martes, 8 de enero de 2019

El feminismo hegemónico actual se confunde de enemigo


El feminismo es una ideología como todas las otras que acaban en “-ismo”.  La idea principal a partir de la cual se estructura su relato explicativo es la de la secular dominación masculina del varón blanco. Todas las diferencias entre hombres y mujeres han sido reducidas a relaciones de dominación. Sobre esta idea se va desarrollando la historia de las mujeres en los diferentes tipos de feminismo que ha habido hasta ahora. A partir de la premisa de la dominación, la ideología deduce todo el resto, proponiendo un relato que no se encuentra en ningún sitio en la realidad, pero eso no importa: es la realidad la que debe encajar en la ideología, y no al revés. 

El feminismo predominante en la actualidad cultiva una concepción degradada y degradante para la mujer, haciéndola eterna víctima de los hombres, describiéndola como una niña asustada ante una mínima palabra, ante un mínimo gesto avanzado por un hombre. El feminismo se pensó para permitir a las mujeres ser reconocidas como seres responsables, capaces de responder de sus decisiones y de sus actos al mismo nivel que los hombres. En lugar de esto, tenemos en marcha un proceso de victimización e infantilización de la mujer. ¡Las feministas de los años 70 sabían pelear mejor que las de ahora!  

Sin embargo, el feminismo actual está ausente en el único terreno donde ser feminista tendría un sentido: en la denuncia de las agresiones sufridas por hombres venidos de otros países. Tenemos ahí una negación flagrante y una verdadera doble vara de medir, ya que cierran voluntariamente los ojos ante el único patriarcado que puede existir hoy en los países europeos: un patriarcado de importación. Desde el momento que el agresor es un hombre africano o  sudamericano (por citar nada más que los dos orígenes más frecuentes en España), se impone el silencio absoluto entre las filas feministas, parece que por miedo a quedar señaladas como racistas. 


Esta doble actitud revela la desorientación del feminismo actual, su inutilidad y su irresponsabilidad. Su silencio ante las agresiones perpetradas por hombres extranjeros es la muestra de un dilema entre dos males: la violencia hacia las mujeres y el riesgo de alimentar el racismo. Pero las neofeministas lo tienen claro: aunque la barbarie siga creciendo, prefieren salvar su conciencia apoyando a los parias de la Tierra en lugar de denunciar todas las agresiones sexuales con la misma energía que cuando el agresor es un hombre blanco europeo.  Ante todo, pensarán que la prioridad es evitar que siga creciendo la “ultraderecha” en Europa.

En lo que llevamos de 2019, las agresiones sexuales que se han conocido en los medios de comunicación han sido a manos de extranjeros. Veremos si el 9 de enero se hará mención a esto en el acto feminista que Irene Montero (Podemos) ha convocado a bombo y platillo en Madrid para enseñar que “las mujeres están en pie de lucha” frente a no se sabe qué “odiadores profesionales”.

Calíope

1 comentario:

  1. MUY LÓGICO SI SI. Propongo a todas esas "cuerpas" con patas y ojos, embarcarlas a todas sin billete de vuelta, y enviarlas a todas ellas a los paises de "marrones" y "negritos" y repartirlas por los paises árabes a todas, y olvidarnos del problema. Allí vivirán de maravilla entre los moros a los que tanto protegen, y que fijo fijo, las esperarán con los brazos abiertos.

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