domingo, 24 de agosto de 2014

El Privilegio de la Unión

A finales del siglo XI la ciudad primigenia de Pamplona, heredera del asentamiento romano de Pompaelo y que se había visto reducida al Burgo de la Navarrería, experimenta un proceso de repoblación en el que a través del Camino de Santiago, gentes venidas de Francia huyendo de guerras civiles se asientan en dos poblaciones colindantes aunque diferenciadas: el burgo de San Cernin, de población netamente franca y la población de San Nicolás, de mayoría también francesa pero que incluía también a gente oriunda del medio rural. Así, el burgo restante sería el ya mencionado de la Ciudad de Navarrería, que es el más grande de los tres y como su propio nombre indica, estaría poblado por navarros autóctonos (aunque esto siempre es relativo, pues los romanos venidos con las legiones de todo el Imperio en el siglo I, mil años después eran los habitantes inmemoriales del territorio).


La ciudad de Pamplona era una ciudad disputada entre Obispo y Rey (la Navarrería) y dos burgos con privilegios y fueros dados por el Rey a los que allí se instalaron en las décadas de crecimiento urbano (San Cernin y San Nicolás). Cada uno de los burgos tenía una organización, fueros, impuestos y gobiernos municipales diferentes. Hasta ahí todo lo bonito, dado que otra de las cosas con las que contaba cada uno de los Burgos de forma independiente eran murallas y torres defensivas; no sólo hacia el exterior de la ciudad para defenderse de posibles atacantes, sino hacia el interior de la misma para defenderse de los vecinos de los otros Burgos. No es que la convivencia fuese mala entre ellos, es que el actual Casco Antiguo de Pamplona era por aquel entonces la tierra de Caín con contínuos enfrentamientos, peleas, escaramuzas, saqueos e incluso guerras entre los diferentes Burgos.

Pese a lo que cabría esperar del imaginario nacionalista, el burgo de la Navarrería -que estaba poblado por vascones- era aliado de castellanos y aragoneses y favorecía la alianza del reino con los otros reinos hispanos, mientras que el burgo de San Cernin era leal al Rey de Francia. También los reyes navarros (que a su vez eran franceses de origen) solían favorecer al burgo de San Cernin, mientras que el obispo protegía a el burgo de la Navarrería. Como es de esperar, este tipo de divisiones no contribuían a la confraternización entre los habitantes de los distintos burgos.

En el año 1213 se tiene constancia de una tregua entre los Burgos que debería de durar 20 años, esto indica enfrentamientos anteriores. Dicha tregua es rota por el Burgo de San Cernin en 1222 al incendiar la iglesia de San Nicolas... con sus feligreses dentro. En el año 1276 los burgos de San Cernin y San Nicolás juran lealtad a la reina Juana, que estaba en la órbita de Francia, mientras la Navarrería es partidaria de una alianza con los castellanos para defender sus fueros, costumbres y economía. Estas tensiones provocan la que se conocería como la guerra de la Navarrería, a finales del verano un ejército venido de París asedia la Navarrería. Finalmente dicho Burgo es arrasado -salvo la catedral- y se imponen a los habitantes supervivientes condiciones humillantes tras su derrota.

También se producen enfrentamientos en en el siglo XIV, aun que de menor virulencia. Para acabar de una vez con estos problemas el rey Carlos III el Noble dicta el Privilegio de la Unión en el año 1423, según el cual se irían eliminando las murallas entre los Burgos y se alzaría el ayuntamiento de la ciudad en la tierra de nadie situada entre el Burgo de San Cernin y el de la Navarrería. Para gobernar la ciudad se nombrarían a diez jurados (cinco de San Cernin, tres de San Nicolas y dos de la Navarrería) y el alcalde sería nombrado anualmente por el rey. También se suprimen los tres escudos heráldicos de los diferentes Burgos y se crea uno unificado que se corresponde con el blasón actual de la ciudad de Pamplona y cuya descripción es: "En campo de azur, león pasante de plata, lampasado y armado de gules y surmontado, al centro, por corona real de oro. En bordura lleva las armas de Navarra, cadenas de oro sobre gules."


Como hemos podido ver, muy al pesar del imaginario abertzale, la ciudad de Pamplona de aquel entonces era un lugar diverso: No se puede hablar de un único pueblo -puesto que había gente de orígenes varios-, ni de un único idioma -se hablaba el vasco, el romance o el provenzal entre otros y después de la unificación se va imponiendo el romance por su propia fuerza-, ni las mismas lealtades o fueros. Tan poco se puede hablar como es obvio de un país de la piruleta en el que todos vivían felices. Si algo hay seguro es que los factores de la religión común o de que la unión sería beneficiosa para todas las partes, jugaron a favor de la refundación de la ciudad de Pamplona. De lo que se deduce que los navarros de entonces fueron más inteligentes que los navarros de hoy en día que se creen las trolas separatistas.

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