lunes, 22 de febrero de 2016

Roma Domuit Vascones


Es seguramente el tema más polémico de nuestro pasado antiguo. También uno sobre el que se han dicho muchas tonterías impunes. Pero en realidad las cosas están bastante claras, y sólo los que por pura política se empeñan no saben cuáles fueron las relaciones entre los romanos y los vascones, de las que quedan testimonios de todo tipo cada vez más incontestables.

Cinco de las 35 vías romanas del llamado Itinerario de Antonino pasaban por territorio vascón, siendo el más importante el XXXIV que unía Astúrica Augusta (Astorga) con Burdigalia (Burdeos) pasando por Veleia (Álava) y Pompaelo, además de por el Summo Pireneo y por Oiasso (Irún). La zona comprendida entre esta ruta y la XXXII, que pasaba por Calagurris (Calahorra) y el valle del Ebro superior, debió de tener numerosos asentamientos y villas, según la cantidad de vestigios arqueológicos. No era una zona despoblada ni en guerra en época republicana ni menos en la imperial, como demuestran los ricos depósitos en los museos de Irún, Pamplona, Veleia, Calahorra y Zaragoza, además de los continuos nuevos hallazgos romanos en el territorio vascón.

Y es que los vascones, desde que sabemos de ellos, eran todo lo contrario que los galos de Astérix: había vascones en el ejército romano al menos desde el siglo I a. C., por todo el Imperio. La Cohors II Vasconum Civium Romanorum estuvo destinada en Germania, donde nos habla de su heroísmo el mismo Tácito, y luego luchó en Britannia y en la Mauritania Tingitana. Y no eran mercenarios sino ciudadanos de pleno derecho, y así debían de serlo sus ciudades y pueblos de origen. Vascones de la actual Ribera fueron hasta los legionarios que protegían la vida de  Augusto. Así que de resistencia poco o nada.

Los restos arqueológicos romanos son muy abundantes en el territorio vascón (básicamente la actual Navarra, aunque con salida al Cantábrico, del Bidasoa al Ebro y del Pirineo a las Cinco Villas), y también en el de los várdulos (Guipúzcoa y parte de Álava), caristios (partes de Vizcaya y Álava), autrigones (partes de Vizcaya, Santander, Burgos y Álava), berones (partes de Logroño) y por otro lado jacetanos (partes de Huesca). Es una zona de intensa romanización, como lo es la Aquitania en el Sur de la Galia, y sin resistencia armada sino todo lo contrario. Otros pueblos prerromanos bien cercanos sí defendieron su independencia con mucha fuerza y durante siglos, como es el caso de los celtíberos primero y de los cántabros y astures después.

Se ha intentado inventar, incluso con una manipulación arqueológica, esa inexistente resistencia antirromana. En el  yacimiento alavés de Iruña-Veleia, desde 1994 bajo la dirección de Eliseo Gil Zubillaga y luego de Idoia Filloy aparecieron, grabados sobre diversos soportes, una buena colección de grafitos con estratigrafías que certificaban su datación en época romana. Escandaloso para la “versión oficial”: una vez más, textos eusquéricos ligados al latín, a Roma y al cristianismo y a lo largo de muchos siglos. Al final, como se estaba encontrando lo que no gustaba… los nacionalistas quitaron el permiso de excavación a Eliseo Gil. Quizá no falte mucho para que en la Navarra de Uxue, Geroa y Bildu se nos acerque una des-romanización política a posteriori de este tipo.

Ruinas romanas de Andelos

Desde la Diputación de Álava tenemos este ejemplo de una intervención política (representada allí por Lorena López de Lacalle, de Bildu) muy interesada en que los hallazgos aparecieran como falsificaciones, por no coincidir con las teorías de algunos lingüistas y por las lecturas de algunos políticos nacionalistas. Los vascones fueron fieles romanos y tempranos cristianos, colaboradores desde la invasión y conservadores de la romanidad, y eso hoy les molesta a los súper-nacionalistas, que para atacar esa versión tengan no temen mentir ni imponer en las aulas sus teorías “resistentes” y “tardías”.

Restos romanos de Pompaelo

La romanización en Vasconia como en Aquitania está descrita en los textos de los historiadores romanos, incluyendo como saben hasta los estudiantes de los Institutos el mismo Julio César. Estos y otros hallazgos arqueológicos han permitido completar sus datos. Ya antes del siglo III hubo contacto entre vascones y romanos, pues sabemos hasta que mercenarios vascones lucharon junto a Aníbal en la Segunda Guerra Púnica, acompañándole a él y a Asdrúbal en su invasión de Italia. Gente práctica, los vascones vieron en general la potencia de Roma en aquella victoria, y cuando los romanos llegaron a territorio vascón colaboraron y no resistieron. Por eso los vascones se romanizaron conservando su identidad y hasta gobernando ciudades y territorios de otros pueblos que sí resistieron y en cuya derrota ayudaron a Roma (quizá Graccurris y Calagurris de los berones).

Con los vascones, en el 194 a. C. el cónsul Catón el Viejo toma Jaca mediante una treta, con su ayuda en el 188 a. C. el pretor Publio Cornelio Escipión cipión Nasica vence a los celtíberos cerca de Calahorra, y en 178 a. C. Sempronio Graco funda junto a los vascones Graccurris (Alfaro) sobre los restos de Ilurcis. Hay inscripciones vasconas y con nombres vascones cada vez más presentes, que testimonian más una presencia vascona y romana conjunta en territorio autrigón y tanto más caristio que una enemistad de vascones y romanos de la que no hay testimonios. Vemos presentes desde muy pronto cuestores civiles romanos, nunca legiones en campaña contra los vascones y siempre en cambio militares romanos acogidos y apoyados aquí. Había pueblos celtas y no sucesivamente llegados, conviviendo y conservado un tiempo su identidad… pero la única certeza es la romanización, y que ésta fue intensa, profunda y temprana en lo que hoy es Navarra.

Cneo Pompeyo Magno

Es difícil dudar de este hecho, aunque queda mucho por saber de sus detalles. Calagurris (Calahorra) llegó a tener la condición de municipium civium Romanorum, y fue la ciudad vascona estatutariamente más importante. Ya hemos dicho que la guardia de Augusto fue de vascones de esta zona. Una generación antes César necesitó a Publio Licinio Craso y diez cohortes de legionarios para conquistar Aquitania en el 56 a. C., y sin embargo nada se necesitó contra los vascones. Otra generación más atrás, los pamploneses dieron todo su apoyo a Pompeyo en su guerra contra Sertorio que en 77 a.C. tiene su base en Osca. No es de extrañar, con todo eso, que el mayor monumento romano de toda el área navarra fuese justamente el triunfal de Pompeyo en el Sumo Pirineo, que quizá por testificar lo contrario de una anti-romanidad es sistemáticamente olvidado do por la propaganda oficial. Ni el Ager ni el Saltus Vasconum fueron de principio a fin otra cosa que territorios muy romanizados y plena y privilegiadamente integrados en la Hispania romana. Cuanto más se investiga más se comprueba, y más molesta a los que querrían inventar un pasado a su medida de pequeñeces, miserias, luchas y rencillas.

Caius

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