martes, 9 de septiembre de 2014

Lugares con encanto: Castillo de Javier


   El castillo de Javier se encuentra en el extremo oriental de la Navarra media, 52 kilómetros al Este de Pamplona que se recorren en 40 minutos de coche... o en unas 11 horas de caminata aproximadamente, dependiendo ya de la velocidad que se dé cada uno andando. Se trata de un bien de interés cultural y uno de los monumentos más queridos y emblemáticos de Navarra.

   El conjunto tiene dos componentes principales: la Basílica de San Francisco Javier y el propio castillo que incluye un recinto amurallado dentro del cual podemos encontrar tres torres defensivas y diversas estancias fortificadas entre las que se encuentra el actual museo. El origen de la fortaleza se remonta al siglo X, cuando se compone únicamente de una torre de vigilancia, que se correspondería con la base de la actual torre del homenaje o torre de San Miguel. Este torreón pudo servir de refugio en la frontera de la Reconquista hispana, durante las últimas expediciones musulmanas en las décadas iniciales del Reino de Pamplona y del Condado de Aragón. El nombre del lugar proviene probablemente del vascuence Etxeberri (casa nueva) que evoluciona según los siglos a Javierre, Xavierre, con las sucesivas grafías de Xavier, Xabier, Javier.

   Durante el siglo XI se construye un primer recinto fortificado a modo de "camisa" alrededor de la torre primigenea que adquiere una configuración de gran torre con dos pisos y de residencia del tenente del Rey en ese sector de la frontera y del valle del Aragón. Se desconoce exactamente quiénes eran sus dueños por aquel entonces, aunque probablemente fuese parte del dominio regio y hubiese allí un lugarteniente designado por la Corona. Hasta el año 1035 Javier y su comarca pertenecen al reino de Pamplona, pero con la muerte de Sancho Garcés III el Mayor acaba pasando a manos de su hijo Ramiro de Aragón. En el año 1076 Pamplona y Aragón volvieron a formar un único reino, para separarse de forma definitiva en el año 1134. Otra vez entonces el castellano de Javier se decanta por Aragón. Ya no era fortaleza fronteriza contra el islam, porque la Reconquista había avanzado, pero seguía estando entre los reinos cristianos y hermanos de Aragón y Navarra, y por eso se conservó su importancia militar y política.

   En el año 1217 Javier está en manos del noble de origen alavés don Ladrón, cuyo padre podría haber sido premiado con el señorío de Javier por encabezar un ataque aragonés al reino de Navarra. Don Ladrón recibe en ese año un cuantioso préstamo por parte del rey de Navarra, parte del cual serviría para realizar la ampliación del castillo en la que se construyen las otras dos torres, un muro envolvente y una entrada principal con puente levadizo y torre albarrana. Es entonces cuando el castillo obtiene su configuración definitiva. Don Ladrón devolvió el préstamo aunque posteriormente tuvo que vender el castillo al infante Fernando de Aragón, quien a su vez lo empeña en 1223 a Sancho VII el Fuerte a cambio de un préstamo que no es capaz de devolver por lo que Javier pasa a pertenecer definitivamente a Navarra.


   La muerte de Sancho el Fuerte en el año 1234 pone fin a la dinastía Jimena en Navarra y su sobrino sucesor, Teobaldo I de Champaña, abre dos siglos de soberanos franceses. Dicho rey entrega el señorío de Javier a la familia de los Aznárez de Sada, que lo regentará como vasallos de los reyes navarros durante 10 generaciones. A mediados del siglo XV el reino se ve sumido en una guerra civil provocada por una disputa dinástica y las ambiciones de dos bandos nobiliarios: los beamonteses y los agramonteses. Javier, que siempre había estado controlado por agramonteses, se encuentra por aquel entonces controlado por un beamontés. Los agramonteses atacan el castillo en 1455 para recuperarlo y lo consiguen, pero la fortaleza es destruida y quemada.

   Sus dueños proceden a reconstruir y ampliar el baluarte en los años siguientes y se añade un muro exterior (barbacana). La heredera por aquel entonces, Juana Aznárez de Sada, se casa con el noble baztanés Martín Azpilicueta, poniendo así fin a la dinastía que había poseído el señorío durante más de dos siglos. A finales del siglo XV se vuelve a producir un cambio de señorial, pasando la posesión del castillo a la familia Jaso. Es también durante estos años cuando se coloca sobre la puerta del castillo el escudo de los señores de Javier, combinado con los blasones de las familias Jaso y Azpilicueta.

   A principios del siglo XVI guerra civil endémica entre agramonteses y beamonteses, sumada a la división en la propia familia real y a la intromisión de Francia, donde los últimos reyes tenían señoríos mucho más ricos e interesantes, había debilitado a la monarquía navarra haciendo imposible la posición de Navarra. Al optar claramente los reyes por someterse al rey de Francia, Fernando el Católico con un enorme apoyo popular y nobiliario en Navarra procede a la conquista del reino en 1512. El señor de Javier por aquel entonces, Juan de Jaso, tenía buenas relaciones con los Reyes Católicos y aceptó la nueva situación conservando su puesto como presidente del Consejo Real. Con su prestigio nobiliario y su formación universitaria sirvió de modo eficaz a Fernando como rey de Navarra y fue decisivo en las Cortes de 1513, donde la legitimidad de la Conquista se unió a la jura de los Fueros por el nuevo rey. El señor de Javier fue uno de los protagonistas de la total y definitiva integración de navarra en la Corona de Castilla y a través de ella en la Monarquía hispana. Esperando obtener aún más beneficios, los hijos mayores de Juan de Jaso Miguel y Juan colaboraron con la familia Albret en los dos intentos franceses de invadir Navarra. Derrotados, y para evitar este tipo de levantamientos conflictos, el cardenal Cisneros (regente de España) ordena la demolición de numerosos castillos en Navarra. En el caso del castillo de Javier, se derriban los elementos defensivos del mismo.

   Previamente a estos años nace en Javier el hijo más joven e importante de Juan de Jaso, Francisco de Jaso y Azpilicueta, al que conocemos hoy como San Francisco Javier. El joven Francisco presenciaría a la edad de 10 años la desmilitarización del castillo. Aquellos años son de incertidumbre dado que Juan de Jaso muere (siempre fiel a España), sus hijosmayores esperan beneficiarse de su colaboración con Francia y son castigados por ello, y la familia también se ve acosada por diversos pleitos de índole económica. Finalmente en el año 1524 los hermanos Miguel y Juan rinden pleitesia a Carlos I de España y V de Alemania. En este contexto, Francisco abandona definitivamente Javier en 1525 para estudiar en la Universidad de París. En vez de la gloria militar de sus antepasados se esperaban de él los éxitos académicos y jurídicos de su padre.

   La vida seguía su curso en Javier, que había dejado de ser castillo para ser una residencia señorial. Sus dueños comienzan un proceso de acumulación de títulos y propiedades, de modo que Javier deja de ser su residencia habitual. Integrados en la gran nobleza española, viven fuera de Javier. Sin embargo, la canonización de San Francisco Javier (1622) y el nombramiento de conde de Javier a Juan de Garro (1625) hizo que la familia siguiera identificándose con el antiguo castillo y realizase diversas obras en la residencia como una capilla y bodegas, a pesar de residir la mayor parte del tiempo en Pamplona o junto a la corte regia. A principios del siglo XVII la dinastía Garro llega a su último eslabón por línea masculina, adquiriendo la familia Idiáquez los derechos sobre Javier por matrimonio.

   La nueva familia que ostenta Javier tampoco reside de forma habitual en el mismo, sino en el palacio real de Estella del que son tenentes en nombre del Rey, pero se identifica con el Santo y su culto. Son los años en los que el gran debate interno en Navarra era entre los partidarios de san Fermín y los de San Francisco Javier como patrono del Reino. Así, en el año 1730 el duque construye una hospedería de peregrinos. La expulsión en 1768 de la Compañía de Jesús de España y su posterior disolución no contribuyen a el culto javierano y durante el siglo XIX las guerras diluyen el patrimonio de la familia Idíaquez, que por aquel entonces reside en Madrid. De esta forma el edificio se va deteriorando dado que las obras en el mismo son meros remiendos.

   Mientras tanto, se había producido un nuevo cambio de familia titular de la casa, que pasa a la familia Azlor de Aragón. Este cambio sería esencial para la restauración de Javier, dado que la hija del segundo matrimonio, María del Carmen Azlor de Aragón e Idiaquez (XV duquesa de Villahermosa) se sentía muy identificada con su antepasado San Francisco Javier y se dedica a restaurar por completo Javier. Reconstruye los elementos defensivos de la fortaleza y derribó la vieja capilla barroca para levantar en su lugar la actual basílica. Una vez terminadas las obras, donó el reinstaurado castillo a los jesuitas, que construyeron un colegio en el entorno.


   Durante el siglo XX y ya bajo el mando de los jesuitas, se siguen realizando reconstrucciones que a la postre darían al castillo su imagen actual. Así, en los años 50 y 60 se construyen de modo más o menos acertado las defensas exteriores del castillo, se recrece la torre de San Miguel hasta su altura actual y sobre todo se derriba el pueblo de Javier, reconstruyéndolo más alejado y dejando una explanada y una zona de servicios frente al castillo y la basílica. Con motivo del V centenario del nacimiento del Santo (2006) se llevan a cabo nuevas tareas de saneamiento estructural y se construye el museo y reconstruye el paseo de ronda que da la vuelta a toda la fortaleza. Desde el año 1940 y en parte como resultado de la Guerra Civil el castillo de Javier se transforma en un importante centro de peregrinaciones, siendo las más importantes las Javieradas, que congregan a miles de navarros. Pero esto es algo de lo que hablaremos otro día.

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