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martes, 14 de noviembre de 2017

El euskogobierno juega la carta del hembrismo


Que el palo impositivo que nos ha pegado este año la Hacienda Foral es de los que hacen época es algo que casi todos hemos notado y respecto a ello ya hicimos un artículo a principios del verano. El cutrepartito realizó una reforma fiscal que buscaba aumentar su recaudación, no posibilitando una mejora de la economía sino por la vía de las subidas de impuestos. Esta reforma ha castigado a las clases medias, a las familias, a los ahorradores, a los jubilados que han ahorrado toda su vida, a los empresarios, a los inversores y prácticamente a todo pichichi; con tal de recaudar más para pagar el euskera, las ikurriñas y los caprichos de los podemitas. Uxue Barkos dejará como legado una Navarra más empobrecida, para que luego venga Joseba Santamaría y su Diario de Mentizias a vendernos que estaríamos mejor dentro del País Vasco.

Artículo relacionado: El año en que nos quedamos sin vacaciones para pagar su euskera

Pero se acercan las elecciones forales, queda poco más de año y medio para echarlos, y la mafia vasca va a llevar a cabo una segunda reforma cosmética para intentar tapar sus vergüenzas y parar la sangría de votos camuflando algo el sablazo. La maniobra no es de lo más sofisticado y consiste en rebajar algo de presión fiscal sobre algún pequeño sector desfavorecido, eso sí la rebaja nunca va a compensar la subida anterior y lo que a algunos no le van a quitar por un lado, se lo van a quitar por otro y con creces. Por ejemplo, las familias con hijos menores de 3 años dejarán de pagar 100 euros, pero la dedución por compra de vivienda será eliminada, beneficiando a unos 81.000 navarros que pagan de media unos mil euros de menos.

Vamos, un timo análogo lo que viene sucediendo en algunos establecimientos en "los días  sin IVA" o los black friday, que días antes te suben el precio de los productos más vendidos para que el día en cuestión hagan una rebaja bastante aparente y te creas que te has llevado un chollo; cuando lo que has hecho es el primo pagando algo más que hace una semana.

Entre las medidas que preparan para esta reforma fiscal, que el cutrepartito ya da como "pacto cerrado" imposibilitando cualquier tipo de cambio impulsado por la oposición, se encuentra una un tanto populista (en la peor de sus acepciones) consistente en ofrecer a las empresas ayudas fiscales para la contratación de trabajadores con "salarios dignos" (1,7 SMI este 2017 y 2,5 SMI en 2018) cosa que estaría bien de no ser porque las deducciones para los hombres serían de 2.500€, mientras que en el caso de las mujeres ascenderían a 5.000€. Obviamente se trata de una medida que penaliza la contratación de hombres y tendrán la cara de llamarlo "discriminación positiva", siendo este un término ilusorio compuesto por dos palabras que se anulan puesto que toda medida favoritista hacia una parte implica la exclusión de la otra.


Que se ataque de esta forma el principio de igualdad entre sexos y no pase nada sólo puede darse en un país adocenado que ha dejado que por ejemplo en los supuestos de violencia doméstica de hombres a mujeres, se viole el derecho fundamental de presunción de inocencia, reconocido en la Constitución Española y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (parece que los tribunales europeos sólo están para soltar a terroristas de ETA y violadores). Esto da lugar a situaciones en las que el acusado, por el mero hecho de ser hombre, es quien tiene que demostrar su inocencia; una medida antidemocrática que nos retrae al estalinismo y que genera inumerables casos de mujeres que instrumentalizan denuncias falsas para, por ejemplo, obtener prestaciones públicas o condiciones ventajosas en un divorcio.

Este tipo de situaciones son propiciadas por el hecho de que en caso de ser perseguidas, las penas por denuncia falsa son irrisorias. Para hacernos una idea, en el año 2016 se presentaron en España 142.293 denuncias por "violencia de género". De estas, más del 45% derivaron en sobreseimiento libre o provisional; casi el 12% terminaron en sentencia condenatoria y menos del 3% en condena absolutoria.

Si el eusko-régimen estuviese realmente por la igualdad, cuidaría de que los empleados fuesen elegidos por sus capacidades y no por sus genitales. De la misma manera que las neofeministas no criminalizarían a los hombres por el mero hecho de serlo, siempre y cuando estos no sean musulmanes claro está, ya que a ellos no se les conoce ningún caso de maltrato o discriminación hacia la mujer, ¿verdad?


Hispano

viernes, 20 de octubre de 2017

Matonismo abertzale en las calles: otro efecto perverso del terrorismo


La impunidad y frecuencia con que vienen actuando los grupos abertzales en calles y pueblos navarros, al igual que en las provincias vascongadas, desde hace décadas, constituyen una anomalía impropia de sociedades sanas y democráticas.

Sabíamos que la “siembra” de banderas, pegatinas y pancartas conmemorativas de la fiesta de la Hispanidad, en Pamplona y comarca en la madrugada del pasado 12 de octubre, generaría las habituales muestras de violencia e intolerancia por parte de la izquierda abertzale y sus compañeros de viaje anarquistas y comunistas de todo pelaje… incluso en algún caso degeneró en un problemilla de orden público que no pasó a mayores en la calle Abejeras (http://www.navarraresiste.com/2017/10/vandalismo-antiespanol-en-pamplona.html). Pero, en cualquier otro país de nuestro entorno, ¿cuál habría sido la respuesta institucional? En concreto, Policía y Judicatura ¿permanecerían impasibles ante tamañas muestras de odio contra símbolos nacionales? Nos tememos que la respuesta sería negativa.


El que originó este texto no fue un caso aislado. Más allá del ensañamiento con que perpetran estos violentos sus ataques contra cualquier vestigio de presencia simbólica ajena a sus prietas convicciones, los ciudadanos navarros venimos asistiendo resignados a la proliferación, sucesiva y persistente, de mensajes de odio y revancha de la izquierda abertzale y radical; cuando no se trata de la exaltación expresa del terrorismo sin disimulo alguno. Así, este verano -de nuevo, con su sucesión de fiestas patronales en pueblos, ciudades y barrios- ha sido manido pretexto para el despliegue de abundantísima parafernalia afín a ETA y sus diversos movimientos derivados. Pero, con todo, han tenido lugar más denuncias, al menos a nivel de medios de comunicación, que en ocasiones anteriores (un ejemplo ilustrativo, http://www.navarrainformacion.es/2017/09/01/upn-reclama-se-retiren-pancartas-vinculadas-presos-eta-mendillorri/); cuestionando una realidad que no por habitual sea deseable en modo alguno.

Esta problemática del control abertzale de los espacios públicos, perlada de matonismo y sobreactuaciones por parte de sus muchachadas, evidencia que la nuestra sigue siendo una sociedad golpeada por diversas modalidades, fases y múltiples efectos, asociados al terrorismo de ETA; lo que viene de largo.

Por todo ello mienten grave y dolosamente quienes afirman que el terrorismo ya pasó y que disfrutamos de una sociedad libre y democrática en la que cualquiera podría manifestarse en un sentido u otro. Un tópico, entendemos, como cualquier otro; un lugar común tranquilizante para espíritus poco exigentes que empieza a alcanzar nivel de vulgata posmoderna.

30 de septiembre: agresión a un joven y robo de bandera de española tras acudir a la concentración #EspanaSaleALaCalle

Lo cierto es que esas muestras de matonismo político –tales como la apropiación del espacio público con reiteradas manifestaciones y excesos propagandísticos, así como la eliminación y persecución de cualquier disidencia- empezaron a perpetrarse cuando ETA en sus diversas encarnaduras asesinaba con casi total impunidad. Eran –y siguen siéndolo- expresiones hiperpolitizadas de carácter coactivo, paralelas a otras formas de violencia e imposición, dirigidas todas ellas al mismo fin: la eliminación de cualquier foco de resistencia. Un ejemplo muy concreto –y casi marginal, pero muy ilustrativo- que no suelen recoger los “expertos” en sus investigaciones: ¿recuerdan que, con el triste motivo de los funerales por las víctimas de ETA, siempre se situaban por alrededor de los templos navarros y vascos, grupitos que se movían bajo la consigna de “quedaros con alguna cara, ¡hay que fichar a los fascistas!”?

ETA, a día de hoy, no mata. Pero los efectos de su brutalidad e indignidad sin límite ético alguno perduran, y ello gracias –en buena medida- a los comportamientos mafiosos de sus seguidores en diversas expresiones de la vida cultural, vecinal y política.

Tantos muertos, tan brutal terrorismo, tamaño terror, tantísimo daño…, provocaron rutinas muy interiorizadas y comportamientos sociales e individuales de carácter elusivo, por lo tanto, patógenos y anómalos. No en vano, el miedo humano, cuando es provocado por impulsos que amenazan la propia vida y la de los propios, siempre es motor imprevisible de huidas, silencios, disimulo de los propios criterios, renuncia a la visibilidad, “síndromes de Estocolmo”, resignación. Una perversa distorsión de la convivencia; una agresión muy grave a la psique humana.

Los terroristas siempre persiguen causar terror. Parece obvio, pero no siempre se percibe así, no en vano son varios los posibles mecanismos individuales y colectivos orientados a “alejarse” e ignorar el drama: seamos realistas, todos lo hemos experimentado en un momento u otro. El asesinato de una persona –o de todo un grupo- implica su previa deshumanización por parte de los terroristas; su cosificación. Practicada tal operación ideo-psicológica con su proyección social –ahí los abertzales son expertos-, esos terroristas no problematizarán en modo alguno el empleo de la violencia extrema, una vez se decidan a “eliminar” el objetivo pre-señalado; si ello beneficia a sus intereses de secta.

Un asesinato, y toda herida en cuerpo y espíritu, acarrea un dolor inconmensurable y un sufrimiento extremo a víctimas, supervivientes, familiares, colegas… y la extensión del miedo; es decir se traslada el terror a la sociedad. Objetivo cumplido.

Pero la desaparición del terrorismo puro y duro –en nuestro caso el de ETA- no implica la desaparición de los mecanismos perversos derivados del mismo ni de sus efectos: se ha aprendido a callar, a mirar a otra parte, a que hablen “los de siempre”, a que los juicios políticos excluyentes y radicales séanlos únicos visibles en el foro público, que sus estigmas se aprecien como “normales” o “inevitables”, que el sufrimiento ajeno sea ignorado. Ya no matan cuerpos, pero siguen tratando de matar espíritus señalando, acosando, estigmatizando, excluyendo, amenazando, imponiendo sus escenarios por todo el territorio que parasitan como coto de sus desvaríos.

¿Cómo se atreve nadie a afirmar que, al no matar ETA, ya estaríamos en una situación normalizada? ¿Y los 300 asesinatos sin resolver? ¿Y las amenazas que se siguen sufriendo, los exilios, las exclusiones cotidianas, los señalamientos con un dedo o una diana? ¿Qué pasa con los silencios forzosos y acomodaticios de toda una sociedad? ¿Y la falsificación histórica que subyace en la elaboración del denominado “relato” del terrorismo? Todo ello, ¿es normalidad democrática?


Mientras tanto, los asesinos de ETA siguen siendo recibidos en olor de multitudes (https://www.elindependiente.com/politica/2017/08/02/mikel-oroz-recibido-como-heroe-burlada/), para escarnio de víctimas y demás ciudadanía; como “héroes” o “víctimas del Estado represor español”… ante la inacción de fiscalía y la Autoridad gubernativa. Entonces, ¿para qué sirven los Servicios de Información? ¿Realmente no se puede hacer nada? ¿No pudieron anticiparse a tan vergonzosas escenas propias de sociedades bárbaras?

La pantomima de procesión, a modo de “auto de fe abertzale” que recorrió las calles de los barrios de Azpilagana, Iturrama y Milagrosa el pasado día 12, fue otra expresión más –una de tantas- de la violencia constitutiva de la estrategia abertzale. No es causalidad su recurso a métodos terroristas y pseudo-terroristas; como no lo fue que Lenin ideara e impulsara el Decreto Sobre el Terror Rojo de 5 de septiembre de 1918: en las semillas (los escritos de Marx, Lenin y Trotski) radicaban los “excesos” que llevaron al terrorismo y los genocidios.

Aunque se han elevado no pocas voces en contra de tamaña anomalía coactiva, desde el cutrepartito navarro hacen oídos sordos de tales demandas; no en vano entienden que estas tácticas les benefician en última instancia y les seguirá proporcionando réditos electorales.

De este modo Barkos, Asirón, Koldo, Aráiz, pero también Santos Itoiz y José Miguel Nuin, junto a sus respectivas parroquias, son cómplices de una estrategia totalitaria que se sirve del empleo de las referidas expresiones de violencia mafiosa, un tanto contenidas, pero no por ello menos eficaces. Y demuestran que la convivencia y la ética son palabras vacías; salvo conveniencia de los afines.

Sila Félix

martes, 10 de octubre de 2017

En España no habrá guerra civil


Agapito Maestre, uno de los grandes articulistas de Libertad Digital, ha publicado un polémico texto titulado ¡Guerra civil! (http://www.libertaddigital.com/opinion/agapito-maestre/guerra-civil-83343/), en el que establece inquietantes paralelismos entre las jornadas españolas previas al estallido de julio de 1936 con las que venimos sufriendo a causa de la rebeldía desatada en Cataluña.

Como corolario de su hipótesis, el autor mantiene que nadie, un 17 de julio de 1936, podía anticipar qué pasaría al día siguiente. El 18 de julio –por todos es sabido- se desató la guerra civil. De tal modo, análogamente a lo que pudiera acaecer en estas jornadas, asegura, cualquier suceso inesperado podría desatar algún conflicto similar al sufrido entonces. Eulogio López por su parte, otra gran periodista al que seguimos, también viene haciéndose eco, desde hace algunas semanas, de un temor similar (por ejemplo, http://www.hispanidad.com/puigdemont-entre-la-frustracion-en-cataluna-o-la-guerra-civil-en-espana.html); si bien con los colores propios de su peculiar mirada y fogoso estilo.

Nosotros, en contraste con ambos, negamos la mayor: tales afirmaciones no son correctas, y sí tremendistas, alarmistas e innecesarias.

Desconocemos (¿alguien lo sabe realmente?) qué escenario espera a España en los días que siguen: aceleración de los acontecimientos y ruptura territorial… o parálisis, incertidumbre, agostamiento. En cualquier caso no habrá guerra civil.

En 1936 existían poderosos partidos políticos, con sus respectivas milicias armadas fogueadas en guerrilla y terrorismo, orientados a la guerra civil; a la que se dirigían como una fase inevitable, en su revolución “a la soviética”, que ineludiblemente sacudiría a una España “feudal” y “reaccionaria”. No se trataba de mera retórica, pues conforme sus presupuestos ideológicos -que respondían a unas hipotéticas leyes de hierro que predeterminarían el devenir histórico- la conquista violenta del poder se concebía como un escenario -deseable e inevitable- previo al exterminio de “la España de la reacción”.

El PCE, el POUM, buena parte del PSOE, la anarcosindicalista CNT en pleno, casi toda la UGT, las Juventudes Socialistas Unificadas, algunos partidos nacionalistas… todos ellos coincidían en preparar a sus masas, por medio de numerosos e incendiarios periódicos impresos, para tal eventualidad; a la vez que potenciaban sus milicias juveniles armándolas y adiestrándolas por medio de militares profesionales de la clandestina UMRA.

El modelo a seguir era la Rusia soviética. Al igual que allí dos décadas antes, en España la guerra civil era imaginada -por los oráculos revolucionarios- como inevitable, más cuando “los terratenientes y sus aliados de clase” estarían preparándose –según denunciaban- para una contrarrevolución fascistizante; lo que en cierto modo era así. Militares derechistas y republicanos “de orden”, las milicias falangistas, el requeté, los monárquicos alfonsinos… pretendían anticiparse al que entendían como ya ineludible “golpe marxista” mediante otro de carácter “preventivo” y “quirúrgico”, de inexcusable y enérgica violencia.

Las espadas estaban en alto; de manera bien real, nada metafórica. Seguramente casi nadie podía imaginar, ni querer, una guerra de tres años; que es lo que finalmente acaeció. En todo caso, ya fuera por miedo, ya por cálculo ideológico, las dos Españas se preparaban para desatar y afrontar cotas máximas de violencia y terror.

Hoy no existen tales condiciones; ninguna de ellas.

En la actualidad no concurre ningún partido orientado a la guerra civil; tampoco a un golpe “quirúrgico”. En Podemos, una parte del PSOE, ERC, EH Bildu, las CUP, etc., hacen propios diversos ingredientes doctrinales “guerracivilistas”; en el sentido de un despliegue sectario de la “memoria histórica”, cierta retórica de lucha de clases (contra “la casta”), un creciente y viejunoanticatolicismo y, ante todo, su intento de enlazar la legitimidad de la España de hoy en el aborto de la Segunda República prescindiendo de 80 años de Historia. Pero, de dibujar tan indigentes presupuestos ideológicos, a pretender desatar una auténtica guerra civil, existe un enorme trecho. Gigantesco.

Tampoco concurren otras circunstancia igualmente necesarias para tan tremendo escenario; caso de la existencia de milicias armadas. Ni siquiera están presentes, afortunadamente, residuos terroristas que las prefiguren. Así, por poner un ejemplo real, el grupo juvenil Arran, presentado generalmente como auténtica “partida de la porra” (http://www.navarraresiste.com/2017/10/la-partida-de-la-porra-regresa-las.html) del independentismo, apenas agrupa medio millar de activistas en unos 50 grupos locales; quienes apenas están capacitados únicamente para asaltar restaurantes, pinchar ruedas de bicicletas, hacer pintadas en autobuses urbanos, lanzar bengalas… Su prototipo humano nada tiene que ver con el enjuto pistolero anarquista de los años 20 o el austero profesional bolchevique, caracterizándose, más bien, por el buen vivir y su gusto por todo tipo de placeres sensibles; nada que predisponga, pues, a sacrificar la propia vida en aras de la causa.

Por su parte, el minimizado Ejército español, enteramente profesionalizado y por completo controlado por los poderes civiles, ya no es un “poder fáctico” con el que necesariamente contar; careciendo de una “agenda” política propia y del apremio de un contexto que apuntara al propio exterminio.

No existen, por tanto, contendientes relevantes empeñados en un enfrentamiento armado. Afortunadamente. Ni por una parte, ni por otra.

Además, en 1936 concurría, de manera decisiva, una estructura social totalmente distinta a la de hoy: la mayor parte de la población vivía en el campo subdesarrollado, una clase obrera malvivía en suburbios de unas pocas grandes urbes, la tasa de analfabetismo era muy elevada, la microeconomía para grandes sectores de la población era de pura subsistencia lindante con el riesgo endémico del hambre. Casi nadie viajaba, no se disfrutaba de la vida, no existía una cultura e industria del ocio, no se intuía siquiera un Estado del bienestar que llegara a proveer de casi todo. Los medios de comunicación eran muy primitivos, pero, no por ello, menos determinantes del clima político general. Importantes y selectas minorías de la población estaban dispuestas a morir y matar por sus ideales y por su gente; otros muchos estaban dispuestos a evitarlo eliminando a su vez al adversario… El miedo se extendía imparable, hasta el pánico y el terror, entre las que devendrían –finalmente- como inasimilables dos Españas. Y ya se sabe: a causa del miedo se cometen los mayores crímenes.

Otro capítulo decisivo más: no existen en el contexto internacional, hoy día, actores foráneos empeñados –factiblemente- en alimentar un conflicto armado en España, quienes pudieran sostener –por el motivo económico o geoestratégico que fuere- el violento empeño de unos socios locales. En cualquier caso, las presuntas intromisiones de los hackers rusos, días atrás, están muy lejos de precipitar un desenlace imprevisible.

No, no existen condiciones objetivas, ni subjetivas, para una guerra civil. Tampoco para un “golpe quirúrgico”.

La toma y el desempeño del poder en Europa occidental, desde el término de la Segunda Guerra Mundial, acaece por dos vías: las propias del parlamentarismo representativo al uso, y las menos formales a resultas de la “guerra de posiciones” de matriz cultural. Nos referimos a la estrategia gramsciana: el cambio de mentalidades y sociedad auspiciado por “intelectuales orgánicos” en la educación, la cultura y los medios de comunicación.

A este cambio incruento de virtualidad revolucionaria concurre, desde la izquierda radical-progresista, la estrategia del “empoderamiento”; es decir, la creación de espacios de “contrapoder” civil, ya desde una explotación alternativa del Derecho, ya mediante la imposición de novísimos mecanismos de control y reproducción social derivados de la ideología de género y los “nuevos derechos” sociales e individuales.

Hoy día, en suma, la izquierda radical-progresista, y sus compañeros de viaje, no precisan aniquilar físicamente a sus enemigos; acallándolos –en su lugar- asépticamente y estigmatizándolos a modo de innombrables parias sociales.

Retomemos la tesis central de este artículo: no existe riesgo de guerra civil en España. Pero ello no quiere decir que no exista una profunda y larga confrontación política y social de la que la crisis catalana no sería sino una expresión más a causa de una muy perseguida conjunción de intereses y desafectos; reales e inducidos.

No se presenta en nuestro horizonte, insistiremos, una guerra civil, pero España permanece en riesgo de desaparecer; no en vano, las formaciones separatistas, potenciadas por la inhibición y ceguera de los poderes centrales del Estado, vienen acumulando fuerzas, manteniendo siempre la posibilidad de articulación de alianzas de carácter traumático (en sentido amplio; nacional, social, moral, cultural…). Nos referimos, concretamente, a una plausible conjunción –sea lo que suceda a lo largo de las próximas jornadas en Cataluña- entre Podemos-PSOE-separatistas; tal y como viene propiciando, entre otros, el magnate de Mediapro, Jaume Roures (https://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2017-08-27/junqueras-pablo-iglesias-cena-secreta-roures_1434397/). Tal posibilidad, para nada remota, cuestionaría en todo caso la vigencia de la Constitución y el actual statu quo, facilitando la apertura de inéditos escenarios: desde una reforma constitucional de imprevisible alcance, la ruptura nacional, o la articulación de nuevas formas de empoderamiento y contrapoder alternativos a la legalidad actual; siempre redundando en la ruptura del marco de convivencia y la eliminación de los ya mínimos valores compartidos.

Sin embargo, a pesar de tanta mentira, de las diversas violencias contra cuerpos y almas, de los cobardes, de los falsarios, de los manipuladores, de los ladrones y de los nihilistas: no habrá guerra civil en España.

Pero todo ello -negar la posibilidad de una guerra civil, o de un escenario de imprevisible violencia política- no implica mirar hacia otra parte, inhibirse, o negarse a ver al conjunto de fuerzas disolventes que operan en la sociedad española. Es necesario, más que nunca y por ello, mantenerse en guardia, desarrollar un espíritu crítico y analítico, asociarse en defensa de los propios intereses y valores, generando sociedad civil, tomando partido y, en suma, movilizarse por los valores que merecen la pena ser vividos.


Si una guerra civil no es factible, ni jamás deseable, tampoco es previsible un cambio radical de escenario político de manera inmediata. El terrorismo separatista, por su parte, no parece estar en condiciones de ser reactivado desde los independentismos. Pero la batalla de las ideas, la lucha por los espíritus y la irrupción de nuevas formas de contrapoder de virtualidad revolucionaria, persisten y se agudizan. Seamos realistas: afrontémoslo.

Sila Félix

viernes, 6 de octubre de 2017

La partida de la porra regresa a las calles


Leemos en la entrada de wikipedia que la partida de la porra "fue un grupo de agitadores violentos al servicio del Partido Progresista español, que surgió en Madrid al calor de la Revolución de 1868 para reprimir a la oposición del Gobierno Provisional y defender la candidatura de Amadeo de Saboya al trono de España". Ni fue la primera vez que surgía un grupo de semejantes características, ni será el último en la historia de España, pero quizá sea uno de los más famosos, perfectamente identificado y con nombre incluido. De hecho su denominación no fue casual, ya que dichos grupos violentos y organizados se caracterizaban por ir con porras, aunque también llegaron a portar en ocasiones armas blancas y armas de fuego. Por si fuera poco, lo curioso es que si tuviéramos que situarlos en la actual escala izquierda-derecha, el Partido Progresista y su partida de la porra se encontrarían entre la izquierda y la izquierda radical.

Pues bien, la partida de la porra, grupo organizado y patrocinado por el empresario Felipe Ducazcal se dedico a destrozar redacciones de periódicos opositores, disolver reuniones de partidos opositores y dar palizas a líderes o militantes de los mismos, incluso amedrentar con violencia sobre personas o bienes de quienes declararan opiniones contrarias a las que defendía el grupo. La primera partida se creó en Madrid y luego se extendieron a numerosas ciudades españolas, eso sí, todas adictas al Partido Progresista, y con la connivencia en muchas ocasiones de las autoridades políticas de la época. Además, las partidas perseguían a todo tipo de contrincantes políticos, desde alfonsinos, carlistas y moderados, hasta republicanos y anarquistas.


La partida de la porra no dejaría de ser en estos momentos una curiosidad histórica propia de los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós si no fuera porque en los últimos cuarenta años hemos tenido que padecer nuevas partidas de la porra. De ellas hay dos conocidas de sobra: una que actúa en la Comunidad Autónoma Vasca y nuestra Comunidad Foral: la antigua jarrai hoy ernai, y arran-CUP en Cataluña extendiendo también tentáculos por Comunidad Valenciana y Baleares. Al fin de cuentas, jarraitus y arrancuperos no dejan de ser una partida de la porra, financiada y auspiciada desde el poder regional (por acción o por omisión), con objeto de perseguir cualquier disidencia política. Palizas a personas, amenazas de muerte, destrozos materiales tanto particulares como públicos, viejos métodos para nuevos tiempos. Solo nos falta el ricachón de turno al frente de la partida.

Hoy como ayer, la extrema izquierda (y sus aliados de la burguesía secesionista) con sus mismos métodos, intentando hacerse con el control total de las calles, de las instituciones y de la sociedad para implantar un régimen totalitario. En Navarra sabemos mucho de esto, ahora por desgracia también lo están padeciendo de manera masiva en toda Cataluña. Precisamente sucesos como la agresión a dos guardia civiles y sus parejas en Alsasua fue eso, una fechoría cometida por una partida de la porra, la que pretende coartar nuestra libertad, violentar nuestros más elementales derechos humanos y someternos al imperio de su voluntad. Por eso tenemos que construir el resto de la sociedad un frente común, judicial y policial, pero también político, cultural, educativo. Para que hoy, como en el siglo XIX, no triunfen ninguna partida de la porra, para que superemos estos amargos tiempos que nos ha tocado vivir, y las generaciones venideras vean a los jarrais y arrancuperos como vemos hoy a la partida de la porra, una mera anécdota histórica propia de unos episodios nacionales un tanto esperpénticos (por no decir otra cosa). De lo contrario, si los mamporreros triunfan, esta vez nos espera el gulag (campos de trabajos forzados en la URSS) o la emigración, tal cual.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Las brigadas internacionales desembarcan en Cataluña


Distintas informaciones periodísticas solventes se están haciendo eco de noticias inquietantes en torno a la situación creada por el secesionismo totalitario en Cataluña; de un lado, la movilización de numerosos militantes de grupos separatistas de extrema izquierda de toda España hacia Cataluña para el fin de semana (bildus, bngas, sat andaluz, sectores podemitas...), y de otro, miembros de organizaciones de extrema izquierda europea (especialmente grupúsculos ultraviolentos anarquistas). Estaríamos asistiendo a una reedición de las brigadas internacionales de la guerra civil  española con intención de organizar cuando menos, unos disturbios importantes en un momento tenso y complicado para Cataluña y para el resto de España.

En realidad está casi todo inventado, y la extrema izquierda, como toda ideología totalitaria que se precie, lleva más de más de un centenar de años movilizando a sus  activistas a lo largo de todo el planeta con objeto de combatir por su "causa". En la guerra civil nos tocó padecer a las brigadas internacionales, y ochenta años después parece que unas nuevas brigadas internacionales se estarían fraguando con ultras de izquierda variopintos (desde okupas y anarquistas a comunistas y secesionistas de lugares muy diversos) desembarcando en Cataluña estos días. Muchos dieron por finiquitado el comunismo y la extrema izquierda con la caída del muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991, sin embargo, vemos cómo lejos de cumplirse dicho pronóstico el comunismo resurge de sus cenizas.

Primero tomaron el poder en Venezuela en 1999 con Chávez, de ahí han expandido por Latinoamérica su ideología y sus peones. A partir de 2014 y después de una década movilizando a sus cachorros por media Europa en distintos disturbios, están aficionándose a viajar a territorios con conflictos armados, como Ucrania (en apoyo a los separatistas prorusos) o el Kurdistán sirio-iraquí (en apoyo a los kurdos comunistas). Parece ser que algunos pretenden convertir Cataluña en un nuevo Donbass o Kurdistán, trayendo a miles de neo-revolucionarios con objeto de intentar desbordar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

 
Llevamos unos cuantos años exportando brigadistas a distintos conflictos armados como en el este de Ucrania o Siria/Iraq, ahora parece que brigadistas ultraviolentos vienen a devolver favores este fin de semana a Cataluña...

A todo esto aparece la Eta, que según algunos medios anunciaron en verano ya debería estar certificando su disolución, y lejos de ello realiza un llamamiento a "quebrar España" en Cataluña este fin de semana. Para que entendáis los profanos, los generales etarras ordenan una movilización general de sus huestes hacia Cataluña, lo que suponemos tendrá como efecto la alta presencia los próximos días de personas poco aseadas en autobuses y trenes en dirección a Barcelona. Están los etarras como para anunciar su disolución cuando están más cerca que nunca en los últimos 40 años de conseguir sus objetivos, y esta vez parece que no van a necesitar desenfundar las pipas.

En fin, veremos a ver lo que nos depara el fin de semana, y esperando que al final la situación no se desborde lo que está claro es que el telediario va a estar entretenido (para mal) y que un grupo importante de personas llegadas de otros puntos de España y Europa se van a  arrimar a la revuelta secesionista pagada desde la Generalitat. Por eso resulta crucial tomarse muy en serio los movimientos de la izquierda radical y aplicarles la ley, evitar que grupos se desplacen por territorio europeo con intención de alterar el orden público e intentar prevenir en el futuro que puedan darse situaciones que atenten contra la ley y pongan en peligro propiedades e incluso vidas.

viernes, 28 de abril de 2017

La kale borroka ya no es terrorismo (para algunos jueces navarros)


La galaxia judicial navarra, aunque jamás llegue a dar el juego de la madrileña –preñada de enorme número de juzgados y una siempre mediática Audiencia Nacional- también genera sus chascarrillos y noticias “de interés público” o dignos del siempre en guardia “periodismo de investigación”.

Así, diversas recientísimas resoluciones judiciales, emitidas por dos órganos navarros, han sido lanzadas al estrellato que nos ilumina: la imputación por parte del juez Fermín Otamendi de una mochila de tipos delictivos, de larga trayectoria y variada proyección, al staff de los 21 más duros de entre los duros de Indar Gorri, y los tres autos judiciales de 19 de abril de Eduardo Mata Mondela  por los que levanta la intervención administrativa de las comunicaciones orales, escritas y familiares a los tres guipuzcoanos encarcelados en Pamplona, por su participación en la guerrilla urbana, perpetrada por la muchachada de ATA, el 13 de marzo en la parte vieja de Pamplona.

Otamendi ha sido no poco valiente ante el sancta sanctorum de Indar Gorri y su coartada pseudo-política. Tal cualidad le viene caracterizando en su obrar profesional; pero también cierto carácter polemista. En esta ocasión –mejor no traer a colación el caso Abel Azcona y el desprecio de ambos a los más sagrados sentimientos de tantos navarros- el juez Otamendi ha realizado un sano ejercicio de sentido común, en negro sobre blanco, y en sede judicial. Tiene su mérito la cosa, pues no es sencillo encararse con una banda de matones escorados al desbarre delictivo, acostumbrados a que les hagan la ola en cualquier ciudad española, mimados por las juntas directivas del sacrosanto Osasuna y, todo ello, para mayor inri parapetados en la identidad colectiva autodenominada abertzale y su sectaria protección. ¿Futboleros, delincuentes y abertzales? ¿Delincuentes, futboleros y abertzales? o ¿abertzales, futboleros y delincuentes? No importa, pues en esta ocasión el orden de los factores no altera el producto.

Al caso le queda no poco recorrido judicial en el que pueden pasar muchas cosas: no descarten, pues, sorpresas diversas, presiones, filtraciones, manifestaciones, fotografías comprometedoras, pruebas de última hora, etc. Pero, y ya venía siendo hora, los ciudadanos decentes, la gente de pueblo normal, necesitábamos un chute de alegría y seguridad de este tipo: que, por fin, un juez se mostrara fuerte con los fuertes, y no fuerte con los débiles o débil con los fuertes; que es lo que sucede tantas veces. Una incómoda realidad que tanto desmoraliza a la ciudadanía; además de la característica y resignada lentitud judicial que –estos días- viene alarmando, por ejemplo, a Esperanza Aguirre –ahora- en relación a sus procesados amigos Lucía Figar e Ignacio González.

Por si no les suena el nombre, les diremos que Eduardo Mata es el discreto –y más que bueno, buenísimo, pero de pura bondad- Juez de vigilancia Penitenciaria de Navarra. El único que hay.

Este magistrado, decíamos, ha acordado que las comunicaciones con el exterior de los tres gorilas encarcelados desde el pasado 13 de marzo ya no sean intervenidas, por la dirección de la prisión de la colina de Santa Lucía, en coherencia con los protocolos aplicables a los sospechosos de actuación terrorista en cualquiera de sus modalidades, por elementales motivos de seguridad.

Eduardo Mata, Don Eduardo para todo el mundo, al igual que sus colegas de la Audiencia Provincial de Navarra considera que estos muchachos vinieron a Pamplona por pura casualidad, pues «… no existe referencia alguna a que los hechos se hubieren desarrollado en el ámbito de una organización o grupo criminal, no existiendo concreta referencia a ninguna organización o grupo criminal de las características contempladas en aquellos artículos, como intervinientes en esos hechos objeto de dicho atestado y cuya finalidad sea la comisión de delitos de terrorismo». De modo que, si hemos entendido algo -pues un pobre mortal difícilmente está capacitado para comprender la gran trascendencia y el alto sentido de las resoluciones judiciales- los tres salvajes del Goierri vinieron desde su idílica y pastoril Rentería natal a Pamplona de turismo; que su relación con ETA, ATA o lo que sea, no existe; que la juerga fue espontánea e improvisada. Pobrecitos, seguro que alejados de sus cálidos hogares cualquiera les habrá engañado; o pasaban por allí y la policía, pues ya se sabe…; o un par de copas y cómo rechazar una fiesta; o estaban jugando a policías y lad…, perdón, abertzales, ese juego de niños tan popular en algunas ikastolas. En cualquier caso: ¡qué abuso!, ¡qué exceso! Ni sentido común, ni prevención alguna, ni experiencia profesional. Y es que de los carceleros y sus jefazos de Madrid, cualquier cosa. Menos mal que los puritanos están para remediarlo…

Tal será la cosa que el propio juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, ha criticado a sus colegas navarros, según ha recogido alguna prensa navarra el 26 de abril, acusándoles de banalizar el terrorismo. Lástima que lo afirme un juez que participa en tantas ruedas de prensa. Mejor, pensamos, trabaje –cuanto más mejor- en silencio y que hablen otros.

Seguramente estos jueces navarros no recuerdan que hace 10 años unos muchachos como éstos les habrían colocado en los bajos de su coche familiar una “tableta” explosiva o les habrían “ejecutado” sin pensárselo dos veces caso de recibir la orden y presentarse la ocasión. Pero los tiempos cambian, ¿o no?


Atolondrados guipuchis de excursión turístico-sentimental por el casco viejo de Pamplona. 13 de marzo de 2017

Hablábamos de sentido común, ése que caracteriza a la gente sencilla que lucha a diario por sobrevivir dignamente y tratar de entender lo que está pasando. No en vano, se trata de una falta absoluta de sentido común, o un ejercicio irresponsable de buenismo, de ignorar la realidad, distorsionarla a golpe de sofismas, mirar pero sin querer ver que terrorismo es terrorismo; ya sea de “alta” o de “baja” intensidad. Tiro en la nuca o kale borroka. Ayer, hoy y mañana. Si se perpetra cualquier modalidad de terror en nombre de un proyecto ideológico y con una estrategia, ¡eso es terrorismo! Aquí y en Corea del Norte. En la Rusia de los Zares o en la aburrida Bélgica. Lo haga un “lobo solitario” o una banda internacional; que hay de todo y para eso es terrorismo y no filantropía o turismo activo. Después vendrán los matices: que si colaborador, encubridor, integrante de la banda, dirigente, sicario a sueldo, que si asesinato, robo de explosivos, estragos o acoso a jueces…., tecnicismos –para la inmensa mayoría de gentes normales- en suma.

Cuando en la práctica judicial el sentido común está ausente o es politizada, o se interpreta al servicio de los dogmas de lo políticamente correcto, o del alternativismo jurídico marxista, o se cede a la presión mediática o ambiental, o al buenismo y a la autocomplacencia, entonces tal práctica ya no es justicia: ha dejado de ser justicia para ser pura y dura injusticia. Cobardía y renuncia; aunque los argumentos a posteriori no falten y se sumen oportunistas palmeros de tantos colores e intereses bastardos.

Por todo ello, y sin que cause precedente, los ciudadanos que valoramos la paz social, que queremos creer en el funcionamiento de la justicia, que anhelamos poder confiar en las instituciones… debemos estar agradecidos al juez Otamendi, Don Fermín. Respecto a Eduardo Mata, Don Eduardo, y sus colegas, lamentablemente no podemos decir lo mismo.

Sila Félix

viernes, 17 de marzo de 2017

En España la mayor amenaza para la libertad es la ultraizquierda


No estoy haciendo un gran descubrimiento cuando os digo que la violencia y el acoso son dos elementos insertos en el ADN de la extrema izquierda, que la ultraizquierda es a la libertad lo que Farruquito a la seguridad vial. Tampoco son necesarias grandes exposiciones retóricas para entender que esta gentuza tiene un problema con la libertad de expresión y que su único remedio es darle jarabe de palo a todo aquel que se atreve a disentir o no actuar conforme a sus dictados.

En Estados Unidos están surgiendo iniciativas ciudadanas para que los grupos 'antifas' sean considerados organizaciones terroristas, grupos estos que sólo existen para coartar derechos fundamentales y amedrentar mediante la violencia a todo aquel que ose disentir de la ideología única. Por otro lado en Francia, el Frente Nacional de Marine Lepen ya ha dicho que de ganar las próximas elecciones presidenciales, ilegalizarán los grupúsculos 'antifas' como aquel que el año pasado mató a al joven militante de su partido Luigi Guardiera, a quien una turba de diez ultraizquierdistas propinó una paliza mortal a la salida de una discoteca en Tolouse.

Mientras en España, no existe ninguna voluntad política para ponerle coto a la violencia de la extrema izquierda, elementos estos que actúan de forma impune en la mayor parte de sus agresiones. Lejos de remitir este tipo de acciones, cada día van a más y ya que el Estado parece ignorar este problema, quizás somos los ciudadanos los que nos tenemos que plantear la creación de un observatorio nacional de la violencia de extrema izquierda para que la sociedad comprenda las dimensiones de este problema. Sólo en la última semana, son cuatro los incidentes de violencia o acoso protagonizados por estos indeseables que han llegado a los medios.

La kale borroka vuelve a Pamplona

Con respecto al brote de violencia callejera del pasado fin de semana en Pamplona ya hemos hablado largo y tendido. Sin embargo, avanzada la semana nos hemos enterado por los medios de otros hechos, como que los asistentes de la manifestación proetarra del sábado no sólo se dedicaron a destrozar el centro de Pamplona y apedrear a los efectivos de la Policía Nacional destacados, sino que también atacaron determinados locales hosteleros del centro de Pamplona.

Artículo relacionado: La violencia abertzale retorna a Pamplona: de ATA o de ETA, terrorismo es terrorismo

Ya es un clásico que durante este tipo de altercados que el local del Burger King y sus empleados sean atacados, usando como pretexto que se trata de una franquicia de una multinacional o que rompe la tradición hostelera de la Parte Vieja de Pamplona y no es querido por sus vecinos, cosa curiosa porque siempre que he ido está lleno de jóvenes y no se caracteriza por ser un local de esos que producen legiones de borrachos que trastornen el sueño de los vecinos del Casco Antiguo.

Esta vez también trascendió que al menos otro local también fue atacado con petardos de gran potencia que estaban a su nombre, es decir que con anterioridad a la manifestación habían escrito en las carcasas de los petardos el nombre del local dentro del que habían de ser lanzados y de hecho como consecuencia de este ataque un cliente de 64 sufrió quemaduras. Resulta que la izquierda abertzale se dedica a hacer listas de los bares cuyos dueños no nacionalistas no pagan las tasas de extorsión que en nombre del "euskera" o los "presos" son exigidas a los comercios de la parte vieja de Pamplona, ¿lo empezamos a llamar ya mafia vasca?

“Noté como un golpe y mucho calor en la espalda. Al quitarme la ropa vi que me habían tirado un petardo que había traspasado el abrigo, el jersey, la camisa y la camiseta y me había quemado”

Ataques a facultades de la UPV

Bajo el pretexto de la huelga "estudiantil" convocada por los abertzales para el próximo 23 de marzo en el País Vasco y Navarra, la etarrada ha ido calentando el ambiente con asaltos a diversas facultades de la Universidad del País Vasco. La mañana del pasado martes un grupo de encapuchados irrumpió en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación en Lejona para llenar de pintadas abertzales el interior y el exterior del edificio, no contentos con esto hacia el medio día el Decanato de Periodismo sufrió un ataque con un artefacto incendiario improvisado cuya deflagración le reventó el tímpano a una trabajadora de la limpieza. Como consecuencia de este ataque el edificio hubo de ser desalojado.


Ahí no ha quedado la cosa, puesto que menos de 24 horas después los ataques se volvieron a reproducir en el Campus de Vitoria, en primer lugar los valientes de siempre atacaron con pintura, basura y excrementos la facultad de Filología, llegando incluso a acceder al despacho del decano para llenarlo de su mierda. Este tipo de incidentes se volvieron a reproducir en la Facultad de Letras, que fue atacada por encapuchados con martillos que rompieron cristales y realizaron pintadas.

También atacan un estand de SCN en la UAB

El mismo martes también fue atacado un estad de Sociedad Civil Catalana en la Universidad Autónoma de Barcelona, jóvenes de este grupo se encontraban repartiendo información referente a la manifestación que han convocado este 19 de Marzo en Barcelona bajo el lema "paremos el golpe" cuando una recua de 20 independentistas catalanes irrumpió en el lugar para destrozar el estand y esparcir polvo de extintor sobre el mismo, todo esto bajo la pasividad de la seguridad del Campus, que una vez ocurrido esto se limitó a establecer un cordón de seguridad frente al cual los catalanistas quemaron una bandera de españa robada entre gritos de "Sin piernas, sin brazos, nazis a pedazos" o "fuera fascistas de la Universidad".


Acoso y derribo de Podemos a Alicia V. Rubio

Alicia es una mujer valiente que trabaja como profesora de educación física en un instituto de Madrid y que ha cometido el terrible crimen de escribir un libro que desmonta la ideología de género y cuya lectura os recomiendo (Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres’  que podéis adquirir en Amazon), por este motivo Podemos Leganés convocó una concentración a modo de escrache frente al instituto en el que esta librepensadora trabaja.


Esto suceso no es aislado, puesto que la autora está sufriendo una campaña de acoso por parte de la extrema izquierda y el feminismo radical, el viernes de la semana pasada estaba prevista su participación en un debate sobre la libertad de expresión en la Universidad Complutense de Madrid, espacio que fue negado tras recibir presiones de por parte de la ultraizquierda la dirección de la universidad, mientras que el pasado febrero también fue boicoteada por unos cien energúmenos una conferencia sobre la ideología de género que tenía lugar en la Universidad de Sevilla. Entre las amenazas vertidas, también le fue arrebatado el móvil a una periodista que estaba cubriendo el evento y una de las ponentes fue agredida.


Después hay gente que se escandaliza cuando digo que en cualquier país civilizado que se precie estos animales salvajes estarían recluidos en algún tipo de institución mental por su carácter sociópata.

Hispano

martes, 24 de enero de 2017

15 ultraizquierdistas agreden a una joven española en Murcia


Ocurrió durante la madrugada del pasado sábado, pero nos hemos enterado hoy que se han hecho públicos los vídeos, de que esta vez la agredida por portar una bandera de España (en sus propias palabras) era una joven que se encontraba en la puerta de un bar heavy de la ciudad de Murcia cuando una recua de unos 15 ultraizquierdistas encapuchados la emprendieron a golpes y a patadas con ella mientras le gritaban lindezas como “guarra, cerda, te vamos a matar”.

Durante el día de ayer esta cobarde agresión fue trending topic durante más de ocho horas en twitter bajo el hashtag #StopViolenciaIzquierdista y como tal fue mayoritariamente rechazada, pero como el mundo dejará de ser mundo el día en el que se extingan los idiotas, también hubo "personas" adscritas a la extrema izquierda que justificaron esta agresión o se mofaron de la agredida. Algunas de estas personas también eran, aunque parezca contradictorio, aguerridas feministas radicales que llegaron incluso a afirmar que lo que estaba mal no era la agresión en sí misma, sino que la paliza la disen hombres de forma mayoritaria y no un grupo de mujeres. Por este tipo de cosas decimos que este "feminismo moderno" tan claramente escorado hacia la extrema izquierda no tiene nada que ver con el verdadero feminismo de un siglo atrás.

Pero si realmente hay algo lamentable en todo esto es que determinados medios como Antena 3 han informado sobre este suceso de forma falaz tratándolo de "pelea de bandas rivales", como si fuese lo más normal del mundo que una mujer sola tenga una "pelea" con quince encapuchados. Llamarle pelea a una brutal paliza sólo puede buscar proteger a la extrema izquierda para que no sea asociada a los cientos de agresiones perfectamente organizadas que cada año comete en España.


Como vengo diciendo, no se trata de un hecho aislado. Con el advenimiento del nuevo siglo y sobre todo en las grandes ciudades tuvieron su auge grupos delincuenciales que asumen la ideología ultraizquierdista como pretexto para cometer todo tipo de agresiones, a menudo indiscriminadas. Ejemplos de este tipo de violencia que trascendieron en los medios son la paliza a la joven política de Vox Inma Sequí, la agresión a dos mujeres de Barcelona con la Selección o la operación contra la banda Distrito 14, desarticulada en Madrid por dedicarse a darle palizas a "pijos".

Artículo relacionado: El timo del antifascismo

En Pamplona ya tuvimos una oleada de agresiones hace poco más de tres años por parte de bandas abertzales como los microbotas y los minibotas, asociadas estas a la peña futbolística proetarra Indar Gorri, que hay que recordar a principios del año pasado ya fue objeto de una operación policial por la pertenencia de muchos de sus socios a un grupo criminal. Respecto a estas bandas citadas en un primer lugar, no hay mejor crónica que la del periodista Gorka Moreno.

Tampoco se trata de un fenómeno nuevo, simplemente ahora nos enteramos con una mayor facilidad gracias a las Redes Sociales y a que hoy en día todos llevamos una cámara de vídeo de alta definición en nuestro bolsillo.

Las formaciones políticas afines a estos elementos violentos, como por ejemplo Izquierda Unida, Podemos o aquí en Navarra Bildu o Sortu; no sólo no condenan este tipo de agresiones, sino que ante todo apoyan a sus agresores importándoles bastante poco las resoluciones judiciales condenatorias existentes. Por todos es conocido el apoyo de Podemos hacia el sindicalista Andrés Bódalo condenado por varias agresiones; o el delincuente conocido como Alfon que fue condenado por llevar a una manifestación sindical una bolsa con un dispositivo explosivo casero. Aquí en Navarra también es de sobra conocido el apoyo prestado durante el año pasado por parte de los partidos abertzales y Podemos hacia los agresores en Alsasua de dos guardias civiles y sus parejas.

Por suerte, hasta el momento han sido detenidos seis de los agresores de Murcia a los que se les imputará un delito de odio y la Policía Científica está estudiando las grabaciones para reconocer al resto de los agresores. Qué casualidad, uno de los detenidos había sido miembro de la candidatura de Ganar Cehegín, un partido local, marca blanca de Podemos e Izquierda Unida. Lo único que cabe es esperar la misma diligencia y celeridad ante cualquier agresión de cualquier tipo, sí, pero prestando especial atención ante aquellas que buscan coartar nuestros derechos fundamentales.

Hispano