miércoles, 13 de enero de 2016

El 'lauburu', el símbolo que NO es vasco


Basta entrar en cualquier tienda de suvenires de Navarra o el País Vasco para verlo reproducido en cualquier tipo de soporte: llaveros, camisetas, platos, banderas... o toda clase de quincalla. Muy a menudo verás a algún abertzale de manual con un colgante del 'lauburu' al cuello, si es que no lo tiene tatuado. Si le preguntas por qué lleva eso al cuello te dirá sin dejar lugar a ninguna duda, que es un símbolo vasco milenario y con suerte, que es un símbolo solar de buen augurio.

Pero no, amigos, el 'lauburu' es de todo menos un símbolo ancestral de los vascos; quizás lo sea en la mente calenturienta de los abertzales, pero salvo anécdotas no se encuentran ejemplos de su uso por el pueblo vasco previos al siglo XVI. Ni es vasco, ni es milenario; y su redescubrimiento como "símbolo vasco" responde únicamente a motivaciones románticas prenacionalistas, a pesar de que ahora sea un símbolo muy abertzale.

Un símbolo religioso mundial. Mucha gente en Occidente vincula a la esvástica única y exclusivamente con el nazismo, pero este símbolo ha sido utilizado desde tiempos inmemoriales por toda clase de pueblos a lo largo y ancho del orbe y no como un símbolo maléfico, sino como un símbolo del Sol y con éste bienestar, suerte y prosperidad. De hecho la palabra esvástica proviene del sánscrito, una de las lenguas más antiguas (3500-5000 años) que aún a día de hoy sigue viva en la India; y quiere decir "bienestar" o "buena fortuna".

En las culturas precristianas europeas la esvástica también fue utilizada de forma muy profusa como símbolo solar así como símbolo de la vida o la muerte, dependiendo del sentido de rotación de la misma. Así mismo, ha recibido otras denominaciones como cruz gamada, tetraskelion (de los griegos) o Sonnenrad (rueda solar germana) de la misma manera que ha sido representada de múltiples formas, entre ellas el tema que nos ocupa: el llamado 'lauburu' que no es nada más que una esvástica dextrógira de brazos curvilíneos.

Mosaico romano adornado con una esvástica y representación de Buda con una esvástica levógira en la India

Los antiguos vascones fueron de los pocos que no la usaron. Una vez sentado este precedente nos tenemos que desplazar al siglo XVI, cuando comienzan a extenderse unas teorías sin ningún fundamento que vinculan al pueblo cántabro -un conjunto de tribus de claro origen celta- con los vascones, un pueblo preindoeuropeo y por lo tanto no emparentado con los celtas. Por sorprendente que esto parezca, estas teorías históricas venían motivadas mayormente como una forma de exaltación de la españolidad de los vascos, puesto que no existen crónicas romanas de resistencia vascona hacia su poder militar en sus territorios -no sólo no resistieron, sino que colaboraron abiertamente con su dominio en el conjunto de Hispania- pero sí de las luchas que llevaron a cabo los cántabros contra los romanos.

La cultura vasca sobrevive gracias a Roma. Así, estas teorías vasco-cantabristas vendrían a decir que cuando los romanos hablaban de la resistencia de los pueblos cántabros a su dominio, en realidad estaban confundidos y se referían a los vascos. Así explicaban por qué el idioma y la cultura de los cántabros habían desaparecido, mientras que el idioma y la cultura vascos seguían existiendo a día de hoy. Supongo que es más fácil llegar a esta conclusión que ver que si los vascones no sólo no desaparecieron como pueblo, sino que acrecentaron su poder bajo el Imperio, fue precisamente porque colaboraron con los romanos.

El caso es que como decía, esta muestra de una supuesta resistencia al invasor romano era vista como una forma de exaltación a la españolidad de los vascos: aquellos que resistieron al imperio romano eran pues los primeros españoles originarios. Este tipo de posturas no son nada que no se haya visto ya, el hecho de que las tierras vascas no fuesen conquistados de forma efectiva por las hordas islámicas que invadieron la España visigoda a partir del año 711 también ha sido usado para exacerbar la españolidad de estas provincias; gracias a este hecho que demostraba su limpieza de sangre, guipuzcoanos y vizcaínos tenían la hidalguía universal y esta condición explica que participasen de forma desproporcionada como funcionarios en la Corte de Madrid.

Un símbolo muy poco vasco. O nada. Los defensores de las teorías vasco-cántabras se toparon entonces con el lábaro, una suerte de estandarte que los pueblos cántabros habían utilizado para comunicarse entre ellos en el combate y que se compondría de un símbolo geométrico sobre un pendón color púrpura. Suponiendo que los romanos habían confundido a los vascos con los cántabros, entonces el lábaro debía de ser algún tipo de adaptación latina de una palabra vasca, y la que encontraron cierto parecido con la locución vasca "lauburu" que literalmente significa "cuatro cabezas"; todo esto muy bonito pero bastante falso, puesto que la expresión "lábaro" no procede del vasco sino del celta, y significa "el que habla", puesto que este símbolo vexiloide había sido utilizado para comunicarse en combate, como recogen las crónicas romanas. Pero, una vez lanzada la fábula, ¿Qué símbolo tiene "cuatro cabezas"? Una esvástica curvilínea, en concreto esta que sigue.

Un "lauburu" (esvástica de brazos curvilíneos) en una pila bautismal... de Alemania

¡Los abertzales quieren su esvástica! Ya en su tiempo estas teorías vasco-cántabras fueron desmontadas por autores de la época -como Francisco de la Sota o José de Moret- pero quedaron impregnadas en el imaginario y fueron retomadas de forma romántica por el movimiento fuerista del siglo XIX o autores pre-nacionalistas como el francés  Augustin Chaho. A caballo entre el siglo XIX y el XX surge el nacionalismo vasco de a mano de Sabino Arana, fundador del PNV; y como no podía esperarse menos de este movimiento fabulador, también adopta el 'lauburu'  junto con la clásica cruz gamada como símbolos vascos de toda la vida. Con el final de la Segunda Guerra Mundial se volvió algo bastante impopular eso de usar como símbolo político una esvástica, por lo que dejó de usarse el símbolo de brazos rectos, pero no el de brazos curvos.

Y así fue como de la noche a la mañana apareció un símbolo taaan vasco que nunca había sido utilizado en ningún escudo heráldico del País Vasco o de Navarra y que hasta el siglo XVI no existía constancia de su uso por parte de vascos más allá de lo anecdótico, y así es como ha llegado hasta nuestros días como el símbolo por antonomasia de la cultura euskalduna.

Ya sabéis, la próxima vez que veáis a un aberchandal todo ufano con su colgante roñoso del lauburu al cuello pensando que se trata de un símbolo vasco que proviene de la noche de los tiempos, vosotros ya sabéis que se trata de una variación de un símbolo milenario que tiene su origen en Asia, y que ha sido usado por griegos y germanos, por celtas y romanos, por budistas y por japoneses, por nazis y por vikingos, casi por todos menos en Vasconia hasta los inventos separatistas. Pero para este pobre diablo educado en otra mentira abernazi, la ignorancia es la felicidad.

Hispano

1 comentario:

  1. Bufffffff.... No estoy deacuerdo pero respeto la libertad de expresión!!!

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