lunes, 21 de marzo de 2016

Summus Pyrenaeus, un símbolo completo de la identidad de Navarra


En el tercer número de nuestra revista impresa considerábamos que era “el tema más polémico de nuestro pasado antiguo” y también “uno sobre el que se han dicho muchas tonterías impunes” (http://www.navarraresiste.com/2016/02/roma-domuit-vascones.html). Conforme avanzan los meses de gobierno abertzale y de resistencia miedosa o de simple sumisión al mismo, comprobamos que es verdad: les molesta que los romanos estuviesen aquí, que los vascones jamás se les resistiesen y que Roma dejase aquí su identidad y todos sus símbolos. 

Ya hemos explicado, creando polémica entre los que no suelen pensar sino balar, que las relaciones entre romanos y vascones fueron de amistad primero y de plena integración después, sin resistencia armada. Hemos citado, y puede explicarse en más detalle, que “cinco de las 35 vías romanas del llamado Itinerario de Antonino pasaban por territorio vascón”, con una gran abundancia de asentamientos, villas y templos, plenamente romanos y desde muy pronto, tanto en el ‘ager’ como en el ‘saltus vasconum’. De hecho, sabemos que molesta, pero los vascones lucharon durante más de cinco siglos, es cierto, pero A FAVOR de Roma: había vascones en el ejército romano al menos desde el siglo I a. C., por todo el Imperio. Probablemente ya en la II Guerra Púnica, y con seguridad desde las Guerras celtíbero-lusitanas de 154-133 a.C. los vascones combatían por Roma, y a la vez se impregnaban de romanidad, sin que Roma jamás impusiese ni pagase nada.

Tenemos en Navarra un monumento singular, casi en la displuvial pirenaica, que es la llamada ‘torre de Urkulu’. Durante siglos, desde la Edad Media hasta el Diario de Navarra del 20 de marzo, se han escrito y dicho muchas cosas sobre él. Muchas simplezas y algunas malintencionadas, también. No fue desde luego mausoleo de la ninfa Pyrene. Tampoco tumba de guerreros muertos en Roncesvalles. Aunque por costumbre (equivocada) se le ha llamado ‘torre’, no lo es, y no es una fortaleza franca, ni mucho menos navarra, ni nada parecido.

Todo en Urkulu es sorprendente, sin necesidad de inventar nada. Una enorme base cilíndrica o troncocónica de mampostería, que originalmente medía cuatro metros y medio al menos de altura y 19 y medio de diámetro, en la cima de una montaña sin utilidad militar alguna, pero visible desde ambos lados del Pirineo y sobre uno de los principales pasos posibles del mismo. Un símbolo, un recuerdo, una señal viva de lo que esta tierra es y no es.

En la Guerra Sertoriana. en 81-73 a.C., Quinto Sertorio, pretor de la Hispania Citerior, se subleva contra Roma ayudado por los celtíberos. Los vascones permanecen fieles a Roma y colaboran con ella. Luchando contra Sertorio, en el 74 a.C. Cneo Pompeyo inverna en Pamplona, reorganiza a los vascones y a los demás pueblos fieles de la zona, da su nombre a la ciudad y traza con claridad vías, rutas y señales. Sabemos por el Itinerario de Antonio que la vía romana de Asturica (Astorga) a Burdigala (Burdeos) atravesaba el Pirineo en el punto llamado Summo Pyreneo. No importa ahora demasiado saber si el cruce principal de la cadena montañosa por las comunicaciones romanas estaba en Oiasso (Irún), en el entorno de Quinto Real, en el Alto de Ibañeta junto a Roncesvalles, en Orbaiceta o hasta en el Irati. Probablemente todas estas opciones de cruce hayan ido alternando su importancia en la historia, como ahora. Pero todas tienen algo en común: en todas ellas se han ido encontrando, y más cada vez, restos romanos cada vez más antiguos e importantes, desde hallazgos numismáticos y cerámicos a un ara dedicada al Sol Invicto.

En Urkulu sabemos ya con certeza arqueológica hace más de 35 años –con la excavación dirigida por María Ángeles Mezquíriz y Jean Luc Tobie- que se trata de un monumento romano hecho ex profeso, conmemorativo de victorias y delimitador de posesiones. Con toda probabilidad, se trata de los restos del monumento erigido por Pompeyo en el límite de Hispania con la Galia, una entonces Galia aún no romana, señalando que desde allí y gracias a sus victorias imperaba la paz y la ley de Roma. Se ha perdido la parte superior del monumento, pero ahí queda éste como signo innegable de algo que a muchos molesta.


¿Y qué molesta? Molesta que, justo en el Pirineo navarro, se marque la frontera de… la España romana. Molesta que, sin discusión, por allí pasasen las principales vías romanas, sin resistencia ni oposición. Molesta que Pompeyo, en nombre de Roma, erigiese el mayor monumento de toda la posterior Navarra antes de los templos que precedieron a las iglesias y catedrales.  Molesta que, a los pies del Monumento de Pompeyo, el Camino de Santiago haya entrado durante más de un milenio en España.

Urkulu es Roma, es Camino, es Europa, es altar, es templo y es monumento. No hay resistencia, sino lealtad a la Ciudad y aceptación de su lengua, su cultura, su fe y y sus gentes. Urkulu es y será todo lo contrario de lo que querrían ver los que sueñan con una resistencia antiromana que nunca se dio o con una Navarra que nunca ha sido otra cosa que España. Por eso conviene echar un ojo de ven en cuando a aquel símbolo… no vaya a ser que en nombre del Cuatripartito lo quiten, o le den un sentido inventado.

CAIUS

1 comentario:

  1. La torre de Urkulu no es romana, porque la vía no ha ido nunca por ahí, sino por Roscesvalles. Es seguramente una fortificación de la época de Felipe II.

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