo desde este blog desde hace mucho, mucho tiempo.

Recordemos, por ejemplo, que en septiembre pasado volvimos a plantear la necesidad de eliminación de la Transitoria Cuarta. Pero, así como otros de nuestros textos vienen generando sentimientos y valoraciones más o menos compartidos, en aquella ocasión se nos respondió, literalmente, por parte de muy buenos amigos, con valoraciones del siguiente cariz: “No es el momento”, “¿por qué sacar este debate que no interesa a nadie?”. “Nuestros políticos tienen otras prioridades”, “la política es cosa más compleja”, etc, etc.


Entendíamos entonces y seguimos creyéndolo hoy, y con toda seguridad mañana, que la interinidad de nuestra Comunidad es una dificultad permanente para su consolidación, la paz civil, y un acicate para que los separatistas persistan en sus insaciables apetencias. Por ello, el objetivo de la eliminación de la Disposición Transitoria Cuarta debiera ser un fin estratégico compartido por el conjunto de las fuerzas políticas y sociales constitucionalistas: desde los militantes del incipiente VOX, hasta los marxistas “clásicos” incómodos en Izquierda Unida y Podemos, pasando por PPN, UPN, Ciudadanos, los incondicionales de UPyD, y PSN-PSOE.

Pero no seamos ingenuos: la mera legalidad no es barrera infranqueable para los impulsos nacionalistas: véase, a modo de ejemplo y analogía, qué sucede en las tierras hermanas de Cataluña. Si existe una mayoría política –o una minoría bien articulada y beligerante- con voluntad de transgresión estratégica, los lindes legales pueden ser vulnerados y no siempre con un coste severo para sus violadores.

En resumen: aunque se eliminara la mencionada disposición Transitoria Cuarta -objetivo tan realista y necesario como inaplazable- a lo largo de la próxima legislatura, el nacionalismo panvasquista continuaría desplegando sus periódicas acometidas tácticas contra las libertades navarras y su persistente labor metapolítica global en aras de su siempre perseguida conquista de la hegemonía.

Es público y notorio que la Disposición Transitoria Cuarta fue el resultado de complejas negociaciones políticas en cuyo trasfondo latía el deseo, legítimo entonces, de incorporar a los nacionalistas del PNV a la nueva fase que se abría en la Historia de España. Pero ya estamos seguros de una cosa: tales cálculos han fracasado. Pues basta contemplar las ofensivas separatistas disparadas en Cataluña, especialmente -pero también en Vascongadas, con sus traumáticos y permanentes reflejos aquí en nuestra Navarra- para comprobar que únicamente persiguen su exclusivo y distorsionado interés de secta. Los separatistas son insaciables: nunca se contentan y siempre quieren más. De modo que la alternativa a su chantaje permanente no es una negociación y cesión, a fin de tenerlos contentos por unos inciertos lustros más, sino combatirlos en sus propuestas emotivas, desmontar sus planteamientos historicistas, desenmascarar esas alternativas políticas, plantarles cara en los medios de comunicación, recuperar espacios de libertad en las calles...

El adversario separatista nunca ha renunciado a sus objetivos máximos: integración de Navarra en Euskadi, o como quieran denominarle, independencia, euskaldunización, amnistía de los terroristas… Vienen modulándolos, en su día, en la “Alternativa KAS”, su sucesora la “Alternativa Democrática”, el programa electoral del EAJ-PNV, el ante-proyecto de Estatuto de la Comunidad Foral Vasca o de la República Confederal Vasca…; en todo caso, los separatistas jamás han perdido de vista sus objetivos finales.

Seamos autocríticos: entre los partidos navarristas y/o constitucionalistas, la problemática de la Disposición Transitoria Cuarta se ha afrontado de manera muy ocasional; y sin que jamás se intentara su eliminación al objeto de finiquitar un “contencioso” que tanta sangre, dolor, división y pérdidas vienen causando a los navarros.

Es el momento preciso de rectificar. Y de tener claros algunos principios elementales de la acción política: fundamentalmente, la diferenciación entre estrategia y táctica. Es legítimo que los diversos partidos navarristas quieran gobernar, en un sentido o en otro y junto a unos posibles socios contemplados como deseables por encima de los demás. Pero la perspectiva estratégica -que siempre debe existir en todo programa político- obliga a no olvidar nunca el objetivo final que, hoy especialmente, debe ser prioritario y común: la pervivencia de Navarra y, por ello, la eliminación de la Disposición Transitoria Cuarta.

No obstante, existen dificultades que nos vienen también desde fuera y que habrá que combatir. Recordemos cómo el día 11 de septiembre de 2017, el digital valenciano Siglo XXI publicaba la siguiente noticia: «El PP dice que “abrir” una reforma constitucional “podría tener más problemas que beneficios”». Pero la cuestión es que tal pronunciamiento no se remitía a Cataluña, por todo lo que agónica y cansinamente viene allí acaeciendo, sino ¡a la Comunidad Foral de Navarra! (http://www.diariosigloxxi.com/texto-s/mostrar/249874/pp-dice-abrir-reforma-constitucional-podria-tener-problemas-beneficios). Así, Pedro Casado, al preguntársele por la posibilidad de derogar la Disposición Transitoria Cuarta, afirmaba que «abrir una ponencia constitucional podría tener más problemas que beneficios». Y lo argumentó de la siguiente manera: «tal “modificación es agravada” y “requeriría” de todo el procedimiento de disolución de Cortes, etc., por lo que aseguró que “el análisis” que se preguntan es si es “urgente o conveniente” abrir una legislatura constituyente “con los interlocutores que vemos enfrente” y con “las mayorías que consideramos que existen a nivel parlamentario y, sobre todo, con la realidad, la urgencia e importancia de algunos temas que estamos hablando hoy”. “Pues pensamos que no”, se respondió». Todo un ejercicio de la peor jerga dialéctica y politiquera. Lamentable… ¿Qué cuerpo se le habría quedado a nuestra combativa Ana Beltrán? ¿Hacen falta más explicaciones?, pues nos tememos que no.

"El escudo vasco, por ejemplo, tiene cuatro cuadrantes. El cuarto, hasta el año 1985, cuando el Gobierno de Navarra recurrió al Constitucional, contenía las cadenas de Navarra. Lo tuvieron que quitar, pero lo tienen en rojo, esperándonos… Su objetivo es la anexión de Navarra." ‘Navarra está entregada a las políticas del nacional-abertzalismo’ Gaceta.es

Las cosas están claras: Navarra sigue siendo moneda de cambio.

Es evidente que el Gobierno de Mariano Rajoy necesita unos apoyos estables desde el siempre chantajista EAJ-PNV; lo señalábamos en septiembre pasado, y los hechos lo están confirmando. ¿A cambio de qué? Pues, por lo que vamos sabiendo, una de tales contraprestaciones es evidente: la Disposición Transitoria Cuarta no se toca. Guste o no a Ana Beltrán y los suyos. Y a todos los demás navarros….

La lectura que el “Menticias” de Navarra hizo de estas declaraciones –medio guipuchi que de vez en cuando hay que leer para confirmar que ellos no renuncian a nada- fue de indisimulada celebración y escarnio a costa de Ana Beltrán (http://m.noticiasdenavarra.com/2017/09/12/politica/navarra/el-pp-desautoriza-a-beltran-y-niega-que-haya-amenaza-anexionista-en-navarra). No en vano, así tituló la crónica, y muy certeramente por cierto: «COMO UNA RÁFAGA DE FUEGO AMIGO. El PP desautoriza a Beltrán y niega que haya “amenaza anexionista” en Navarra». Buena colleja.

Conclusiones: Ana Beltrán tiene que explicarse y hacerse valer en Madrid de manera contundente.

También los demás partidos constitucionalistas y navarristas deben posicionarse categóricamente; pues, al menos en teoría, compartirían el mismo objetivo estratégico. De hecho, UPN y PSN-PSOE, con sus escaños en Madrid, podrían desarrollar un potente juego político de carácter estratégico para Navarra… si quisieran.

La eliminación de la Disposición Transitoria Cuarta no puede esperar más dilaciones: es una exigencia de madurez democrática, de responsabilidad cívica y, particularmente, de cumplimiento de la voluntad de los votantes.

De modo que, señores políticos: obren en consecuencia. Y, oportunamente, a la sociedad organizada nos corresponderá exigirles cuentas.

Sila Félix

miércoles, 31 de enero de 2018

¿Necesita UPN al PSN-PSOE? ¿Es un aliado fiable?


Existe una opinión muy extendida en el centro-derecha navarro y muy especialmente en UPN de la necesidad de estar mirando y mimando constantemente al PSN-PSOE con objeto de obtener su respaldo de cara a gobernar, bien con un apoyo de investidura y negociar cada ley, o bien incluso mediante un gobierno de coalición como el fallido experimento de 2011-2012. Es cierto que salvo la legislatura de 2003-2007, UPN ha gobernado siempre en minoría y la posición última del PSN-PSOE ha sido determinante, pero no olvidemos que esto ha sido posible en tanto los escaños de Herri Batasuna, hoy integrada mediante Sortu en la coalición Bildu, eran escaños con los que no se podía contar a la hora de conformar una alternativa a UPN, PPN y CDN, dada la vinculación (que luego el Tribunal Supremo ha confirmado mediante jurisprudencia ya consolidada) con el grupo terrorista ETA (de hecho,  llevó a la ilegalización de HB en 2003).

Si bien desde 1996 hasta 2015, salvo la ya mencionada mayoría de 2003-2007, mimar al PSN-PSOE ha tenido premio, hay que precisar varias cuestiones. En primer lugar, recordar que en 2007 los socialistas navarros ya intentaron un tripartito con extrema izquierda y separatistas ("ala moderada" dicen), un tripartito que por otra parte hicieron efectivo entre 1995-1996 y eso que UPN-PP había ganado las elecciones, aunque sin mayoría absoluta. Si nos salvamos en 2007 fue por el miedo que, a la cúpula socialista de Ferraz, le entró al considerar que dicho pacto podía perjudicarle de cara a las elecciones generales de 2008, y de paso, se atrajeron a UPN un tanto a la izquierda, haciéndole romper el pacto con el Partido Popular.

 En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, superados los sustos y conjuras de los socialistas con los separatistas "moderados" y extrema izquierda ¿"moderada"? de 1995 y 2007, en UPN, sobre todo en la etapa final de Miguel Sanz y los seguidores de su doctrina, parecía que la luna de miel UPN-PSN era algo sólido y para toda la vida. Sin embargo, en 2012 se rompe el gobierno de coalición por razones que todavía hoy desconocemos, al menos la opinión pública, y cómo no, los socialistas se tiran al monte (tercera vez ya), se unen a la entonces oposición y ahí se han quedado. Para las elecciones de 2015, el PSN-PSOE en el fondo nunca ocultó su preferencia a un pacto con Geroa Bai, Podemos e IU/IE, sin embargo las cuentas no daban y al final, hasta que ETA no eche la persiana (al menos en apariencia), con los votos de Bildu de momento no queda bien contar.

Tal y como están las cosas, y con un PSOE y PSN-PSOE muy radicalizados con Sánchez y fagotizados por los podemitas, con una militancia raquítica pero muy sectarizada y radicalizada en una inmensa mayoría, ni la cúpula socialista navarra ni sus ¿dos mil? afiliados contemplan el escenario de gobernar con o dejar gobernar a UPN. La prioridad absoluta de los socialistas es gobernar con GBai, Podemos e IE/IU, y por si fuera poco, que no se nos olvide que el PSE-EE-PSOE gobierna ya en coalición con el PNV en la Comunidad Autónoma vecina. Pero es más, suponiendo que ETA (ya lo ha anunciado extraoficialmente varias veces) se "disuelva" e incluso pudiera pedir perdón con lágrimas postizas (en plan “París bien vale una misa”), ¿alguien duda de que Bildu no pueda acabar siendo un socio para gobernar, o cuando menos, alguien cuyos votos pueden valer para una investidura de algún tri, cuatri o incluso quintipartito?

Elecciones
Participación
Candidatura con más escaños
70,9 %
20/50
72,9 %
PSN-PSOE
15/50
66,7 %
20/50
68,4 %
UPN
17/50
66,2 %
UPN
22/50
70,7 %
UPN
23/50
73,8 %
UPN
22/50
67,4 %
UPN
19/50
68,3 %
UPN
15/50

Llegados a este punto muchos en UPN, PP, ¿C´s? o incluso en la sociedad se preguntarán si no existe la posibilidad de evitar este escenario. En el caso de que el PSN-PSOE emule a su actual Secretario General de Ferraz y se instale en el “¡NO es NO!”, y “¡qué parte del NO no has entendido!”, las fuerzas políticas representadas por UPN, PP y C´s tienen que plantearse (y creérselo) la posibilidad de trabajar por un escenario donde los escaños del PSN-PSOE no sean determinantes. Ojo, que en el navarrómetro es el partido que más cae en intención de voto;  si bien es un pequeño muestreo,   ahí queda el dato.

Pues bien, como hemos comentado, tenemos un antecedente no muy lejano donde los socialistas, igual que ahora pero en sentido inverso, sus escaños no pintaron nada a la hora de elegir y formar el gobierno foral, y fue precisamente en la legislatura 2003-2007. Muchos argumentarán que entonces fue posible la victoria de UPN-PP y CDN dada la ilegalización de Herri Batasuna y todas sus marcas blancas, que al no presentarse se dejó a una parte del electorado navarro fuera y permitió la victoria del "centro-derecha" navarro. Sin embargo, dicho análisis a la luz de los datos resulta erróneo, ya que, el votante tradicional de Batasuna no secundó el boicot oficial y la mayoría de su electorado (en torno al 75% del que votó en 1999 a Euskal Herritarrok) repartió su voto entre EA, Aralar e IU, sacando los tres partidos cuatro escaños cada uno. Es más, en el 2003 el índice de participación fue nada menos que del 70,7% cuando en las cita electoral anterior, con Herri Batasuna presentándose sin ningún problema habían sido del 66,2% en 1999, es decir, que la participación respecto a la anterior cita electoral no solo no bajó como consecuencia de la ilegalización de los batasunos sino que subió nada menos que 4,5 puntos, y eso que oficialmente los batasunos propugnaron la abstención.

Como se puede comprobar a la luz de los datos, le pese a quien le pese, el centro-derecha navarro puede conseguir una mayoría absoluta sin necesidad de contar con los socialistas, y cuanto antes, es más necesario que nunca que trabajen en ese escenario. Los sociatas cada vez van a estar más lejos y en el momento que los de la capucha echen el cierre, Bildu será un partido más con los que pactar. A fin de cuentas, no solo en la CAV, en Cataluña los socialistas han gobernado no hace tanto con ERC dos legislaturas y hay ayuntamientos en los que todavía hoy el PSC gobierna o mantiene gobiernos municipales con ERC e incluso las CUP.

En Navarra Resiste no tenemos varitas mágicas, pero sí podemos constatar que una mayoría UPN, PPN y C´s es posible, pero hay que trabajar la cultura, ser cercanos a la gente, movilizar a las agrupaciones locales y que no se conviertan en sedes vacías, trabajar el relato histórico y la batalla de las ideas, apostar por programas realistas y atractivos dentro de un ideario (no todo vale), construir un tejido social afín, trabajar más y mejor la comunicación y no dejarlo todo en manos del Diario de Navarra (al fin de cuentas es una Sociedad Anónima que necesita cuadrar todos los años la cuenta de resultados....) y no dejarse llevar por los cantos de sirena con fuertes rasgos totalitarios de la des-memoria histérica y el lobby de la ideología de género.

martes, 19 de diciembre de 2017

La bandera que certeramente une Navarra


El año que ya termina, 2017, bien podría resumirse, en lo que respecta al navarrismo político representado por UPN, como el año de las pancartas… y el desconcierto. No en vano, desde su sede central de la plaza Príncipe de Viana de Pamplona viene exhibiendo una sucesión de pancartas que, a no pocos de sus votantes, les está dejando un tanto fríos; por no decir, perplejos.

La primera de todas era –vuelve a ser hoy- una pancarta roja en la que, con letras blancas, puede leerse: “La bandera que une Navarra”; ilustrándose con un escudo ligeramente escorado hacia la derecha –todo hay que decirlo- de las cadenas y la corona.


Además, en uno de los balcones circulares, el situado a la izquierda de la pancarta según se mira de frente, siguen luciendo, al igual que años atrás, las cuatro banderas en mástil y en este orden: la de UPN, España, Navarra y Europa. Dos más de Navarra, junto a un cartel con el logo de entonces, permanecieron instalados en otras tres ventanas de la sede, tal y como puede observarse en la fotografía correspondiente al 1 de mayo pasado que ilustra este texto, durante unos meses.


Tras el éxito de la manifestación realizada el pasado 3 de Junio en defensa de la bandera de Navarra -convocada por una comisión que adoptó la que entendemos desafortunada idea de disolverse- y en la que Navarra por España/NavarraResiste.com, discretamente, participó tanto en determinados aspectos de su organización y publicitación, como de su desarrollo, la sustituyeron por una segunda. De tal modo, en letras negras sobre fondo blanco se afirmaba: “Todos somos Navarra – nuevo logo y sigla de UPN - Todas somos Navarra”. No gustó demasiado, y ello por dos motivos. El primero: ese “todos/todas”, para muchos, se antojaba a modo de una cierta concesión al lenguaje inclusivo característico de la ideología de género, omnipresente hoy y característica del radical-progresismo políticamente correcto, que no parece –nos atrevemos a decir- caracterice al votante UPN; al menos al de “toda la vida”. Y en segundo lugar, el nuevo logo del partido no ofrecía, según muchos, el vigor, la resolución, y la rotunda afirmación que requiere un partido de oposición al que le queda mucho, muchísimo que bregar. Que aquí no hay nada seguro.


Llega ahora el turno de la tercera. De cara a las universales y unánimes celebraciones feministas del 25 de noviembre, UPN quiso estar presente con una nueva que bien pudiera haber sido desplegada en la sede de Podemos (si bien difícilmente, pues no tiene balcones), la de Izquierda-Ezkerra -tan entretenidos ellos, ahora, con los escraches de sus queridos amigos de la izquierda abertzale y demás euskaltzales- o la del Talde Autodefentsa Feminista de la Milagrosa. Así, sobre ortodoxo fondo morado, tan largo pasquín así rezaba: “esquemático logo de UPN –contra la violencia de género – lazo morado”. Chúpate esa. De hecho, no es la primera vez que en este blog nos hemos referido a la deriva ideológica que se viene percibiendo en el partido a cuenta de la recepción en el mismo de algunos aspectos de la ideología de género. Recuérdese, por ejemplo nuestra crítica a un desafortunado artículo de Eradio Ezpeleta en un prestigioso digital navarro. Todo ello sin acritud, que conste.

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Al no estar subtitulado en portada, del digital en cuestión, ingenuamente más de uno pensaría que, acaso, se tratara de una invocación a que su partido saltara al ...
Por último, para terminar el año, acaso con ánimo de alumbrar el próximo 2018, se ha vuelto a instalar la primera de las tres citadas. De este modo no se ha cumplido la predicción que, desde un dudoso medio digital, anticipó semanas atrás algún bromista en un meme que circuló por whatsapp y alguna otra red social, y que de haber tenido lugar hubiera supuesto un verdadero terremoto en su electorado… y no pocas carcajadas (http://www.12minutos.com/5a1ff137d1797/la-deriva-de-union-del-pueblo-navarro-en-cuatro-imagenes.html). Algo es algo.

De entrada, una valoración positiva: es de agradecer- y necesario para la causa común- que UPN se visibilicen la calle con sus símbolos y mensajes propios; si bien debiera hacer mucho más para contrarrestar el despliegue de tan numerosas y activistas izquierdas operativas en Navarra. Ciertamente, muchos visitantes ocasionales de Navarra se llevan, en la retina y memoria, la imagen de un territorio que bien parece hacer realidad –especialmente en algunos barrios y localidades- el paraíso de toda causa radical por disparatada que suene.

En todo caso, nos parece muy bien esta “salida del armario”, ¿o acaso el espacio público es patrimonio exclusivo de las izquierdas radicales? Ya va siendo hora, pues, de salir a la calle y hacerse visibles de manera cotidiana. Bienvenidos.

Tras este recorrido iconográfico, nos centraremos en el mensaje y oportunidad de la pancarta que más tiempo ha sido exhibida en la sede central de UPN, y con la que inauguraron y cerrarán el presente año: la que dice “La bandera que une Navarra”.

Una primera pregunta: ¿a qué bandera se refiere?, pues nunca deben darse las cosas por sentadas. Sería incomprensible que la afirmación de la pancarta se remitiera a la propia bandera de UPN, primera posibilidad; no por indigna, sino por partidista y, por lo tanto, propia de una facción. Jamás debiera identificar tal enseña a todo el territorio y sus gentes. De hecho, semejante pretensión totalitaria es propia de otras ideologías en pugna. Así, está el caso de ese partido cuya bandera pretendía representar a la inicial facción vizcaitarra; para después extenderla a ese invento denominado Euskadi que englobaría -además de Vizcaya y demás Vascongadas- a la propia Navarra y a los territorios vascofranceses. Efectivamente, nos referimos al PNV y su purrusalda tricolor, quienes han logrado instalar a una de los suyos en la presidencia del mismísimo Gobierno Foral de Navarra, junto a su cohorte de guipuchis resentidos y vengativos: Uxue Barkos. De tal modo, la que fuera partidaria se convirtió finalmente en bandera de varios territorios; y para muchos de sus habitantes, en símbolo sagrado de un proyecto secesionista de alcance totalitario, llegando a desbordar -por todas sus izquierdas- a sus primigenios visionarios.

Como segunda posibilidad, tampoco parece plausible que la mencionada leyenda se remita a la bandera europea, pues tal proyecto en agónica marcha -a pesar de todo lo que viajamos los navarros y de nuestra inequívoca vocación continental- todavía nos resulta un poco ajeno y no llegamos a sentir por el azul y sus estrellas, en nuestras vísceras y razón, toda la emoción y demás evocaciones que nos genera la roja nuestra. Entonces, ¿hablamos de la de Osasuna? No, por Dios, ¡hablamos de la navarra! Ni más ni menos.

Al afirmarse que la roja es “La bandera que une Navarra” se entiende que las otras presentes en esas alturas, u otras que no figuran allí, a sensu contrario, no unirían Navarra: es el caso de la ikurriña, por ejemplo. O la del Real Madrid, o la de la Real Sociedad. Vale. Incluso la LGTBQI. Pero –y este es el quid de la cuestión- los autores de la pancarta, ¿también perciben de este modo a la española? Entonces, para ellos, ¿qué es la bandera nacional?: ¿un signo de división? Pero, ¿no es UPN un partido español?


En el caso de nuestra bandera roja, desde Navarra por España/NavarraResiste.com, tenemos una experiencia que destacar y de la que aportamos un botón de muestra (véase la ilustración). Lo amigos de esta red ciudadana hemos colocado miles de pegatinas por toda Navarra también a lo largo de este año que acaba. Entre tales figuran las correspondientes a un modelo rectangular de fondo rojo en la que se dice “Defiende Navarra” en leyenda circular en torno al escudo de Navarra. Pues bien: guarros, abertzales y demás republicanos irredentos, lo primero que hacen, cuando no es arrancarla directamente, es borrar o tachar la corona. La intencionalidad es evidente: se sienten republicanos y, además, no les gusta para nada –dada su condición de panvasquistas- tal representación; pues invocaría la Navarra que quieren “superar”. La suya sería una hipotética “Navarra del progreso” -una incierta utopía- en todo caso alejada de la auténtica Historia de nuestro pueblo, que rechazan por “triste, rancia y sangrienta”; pero que otros muchos percibimos verdadera. Con lo bueno y con lo malo; y a la que miramos con respeto, admiración y agradecimiento, con los dos ojos; no con uno sólo.

Lo cierto es que la bandera roja y sus cadenas tiran mucho, de ahí ese intento de apropiarse el navarrismo desde la izquierda abertzale: tanto con su discurso, como a nivel simbólico mediante el enorme despliegue de banderas con cadenas de diseños “alternativos” al oficial que vienen realizando y no con poco éxito.

Sin faltarles en ello coherencia –la propia de un discurso dialéctico y cerrado-, tanto nacionalistas vascos de todas las tendencias, como los napartarras que todavía los hay, entienden que, aunque muy parecida, la bandera que imaginan en sus delirios para su supuesta nueva Navarra -esa Nabarra irredenta y vasca conquistada a sangre y fuego por los españoles- no puede ser la misma que la de “los de siempre”; decantándose por otra también roja, sin corona, ni diamante, con unas cadenas simplificadas, y diferenciada en todo lo posible de la “oficial”.


Como resumen, se deduce de todo lo anterior que tampoco la bandera navarra “oficial”, que UPN dice une a todos los navarros, nos integra realmente. No en vano, muchos –los separatistas- no quieren hacerlo en modo alguno; ni desean tener nada que ver con quienes consideran sus enemigos a batir y toda su simbología. Si de ellos dependiera, borrarían –o la deformarían hasta hacerla irreconocible, y bien que están en ello- unos cuantos siglos de historia navarra sin ningún remordimiento. Y ya sabemos de qué violencias son capaces.

Por último, y ya puestos a contemplar todas las sensibilidades existentes en Navarra, también perviven -¿por qué renegar de ellos?- quienes se identifican con la bandera de Navarra y su Laureada tan perseguida. Y es que, sin entrar en mayores polémicas, también forma parte de la Historia, ¿o no?

Observamos, así, que nuestra bandera -actual y oficialmente prescrita- no goza de una absoluta unanimidad; tal y como se apunta -un tanto candorosamente- en la balconada. Y es que no se puede contentar a todos.

Si se pretende buscar unos símbolos –una bandera incluso- que unan a gentes navarristas y separatistas, seamos realistas: no es nada sencillo. En realidad, es imposible, pues la pretensión del separatismo es de totalidad; lo que no le permite transacción alguna. Ni siquiera con un pasado histórico y/o simbólico que no sea el reelaborado desde su concreta concepción dialéctica y deconstructiva.

Por muchos puentes que se les tienda, los separatistas panvasquistas –también los napartarras y los novísimos confederales vascos- siempre encontrarán motivos de fricción; por lo que seguirán elaborando, tal y como vienen haciéndolo eficaz y tenazmente, signos identitarios exclusivos, al objeto de diferenciase inequívocamente de “los otros”. Todo ello al objeto de establecer un ulterior escenario histórico-político en el que estigmatizar y segregar a placer a quienes perciben como enemigos; no en vano aspiran al triunfo. A uno total.

De tal modo, “La bandera que une Navarra” admite muchas reservas e insumisiones. No goza, pues, de la unanimidad de quienes pretenden imaginar una simbología inequívocamente unitaria. ¿Entonces…? Como declaración de intenciones está bien; pero no responde a la realidad y genera alguna que otra confusión.

Realmente, entendemos desde Navarra por España/NavarraResiste.com, que la única bandera que certeramente une Navarra -hacia dentro y hacia fuera- es la maltrecha, malmirada, maltratada y postergada bandera amarilla y roja: la de la patria española.  


Hacia fuera decimos, pues nos identifica con otras gentes lejanas -o vecinas- en el solar patrio de nuestros antepasados; pero con las que compartimos tierra, tradición, Historia y proyecto desde hace siglos. Y con las que nos hemos mezclado carnalmente desde muchos tiempos atrás: ya desde que los romanos trazaron sus todavía eficaces calzadas por toda la piel de toro conectándonos con el resto de Europa.

Ciertamente, también están quienes exhiben otra bandera de pretensión ibérica, cuanto menos: la tricolor denominada republicana, pues incorpora una franja morada supuestamente castellana; si bien los castellanos enarbolaban un color rojo que, con el tiempo y bajo los efectos de la oxidación, degenera en esa tonalidad. Pero, a día de hoy, no deja de ser la bandera de facción –facciosa, pues- enarbolada con intenciones muy diversas: además, no fue votada popularmente en referéndum, caso de la bicolor actual junto al resto de articulado de la Constitución del 78. La tricolor fue impuesta, recuérdese, por un Decreto-Ley en su día. De modo análogo, la reverdecida y pujante pretensión de remitir la legitimidad de la España actual a aquella triste Segunda República, sectaria y excluyente, es contraria a la lógica del Derecho, de la Historia, de la paz civil y del sentido común. Y todo ello -a mayor abundamiento- en absoluta contradicción con las generosas posiciones del Partido Comunista de España de aquellos años de la Transición, quien asumió la bicolor sin complejos ni sectarismos cortoplacistas. Si Santiago Carrillo levantara la cabeza…

Por último, la bandera española nos une hacia dentro: a los hablantes de todos los idiomas vivos en Navarra; a los habitantes de todas las merindades; ya sean del campo o la ciudad; inmigrantes, emigrantes y en la comodidad del hogar. Con el pasado, el presente, y el futuro que quieren asesinar los separatistas.

Me dirán ustedes que los nacionalistas panvasquistas no quieren esta bandera bicolor ni en pintura: ¡qué novedad! Pero seamos realistas: ¡tampoco la “oficial” navarra! Pues eso pretenden: reinventar la propia Historia en su intento de legitimación de un proyecto ideológico de pretensiones totalitarias. Ni más ni menos. Y en ese proyecto de “construcción nacional vasca” sobra todo lo que no sea de facturación propia. La bandera española, símbolo y expresión de todo lo que se quiere destruir, en primer lugar. Pero también la bandera roja “oficial”.

La cuestión que se plantea verdaderamente es: a todos aquellos que comulgan con esas premisas totalitarias del separatismo, ¿es posible integrarlos en un símbolo previo y compartido con gentes de otros proyectos? La respuesta se impone: no. Se haga lo que sea. Y ello es así por su estricta y consciente voluntad. Es lo que tiene la ideología: define, reinterpreta y divide. Nos guste o no. Entonces, ¿para qué hacer concesiones simbólicas? ¿Acaso un navarrismo rebajado de españolismo va a ser atractivo para los separatistas de cualquier tendencia? ¿Realmente alguien se lo cree?

La Navarra foral y española por cuya continuidad y renovación se edificó UPN, por parte de Jesús Aizpún y tantos otros, no es compatible con ningún proyecto totalitario. Hay que tenerlo claro: “ellos” son los quieren marcharse y vienen imponiendo sus violencias cotidianas. Y nunca admitirán nada que proceda de sus rivales. Ni un símbolo, ni status quo alguno que a lo sumo entenderían como meramente transitorio. El que sea. Los que sean.

Y si en UPN alguien pretende desplazarlo hacia un proyecto napartarra y posmoderno: que lo diga claramente. Y que lo defienda expresa y democráticamente. En tal caso, bases y pueblo hablarían... No en vano, su militancia y electorado tienen derecho a exigir claridad y responsabilidad. Y todo ello exige firmeza en el mensaje y los símbolos constitutivos y fundacionales; los de este partido pero, sobre todo, los de esta tierra, los de esta nación y los de nuestro pueblo. A pesar de las dificultades y las desafecciones.

Nos preguntábamos, a lo largo de este texto, si los autores de la susodicha pancarta percibirían la bandera española como signo de división: mucho nos tememos que, acaso de manera inconsciente, la respuesta sea afirmativa. Ojalá nos equivoquemos. Lo que es evidente es que nuestra bandera roja y amarilla es un signo de contradicción. Y por lo tanto, de afirmación positiva y propositiva.

Es bien sabido y conocido: en esta vida nunca se puede predicar a gusto de todos. De modo que la realidad que nos ha tocado vivir -conflictiva y trágica sin duda- puede afrontarse, activamente y con decisión, desde la fidelidad a las propias creencias, a los valores de siempre, y a la Historia recibida. Por el contrario, puede hacerse desde la comodidad, la abulia y el espíritu de renuncia. O desde un cándido buenismo que, incluso, es menos realista y más ideológico en el peor de los sentidos.

Sin complejos, sin remordimientos, y con esperanza. La bandera que une certeramente Navarra: ¡la española!

Sila Félix

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Por qué la Disposición Transitoria Cuarta aún no ha sido eliminada


Desde que se aprobara la Constitución Española, ya en 1978, la vigencia de la Disposición Transitoria Cuarta, que posibilita legalmente la integración de Navarra en la Comunidad Autónoma Vasca –aunque no su salida- sigue amenazante, cual espada de Damocles, sobre la convivencia de todos los navarros. 

Ya sabemos que semejante disposición transitoria (pero, ¿todavía seguimos en la Transición?) fue el resultado de complejas negociaciones políticas en cuyo trasfondo latía el deseo, legítimo, de incorporar a los nacionalistas del PNV a la nueva fase que se abría en la Historia de España.

Pero han pasado muchos años y muchas cosas, y seguimos igual: la Disposición Transitoria 4ª nos recuerda permanentemente que Navarra sigue siendo objeto de apetencias de otros muchos que no son navarros, y seguramente, objeto de intercambio de llegar el caso. 

No es comprensible que, dada la articulación nacional, en sus diversas modalidades, de los grandes partidos navarristas, nunca se haya intentado eliminar, de una vez por todas, esa amenaza a la estabilidad, personalidad y viabilidad de nuestra Comunidad. Y mientras permanezca tal amenaza, las discordias civiles azuzadas por las intenciones más diversas y perversas, seguirán fracturando tierras, pueblos y familias.

El adversario separatista nunca ha renunciado a sus objetivos máximos: integración de Navarra en Euskadi, o como quieran que se llame, independencia, euskaldunización, amnistía de los terroristas… Se denominara en su día “Alternativa KAS”, “Alternativa Democrática” o programa electoral del EAJ-PNV, los separatistas jamás han perdido de vista sus objetivos finales.

Por el contrario, entre los partidos navarristas, la problemática de la Disposición Transitoria 4ª se ha afrontado de manera muy ocasional; y sin que nunca se intentara su eliminación al objeto de finiquitar un “contencioso” que tanta sangre, dolor y pérdidas ha causado a los navarros.

¿Cómo interpretar este comportamiento? Es incomprensible –y más entre políticos profesionales- la confusión de estrategia y táctica. Es legítimo que los diversos partidos navarristas quieran gobernar, en un sentido o en otro. Pero la perspectiva estratégica obliga a no olvidar nunca el objetivo final: la pervivencia de Navarra y, por ello, la eliminación de la Disposición Transitoria 4ª.

Días atrás hemos vuelto a vivir un espectáculo vergonzoso del que, sorprendentemente, muy escasos medios de comunicación navarros se han hecho eco.

El pasado día 11 de septiembre, el digital valenciano Siglo XXI titulaba una noticia de esta manera: «El PP dice que “abrir” una reforma constitucional “podría tener más problemas que beneficios”». Dada la situación sufrida en Cataluña, y a resultas de ello, en toda España, no se presentaba nada extraño un titular así. Pero, avanzando en su lectura… ¡sorpresa!, la reseña se refería, casi exclusivamente… ¡a Navarra! (http://www.diariosigloxxi.com/texto-s/mostrar/249874/pp-dice-abrir-reforma-constitucional-podria-tener-problemas-beneficios).

Así, Pedro Casado, al preguntársele por la posibilidad de derogar la Disposición Transitoria 4ª, afirmaba que «abrir una ponencia constitucional podría tener más problemas que beneficios». Y lo argumentó de la siguiente manera: «tal “modificación es agravada” y “requeriría” de todo el procedimiento de disolución de Cortes, etc., por lo que aseguró que “el análisis” que se preguntan es si es “urgente o conveniente” abrir una legislatura constituyente “con los interlocutores que vemos enfrente” y con “las mayorías que consideramos que existen a nivel parlamentario y, sobre todo, con la realidad, la urgencia e importancia de algunos temas que estamos hablando hoy”. “Pues pensamos que no”, se respondió». Buen ejercicio de dialéctica pseudo-parlamentaria. Como para vomitar…

¿Hacen falta más explicaciones?, pues nos tememos que no. Las cosas están claras: Navarra sigue siendo moneda de cambio.

Es evidente que el Gobierno de Mariano Rajoy necesita unos apoyos estables desde el permanentemente chantajista EAJ-PNV. ¿A cambio de qué? Pues de lo que se va sabiendo, una es evidente: la Disposición Transitoria 4ª no se toca. Guste o no a Ana Beltrán y los suyos. Y a todos los demás navarros…. 


La lectura que el “Menticias” de Navarra hizo de estas declaraciones –medio guipuchi que de vez en cuando hay que conocer para confirmar que ellos no renuncian a nada- fue de indisimulada celebración y escarnio a costa de Ana Beltrán.  No en vano, así tituló la crónica, y muy certeramente por cierto: «COMO UNA RÁFAGA DE FUEGO AMIGO. El PP desautoriza a Beltrán y niega que haya “amenaza anexionista” en Navarra».

Conclusiones: Ana Beltrán tiene que explicarse.

El Partido Popular de Navarra tiene que explicarse: ante sus afiliados y ante sus votantes. Por ello, debe replantearse las razones últimas de su propia existencia desde que se refundara en 2008; no en vano la eliminación de esta hipoteca, que ninguna otra Comunidad sufre en España, fue uno de sus principales leitmotiv.

Los demás partidos navarristas también tienen que posicionarse al respecto; pues, al menos, en teoría, compartirían el mismo objetivo estratégico. ¿O no?

Como ciudadanos, que no súbditos, tenemos el derecho a una información veraz. Tenemos derecho a interpelar a nuestros políticos y representantes. Y éstos tienen que dar explicaciones y cumplidas cuentas de sus actuaciones, proyectos y programas. No se puede tratar como menores de edad a los ciudadanos/votantes -ocultando debates, evitando críticas, reclamando obediencias ciegas- pues acaso, aunque vuelvan a apelar una vez más a nuestro sentido del patriotismo, nuestra responsabilidad y al “mal menor”, tal vez ya no confiemos en ellos...

La eliminación de la Disposición Transitoria 4ª no puede esperar: es una exigencia de madurez democrática, de responsabilidad cívica y de cumplimiento de la voluntad de los votantes.

Recordemos el contenido de la dichosa disposición:

«1. En el caso de Navarra, y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Órgano Foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del Órgano Foral competente sea ratificada por referéndum expresamente convocado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos.

2. Si la iniciativa no prosperase, solamente se podrá reproducir la misma en distinto período del mandato del Órgano Foral competente, y en todo caso, cuando haya transcurrido el plazo mínimo que establece el artículo 143».

No se puede jugar con el futuro y la paz de los navarros. Y si así se sigue haciendo, los electores deberemos movilizarnos, hacernos oír y votar en consecuencia. Y que no nos cuenten más milongas. Por eso y mucho más: ni hipotecas, ni chantajes, ni incumplimientos. Derogación de la Transitoria 4ª ¡YA!

Sila Félix