jueves, 8 de junio de 2017

No todas las comparaciones son odiosas


El pasado 3 de junio Pamplona experimentó una vivencia novedosa en muchos -muchísimos, casi demasiados- años: una manifestación multitudinaria que no generó incidente alguno.

Se dice que todas las comparaciones son odiosas. Pues, podemos asegurarlo, va a ser que no: los comportamientos individuales y colectivos no son indiferentes; pueden compararse y deducirse, desde el sentido común, una jerarquía ética y moral entre los mismos. Pero el clima asfixiante de relativismo, indiferentismo y demás ismos políticamente correctos, impone que se renuncie muchas veces a tan intuitiva forma de conocimiento.

Decíamos que la manifestación del 3 de junio, haciendo abstracción de lemas, finalidad y guerras de cifras, resultó una rara avis en la ciudad. Y es que estamos “acostumbrados” a que este tipo de “demostraciones” estén acompañadas, tantas veces, de algunas expresiones de lo peorcito de la condición humana.

Recordemos algunos “clásicos” que venimos sufriendo desde hace 40 años:

1.- El insulto: “cipayos”, “txakurras”, “asesinos”, etc. Todo ello proferido con entusiasmo nada más asomar alguna fuerza policial. Pero que también han “marcado” a personas concretas. ¿O es que nadie se acuerda del “cuidado con las carteras que viene del Burgo”? Risitas aparte, el 3 de junio también podríamos habernos acordado de las “dietas” de la presidente, o de sus declaraciones de la renta, pero, la verdad, se estaba en “otra cosa”.

2.- Las amenazas: “ETA, mátalos”, “vosotros, fascistas, sois los terroristas”. O a nivel personal: “Del Burgo, Aizpún, pim, pam, pum”… ¿Escucharon algo parecido? Por favor, ¿la jotica? Pues esa jotica, dedicada a la presidente, fue más una expresión de cariño hacia un familiar un poquito “descarriado” que otra cosa. No hay comparación que valga.

3.- Quema de banderas: por supuesto, siempre es quemada la misma; la roja y amarilla. Y nunca pasa nada. Pues ahí está la multitud escondiendo a los “valientes”. El 3 de junio hubo varios miles de banderas. Ninguna se quemó.

 4.- La “kale borroka”. Amparándose en la multitud, de manera simultánea a muchas manifestaciones abertzales o radicales, algunos -o muchos- encapuchados hacen “pintadas”, queman contenedores o incluso lanzan cócteles Molotov contra entidades bancarias, comercios, mobiliario urbano... Una pintada anónima apareció horas antes en la cristalera de un comercio del recorrido y, evidentemente, sería algún ácrata o comunista quien la realizó (muy cutre, por cierto), no en vano decía: “No a la guerra de banderas, pero sí a la guerra de clases”.

La ultraizquierda saca su vena internacionalista y renuncia a la "guerra de banderas", siempre y cuando esas banderas no sean las ikurriñas, las banderas del PNV sí que les gustan

5.- Las formaciones paramilitares: ya no desfilan en hileras uniformadas al modo “frente rojo” de los años 30 en tantos países, o al de los “pioneros” cubanos que tanta salivación bobalicona provoca a los progres de todas partes (muy antimilitaristas ellos, faltaría plus). Pero son disciplinados, muy disciplinados, nadie se sale del guión: ni en gritos, ritmo, recorridos. El pasado 3 de junio, muchos manifestantes bisoños, al ver que se “perderían” lo más goloso, no tuvieron empacho alguno en “atajar” para tratar de llegar a las proximidades del estrado. Y es que los ciudadanos “normales” se comportan como personas, no como abejas soldado.

6.- Indumentaria de combate. Si los habituales en Pamplona llevan cazadoras negras con capucha, y camisetas con logos muy específicos, es por algo: identificarse, agruparse, atacar, camuflarse… todo ello, muy pacífico y perlado de buenas intenciones. El pasado 3 de junio, ¿vieron algo parecido?

7.-  Silbidos al helicóptero de la policía, otro “clásico” aberchaloide. Seguramente se ven muy valientes. Y muy listos. A ellos ¡nadie controla”! y menos desde el aire. Pero, perdón, me olvidaba: ya tienen a las abejas reinas; quienes piensan y organizan por ellos.

8.-  Cánticos “populares”, como el miles de veces coreado en la Plaza de Toros y El Sadar: “Arriba, arriba, arriba con la goma dos, que en Euskadi se prepara, que en Euskadi se prepara, pim, pam, pum, la revolución”. Criaturas. Y que nadie muestre disconformidad, que se la juega.

9.- El rostro crispado y los puños cerrados. Para que luego digan que la cara no es expresión del alma… colectiva. Ya se sabe lo que son: una p… secta.

10.- El corte de pelo borroka. Estilo unisex que generalmente cercena cualquier rastro de feminidad. Y es que los manifestantes aberchaloides deben demostrar todo el día, todos los días del año, a todas horas, en público y en privado, que son militantes, que están concienciados, que están prestos a la borroka… Lo dicho: una secta. Y de las destructivas.

11.- Homenaje a asesinos y verdugos: a los etarras, por si alguien lo duda. Otro “clásico” del que cualquier sociedad civilizada se avergonzaría…. Salvo en circuitos sociales endogámicos y cerrados de Vascongadas y Navarra.

Es lo que hay. Pero, por favor, en este caso, que no se diga que todas las comparaciones son odiosas. Hay manifestaciones odiosas, en las que se odia y se alimenta el odio.

Afortunadamente, el día 3 de junio no fue así. Fuera más o menos una fiesta, lo cierto es que allí acudió gente normal, ciudadanos; personas que ponen su corazón y su cabeza en los azares inmediatos de la vida. No en los mandatos y consignas de la intocable mafia sectaria separatista.

“Normalidad democrática”, se dice. Evidentemente, una expresión que no significa lo mismo para todos, pues en el caso de los aberchaloides encubre mentira, sometimiento, totalitarismo y violencia.

Sila Félix

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