viernes, 16 de diciembre de 2016

Los talibanes euskaldunes ponen en su punto de mira a los escudos de la Monarquía Hispánica


Ayer jueves el Mentizias publicaba una carta del neumólogo Víctor Manuel Eguía Astibia, fundador y socio de varias sociedades abertzales que podemos situar en torno a la corriente napartarra del separatismo panvasquista, en la que la empresa Nabarralde S.L. es el buque insignia. 

En la misiva el doctor proponía en un perfecto castellano -ese idioma que denuestan pero que incluso en privado hablan la mayor parte del tiempo- que la llamada "memoria histórica" no debería aplicarse sólo a la simbología y los monumentos asociados al periodo del Franquismo y sus precedentes durante Guerra Civil -eso sí, sólo de un bando, como si los "republicanos" no hubieran defendido ideologías genocidas y no hubieran cometido asesinatos en masa, claro- sino que era necesario ampliar sus fronteras a otros tiempos pasados.

Para que nos hagamos a la idea, el tal Víctor propone que los abertzales han de desatar su furia iconoclasta más allá de la Guerra Civil y hacia todo aquel vestigio histórico que no les guste. No se dónde pondrá el límite este señor, quizás tenga sueños eróticos en los que la torre trofeo de Pompeyo o Andelos vuelan por los aires, al fin y al cabo son símbolos incómodos que nos recuerdan que el Imperio Romano no estuvo sólo de paso por aquí; sino que romanizó estas tierras y que los vascones lucharon, sí, pero a favor de Roma. Siempre lo podrían justificar como una acción purificadora frente a los monumentos de los romanos genocidas e imperialistas; y por falta de experiencia con la dinamita no será.

Artículo relacionado: Roma Domuit Vascones.

Sí que llegaba a señalar un símbolo que según él merece ser depurado: el escudo con las armas imperiales del rey español Carlos V que preside la puerta del actual Archivo de Navarra. Lo que propone este talibán es coherente según su discurso. Puestos a borrar la memoria, habrá que borrarla toda. De hecho, no es una idea nueva, puesto que otros escudos de la ciudad también han sufrido ataques por parte de esos valientes que sólo son capaces de atacar a personas que llevan más de cuatro siglos muertas.

Es escudo de Carlos V sobre la puerta del Archivo de Navarra que tan molesto resulta para algunos.

En el caso del archivo su problema es que no hay que borrar sólo el escudo real, sino además quemar todo el contenido del archivo, que no deja de ser un archivo de la Corona española, y con pruebas milenarias de esa identidad; y demoler el mismo edificio, que en los últimos dos siglos ha sido Capitanía General, Gobierno Militar y como tal centro de operaciones para Mola en 1936, idea que seguramente les resulte incluso más molesta.

Lo que propone Víctor al fin y al cabo parte del la misma premisa que les permitió a los a los talibanes volar por los aires los Budas gigantes de Bamiyán o a los terroristas del ISIS arrasar las ciudades antiguas de Palmira, Hatra, Nínive, Nimrud y tantos otros vestigios. La cosa no se quedará en el llamado Monumento a los Caídos (un edificio que está condenado) puesto que los abertzales están en guerra contra la herencia cultural de los navarros y una vez terminado este proceso de limpieza cultural, obtendrán una sociedad desarraigada que podrán moldear a su imagen y semejanza.

Voladura de los Budas gigantes de Afganistán, considerados ídolos según el Corán. 1500 años volatilizados en una fracción de segundo.

La llamada memoria histórica no es más que una serie de mitos y leyendas creados por propagandistas para sustentar determinados intereses políticos. Medias verdades a lo sumo respecto a las que no cabe revisión histórica alguna ya que son impuestas como versiones oficiales del relato. La memoria histórica ni es memoria, ni es historia.

¿Sabéis qué es lo más gracioso? que este bocachancla le concedió una entrevista al mismo medio hace casi dos años en la que afirmaba cosas como la que sigue: "La destrucción del patrimonio es también la destrucción del alma de una comunidad. Ocasionalmente puede formar parte de una estrategia..." Ya sabemos cuál es la estrategia del tetrapartito: nuestra alienación como pueblo. Su objetivo: perpetuarse en el "euskogobierno de los mil años". Y para que ellos ganen lo único que hace falta es que tú te quedes quieto y no hagas nada al respecto.

Hispano

jueves, 15 de diciembre de 2016

Apreciaciones en torno a "el padre de Caín"


Recientemente la cadena del grupo mediaset Telecinco estrenaba la miniserie compuesta por dos capítulos "El padre de Caín", basada en la novela del mismo nombre escrita por el ex-Secretario de Estado socialista (inculpado por los GAL) Rafael Vera Fernández-Huidobro. En cuanto a ambientación histórica y otras cuestiones más de carácter técnico, nada que objetar, es más, para ser una producción española sorprende la calidad de la misma. En cuanto a la trama, o más bien, a los diálogos de los personajes y la línea argumental de fondo, resulta bastante decepcionante en el mejor de los casos, llegando de manera indirecta a asumirse parte de la visión separatista del supuesto "conflicto".

De hecho, cualquier profano en la materia, una vez visualizada la miniserie, le queda la sensación de que en la Comunidad Autónoma Vasca ha existido un conflicto fruto de una especie de "ocupación militar" por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. No es la única serie ni película rodada en los últimos años que nos impone un revisionismo muy negativo de nuestra historia, cuya última perla es la infumable (pueden ahorrarse la entrada nuestros lectores) y recién estrenada película de "1898, los últimos de Filipinas". Por eso se hace ineludible desmontar todas las falsedades que desde algunas instancias se muestran tan interesadas en propagar.

Pues bien, cuando el protagonista de la serie (teniente de la Guardia Civil) llega al cuartel de Inchaurrondo en la localidad guipuzcoana de San Sebastián, los mandos y compañeros del cuartel lo primero que le  trasmiten es que están en una especie de Vietnam/Fort Apache/El Álamo. La sensación que le pueda quedar al telespectador es que está visualizando una serie en la cual una potencia militar invade otro territorio (como sí ocurrió en Vietnam), cosa que es totalmente falsa en el caso que nos ocupa. El presunto "conflicto vasco" no enfrentó a vascos con españoles, sino a un grupo de españoles residentes en la CAV  (y en Navarra, e incluso otros territorios españoles), algunos de los cuales eran originarios de la CAV y otros procedentes de otras partes de España.

Pero la cosa no queda ahí, ya que tampoco es cierto que el terrorismo de las facciones etarras (ETApm, ETAm y Comandos Autónomos Anticapitalistas) también asesinaban por aquel entonces a políticos (de partidos como UCD o AP, y otros grupos más modestos como Falange o carlistas), o incluso bajo la mascarada de "chivato" o "camello" a personas que se mostraban manifiestamente hostiles con el proyecto de la etarrada en particular, y del secesionismo en general. Luego como se puede comprobar, el terrorismo etarra fue transversal, es decir, afectaba a toda la sociedad en su conjunto, y no era un conflicto entre dos territorios.

En otro momento de la serie, el protagonista en la cantina del cuartel comenta con los compañeros que los etarras cuentan con el respaldo de todo el "pueblo vasco", cosa que tampoco es cierta. La Comunidad Autónoma Vasca en la segunda mitad de la década de los 70 del pasado siglo contaba con una importante mayoría no secesionista, que si bien ha conservado electoralmente hasta la irrupción de Podemos, ha ido menguando por efecto de los expatriados, que algunos expertos cifran nada menos que en torno a 200.000 vascos que han tenido que emigrar de manera forzosa al resto de España (o incluso el extranjero) huyendo del totalitarismo separatista y de la incapacidad de las instituciones del Estado y de la sociedad en su conjunto de dar la debida respuesta política, social y legal.

Destripando parte de la serie, en el segundo y último capítulo, supuestamente en torno al 2001 el hijo del protagonista, recién salido de la academia de la Guardia Civil, siguiendo los pasos de su progenitor solicita como primer destino la CAV. Allí resulta asesinado por un comando etarra, lo que da la sensación de "prolongación del conflicto" en el tiempo. Sin embargo, con la visión del tiempo podemos percibir como una línea dura pero legal (ilegalización de todo el entorno legal etarra -partidos políticos, periódicos, asociaciones varias...-, medios policiales, legales y judiciales) como los emprendidos y ejecutados durante la etapa de Aznar, resultan efectivos para acabar con ese presunto "conflicto", lo que demuestra que lejos de encontrarnos con una nueva Argelia o Vietnam, estamos más ante la versión moderna de los facinerosos andaluces de Curro Jiménez o mexicanos de Pancho Villa.

Por otro lado, la etarrada no fueron los únicos que en aquellos años causaron estragos, otros grupos terroristas de inspiración marxista como el FRAP o el GRAPO (éste último intentó con sus crímenes durante la segunda década de los 70 una involución antidemocrática violenta dentro de su paranoia revolucionaria) también se dejaron notar, lo que demuestra que el "conflicto" fue más político (marxistas radicales contra el resto de españoles) que un conflicto meramente territorial Euskadi-España. A lo dicho, una serie bien ambientada y rodada, pero llena de incongruencias y con una línea de fondo muy mal trabajada. Viniendo de un político socialista encarcelado por corrupción y participación en la chapuza criminal de los GAL, no resulta de extrañar el bodrio, si además lo enmarcamos en un revisionismo televisivo de nuestra historia que pretende dejar a España a la altura del barro, menos todavía.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Las ikastrolas del futuro, serán en latín


¿Por qué el cine español está lleno de basura?


Las semanas pasadas han estado marcadas por la polémica en torno a dos películas españolas. Por un lado el director Fernando Trueba estrenó a finales del mes pasado su película "La Reina de España" como secuela a "La niña de tus ojos". Esta sería una película más que habría pasado sin pena ni gloria de no ser porque desde antes de su estreno se había movido desde las RR.SS. y el whatsapp una campaña de boicot que había contado con la adhesión de algún personaje público como Fran Rivera.

Fue el año pasado cuando Fernando Trueba recibió en San Sebastián el Premio Nacional de Cinematografía 2015 y en su discurso, hizo declaraciones como "Qué pena que España ganara la Guerra de Independencia. Me hubiera gustado que ganara Francia" o "Ni cinco minutos de mi vida me he sentido español". Hace falta tener la cara más dura que el uranio empobrecido para despreciar de esa manera al resto de sus compatriotas, más aún en ese lugar y en ese momento; cuando este personaje por el contrario no ha tenido reparo en aceptar de España cuatro millones de euros en subvenciones públicas para realizar  casi todas sus películas y documentales.

Dichas declaraciones no caerían en saco roto y volvieron a salir a la luz con motivo de su nuevo estreno, ¿cómo le vamos a dar nuestro dinero a un imbécil que nos insulta a la cara de esa manera? Dicho y hecho, "La Reina de España" no llegó a los 400.000 euros en su primera semana en las salas de cine, con apenas 200.000 euros en la segunda. Teniendo en cuenta que la película había costado inicialmente 11 millones de euros nos encontramos ante un batacazo de los que hacen época. De poco le han servido a Trueba las nuevas entrevistas en las que intentaba retractarse y aseguraba que "Quien ataca al cine español ataca a su país", claro está cuando ha visto que el fiasco de su película le va a reportar pérdidas millonarias.

Por las mismas fechas también se estrenó "1898 Los últimos de Filipinas" dirigida por Salvador Calvo aunque en esta ocasión se trata más de cine del productor Enrique Cerezo. Yo era otro más de los que esperaba esta película con entusiasmo debido a que consideraba una gran idea llevar a la gran pantalla una Gesta de unos héroes olvidados que de haber sido estadounidenses ya habrían contado con al menos una superproducción que les honrase en su memoria.

También tenía mis reservas, puesto que no sería la primera vez que el cine español utiliza un hecho histórico para desvirtuarlo y ofrecer una versión acorde a la ideología progre hegemónica en el panorama cinematográfico del "estaoespañol", como a ellos les gusta decir. No iba mal encaminado e hice bien en tomarme mi tiempo, puesto que las malas críticas no tardaron en llegar, ya que como era de esperar el director no dejó pasar la ocasión para meter la mano y enmierdar una historia maravillosa.

Incluso hoy en día se estudia el asedio de Baler en los manuales de la Academia Militar de West Point, como una historia de supervivencia y resistencia hasta la última bala. Sin embargo Salvador Calvo pinta a los soldados como unos pobres chicos desorientados y enviados a la otra punta del mundo a morir por algo que no va con ellos, aquel que es patriota es un psicópata y su teniente un sádico obcecado con no rendir la plaza. Todo esto aderezado, como no, con un sacerdote drogadicto enganchado al opio, licencia que se toman y que no tiene ninguna base histórica.

En definitiva la adaptación  de una historia de unos soldados que mayoritariamente cumplieron con honor su deber hasta las últimas consecuencias y en la que cualquier derrotista habría salido por patas en los 337 días que duró el cerco, cosa que no encaja con la ideología progre del siglo XXI y por ello rescatan esta historia olvidada por el común del público para ensuciarla. Yo no tengo nada en contra de que el director lleve a cabo una película con la historia que le venga en gana, pero si la va a llenar de basura antihistórica que al menos tenga la decencia de no llamarla "1898: Los últimos de Filipinas" con la finalidad de aprovecharse de los españoles que acudiríamos a verla ávidos de rememorar este tipo de pasajes de nuestra historia.

Los héroes de Baler eran perfectamente conscientes de lo que hacían y así lo atestiguan las misivas que se escribieron entre ellos a posteriori. Los cobardes y los antiespañoles son otros y ya de este siglo XXI.

Por último, retomo la cuestión que le da título a esta entrada: ¿Por qué el cine español está lleno de basura? Algunos dirán que las películas no son atractivas, que nos han saturado con películas de la Guerra Civil donde los buenos siempre son los mismos (como si los republicanos no hubiesen cometido asesinatos en masa) o historias "muy humanas" de yonkis y prostitutas; cine de ese por el que nadie con dos dedos de frente está dispuesto a pagar un duro. Explicar como el marxismo cultural ha pasado a ser la ideología dominante en el mundo de la farándula es algo que requiere un artículo a parte que publicaré en los próximos días.

No quiero decir que todo el cine español es basura -la última que me ha gustado es la de 22 ángeles-, pero se puede decir que en este caso son las subvenciones las que han matado a la industria del cine en España: mientras que en otros países como Estados Unidos las producciones cinematográficas disfrutan a nivel Federal como mucho de exenciones recaudatorias, en España se le ofrece a las producciones cada año más de 50 millones de euros en subvenciones que sólo tendrán que devolver en caso de que las películas resulten rentables. Así, no es de extrañar que los mermaos de turno sean capaces de filmar cualquier bodrio infumable, ya que ellos se lo van a llevar calentito igualmente porque son los ciudadanos españoles los que van a pagar estas películas, las quieran ver o no.

Hispano

martes, 13 de diciembre de 2016

Todo sigue igual, o lo que es lo mismo, vamos a peor. Y el navarrismo político sin querer enterarse


Tanto desde los partidos constitucionalistas, como por parte de los separatistas-radical-progresistas, se “hace política”, con mayor o menor fortuna, pero “no se juega a lo mismo”; ni en “la misma liga”. Tampoco persiguen idénticos fines, ni se sirven de los mismos medios. Y todos ellos lo saben; aunque, especialmente entre los primeros, muchos no quieran darse por enterados. Un axioma fundamental, el recién enunciado, para comprender qué está pasando realmente en Navarra.

Las reacciones de los diversos partidos políticos navarros ante el barómetro de opinión del Departamento de sociología de la UPNA, hecho público a principios de diciembre, no han aportado ninguna clave interpretativa original; no en vano, tal y como suele suceder en situaciones similares, todos se sentían, por uno u otro motivo más o menos torticero, beneficiados.

Como se recordará, este estudio demoscópico anticipaba un mínimo “baile” de escaños; de modo que UPN repetiría resultados (15 escaños al Parlamento Foral), los separatistas de Geroa Bai y EH Bildu mantendrían sus 17 escaños (produciéndose un mínimo pero significativo trasvase de 1 escaño desde los primeros a los segundos), el PSOE mantendrías sus 7 actuales, Izquierda-Ezkerra los 2 suyos, Podemos bajaría de 7 a 7 y el PPN ganaría 1, quedándose en 3. Ciudadanos quedaría fuera.


Artículo relacionado: El timo del Navarrómetro (2014)

Ciertamente, un único escaño arañado por la oposición constitucionalista a la suma que sustenta al cuatripartito separatista-radical-progresista le alumbraría la posibilidad de que –siempre con el beneplácito del PSOE- recuperara en unas futuras elecciones buena parte de las posiciones perdidas con su desalojo del Gobierno y de la mayoría de las instituciones navarras con poder efectivo.

Koldo Martínez, por parte gubernamental, respondía con el argumento de que el Ejecutivo dispondría –todavía- de buena parte de la legislatura para revertir tan leve retroceso. Y no le falta razón. No en vano, el hecho de que muchos consultados desaprobaran –en la encuesta- determinadas prácticas de las políticas gubernamentales no se ha traducido en ningún terremoto electoral; apenas una breve resaca.

Transcurridos, ya, unos días de aquello, casi nadie se acuerda de tales resultados demoscópicos que, como todos, deben ser observados con cierta prevención -por el modo de ejecución, errores de cálculo, distorsiones de los propios consultados-, pero sin ignorarlos por completo; pues “cuando el río suena…”.

En todo caso se impone un hecho: la fortaleza del cuatripartito apenas se ha visto lesionada por las salpicaduras de la turbulenta y continua cascada de las políticas desplegadas, con no poca virulencia y polémica, en tantísimos frentes: lingüístico, educativo, simbólicos, modelo policial, memoria histórica, gestión hospitalaria (comidas, listas de espera, aborto), agenda “de género”, prácticas oligárquico-partitocráticas, reelaboración del “relato” del terrorismo, etc. Ello confirma lo que se viene percibiendo desde hace décadas: el electorado separatista, al margen de siglas de conveniencia, es muy fiel. Y el pseudo-populista, e igualmente radical-progresista de Podemos, no parece susceptible a cambios erráticos incoherentes con su natural tendencia.

En el digital Navarra Confidencial, el autor del texto “La hipermovilización del cuatripartito” analizaba el omnipresente despliegue callejero, cultural y simbólico de los partidos y “organismos populares” afines al actual Gobierno, que configura en su conjunto un férreo control social informal, lindante con modalidades de coerción física en cierto modo herederas del terrorismo que perpetró durante décadas la banda que lideraba –si no lo sigue haciendo todavía hoy- a una de sus “patas” fundamentales, EH Bildu. Tal hipermovilización, y más una vez instalados en el Gobierno Foral, no correspondería, a su juicio, a la lógica propia de partidos democráticos; centrados en una labor institucional “clásica”. Y, para explicar tamaña excepcionalidad, el editorialista les atribuía una “naturaleza totalitaria”, lo que les arrastraría a la hipermilitancia y una politización machacante en todos los ámbitos de la vida; un diagnóstico certero y que compartimos. Pero, ¿Cómo afrontar tal ofensiva? Pues como con cualquier enfermedad: en primer lugar, tomando conciencia de la misma.



Una precisión previa. Tamaña cadena trenzada de normas administrativas, posicionamientos públicos, decisiones políticas, imposiciones educativas, manifestaciones callejeras, etc., implementadas desde el cuatripartito y sus múltiples “brazos”, no son fruto de la improvisación: responden, por el contrario, a una estrategia perfectamente diseñada. Y otras muchas actuaciones, percibidas generalmente como irrelevantes juegos retóricos sin apenas trascendencia real –oscurecimiento del “relato del terrorismo” en el propio Parlamento y el revanchismo en fondo y forma contra el Monumento a los Caídos de Pamplona y los allí enterrados, por poner dos ejemplos- no han aterrizado de la nada: venían trabajando para ello desde hace años. Además, ahora, controlando las instituciones, se les abrirán muchas más puertas para su labor proselitista y de control social (y no sólo los Civivox y las bibliotecas públicas…). Y para los disidentes, ya sabemos cómo se las gastan: manifestaciones antifascistas (¡¡!!) de carácter “preventivo” y estigmatizador al mismo tiempo. Y “el que se mueva”, no es que “no vaya a salir en la foto”, sino que… ¡se le puede hacer la vida muy, pero que muy difícil!

El comentarista de Diario de Navarra Luis M. Sanz, al analizar este domingo 11 de diciembre los resultados demoscópico descritos, concluía, en cierto modo, cargando el peso de la responsabilidad político-democrática -que pudiera cambiar el actual estado de cosas mediante un futuro gobierno alternativo al actual- en un PSOE en crisis de identidad y liderazgo. Ciertamente, la tiene. Pero depositar las esperanzas de cambio político en que el PSOE experimente una catarsis de sensatez, más un reajuste del centro-derecha navarrista con la progresiva desaparición del electorado de Ciudadanos en beneficio de UPN y PPN –circunstancias ambas que facilitarían un futuro gobierno constitucionalista en Navarra- no deja de ser una política de resignación y renuncia. De resignación en una leve esperanza de que los errores ajenos terminen revertiendo en la propia cosecha electoral; una ilusión desmentida por un electoral separatista-radical-progresista nada proclive a beneficiar en modo alguno a la diabolizada “derecha cunetera”. Y de renuncia, a la “batalla de las ideas” y el consiguiente escapismo ante la presión social de unos “organismos populares” totalitarios –no confundir con la sociedad civil- que continúan ganando voluntades y espacio… sobre todo si no se les planta cara.

Esa necesaria toma de conciencia de la situación real, para afrontarla con respuestas e instrumentos adecuados, es responsabilidad de los partidos políticos, pero también de la débil sociedad civil navarra; poco dada a movilizaciones y, menos aún, a agruparse en torno a objetivos concretos a largo plazo y con continuidad. No en vano, el futuro se juega no sólo en parlamento y ayuntamientos; sino, sobre todo, en calles, plazas, teatros, mercados, centros educativos y de trabajo, en los bares, clubs deportivos…

Y si usted, amable lector que ha llegado hasta aquí, se muestra escéptico ante las reflexiones precedentes, o considera que son tremendistas, no se pierda el artículo que, en unos días, publicaremos sobre la agenda (para nada) oculta de implantación del panvasquismo separatista en Navarra.

Efectivamente, unos y otros “hacen política”, pero otros y unos “juegan a cosas muy distintas.

lunes, 12 de diciembre de 2016

El único derecho de los etarras: las cadenas


Los terroristas y sus defensores tienen una compleja relación de amor y odio con las cadenas. Dicen que quieren romperlas, pero en realidad las únicas que quieren ver rotas, o atadas por ellos, son las de Navarra. Y cuando quieren pedir algo, algo que en cualquier país democrático del mundo sería incluso delito, ellos organizan… una cadena.

El sábado 10 de diciembre, que fue el Día Internacional de los Derechos Humanos, Etxerat, la organización de apoyo a los criminales de ETA que cumplen sus penas, montó “cadenas por el fin de la dispersión de los presos” en Pamplona, Vitoria y Bayona. No fue un éxito, desde luego, porque teniendo en cuenta el apoyo de Bildu y la simpatía de IU, de Geroa y de Podemos juntar menos de 200 extremistas en el centro de Pamplona es más bien un fracaso.

Pero el verdadero fracaso es el de la opinión pública. Es ridículo, o trágico según se vea, que una organización monte una CADENA humana diciendo que quiere ROMPER CADENAS y lo haga pretendiendo la impunidad de unos terroristas condenados que han dedicado su vida a IMPONERNOS CADENAS a los demás. Pero poca gente les dice a la cara esta verdad. Y no lo hacen los partidos políticos, y no lo hacen los medios de comunicación que viven de las subvenciones y simpatías públicas (llámese 13TV, llámese Cope, llámese Diario de Nafarroa antes Navarra).

¿Y qué quieren estos “encadenados”? Unidos con pañuelos blancos y formando “cadena” quieren que los presos de ETA, condenados por sus crímenes y aún cumpliendo sus penas, las cumplan con  toda comodidad al lado de sus casas y todos concentrados en unas pocas prisiones. Es una petición de décadas de batasuna y asociados, el fin “política de la dispersión de los presos”. Una política que hay que entender.

Cuando ETA empezó a matar y el Estado empezó, a veces, a atrapar y condenar a sus asesinos, éstos tendían a estar juntos en las prisiones del País Vasco o cercanas. Y el resultado fue el previsible: esos grupos de terroristas se hacían con el mando efectivo dentro de esos centros, ETA hacía llegar allí sus instrucciones, y el “frente de cárceles” se convirtió en un nuevo campo de batalla entre la Ley española y el crimen abertzale. Y por supuesto, con un ambiente así, ningún terrorista se arrepentía: la presión del grupo y de la banda llegaba hasta la celda, así que los presos seguían “luchando” contra la justicia y contra España.

Esa situación sólo terminó, y sólo en parte, con una política de dispersión: impedir que las penas se cumpliesen en grupos grandes de terroristas o cerca de la infraestructura de la banda. La “dispersión”, aplicada por el PSOE y por el PP, además de por las autoridades francesas, fue exitosa en la lucha contra el “frente de cárceles”. No se quitaba a nadie ningún derecho, es más, se garantizaban los derechos de todos incluyendo el derecho de los etarras a arrepentirse, pedir perdón, reinsertarse y abandonar la banda. Por eso la banda estuvo y está contra la dispersión.

Sólo hay un camino para dar a los probatasunos de Etxerat lo que han pedido en su “cadena”. En cuatro pasos: 1) que ETA entregue las armas, se rinda, se disuelva y reconozca su derrota ante el Estado; 2) que todos los crímenes de ETA sean resueltos y todos los criminales vayan a prisión; 3) que ninguna organización política o social represente nunca a ETA o a Batasuna, y sea ilegal automáticamente al hacerlo; y 4) que todas las penas se cumplan íntegramente, sin descuentos ni matices.

La dispersión de los criminales, aunque muy suave y matizada como todo por las negociaciones emprendidas por José Luis Rodríguez Zapatero y continuadas por Mariano Rajoy, ha sido un instrumento útil de lucha contra el terror marxista y abertzale. Sólo se puede renunciar a él cuando esa lucha esté liquidada, y de momento ETA sigue existiendo a pesar de los palos recibidos. En todo caso, no nos dan pena los presos a “miles de kilómetros de sus casas” ni sus familiares, que los han educado, amparado y apoyado para que llegasen a ser como son. Si nos da pena alguien son sus víctimas, que no pueden formar cadenas, sino que murieron defendiéndonos a los demás de las cadenas de éstos o que siguen encadenados y exiliados o sin libertad. Por España, no es hora de “hacer cadenas”, sino de ROMPERLAS.

Caius

viernes, 9 de diciembre de 2016

El crímen de los Sagardía: la Navarra más negra


Yo sé que por lo que me dispongo a decir, va a haber gente que me va a tachar de friki, pero no tengo más remedio que declararme fan de Iker Jimenez. Me gustan sus programas de radio y televisión; e intento verlos todos. Esto no quiere decir que crea en los poltergeist o en los reptilianos -todo lo contrario-, es que no hay uno sólo de sus programas en el que no aprenda algo nuevo y esto es un lujo en la era de la televisión basura.

El pasado domingo y como es de costumbre, estaba viendo de reojo uno de sus programas cuando vi aparecer una de esas imágenes inconfundibles de esos bosques verdes del norte de Navarra. Esa noche Iker nos traía una historia que tuvo lugar durante el inicio de la Guerra Civil Española en los montes en torno a la localidad de Gaztelu, lugar situado en el valle del Alto Bidasoa o Malerreka, enmarcado en lo que el genial Pío Baroja llamó "el país del Bidasoa". Un lugar idílico que esconde la historia de uno de los crímenes más truculentos que tuvieron lugar contra personas inocentes durante aquellos años traumáticos. 

Durante la noche del último domingo de agosto de 1936 una madre y sus seis hijos desaparecieron en algún lugar de estos montes, su última residencia conocida: una chabola en pleno campo que apareció quemada al día siguiente. Los rumores en la zona hablaban de un asesinato múltiple, un hecho horrendo sin duda porque hablamos de una mujer embarazada y alguna de sus hijas apenas había sobrepasado el año de vida. Interesado por este trágico suceso, me dispuse a buscar información referente al mismo: "el crimen de Gaztelu" arroja como resultados una sarta de páginas web abertzales o de la extrema izquierda llamada memorialista. ¿Fueron a caso asesinados por tratarse una familia de izquierdas?

Juana Josefa Goñi era una mujer muy bella, según contaban quienes la conocieron, que tuvo la suerte de heredar de sus padres una modesta suma que no tardó mucho en gastar en sus asuntos familiares. Su marido Pedro Antonio Sagardía era carbonero de profesión y no hace falta indagar mucho en la biografía de la familia para ver que no se trataba de una familia muy bien avenida económicamente, problemas que se acentuarían con el advenimiento de la guerra en España. Por aquel entonces y cuando los hijos de la pareja empezaron a pasar hambre, quién sabe si en alguna de sus correrías por el pueblo afanaron comestibles de las huertas de sus vecinos: una berza, unas patatas, una gallinas... todos haríamos lo mismo en esa situación. El caso es que los vecinos del pueblo decidieron en batzarre (una junta) la expulsión de la familia del pueblo.

Así, a mediados de agosto de 1936, Juana Josefa que estaba encinta, se vio obligada a abandonar el pueblo junto con seis de sus hijos: Joaquín de 16 años; Antonio de 12; Pedro Julián de 9 Martina de 6; José de 3 y Asunción de tan sólo año y medio de vida. Su hijo mayor José Martin se encontraba con el padre trabajando en los montes haciendo carbón. La familia se asentaría en una choza en los montes que buenamente prepararán en las ruinas de una antigua cabaña. Al enterarse Pedro Antonio de que su mujer había sido expulsada del pueblo, bajó de nuevo a Gaztelu para buscarla, allí fue detenido por los vecinos y entregado a la Guardia Civil en el puesto cercano de Santesteban, donde le retuvieron por ocho días sin cargo alguno tras los cuales fue puesto en libertad bajo la premisa de no volver al pueblo.

El padre recibió una carta de Juana Josefa pidiéndole algo de dinero y este se lo hizo enviar a un vecino para que se lo entregase, sin embargo el vecino le devolvió el dinero de vuelta porque no era capaz de encontrar a su mujer, que para aquel entonces había desaparecido junto con seis de sus hijos. Pedro Antonio continuó buscando a su familia por los pueblos cercanos y en 1937 interpuso una denuncia por la desaparición de su familia en el Juzgado de Pamplona, desaparición que según él afirmaba no podía tener tintes políticos ya que él y su familia votaban a la derecha. En la misma denuncia la mejor amiga Juana Josefa, también de Gaztelu, le atestiguó que la última vez que la vio fue el último domingo de agosto del pasado año y que aquella noche se oyeron cuatro disparos en el monte y la choza en la que se habían refugiado apareció quemada hasta los cimientos. 

Sin embargo la familia no pudo ser encontrada, en los pueblos empezaban a correr las habladurías pero oficialmente nadie sabía nada. Tras esto Pedro Antonio y su hijo José Martín se alistan en los Requetés para hacer la guerra. El caso no volvería a ser retomado hasta pasada la Guerra Civil, cuando por mediación del tío del marido, el general de artillería Antonio Sagardía que destacó por su papel en el alzamiento contra la República, el caso vuelve a ser retomado. El general, por aquel entonces Inspector general de la nueva Policía Armada, amenazó con arrasar el pueblo de no entregarse los responsables de la desaparición. Fueron interrogados de nuevo los vecinos del pueblo y un albañil bajó a una sima aledaña a la choza quemada ya que se rumoreaba que los restos de la familia podían encontrarse ahí, la inspección somera de este lugar no arrojó ningún resto humano y la justicia no volvió a saber nada de la familia Sagardía ni de sus posibles asesinos.

La sima de Legarrea, cerca de la choza de Juana Josefa, en los campos de Gaztelu

A partir de entonces, el tema de los Sagardía se convirtió en un tabú en el pueblo de Gaztelu. Ahora sabemos, porque es un secreto a voces, que aquella noche del 30 de agosto de 1936 subieron a la choza de Juana Josefa entre seis y ocho vecinos del pueblo que acorralaron a la familia mediante teas de fuego y que los arrojaron a la cercana sima de Legarrea, de 50 metros de profundidad. Quizás en el proceso dispararon a los niños pequeños, que previsiblemente eran los que más lloraban, si es que no quemaron a viva a la familia dentro de la choza. También se rumoreaba que en los días siguientes estas personas habían acudido a la sima para ver si se oía a alguien gritando dentro, y que la habían llenado de troncos y piedras. 

Los motivos son desconocidos, pero se podría tratar de rencillas enquistadas, envidias atávicas, nuevos robos en las huertas o quién sabe qué. Lo que es seguro es que este asesinato no tuvo ningún tipo de "justificación" política y este caso quedaría enterrado en la Historia hasta finales del siglo XX, cuando será retomado por asociaciones memorialistas abertzales y de extrema izquierda que aprovechando que un crimen tan horrible fue cometido durante el caos de la Guerra Civil, no dudaron en encalomárselo a los pérfidos españoles.

Hoy en día los abertzales y sus amigos acuden a la sima de Legarrea para hacerles homenajes a los Sagardía ataviados con ikurriñas, banderas republicanas y banderas "nabarras" de mentirijillas. Algo curioso puesto que de estar viva, esta familia sería calificada por estos lumbreras como de "extremaderecha" y "ultracatólicos". No sólo el padre y uno de los hijos hicieron la guerra con el Requeté y contra los enemigos de España del ayer, sino que no contento con eso el hijo mayor también marchó voluntario con la demonizada División Azul a luchar contra el comunismo de la Unión Soviética.

(izquierda) Homenaje a la familia Sagardia-Goñi entre parafernalia abertzale (derecha) Identificación como requeté de José Martín Sagardia, hijo de Juana Josefa Goñi

Lo que sí que es cierto es que este mismo año, un equipo de la asociación abertzale Aranzadi, capitaneado por el forense batasuno Paco Etxeberría, encontró los restos de la familia Sagardía en la sima de Legarrea, no sin antes encontrar en la misma -hace dos años- el cadáver del joven natural de Legasa  José Ignacio Iñaki Indart que había desaparecido en el año 2008 y de retirar dos metros de tierra y troncos además de la basura que había sido depositada. Tras 80 años de silencio, por fin sabemos con certeza cuál fue el destino de Juana Josefa y sus hijos. Por desgracia sus asesinos a estas alturas habrán muerto en la impunidad, sin haber sido castigados en esta vida. Una vez desaparecida esta familia, los robos en las huertas del pueblo no se detuvieron.

Cuando alguien hace algo que está bien hay que reconocerlo, aunque Paco sea uno de esos que se afana en rebuscar en las cunetas y en las simas los muertos de una guerra hace 80 años mientras nos pide que nos olvidemos de los muertos de ETA de antes de ayer. Como diría Pablo Iglesias: "Algunos quieren utilizar el dolor de las víctimas para ganar votos", ahora hacer nuestra parte consiste en no dejar que los amigos de la ETA instrumentalicen como buitres el deleznable crimen de los Sagardía para hacer de él su propaganda.

Hispano

jueves, 8 de diciembre de 2016

8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción

¿Por qué el día de la Inmaculada Concepción es fiesta en España?


Que tengáis todos un feliz día de la Inmaculada Concepción, Patrona de España y de la Infantería.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

¿Por qué el País Vasco suspende en el informe Pisa?


El informe Pisa es un conocido estudio internacional llevado a cabo por la OCDE que tiene lugar cada tres años y en el que se realizan pruebas a alumnos de 15 años para evaluar su competencia en tres áreas educativas de capital importancia como son la comprensión lectora, las matemáticas y las ciencias naturales. No es el objeto de tal informe, pero a partir del mismo también podemos inferir el estado de los sistemas educativos públicos de los más de 60 países desarrollados en los que viene teniendo lugar.

Los resultados del informe para el año 2015 acaban de ser publicados y no es nada nuevo que países como Singapur, Japón, Finlanda y Canadá; encabecen el ranking de los países con una mayor calidad educativa. También como es habitual, nuestro país se encuentra situado en torno a la parte media de la lista, circunstancia bastante mediocre debido en gran medida a las seis grandes reformas educativas inestables y ruinosas que venimos concatenando durante este periodo democrático.

En el caso de España, también se da una particularidad, y es que no podemos hablar de un sistema educativo único, sino de 17 sistemas diferentes debido a que algo tan importante como la educación se encuentra descentralizado a favor de las diferentes Comunidades Autónomas que organizan sus programas de estudios a partir de una directrices generales del Gobierno central. Podemos ver entonces que Navarra es una de las comunidades mejor situadas en la lista, quedando tercera en cuanto a comprensión lectora, cuarta en ciencias y primera en matemáticas.


Lo mismo no se puede decir del País Vasco, que se encuentra a la cola de la lista en cuanto a comprensión lectora y ciencias; siendo salvado únicamente por un puesto central en lo que se refiere a matemáticas. Algunas comunidades sacan mejores resultados, otras peores, esto sería algo normal de no ser porque el País Vasco es también la Comunidad Autónoma que más dinero gasta por estudiante en su sistema de educación pública no universitario, con unos 9.143€ por alumno frente a los 7.108 de Navarra (2013). Sin duda alguna, un torpedo a la línea de flotación del orgullo vasco en lo que a calidad de vida se refiere.

Cuando sucede esto cabe preguntarse dónde se está malgastando el dinero. Porqué en dos Comunidades limítrofes con un nivel de vida parecido se pueden obtener unos datos tan dispares. Más aún teniendo en cuenta que Navarra acoge a comparativamente a el doble de población inmigrante, de resultados académicos generalmente inferiores a los de la población autóctona. Sólo un ciego no vería que mientras que en Navarra contamos con un sistema educativo que de forma mayoritaria instruye a sus alumnos en su lengua materna -y esto se lo quiere cargar el euskogobierno- mientras que en el País Vasco existe un sistema educativo centrado en torno a la enseñanza de la lengua minoritaria de turno, siendo el español la lengua materna de la inmensa mayoría de los navarros y los vascos.

Sí, estoy diciendo que una parte importante de la culpa la tiene la imposición del euskera, nuestra "benefactora" Uxue Barkos pretende implantar un sistema parecido en Navarra, paso a paso se anda el camino y veremos los resultados en unos años. Nos sirva como advertencia el paradigma vasco de un sistema educativo que ya antes de estos informes tuvo un nivel excelente pero que ahora hace aguas con unos resultados cada vez peores.

No es que la gente quiera que sus hijos aprendan euskera por por iniciativa propia y de forma desinteresada, por amor a la cultura. En la mayor parte de los casos es el peaje a pagar para poder optar a un puesto en la función pública mejor pagada de Europa. Al final si alguien aprende un idioma a regañadientes, idioma que no va a utilizar en su vida cotidiana -menos de un 15% de los vascos lo utilizan mayoritariamente en su vida privada-, es difícil que saque buenos resultados en según qué asignaturas y difícil lo van a tener sus padres a la hora de ayudarle en los deberes en un idioma que no comprenden. Por supuesto que ni por asomo van a ser igual de competentes en el euskera y el castellano, su lengua materna, sí, pero no en la que realizan la mayor parte de sus estudios.

Que los niños aprenden mejor en su lengua materna no es algo que me invente, sino una premisa de la UNESCO y la Alianza Mundial por la Educación. En nuestro caso y sin perjuicio ni privilegio a quien la quiera aprender, no hay "lengua de la tierra" que valga, las piedras no hablan. Nuestra lengua materna es el español, un idioma en expansión con más de 400 millones de hablantes nativos y decenas de millones de personas aprendiéndolo, estas sí, sin necesidad de coacción o imposición alguna.

Hispano

lunes, 5 de diciembre de 2016

Día de Navarra entregada, día del euskera inventado, día del cura arrepentido, día de la mentira impuesta

viernes, 2 de diciembre de 2016

Diez verdades sobre el “euskera batua” y una realidad.


1.  El “euskera batua” principalmente sirve para mantener parcelas de poder y de dinero público.

2. Si todos los euros que se ha derrochado en el “euskera batua” se hubieran destinado por ejemplo, al inglés o cualquier otro idioma de amplia difusión, posiblemente en las Vascongadas y en Navarra tendríamos las primeras generaciones bilingües inglés-español o de cualquier otro idioma de amplia difusión.

3. El “euskera batua” se aprende y se utiliza socialmente mediante coacción de los poderes públicos. El vascuence como lengua estaba moribundo hasta que los “ingenieros sociales” trabajaron en su reanimación. No hay reivindicación “progre” o “secesionista” en vascongadas que no vaya asociada con su cartel o pancarta de “euskera batua”. Aunque luego el discurso se desarrolle en perfecto e inteligible español.

4. El problema para el “euskera batua” es que los nacionalistas vascos han asociado férreamente el éxito del nacionalismo a la de su “sacro” idioma. Los nacionalistas vascos no son precisamente queridos por sus actos y lo que realmente logran es que el asco que producen dichos actos sea asociado a su “sacro” idioma. Ahora que tanto estamos a vueltas con la memoria histórica, hay que recordar que ETA ha terminado con la vida de más de ochocientos españoles por no compartir sus ideas.

5. Si los nacionalistas vascos están tan orgullosos de su cultura “euskaldún”. ¿Por qué no hay ni una joya literaria escrita en “euskera batua”? ¿Dónde están esas obras maestras del pensamiento escritas en “euskera batua”? 

6. El “euskera batua”, por su carácter eminentemente político, es un elemento de división.

7. El “euskera batua” no cuaja. No es la lengua hablada en las ciudades por la mayoría de la población. Las relaciones en la calle se establecen principalmente en español. A pesar de las ingentes cantidades de dinero público empleado y de todo el apoyo institucional, las audiencias de la EITB en “euskera batua” dan pena y risa. La ciudadanía en la intimidad de sus hogares, sin la mirada acosadora del comisario político, ve “Tele 5” o “ La sexta”. Estas son las cadenas que les entretienen y además no tienen que realizar esfuerzos lingüisticos.

8. El “euskera batua” se aprende principalmente por los siguientes motivos. A- Imposición pública. B- Adaptación social para mimetizarse con un entorno nacionalista en muchos casos intimidatorio. C- Optar a puestos de trabajo, subvenciones y chiringuitos paralelos de la Administración pública.

 9. El “euskera batua” es un modo de distinción. Para discriminar en los procesos de selección de trabajo de la administración pública. Sin embargo no sirve para relacionarte con el exterior. ¿A quién le interesa aprender el “euskera batua” fuera de este micromundo? 

10. El “euskera batua” es un gran tinglado en el que unos “privilegiados” viven a costa de otros.

La realidad es que el español es la lengua materna de casi todos los españoles, vascos incluídos. Es una lengua de unión y enlace. Es una lengua universal que se está aprendiendo libremente en países cuya lengua oficial no es el español para poder comunicarse con buena parte del mundo. Obviar esta realidad es pegarse un tiro en el pie, ya que es condenar una región al aislamiento y al ostracismo, con todas las consecuencias que ello conlleva, entre ellas el empobrecimiento en su sentido más amplio.

Una colaboración de Aliso