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viernes, 9 de junio de 2017

Lío de banderas separatistas en Navarra


Cualquiera que tenga un poco de memoria histórica (que no histérica) sabe que los separatistas vascos (o napartarras, que es lo mismo) se han carecterizado siempre por una indefinición absoluta con respecto a qué bandera utilizar para representar a Navarra. Han funcionado siempre por oportunismo a ese respecto, de modo que nunca se han acabado decantando por un símbolo.

Ahora mismo la moda dicta que lo adecuado es la bandera oficial sin la corona y la esmeralda (¿?) que hace unos días colgó el PNV/Geroa Guay en Cizur Mayor. Hace unos años con el quinto centenario de 1512, lo era la bandera con el escudo pomelado que utilizó esa jaula de grillos que fue Nabarralde. La cuestión es inventarse cualquier engendro que suplante a los verdaderos símbolos de Navarra, que son al fin y al cabo los aceptados por el común de la ciudadanía. No pueden utilizar los símbolos oficiales porque entonces dejan de ser diferentes y sin el hecho diferencial irremediablemente su gueto se disuelve.

Pero tampoco es que les haga falta ninguna otra, al fin y al cabo la bandera que realmente les pone es la ikurriña y cualquier otro trapito que se inventen para representar a su Nafarroa no es ni más ni menos que un engañabobos para aquellos que no se han dejado arrastrar por la banderita de Sabino Arana. Toda esta empanada mental al fin y al cabo lo que viene a demostrar es que en Navarra sólo hay una identidad: la navarra y española, todo lo demás son matices y lo que se sale, un invento que a penas pasa de los cien años de vida en las mentes calenturientas de unos pocos.


A estas alturas pocos de los que me leen desconocerán que la ikurriña fue inventada por Sabino Arana, aquel eusko-racista al que los nacionalistas vascos llaman "el padre de la idea". Lo que menos gente sabe es que en realidad la ikurriña era una bandera separatista de Vizcaya, exclusivamente de Vizcaya. Será tras la muerte del fundador del PNV cuando en contra de su criterio se convertirá en la bandera de Euzkadi (lo que hoy llaman Euskal Herria). Lo que aún menos gente sabe es que los Arana bros llegaron incluso a diseñar unas banderas específicas para cada herrialde de Euzkadi, siendo la bandera de aquí arriba la que representaría a Navarra dentro de Euzkadi. El símbolo específico de Navarra sería el cuarto que parece la bandera de Madrid y estaría superimpuesto a la bandera de Euzkadi, que es el resto.

Durante algún tiempo el PNV utilizó en su primer Centro Vasco de Pamplona la bandera oficializada en 1910 por la Diputación Foral de Navarra intentando adueñarse de ella. Sin embargo, esto no interferiría en el proceso de interiorización de la nueva bandera por el común de los navarros aunque no sin polémicas, sirva como ejemplo un breve texto publicado en la revista La Avalancha para ver que esta no era contrapuesta a la enseña nacional:  "Interceda este año San Fermín, el día de su fiesta, con el Señor todopoderoso para que (…) la patria prospere al amparo de la Cruz sacrosanta, y de la bandera roja y gualda de España, y a cuya sombra bienhechora flamee victorioso el pendón bermejo de Navarra" (6 de julio de 1915)

 

En la década de los 70, el ya reconvertido a batasuno Telesforo Monzón populariza una bandera con un águila negra en estilo gótico sobre un fondo amarillo a la que el nacionalismo llamaría "arrano beltza". Esta está basada en el águila real usada como protosello (signo dibujado) por el rey navarro Sancho VII "el Fuerte", para firmar sus documentos. El fondo amarillo se debería quizás al color del pergamino de estos manuscritos o a cualquier otro motivo de índole estética. En realidad, este signo era utilizado por este rey tan solo como sello personal, en ningún momento fue su escudo o formó parte de ningún tipo de estandarte o bandera. De hecho, es un símbolo taaan vasco que Sancho VII lo toma del símbolo familiar de su abuela Margarita de L’Aigle, reina consorte de Pamplona originaria de Normandía.

Mas tardíamente y a sabiendas de que el fondo amarillo no se adecuaría al campo de un hipotético escudo de armas basado en este águila real, ya que de tiempo atrás probablemente el color del reino era el rojo, introducen el "arrano beltza" con un fondo de color rojo, incluso llegando a hacerse banderas aunque son algo raras de encontrar. A pesar de esto y otras variantes con águilas más estilizadas, lauburus, etc; hoy en día predomina la primera versión de Telesforo Monzón con fondo amarillo.


 

A lo largo de la mayor parte de la España democrática, la izquierda abertzale ha utilizado de vez en cuando banderas de Navarra sin la corona, bajo la creencia de que la corona era un símbolo monárquico, cuando si hay que ponerse exquisitos quizás lo es todo el escudo en su conjunto. Por ejemplo, hay fotos con graderíos de indargorrinos con un montón de banderas como la primera e incluso la propia ETA utilizó una bandera parecida en sus últimos comunicados. Otras veces también han sido usados estandartes como el segundo y el tercero, inspirados en el Estandarte Real de Navarra, aunque también los he visto en la concentración del 12 de octubre en la plaza de Cataluña de Barcelona, por ejemplo. Esto quiere decir, su uso no es privativo a los nacionalistas. 

En los últimos años también han sido utilizadas sobre todo en grandes performances (p.ej. una bandera de grandes dimensiones sobre un castillo) versiones simplificadas del estandarte (cuarta imagen) que parecen un tres en raya y que quizás estén basadas en el escudo simplificado actualmente en uso por el Gobierno de Navarra.

 


Las cadenas de Navarra siempre han causado incomodidad en cualquier nacionalista vasco mínimamente instruido. Que una monarquía según ellos absolutamente ajena al proyecto hispano se vaya a luchar en Las Navas de Tolosa (actual Jaén) con el rey de Castilla y el rey de Aragón, contra una gran invasión islámica, es algo muy difícil de encajar por el imaginario nacionalista; y lo de la excomunión no cuela cuando el rey de León se negó a ir. De hecho, Sancho VII no sólo regresa de esta batalla con las cadenas de Navarra (y posiblemente también la esmeralda) como trofeo de batalla, es que está tan orgulloso de este hecho de armas que construye la iglesia de San Juan de Pie de Puerto en acción de gracias por la victoria. Lo que sí que es cierto es que no hace de las cadenas su escudo en primer lugar porque la heráldica está en pañales, esto es algo más tardío.

Ante estos hechos tan incómodos el nacionalismo vasco disfrazado de napartarrismo niega la mayor: pasa a afirmar que las cadenas de Navarra son una imposición de Castilla sobre el escudo de Navarra a partir de 1512 con el objeto de "españolizarlo". El hecho es que el escudo primitivo de Navarra, en un proceso de confusión quizás, pasará de sus radios originales a las cadenas ganadas por Sancho VII, pero este proceso tiene lugar al menos poco menos de un siglo antes de 1512, si en un documento sancionado por Carlos III tan importante como el Privilegio de la Unión (1423), las armas de Navarra ya son descritas explícitamente como cadenas de oro sobre un fondo de gules. Hecho que demuestra que lo de la "imposición castellana" es lisa y llanamente un bulo.

Sea como fuere, con motivo del 500 aniversario de la anexión de Navarra a la Corona de Castilla, asociaciones como Nabarralde promueven una nueva bandera de Navarra con un escudo basado en un diseño presente en el precioso Libro de armería del reino de Navarra, escudo que por medio de esta instrumentalización es popularmente conocido como el ábaco por la cantidad de bolitas que tiene. Esta es la primera bandera y actualmente está muy extendida entre los napartarras más progre-guays. Los abertzales de tomo y lomo en su lugar van a la versión original, es decir, la ikurriña. Otras versiones diferentes basadas en el mismo concepto pero a modo de estandarte, son las de la segunda y tercera bandera, esta última sin la esmeralda.

Por último, también han llegado a hacer banderas físicas de una versión hipersimplificada de este tipo de escudo (cuarta bandera), salvando aquella anécdota inicial de Sabino Arana que es para dar de comer a parte, esta última para mi gusto personal es la más fea de todas, qué queréis que os diga... ¿Me he dejado alguna bandera separatista navarroide? No dudes en dejar un comentario o mandarnos un correo: contacto@navarraresiste.com

Por nuestra parte, seamos inteligentes, usemos la nuestra:


Hispano

miércoles, 20 de julio de 2016

Los mapas de Uxue para viajar a Narnia, propaganda barata de la ETA

Estamos en los días de la Semana de Estudios Medievales de Estella. La más que madura hija de Lacarra, rescatada por Martín Duque, es una prueba más de lo que siempre decimos aquí: que en Navarra, donde la batalla es por la identidad –siempre romana y española, nunca abertzale-, la historia está en el centro de la política. Los nacionalistas siempre lo demuestran: llaman investigación a su propaganda, gastan el dinero público en contar sus patrañas separatistas, y encima el centroderecha suele ser en esto timorato, ignorantón y hasta cornudo consentido. Así les ha ido.


Se mencionaba no hace mucho en esta misma sección el ‘Atlas Histórico de Navarra, un recorrido ilustrado’ dirigido por Eneko Del Castillo. No es un texto científico objetivo, sino un libro que pone en términos abertzales –políticos, no académicos- la visión que ellos quieren imponer de la historia de estas tierras y sus gentes en los últimos tres milenios. Versión Pamiela, con todo el apoyo y cariño de Diario de Mentizias. Es decir, con el amor y comprensión del Cuatripartito de Uxue y de Mendoza. Y no sólo. A ratos parece menos real que un atlas de Narnia, o de la Tierra Media, o de la galaxia de Star Wars.


Ha aparecido en 2016, en la Feria del Libro de Pamplona, y el atlas en sí mismo no es ni original ni novedoso, salvo la ventaja que tiene, por aparecer ahora, de ciertos recursos técnicos antes no existentes. Cartografía histórica de Navarra o con Navarra ya había habido, y de calidad variable. Ha habido más o menos atención a Navarra en los mapas de ciertas obras científicas generales de historia. Hubo el innovador Atlas de la CAN en 1977. Hubo por supuesto el monumental en todos los sentidos pero no muy manejable, Gran Atlas de Navarra, en dos tomazos. Hubo en 2005 el quizá bienintencionado Atlas Histórico Visual de Navarra del Diario de Navarra. Hubo desde luego en 2006 el nuevo Atlas de Navarra, del Gobierno de Navarra, un instrumento a día de hoy imprescindible.

Calidad variable, ya se ve, pero académicamente mucho más justificada que el pobre intento politizado de Del Castillo y los suyos, atractivo sólo por los colores y la imaginación derrochados. Quizá lo más parecido al proyecto de Del Castillo ha sido el ‘Mapas para una nación. Euskal Herria en la cartografía y en los testimonios históricos’, obra entre lo pretencioso y lo cómico que José María Esparza Zabalegui nos ofreció en 2011 bajo el sello de… Txalaparta. Cómo no. Casi al nivel de divertido, por lo sectario y pseudo-racista, si no fuese por la sangre vertida, del mapa desplegable de 1992 ‘Herrien Europa – Europa de los pueblos’. Sólo de ALGUNOS pueblos, claro, aunque hubiese de inventarlos o que priorizar en unos casos la historia o su reinvención, en otros la lengua o quizá el ADN.

Del Castillo expone su visión y reúne su equipo en torno a esta editorial y a su blog nabarlur. La verdad, pese a los años pasados de 1995 y pese a ser obra en parte de militantes abertzales radicales como Jimeno Jurío o Emilio Majuelo, el ‘Nosotros los Vascos. Gran Atlas Histórico de Euskal Herria’ de Joseba Agirreakuenaga estaba menos descaradamente manipulado, tenía más concesiones a la realidad de los hechos del pasado.

El Atlas recién nacido toma como presupuesto de todo la existencia de un pueblo vasco, que se identifica según criterio nacionalista según conviene con lengua, con toponimia, con fuentes recortadas y leídas Dios sabe cómo… y expresada políticamente en una soberanía, parece que creada por los dioses, pero no por Tutatis claro, a la que da en llamar ‘Navarra’. Es decir, este Atlas es un engarce entre el nacionalismo vasco más radical en lo territorial, más imaginativo en lo cultural y lo histórico y el nuevo intento engañabobos que ha ido a las urnas como Libertate Nafarra.

Es sencillo: nos inventamos un pasado de Navarra a medida, elegimos lo que nos conviene de lo que se sabe y el resto lo contamos a nuestro gusto, luego lo convertimos en un atlas así mono y moderno, y terminaremos convenciendo a más de uno de que esto a lo que llamamos ‘navarrismo’ no es nacionalismo vasco, sino algo mucho mejor. No por casualidad se cita a Tomás Urzainqui Mina, candidato fallido de LN, en el atlas de Del Castillo.

Pero eso es casi un juego inocente, si no fuese por lo ridículo de citar como otros historiadores de referencia aÁlvaro Adot y Aitor Pescador (senador fallido de Podemos) al nivel de José María Lacarra, o a Roldán Jimenojunto al padre José María Jimeno Jurío y a su maestro Gregorio Monreal. Divertido. No es divertido en cambio, si se analiza la cartografía, la reiterada coincidencia entre la ‘Navarra’ imaginada para el pasado por Del Castillo y los suyos y la Vasconia puesta por escrito y en mapas en 1963 por el cofundador de ETA Federico Krutwig Sagredo [Fernando Sarrailh de Ihartza].


El nacionalista vasco genuino, sea en un caso navarrista sea en el otro vizcaíno de nacimiento, quiere un Estado independiente desde el Norte de Castilla al Valle de Arán y desde los arrabales de Burdeos a la cordillera Ibérica. Del Castillo es una expresión renovada de lo que Krutwig quiso. Ambos tendrían su gracia, y más las folklóricas críticas directas de Del Castillo a Krutwig, en un caso renunciando a Campoo y en otro exigiendo Arán, Andorra y toda la Ribargorza.  Ya puestos, Madagascar. Pero de lo que Krutwig quiso se han derivado décadas de terrorismo, acción totalitaria, dolor, división y muerte, y un cambio brutal de estas tierras. Y por eso no hay que tomar a broma el juego navarrista de este Atlas, de sus colaboradores y de sus nada inocentes laudadores. Otras formas, mismas fronteras.

Si queremos una buena divulgación histórica –hechos, no propaganda abertzale ni de ayer ni de hoy-, tenemos en cambio una “Historia Medieval del Reyno de Navarra”, de la Fundación Lebrel Blanco en 2005. Y si queremos mapas nuevos, accesibles y de superior calidad científica innegable y para nada al nivel de este Atlas, la serie ‘Navarra. Los límites del Reyno’, de Luis Javier Fortún y Alfredo Floristán de 2009. Por cierto, ahí hay un desafío para Mendoza y la presidenta Barkos: en vez de divulgar la cosa esta politizada y con ribetes paleo-etarras de Pamiela, ¿no podrían reeditar en forma de libro aquel estupendo trabajo de cartografía histórica? Más historia y menos Krutwig, más Fortún-Floristan y menos Del Castillo, más hechos y menos Atlas de Narnia.

Caius