jueves, 24 de diciembre de 2015

El borracho de los regalos

Es inevitable... el Olentzero está rondando por nuestros hogares mientras esperamos impacientes sus regalos... ¿Qué nos regalará este año? ¿Una tablet? ¿Un cacharro de farlopa? ¿Traerá a nuestro familiar dispersado? Es muy cómico el hecho de que la abertzalada llegue a politizar un evento como la Navidad para sus fines independentistas.


De toda la vida, la Navidad ha consistido en unas fechas para la unidad familiar y disfrutar de buenas comilonas. La idea de que Asirón quiera alargar la fiesta del Olentzero durante 3 días no es más que una mera excusa para que gente con poca afición a ducharse se ponga hasta las trancas (algo que no está fuera de lo habitual) y así celebrar la llegada de este simpático carbonero que no es nada más que un elemento identitario implantado alrededor de los años 80 para crear de forma artificial una "forma vasca" de celebrar las navidades, para sustituir a los Reyes Magos.

Existen teorías de lo más romántico que incluso remontan al personaje a tiempos previos a la cristianización (algo bastante difícil), lo cierto en esto es que ese amable y buen carbonero jamás ha tenido nada de bueno, está basado en el “hombre del saco” o el “coco”, personaje que se dedicaba a secuestrar niños y comérselos según la mitología española. En el norte de España siempre ha habido una gran tradición en cuanto a la mitología rural y en los relatos del olentzero si bajaba por tu chimenea era con una hoz por no haberla limpiado.

Un caso similar al del olentzero en Navarra es el del "apalpador" en Galicia, sólo que en este caso el invento se puede datar a la pasada década. Los nacionalistas gallegos descubrieron casualmente una tradición de la que nadie había oído hablar según la cual en algún pueblo de Lugo el personaje navideño en cuestión visitaba por la noche a los niños para meterles mano y saber si habían comido bien ese año, dejándoles de ser así castañas asadas y algún regalo. El caso es que este personaje, según lo representan los galleguistas, viene tocado con una boina negra, gusta de fumar en pipa y... ¡es carbonero! Que casualidad, al igual que nuestro querido olentzero, ¿serán primos?

Asturias también tiene su olentzero particular, el anguleru. Algo de lo que estoy seguro es que la cuadrilla proetarra desmiente al 100% estos hechos, ignorando que la historia del carbonero borrachín del norte de Navarra es más bien reciente -principios del siglo XX- y que hasta hace poco tiempo se le conocía muchas zonas de España como “El Sacamantecas”. La historia del sacamantecas se remonta al siglo XIX, Juan Díaz de Garayo, fue un alcohólico, asesino en serie Alavés que entre 1870 y 1879 asesinó y violó a 6 mujeres, algo muy similar a lo que sucedería poco después en Whitechapel (Londres).


Lo interesante en este hecho es que a partir de aquí, todo tipo de leyendas acerca de el hombre del saco o el coco, empezaron a girar en torno al sacamantecas, creando así una historia con la que aterrorizar a los niños. Con la llegada de la fiebre independentista, no se ha dudado ni un instante en convertir la figura de estos “asesinos en serie” en personajes bondadosos y alegres que traen regalos a los niños. Tanto apalpador como olentzero son dos grandes ejemplos de la tergiversación, no histórica pero sí del folclore y la mitología rural. Los datos más recientes del olentzero son que se ha echado una novia llamada Mari Domingi para que el colectivo feminazi se sintiese cómodo viendo como la figura del heteropatriarcado olentzeril llegaba a su fin.


Como ya he mencionado antes, esta festividad siempre ha sido símbolo de unidad, familia, celebración y paz. El pasado martes 22 me quedé de piedra viendo como cientos, miles, cientos de miles de jóvenes olentzeros paseaban por la parte vieja de Pamplona en estado en embriaguez y dando una imagen repugnante de la Navidad con la que muchos no nos identificamos. Hoy será la cabalgata del Olentzero y como siempre tendremos que aguantar la exhibición de banderas proetarras en lo que se supone que es un manifiesto de paz y celebración de la Navidad.

¿Se imaginan que a los Reyes Magos les da por sacar una rojigualda? Sería uno de los casos de adoctrinamiento juvenil más retorcidos de la historia. Desde luego, si la abertzalada adoctrina así a su juventud, adelante, pero si de verdad el olentzero está en contra de la dispersión, ese amable carbonero que trae paz y humildad a la Navidad es más bien un gilipollas.

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