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lunes, 1 de octubre de 2018

Fake news a la vasca


El término fake news (noticias falsas) fue popularizado por el actual presidente de Estados Unidos Donald Trump al principio de su legislatura, hasta el punto que fue considerada "Palabra del 2017" por el diccionario Collins.

Pero hoy no voy a hablar de como medios supuestamente serios llegaron a publicar bulos creados en 4chan para demostrar que los progres de la CNN se comerían cualquier historia manifiestamente falsa por rocambolesca, con tal de tener un titular contra Trump. El bulo al que me refiero fue aquella historieta que decía que Trump había contratado a prostitutas rusas para practicar la "lluvia dorada" y mancillar la misma cama de un hotel de Moscú en la que había dormido el anterior presidente Barak Obama durante una de sus visitas, que todo había sido grabado por el FSB (servicio secreto ruso) y que con ello mantenían chantajeado al nuevo presidente.

Tampoco voy a hablar de las propuestas veladas a favor de limitar la libertad de expresión y de prensa por parte de la vicepresidenta Carmen Calvo, con un ejecutivo en crisis permanente debido a las informaciones bastante feotas que vienen saliendo en la prensa y que le están cortado la cabeza uno por uno a sus ministros.

Hoy quiero hablar de una noticia falsa a la vasca. La semana pasada andaba echando un vistazo a un conocido blog "antifa", que reconozco ver de vez en cuando a partes iguales para reirme y para ver qué se les pasa por la azotea a estos cabestros. En dicho blog se cortapegaba (porque es un blog de cortapega que no aporta nada nuevo) una noticia según la cual dos "cineastas" de Pamplona iban a ser juzgados en Pamplona "por realizar un documental"; motivo por el cual, según la "noticia", la Fiscalía pedía dos años de cárcel y el pago de una multa de 12.000€ para los dos inculpados.

Esta "noticia" salía a su vez de otro pseudomedio titulado "el odio" en francés (supongo que inspirado por una película francesa de los 90 que tiene como protagonistas a unos racailles de barrio marginal) que a su vez la había cortapegado del facebook del ZER, el colectivo fantasma al que perteneceden los dos acusados "por realizar un documental", cerrando así el círculo.


Pero algo chirría porque según la citada "noticia", los imputados serán juzgados por un delito de revelación de secretos... ¿por hacer un documental?

En marzo del 2016 un miembro de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz encontró una videocámara oculta en un respiradero de la cripta del Monumento a los Caídos de Pamplona. Las pesquisas policiales al respecto determinaron que quienes habían colocado la citada cámara eran un matrimonio de desmemorialistas, que son a su vez quienes montaron unas jornadas a favor de la demolición del Monumento. En la colocacion de estos dispositivos de grabación probablemente fueron ayudados por alguien del Ayuntamiento de Pamplona, ya que alguien les tenía que haber facilitado la entrada al Monumento y el acceso al cuadro de luces al que estaban conectados.


Artículo relacionado: Vigilantismo social en Pamplona

Recordemos que si bien como vengo diciendo el Monumento está en manos del Ayuntamiento, la cripta es un recinto privado cuyo usufructo pertenece a la Iglesia, por lo que realizar grabaciones sin el consentimiento de los usuarios constituye un delito de revelación de secretos mediante captación de imágenes y escuchas ilegales.

Y estos estalentaos de ZER pretendían colar que se enfrentaban a juicio con penas de hasta dos años (ni siquiera ingresarán en prisión) y una multa de 12.000€; "por hacer un documental".

Mentiras como estas son sintomáticas a una extrema izquierda que trata a sus adeptos como a imbéciles carentes de sentido crítico, de esta forma tenemos masas de idiotas dispuestos a manifestarse a favor de los "chicos de Alsasua" que van a la cárcel por una "pelea de bar" y no por darle una paliza a dos guardias civiles en una estrategia de acoso que busca la expulsión de las FYCSE de Navarra; o a podemitas y antifas madrileños diciendo que que el tal Alfon está en la cárcel "por acudir a una huelga" o incluso "por ser joven" y no por acudir a una manifestación con un dispositivo explosivo improvisado.

Cosas veredes, amigo Sancho, pero con estos borregos nos ha tocado bregar.

Hispano

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La placa de la vergüenza y el odio de Ansoáin


Hace treinta y dos años, en concreto el 24 de noviembre de 1985, el ayuntamiento de Ansoáin, localidad colindante con Pamplona, decidió colocar una placa en honor de Arturo Campion en la calle dedicada a este siniestro personaje. La placa como se puede comprobar en la imagen contiene un mensaje racista y xenófobo muy del estilo de los que tanto le gustaba proferir en sus escritos a Sabino Arana. 

Lo curioso del texto de la placa, para empezar, es que haga referencia a los ascendientes de los navarros, y precisamente lo escriba un personaje como Arturo Campion, cuyo abuelo era un soldado francés del ejercito de Napoleón que tras la guerra de independencia se afincó (para desgracia nuestra) en estas tierras. En segundo lugar, llama la atención que la placa figure el texto escrito en castellano, es decir, en el idioma impuesto a sangre y fuego según el autor del mismo. Con lo cual, la placa ya nos deja dos incongruencias; escrita en el idioma "opresor" haciendo referencia a un pueblo del cual no desciende el autor de la cita.

Sprays de pintura de Montana Colors - MTN 94. A la venta en Pinturas Biurdana (Pol. Ind. Agustinos C/G Nave D-45, Orcoyen) y El Mundo Del Pintor (Travesía Bernardino Tirapu 23, Pamplona) por unos cuatro euros.

Pero la anécdota no queda ahí, ya que hay que rastrear hasta ver quien puso y quien ha permitido durante más de tres décadas la placa. Pues bien, la Cendea de Ansoáin estuvo gobernada por PSN-PSOE o por Baztarre, y una vez la Cendea se constituyó en Ayuntamiento en 1991, por el PSN-PSOE (que llegó a tener incluso mayoría absoluta) de manera ininterrumpida hasta el año 2015. 

Y la broma continúa, ya que, en octubre de 2017 el gobierno del cutrepartito concedió la medalla de  oro de Navarra a Arturo Campion (bajo la escusa de que fue uno de los que elaboró el diseño de la bandera de Navarra) con la enérgica oposición de Baztarre y PSN-PSOE, partidos falsos y cínicos ya que éstos mismos colocaron y han mantenido hasta la actualidad una placa xenófoba (la placa de la vergüenza) y una calle a un personaje que sin embargo, para ellos no merece la medalla de oro. Según los falsarios de la izquierda, no la merece por su apoyo en julio de 1936 al alzamiento de los nacionales, no porque escribiera mensajes racistas, xenófobos y ultranacionalistas vascos. De hecho el diario de cabecera de los euskoguais ya les recordó a la izquierda reaccionaria su posición ambigua y falsaria con respecto a Campion (http://www.noticiasdenavarra.com/2017/11/05/politica/navarra/psn-y-batzarre-han-tenido-durante-mas-de-30-anos-una-placa-de-reconocimiento-a-campion-en-ansoain).

Desde este blog nos sumamos a la denuncia que lleva realizando desde hace años el bueno de Patxi Mendiburu (http://patximendiburu.blogspot.com/2009/06/una-placa-facha-en-ansoain.html y http://patximendiburu.blogspot.com/2010/11/una-placa-facha-en-ansoain-2.html), y exhortamos a sociedad civil, partidos políticos e instituciones para que reaccionen de una vez y actúen para que consigamos que esta vergonzosa placa deje de estar en la calle de todos. 

Martillo de oficios DEXTER ARRANCA TRIMATERIA. A la venta en el Leroy Merlin por 9,95€ http://www.leroymerlin.es/fp/15024506/martillo-de-oficios-arranca-trimateria

Si algún batasunero o palmero de la izquierda reaccionaria quiere, que se la lleve a su casa y la ponga en un lugar destacado de su salón, pero las calles son de todos  y las placas racistas y xenófobas sobran. Si esta placa donde pone euskera pusiera castellano y al revés, ya se habrían encargado los pro-Anchluss de hacerla retirar o incluso retirarla por su cuenta y riesgo. Los demócratas y constitucionalistas no pueden permitir ni un día más que la placa de la vergüenza continúe en la calle Arturo Campion de Ansoáin, y la izquierda reaccionaria que tantas lecciones de democracia y memoria histórica da, que sea más coherente y sean los primeros en dar el paso. De lo contrario, terminarán de demostrar que ni son demócratas, ni constitucionalistas (de hecho IU/Podemos no lo son) ni creen de verdad en la memoria histórica.

No podemos terminar el artículo sin exhortar de nuevo a que se retire la placa de la vergüenza, o incluso, la placa del odio, se busque la formula que sea, se denuncie como delito de odio, se organicen manifestaciones, declaraciones políticas o institucionales, se acuda al Defensor del Pueblo, se recojan firmas físicas o mediante plataformas digitales como change.org, lo que no podemos permitir es que esta infamia, esta vergüenza continúe. Puede parecer una nimiedad, pero en realidad ni esta placa ni ninguna otra placa, cartel, pegatina o mural que realicen apología del odio/terrorismo y xenofobia tienen cabida en una sociedad libre y madura. Tras sumarnos a la denuncia de Patxi Mendiburu, exigimos que se tomen cartas en el asunto y en breve podamos publicar un artículo celebrando la retirada de la placa. Placa de la vergüenza y del odio, ¡ni un minuto más en nuestras calles!

miércoles, 18 de julio de 2018

Colgar una laureada será motivo de multa (pero NO la propaganda proetarra)


El 12 de julio, en pleno periodo festivo de los sanfermines, el cutrepartito publicaba en el Boletín Oficial de Navarra una modificación de la Ley Foral 33/2013 de reconocimiento y reparación de los navarros víctimas de la represión del golpe militar de 1936. Que hubo golpe militar en julio de 1936 nadie lo duda, aunque la primera duda que surge es quien puede acogerse a dicho reconocimiento y reparación, ya que hubo navarros represaliados y víctimas a raíz del golpe militar como el caso de Víctor Pradera e hijo, asesinados por las milicias rojo-separatistas en San Sebastián en agosto de 1936. Aunque sepan nuestros lectores que todos los navarros represaliados en la guerra civil no cuentan, solo aquellas víctimas que fueran de ideología rojo-separatista y siempre que el gatillo lo apretara uno del bando contrario.

Pues bien, el nuevo Estado-totalitario tipo 1984 de Orwell que están construyendo de manera conjunta la izquierda radical española (PCE/IU, Podemos y el actual PSOE bolchevizado) y el separatismo en todas sus variantes, coaliciones y sopas de letras, va a meterse hasta en la cocina de nuestra casa, y algún día nos impondrá hasta lo que tengamos que comer cada día (ya lo hacen con los almuerzos de los niños en los colegios, donde antes cada uno se llevaba el bocadillo de casa y ahora hay un calendario de comidas obligatorias). En materia de memoria histórica, junto al pack de la ideología de género y el separatismo -adoctrinamiento, manipulación histórica e inmersión/imposición lingüística- es donde más ha avanzado esta siniestra dictadura cada vez menos encubierta.

En el caso de Navarra, y gracias a esta nueva ley floral aprobada por el impresentable Parla-miento que nos des-gobierna por "imperativo legal" (si señores, la ley también nos obliga a aguantaros a vosotros) nos deja unas perlas que si la sociedad española fuera realmente democrática y gozara de un mínimo de cultura generaría escalofríos (aparte de la correspondiente reacción). 

Con esta nueva norma (imperativo legal) el Gobierno de Navarra y los entes locales podrán obligar a cualquier particular a la retirada de cualquier símbolo que consideren "franquista". Si el sujeto se negare, entonces las Administraciones podrán utilizar la fuerza para su retirada, además de imposición de multas que van desde los 600 euros hasta los 6.000. 

Además, las Administraciones autonómica y local podrán prohibir actos que según la ley "entrañen descrédito, menosprecio o humillación a las víctimas o sus familiares, exaltación del golpe militar o del franquismo, u homenajes o concesión de distinciones a las personas físicas o jurídicas que apoyaron el golpe militar y la dictadura”. Que actos se encuentran dentro del mencionado ámbito quedan al libre arbitrio de la autoridad competente, por lo que, cualquier histérico de ultraizquierda o separatista con alto cargo en el ramo correspondiente podrá utilizar esta norma para prohibir actos públicos, actos que por cierto la competencia para autorizar o no correspondían a la Delegación de Gobierno y los Tribunales de Justicia (¿invasión de competencias?, tranquilos que el desGobierno de Peio Santxez mirará para otro lado).

Pues la cosa no queda ahí, ya que la norma recoge un artículo 22 de infracciones que recoge como conductas sancionables entre otras las que vamos a señalar a continuación, con multas que van desde los 200 hasta los 150.000 euros:

1) La realización de excavaciones, con el ánimo de exhumar restos de víctimas de la represión que tuvo raíz en el golpe militar de 1936, sin atenerse al Protocolo de Exhumaciones de la Comunidad Foral de Navarra..
2) La remoción de terreno, o la construcción sobre el mismo, sin la autorización pertinente donde haya certeza de la existencia de restos humanos correspondientes a víctimas desaparecidas.
3) La destrucción o alteración grave de un bien, o parte del mismo, que esté integrado en un Lugar de la Memoria Histórica de Navarra.
4) La destrucción de los documentos de la Memoria Histórica de Navarra a los que se refiere el artículo 13 de la presente ley foral, así como la destrucción no autorizada de las pruebas de ADN en relación con lo establecido en el artículo 8 de la misma.
5) La realización de cualquier obra o intervención en un Lugar de la Memoria Histórica de Navarra que afecte a fosas de víctimas o enterramientos clandestinos sin la debida autorización.
6) El incumplimiento, sin causa justificada, de la obligación de comunicar el hallazgo de restos que razonablemente pueda suponerse que pertenecen a víctimas de la represión durante la Guerra Civil o la Dictadura franquista, según lo previsto en esta ley foral.
7) El incumplimiento de los deberes de conservación y mantenimiento de un Lugar de la Memoria Histórica de Navarra o en la señalización regulada en esta ley foral.
8) El incumplimiento de la resolución por la que se requiera la retirada de elementos,
de símbolos, leyendas y menciones franquistas, así como la restitución o instalación de nuevos elementos relativos a menciones y homenajes a personas que se significaron por su apoyo al golpe de estado franquista y la posterior dictadura.
9) La rotura o retirada sin permiso de placas, monumentos u otro tipo de elementosconmemorativos o de homenaje a las víctimas a que se refiere la presente ley foral. Su alteración mediante pintadas, incisiones u otras marcas con el fin de insultar o vejar la memoria de quienes son recordados u homenajeados, de injuriar a las víctimas o de hacer apología o exaltación de los participantes, instigadores o legitimadores de la sublevación militar de 1936 y de la Dictadura franquista.
10) Utilizar o emitir expresiones ofensivas, vejatorias o atentatorias contra la dignidad de las víctimas de la Guerra Civil o la Dictadura franquista en cualquier medio de comunicación, en discursos o intervenciones públicas o en plataformas digitales, cuando estas conductas no sean tipificadas como delito de incitación al odio.

De los 10 puntos seleccionados (hay más), el más grave es el último, ya que con este artículo tan vago van a poder perseguir cualquier opinión que disienta de la "verdad oficial", que no verdad real, bien sea realizada mediante cualquier soporte físico, electrónico u incluso, discursos e intervenciones públicas. Vamos, que a partir de ahora cuidado los tuiteros que seguro que hay ya una unidad especial de la policía autonómica (nuestros mossos autóctonos) dedicada a vigilar las redes sociales (igual que vigilan los mercadillos de chapas de fiestas). 

Desde aquí emplazamos a todas esas fuerzas tan "democráticas" y preocupadas con las memorias históricas de las represiones a aprobar una Ley Foral que tenga el mismo contenido pero donde dice "franquismo" diga "terrorismo etarra y de extrema izquierda". Siéntense a esperar queridos lectores, que dicha ley no la verán nunca aprobada, sobre todo si depende de partidos como PSOE, IU/PCE, Podemos y por supuesto, los separatistas de todo pelaje y condición.

jueves, 7 de junio de 2018

Los fusilados en Navarra durante la Guerra Civil: mitos y manipulación


Llegamos a un tema polémico donde los haya en la España del 2018: la guerra civil que asoló nuestro país entre 1936 y 1939. Como muchos de nuestros lectores saben, en julio de 1936 comenzó la última guerra civil española (no la primera ni mucho menos) en la cual se formaron dos bloques/bandos: el bando sublevado o bando nacional y el bando republicano o bando frentepopulista rojo-separatista. En Navarra triunfó el primer bando, el sublevado-nacional, no tanto por la pericia de los militares alzados sino por el ardor y sentimiento mayoritario de los navarros de aquel entonces. 

En Navarra durante los tres años que duró el conflicto bélico no se produjeron batallas ni escaramuzas de tipo militar, únicamente hubo varios bombardeos de la aviación republicana sobre población civil indefensa, si bien es verdad que se produjo un fenómeno típico de la retaguardia en ambos bandos durante toda la guerra: los fusilamientos de presuntos detractores.


En primer lugar, al abordar la cuestión de los fusilados por el bando sublevado o nacional en la retaguardia navarra toca entrar a valorar las cifras de personas muertas/asesinadas. Los medios de comunicación y el imaginario colectivo maneja la cifra de entorno a 3.500/4.500 asesinados por los "fascistas", de hecho en cualquier foro de internet los trolls aberchales y comunistoides siempre sacan a colación las mencionadas cifras. 

Sin embargo, los estudios serios hablan de otras cifras bastante inferiores. El primer estudio serio que se realizó fue en 1983 por Ramo Salas Larrazabal en el libro titulado "Los fusilados en Navarra en la guerra de 1936", en el cual, cifra que se baraja es de 1.160 . Hay que tener en cuenta que el estudio se publicó en 1983, ya bastante entrada la democracia, y que por tanto, no se trata de un trabajo realizado durante el régimen franquista con objeto de tapar nada ni pelotear a nadie. Otros estudios que se auto-presentan como rigurosos elevan la cifra a 2.643 víctimas, que si bien duplican la cifra dada por Salas Larrazabal están lejos de esos 3.500/4.500 del imaginario neofrentepopulista.


En segundo lugar, resulta necesario hacer una distinción entre las personas que murieron fusiladas en Navarra durante la última guerra civil española. Por un lado, nos encontraríamos con militantes en su mayoría de organizaciones políticas o sindicales de izquierdas, las cuales, en su inmensa mayoría no merecían haber acabado de esa manera, aunque juzgar hechos históricos que no vivimos en persona y en el cual se desatan tantas pasiones siempre resultará complicado y alejado de la realidad. 

Por otro lado, hubo otros fusilamientos, los menos, de carácter militar, entre los que se encuentran dos a destacar: el fusilamiento del comandante de la Guardia Civil en Pamplona por su negativa a secundar la sublevación, y los fusilamientos como consecuencia de la fuga de soldados prisioneros de la prisión militar del fuerte Alfonso XII más conocido como fuerte San Cristóbal. 

En este punto resulta necesario hacer una reflexión importante; el delito de alta traición en caso de conflicto bélico suele acarrear por lo general la pena de muerte, luego, los fusilamientos que podríamos denominar de carácter militar tanto en la retaguardia nacional como en la frentepopulista no pueden tener la misma consideración que aquellos fusilamientos por motivaciones políticas o personales. De hecho, el Código de Justicia Militar español hasta hace muy pocos años todavía contemplaba la pena de muerte en caso de conflicto bélico, y otro tanto ocurre con naciones tipo USA, Rusia e incluso algunas naciones europeas.

Aquí surge uno de los grandes mitos de los neofrentepopulistas en torno a los fusilamientos en Navarra, el "mito del fuerte San Cristóbal". La fuga de la prisión militar ubicada en el Fuerte Alfonso XII se debió a que un grupo de prisioneros redujeron a los guardias matando a uno de ellos, se hicieron con armas y se dieron a la fuga. Pensemos si esto mismo hubiera ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial con independencia de si los guardias eran del eje o aliados y los fugados fueran del bando contrario. 

Por desgracia los conflictos bélicos, fuera de las películas de Walt Disney, suelen implicar la muerte de numerosos contendientes e incluso numerosas bajas "colaterales" de civiles, y desde luego que la fuga de un número importante de presos de una prisión militar en cualquier conflicto bélico no acaba con ositos de peluche y todos de la mano fumando canutos alrededor de una hoguera.

En tercer lugar, los neofrentepopulistas en Navarra suelen acudir al mito de las "cunetas", inventando términos como Pachi Cunetero y similares. Pues bien, los fusilamientos en las retaguardias de ambos bandos salvo algún caso esporádico o de torpeza nunca acababan en cunetas, sino en fosas bien escondidas. Aquellas personas que participaron en pelotones de ejecuciones por lo general eran plenamente conocedores de la ilicitud de sus actos, por lo que, la táctica habitual eran las "sacas", es decir, llevarse a la fuerza a la persona con objeto de ejecutarla en algún lugar fuera del alcance del público y deshacerse de los cadáveres. Durante aquellos tres terribles años lo que no hubo en ambas retaguardias son cunetas. 

Lo curioso es que los etarras si fueron dejando muertos en las cunetas y en las calles previo tiro por la espalda o activación de explosivo a distancia, si alguien ha sido cunetero en España han sido precisamente los etarras (¡igual habría que llamarles a los batasunos Iosu Cuneteros!).


El parque de la trasera del Monumento a los Caídos de Pamplona, hoy plaza Serapio Esparza (los franquistas que fueron del PNV SI pueden tener calles  y plazas en Pamplona)
En cuarto y último lugar, si algún espectro político tiene derecho a reivindicar a los "suyos" en Navarra son el PSN-PSOE, la UGT y la CNT. El papel del separatismo vasco en Álava y Navarra fue calzarse la boina roja (algunos incluso camisa azul y posteriormente uniforme de la División Azul -ejército nazi-) y salir al frente a pegar tiros contra el bando frentepopulista. Si no fuera por la gravedad de la situación, resulta bastante cómico ver a separatistas reivindicar la memoria de otros (en parte por dejación de la izquierda navarra) cuando sus padres/abuelos fueron precisamente esos odiosos fascistas cuneteros. Desde luego que nombres sobran; desde el archiconocido Urmeneta o los Aranzadi, hasta un tal Serapio Esparza, personaje que siendo peneuvista apoyó el golpe del 36 y a pesar de ser "franquista" Asirón no ha tenido empacho en dedicarle una plaza.


En esta obra se recogen los crímenes cometidos en la retaguardia vizcaina y guipuzcoana por parte de las milicias rojas y peneuveras. En poco más de un año en la retaguardia de estas dos castellanismas provincias se cometieron numéricamente muchísimos más crímenes que todos los atribuidos en la retaguardia navarra. Por otra parte, ya va siendo hora de rescatar del olvido a todos los navarros que murieron bajo las bombas de la aviación republicana en sus incursiones de "castigo" sobre nuestra tierra o de aquellos navarros que fueron ejecutados en la retaguardia "republicana" en otras partes de España-

viernes, 4 de mayo de 2018

Por qué comprender y defender el Monumento a los Caídos


El Monumento a los Caídos de Pamplona, en su particular historia, siempre ha sido paradójico.

Se construyó en un momento en que Navarra iniciaba un tránsito sin retorno desde una sociedad y un orden tradicional, cohesionados por el catolicismo, hacia un destino desconocido que auguraba promesas de tiempos mejores.

A ritmo de vértigo, Navarra pasó de ser una sociedad agraria a otra predominantemente urbana. Del modelo de familia extensa, sujeta a la autoridad del padre y la madre en sus respectivos ámbitos y bajo la mirada de benévola autoridad de los abuelos, a una familia nuclear en la que todos sus integrantes precisaban resituarse en un mundo en rápido cambio.
Adhesivo de una iniciativa ciudadana en defensa del Monumento

La Iglesia católica, en los años 50 del pasado siglo, todavía era dominante, dogmática e incuestionable. Con todo, entre sus paredes se respiraban ciertos aires de libertad: daba sentido a la vida, consuelo ante las dificultades, formación y escuela, criterios para responder a los retos cotidianos y accesos al mundo circundante de tan cerrada sociedad. La vida transcurría despacio, pero todo, realmente marchaba muy deprisa; acelerándose en los 60 y, no digamos ya, en los 70 y siguientes décadas. De un orden social tradicional se saltó a la posmodernidad casi abruptamente y sin escalas.

El Monumento fue una respuesta colectiva, de su tiempo, a una experiencia traumática de la que casi nadie quería acordarse: el tributo de unos “vencedores” a sus muertos en la reciente guerra civil, quienes empezaban a sentirse solos.

Se ha afirmado, y no pocas veces, aunque con intencionalidad muy distinta, que la ciudad de Pamplona ha vivido de espaldas al Monumento. Se podría afirmar que no sólo Pamplona; seguramente toda Navarra.

A un monumento, el que sea, o se le insufla vida o sus dimensiones y significados simbólicos perderán sentido para las gentes que lo contemplan. Así fue.

La Guerra Civil fue una tragedia de dimensiones cósmicas. El dilema de unos y de otros, a pesar de otros muchos que no se sentían o no querían verse involucrados, fue matar o morir; espoleados por el miedo.

El siglo XX anticipó sobre Navarra y el resto de España lo peor de sí: las ideologías totalitarias, la violencia política, la división entre las familias, la conflictividad social, nuevos mecanismos de dominio y manipulación individual y colectiva… el miedo. Y el miedo puede sacar lo peor de la especie humana.

Historia e historiografía pretenden entender el pasado, hacerlo comprensible, aportar luces para presente y futuro, entrar en la mente de nuestros antepasados.

El pasado fue y nada lo cambiará. Se puede reescribir la Historia, pero ello no traerá paz a los muertos; ni sentido a los sufrimientos olvidados, distorsionados o magnificados.

La Memoria Histórica puede ser un instrumento al servicio de la convivencia si es honesta, global, imparcial.

La memoria, toda, en principio es selectiva. Pero su ejercicio puede permitir recuperar experiencias, relatos, vivencias que forman parte, en cierto modo, de todos nosotros; pues somos fruto de nuestras acciones, de nuestra herencia y de la sociedad que nos toca vivir.

El Monumento se construyó sobre una aparente unanimidad; que no era tal. Demasiadas heridas, silencios, conveniencias, tópicos… demasiada muerte.

Fue una obra monumental, pero, como toda obra humana, imperfecta.

Con indudables valores artísticos, urbanísticos y arquitectónicos, antes o después sería cuestionada.

Se podría perfeccionar tal obra, adecuarla, o destruirla… Las opciones siguen abiertas.

ETA primero, las organizaciones memorialistas que poco a poco se fueron configurando con pretensiones muy legítimas, y los partidos de izquierda y separatistas finalmente, han hecho causa común con el mismo objetivo: destruir el monumento o transformarlo de tal modo que llegue a significar todo lo opuesto que sus constructores pretendieron.

El futuro del Monumento según AFFNA
Si lo logran –lo que pueden conseguir ante la incomparecencia pública de los herederos de quiénes debieran defenderlo-, Navarra volvería a sufrir una nueva mutilación; si bien incruenta y sin derramamiento de sangre.

La cuestión que subyace realmente es: ¿queremos conocer la verdad?, ¿saber qué sucedió? ¿Por qué nuestros antepasados -padres, abuelos, tíos- se enfrentaron hasta extremos inimaginables?

La Historia y la historiografía pueden ayudarnos a ello, pero despojándonos previamente de prejuicios ideológicos y tópicos hoy predominantes, pero que, como toda obra humana, están condenados un día no muy lejano al ostracismo y al olvido.

 Si miramos las piedras que todavía tenemos ante nosotros, podemos entender muchas cosas. Veremos, así, que entre los muros del Monumento figuran, aunque hoy tapados, los nombres de miles de nuestros antepasados. Con sus vidas truncadas ferozmente, sus proyectos, sus rostros, sus esperanzas, sus creencias… con toda su humanidad violentada. Y no menos que los de quienes eran fusilados masiva y brutalmente en un ejercicio impío de “limpieza” y “seguridad”.

Entonces, ¿a quiénes correspondían aquellos nombres entonces grabados y hoy tapados patéticamente?

La Gran Enciclopedia de Navarra, a la que difícilmente pudiera acusarse de tendenciosa, en su versión digital (http://www.enciclopedianavarra.com/?page_id=10876) responde de la siguiente manera, aportando un contexto histórico sin el cual es muy difícil encuadrar estas circunstancias a las que hoy nos asomamos: “Se ha calculado que, durante los tres años de guerra, empuñaron las armas más de 16.000 requetés y unos 6.500 falangistas navarros, voluntarios todos, a los que se sumaron más de 18.000 soldados, navarros también, que fueron llamados a filas con sus respectivas quintas. En total, la aportación navarra a la guerra fue semejante, en número de hombres, a la del resto de la España sometida desde el principio por los sublevados, dado que los mandos militares acabaron por imponer la movilización general obligatoria. La singularidad de Navarra radicó en que, muy por delante de todas las demás regiones de España, la gran mayoría -dos tercios- de los movilizados fueron voluntarios”.

Desde algunos “memorialistas” se insiste que en el factor “voluntariado” -decisivo para entender las razones de este monumento y el “espíritu” de aquel tiempo- concurrieron muchas motivaciones dispares nada acordes con el “espíritu de Cruzada”: oportunistas, desesperados, aventureros… y no pocos cuyo motor real fue salvar la propia vida, la de sus familiares o conseguir unos mínimos ingresos económicos (por ejemplo, véase https://zaratiegui.net/2015/08/21/voluntarios-navarros-en-la-guerra-civil/).

Seguramente hubo de todo: altruismo, miedo, terror, pasión, indiferencia, desesperación, fatalidad… El clima político de los años anteriores era prebélico. La incorporación de las masas a la política, fenómeno propio del siglo XX, acarreó como inevitable e indeseable tributo la formación de milicias por parte de casi todos los partidos existentes, fueran democráticos o no; y la consiguiente extensión de una guerra civil a toda la población mediante procedimientos “industriales”. Todos estos factores deben considerarse –y no ignorarse o darse por sentados- para comprender con los datos de hoy, la mentalidad de ayer, en un intento de entender las motivaciones y los mecanismos mentales de nuestros antepasados; aunque en principio sus comportamientos nos generen rechazo, incomprensión o lejanía.

En todo caso, independientemente de la motivación de aquellos voluntarios, o enrolados forzosamente, quienes concibieron el Monumento situaron a cada fallecido, y con no escaso sentido común, en su localidad de origen; no en la unidad militar o milicia a la que se incorporó. Con más razón debieran rehabilitarse tales relaciones nominales, hoy tapadas, en un ejercicio de valoración y respeto ante tanto dolor y como impotente aproximación ante lo inconmensurable de aquella tragedia que jamás debiera reproducirse; ni siquiera a mínima escala. Nombres y apellidos: de todos. En Pamplona y en Sartaguda; pues no es una cuestión de equidistancia, sino de humanidad.

La Gran Enciclopedia Navarra, por su parte, también concreta al respecto: “En total, de todos estos hombres, entre 1936 y 1939 murieron 4.545: de ellos 1.766 soldados, 1.700 requetés y 1.074 falangistas, conforme a la estadística del Gobierno civil”.

Tal es la realidad de la Historia. Aunque hoy nos sorprenda, abrume o aterre.

Inscripción hoy tapada de fallecidos -a resultas de los combates- de Tudela

Desde una voluntad de servicio a la sociedad navarra, sin ataduras políticas y libremente, queremos facilitar a nuestros lectores, y a todos los interesados en esta temática -que se remite a la identidad, la herencia y las raíces de nuestro ser individual y colectivo- un documento elaborado por el colectivo El colibrí, al que hemos abierto en otras ocasiones este medio, en el que se abordan múltiples informaciones y perspectivas centradas en el Monumento a los Caídos: Hasta su total demolición (https://drive.google.com/file/d/12oTo76LcNlJ-BWAppsQDEZn-UAu9K_8m/view?usp=sharing). Tal es el título escogido para un trabajo que no debiera pasar desapercibido a cualquier interesado en las raíces y problemas de nuestros días.

Sila Félix

viernes, 20 de abril de 2018

Por una Memoria Histórica de todos: aleccionadores ejemplos desde Líbano


Del tamaño de nuestra tierra navarra, Líbano está poblado por cuatro millones de libaneses, millón y medio de refugiados sirios, trescientos mil palestinos, cien mil armenios, otros tantos kurdos…

Están presentes 18 confesiones religiosas: cristianos, musulmanes y drusos.

Acaso su más reciente actualidad sigue vinculada, en nuestra memoria colectiva, a la terrible guerra civil que asoló al país desde 1975 hasta 1990; año en que Siria, que había apoyado intermitentemente a una u otra facción durante a lo largo de todo el conflicto, ocupó el país derrotando a las principales facciones cristianas.

Fueron más de 200.000 los muertos violentamente, decenas de miles de desaparecidos (todavía hoy), buena parte de su patrimonio artístico devastado, sus infraestructuras destrozadas, sus ciudades arrasadas, la agricultura contaminada.

Sufrieron todo tipo de combates urbanos, bombardeos sobre objetivos civiles, terrorismos individuales y colectivos, ejecuciones extrajudiciales, represalias…

El país fue invadido por Israel y por Siria. También participaron paracaidistas americanos y franceses, pagando un alto precio en vidas.

Todos contra todos. Musulmanes contra cristianos, cristianos entre sí, musulmanes contra drusos, chiíes contras suníes, palestinos contra cristianos, etc., etc.

Miliciano de Hezbolá saluda al "profeta" Jesús

Sin embargo, la memoria de sus “mártires” -así se denomina allí a todos sus caídos (ya fueran comunistas, creyentes, indiferentes, independientemente de su filiación política, religiosa o tribal)- se cuida y mina. Y quienes fueron rivales mortales durante tantos años, la respetan y valoran.

Un ejemplo de humanidad, civismo y Memoria Histórica omnicomprensiva que no censura nada y quiere recordar todo… para no volver a caer en nada parecido.

Es más, para algunos no es suficiente y quieren más: un memorial para TODOS los muertos en combate, asesinados, desaparecidos, ejecutados… Con el nombre de cada uno de ellos. Sin apriorismos, sin censuras, sin imposiciones.

Cuando en Navarra se pretende demoler el Monumento a los Caídos e imponer una única y sectaria lectura de todo lo que acaeció muchos años antes que en la tragedia libanesa que hoy nos ocupa, estos ejemplos modélicos de humanidad y sentido común que nos llegan desde allí, son un reclamo a la sensatez, al respeto a todos los muertos y a la verdad histórica. Frente al sectarismo: la verdad y la Memoria… de todos.

Hoy proponemos a nuestros lectores la lectura de un artículo de actualidad, traducido del francés por nuestra colaboradora Calíope, publicado en uno de los diarios más prestigiosos del Próximo Oriente: el beirutí, decano de la prensa francófona del área, L’Orient - Le Jour.

Por un memorial nacional en homenaje a todos los mártires del Líbano.


«Todos los libaneses tienen mártires. No es normal que el martirio sea exclusivo de éste o aquel partido político», subraya el activista.

Nasser Bakkar quiere inmortalizar, en un muro, los nombres de todas las víctimas de la guerra.

Uno de los sueños de Nasser Bakkar, joven originario de Marjeyoun, al sur del Líbano, es el de permitir a las víctimas de la guerra, de cualquier confesión y tendencia, reconciliarse y tener sus nombres expuestos, unos al lado de los otros, en las fachadas de un muro que se edificaría en un oasis de paz, en el centro de Beirut.

«Formamos parte de esos pocos pueblos que no han conseguido pasar página de su conflicto armado,  su guerra fratricida, sus masacres que ensangrentaron el país desde los años 70», explica. «La guerra, los atentados terroristas, la resistencia frente al enemigo israelí han causado más de 200.000 muertos, en su mayoría desconocidos que han sido privados de homenaje, de reconocimiento o de una simple oración, al contrario que otros cuyos retratos y glorificación son bien visibles en las carreteras y en los medios».

Este padre de familia que muestra orgulloso su patriotismo pasó sus años de juventud como voluntario en el seno de la Defensa Civil y en la Cruz Roja libanesa, y solo piensa desde hace unos años en la concreción de su proyecto, todavía en mantillas, que enseña con entusiasmo.

El proyecto es un muro conmemorativo que se levantaría en homenaje a todas las víctimas, politizadas o no, civiles o militares, de todas las confesiones, caídos en suelo libanés desde el comienzo de la guerra libanesa, y hasta hoy. «Una comisión nacional se está encargando, a través de un portal electrónico, del registro en el cual serán inscritos los nombres de todos los mártires», explica. «Una vez recogidos los nombres, serán dispuestos por orden alfabético, sin ninguna distinción, en un  muro concebido por un amigo arquitecto, Tarek Houry, de manera que todos los nombres sean legibles por los viandantes», explica el creador.  Así, el plan prevé un conjunto de varios muros irregulares, yuxtapuestos de manera que formen un mapa del Líbano rodeando un estanque.

Maqueta del proyecto de Memorial elaborado por Nasser Bakkar y Tarek Houry

«Esos nombres grabados en el muro unirán a los muertos a falta de unidad de los supervivientes y de sus responsables, siempre activos y poderosos en la escena política, sobre la cuestión del desarrollo y desenlace de la guerra», prosigue Nasser Bakkar.  «El lugar ideal para este memorial sería un parque dispuesto en los alrededores del Bosque de los Pinos y enfrente de la mezquita Khachoukji, un lugar que representa la unión entre el Oeste y el Este de Beirut».

Para el joven activista, lo esencial es que «los Libaneses, sobre todo los jóvenes, dispongan de un lugar diferente a la plaza de los Mártires donde podrían recogerse y reflexionar sobre el sentido de la vida y el valor de la paz, teniendo bajo sus ojos una de las más graves consecuencias de la guerra».  «Sería también la expresión de un reconocimiento de nuestra parte hacia todas esas personas asesinadas y hacia sus familias, dejando aparte todas nuestras diferencias», dice.

Lo que falta para la realización de este proyecto es simplemente la financiación.  «Después de haber visitado a varias personalidades políticas y al Presidente del Consejo Municipal de Beirut, el proyecto sigue tristemente huérfano», se lamenta Nasser, que ha vivido en Marjeyoun, une localidad en la que cristianos y musulmanes han seguido viviendo en armonía incluso durante la guerra.  «Espero que este proyecto sea próximamente patrocinado por un líder político o una organización, porque nos permitiría reconciliarnos todos juntos alrededor de un memorial nacional y cerrar así la herida abierta de la guerra libanesa», concluye.

Introducción Sila Félix, traducción Calíope

miércoles, 11 de abril de 2018

¿Memoria Histórica o revanchismo guerracivilista?


El del Monumento a los Caídos de Pamplona, del que venimos hablando y no poco en este blog últimamente, en realidad no es un caso excepcional. El encono y persistencia con que se le viene persiguiendo –y ello, además, sin posibilidad de réplica a un discurso impuesto y autopresentado como universalmente explicativo y definitivo- acompaña múltiples decisiones políticas, acciones sociales, pronunciamientos mediáticos, legislaciones nacionales, autonómicas y municipales… muchas de ellas impulsadas desde unas asociaciones autodenominadas de Memoria Histórica. Y por toda España de manera análoga. El del Monumento a los Caídos de Pamplona sería otro supuesto más… ¿Seguro?

En este caso que nos ocupa concurre una incidencia significativa, acaso decisiva, al proporcionar abundante luz sobre este debate: ETA, desde sus orígenes, se marcó como objetivo prioritario demoler este Monumento y eliminarlo hasta del recuerdo mismo. Quiso imponer su Memoria Histórica y su “relato”, frente a la verdad y realidad de la misma.

La Transición española a la democracia tuvo aspectos positivos y otros no tanto. Pero, en todo caso, estuvo marcada por la voluntad de superación de las ulteriores guerras civiles que tanto sufrimiento trajeron a España en los siglos XIX y XX, así como el cierre de las heridas previas más inmediatas; incluso las del terrorismo sufrido a finales del franquismo.

Existió un general consenso –ejemplar el papel del Partido Comunista de España de entonces- roto exclusivamente por ETA y GRAPO, quienes persiguieron, todavía con más medios y saña, sus estrategias terroristas; no dirigidas ya contra un franquismo enterrado en las instituciones y por la Historia, sino contra la misma realidad de una España que nunca aceptaron. Unos querían romperla; otros, sovietizarla.

Insistiremos en algo obvio: no hay nada más humano que el afán de sentido, reconocimiento, justicia, relato y afecto. Y si es posible, reparación.

Cientos de miles de personas sufrieron en extremo bajo el franquismo, en primera persona, o en las de sus familiares más directos. Todas ellas precisaban –también hoy- memoria y reparación. Bienvenidas, así, todas las actuaciones emprendidas en tal sentido: recuperación de cuerpos, entierros dignos, ceremonias de reconocimiento, placas, monumentos, películas y relatos, estudios científicos... Pero si se procede paralelamente a la eliminación sistemática de todo lo que recuerde a los “otros”, tales extremos no estarán dirigidos a la reconciliación, sino al revanchismo determinado por un guerracivilismo que pretende alterar la Historia... con efectos retroactivos.

No vamos a afirmar que todas las violencias sean similares; tal carga, para los amigos de los terroristas. Ni creemos en la equidistancia moral. Tampoco concebimos que cada sufrimiento, personal e intransferible, pudiera, siquiera, suprimirse con palabras vanas y tardías.

El Ayuntamiento de Callosa de Segura (Alicante), gobernado por un tripartito formado por el PSOE, Podemos e Izquierda Unida; retiro una cruz "franquista" entre una gran contestación ciudadana. Ahora los vecinos de Callosa de Segura reproducen la cruz de los caídos en forma de luz a pesar de que están siendo multados con 100€ por noche.

Memoria, por supuesto. Historia, siempre. Reconciliación: es deseable e imperiosa. La paz, el objetivo que debiera ser común a todos. Pero no seamos ingenuos: para algunos la paz no es un bien prioritario, incluso apenas deseable; por encima estaría el triunfo del propio proyecto político y social. El fin justificaría los medios. Un ejemplo evidente: el de todos los terrorismos.

No obstante, más allá de generalizaciones más o menos compartidas, debemos señalar que la denominada Memoria Histórica parte de algún discutido presupuesto metodológico que afecta incluso a su propia denominación: si es memoria, será selectiva. Y si es selectiva, no puede ser histórica, pues esta disciplina –la Historiografía- pretende explicar qué sucedió, cómo, porqué, quienes fueron sus protagonistas, sus mentalidades, su intrahistoria, la vida cotidiana… De una manera integral, unitaria; sin eliminar espacios, hechos, o protagonistas. Sin “adaptarla”, mutilándola, en función de un criterio ideológico.

En los años de la Transición, especialmente a lo largo de los primeros, pero también en un goteo constante perpetrado en décadas siguientes, se eliminaron monumentos e inscripciones “franquistas” de todo tipo, múltiples denominaciones de los callejeros, de las mismas localidades, estatuas, títulos honoríficos…  De hecho, del franquismo no queda mucho a nivel simbólico; pero sí materialmente hablando: ¿se debieran derribar todos los miles de viviendas sociales entonces edificadas? ¿Y los colegios, carreteras, edificios públicos de todo tipo…?

Efectivamente, permanecen en pie el Valle de los Caídos, en Madrid, y este gran monumento navarro. Pero, la pretensión de su demolición, ¿realmente responde a una higiene democrática o, más bien, a intereses de tinte totalitario cuyo objetivo real sería el cambio socio-político y  mental por medio de una “policía del pensamiento”?

Mucho tenemos que, analizando críticamente los procesos en marcha, nos encontramos ya en esta situación que, en su naturaleza última, nada tiene que ver con la verdad histórica; siendo tal máscara, únicamente, mero instrumento a manipular al servicio de fines totalmente ajenos.

Veamos una situación de hecho que se remite al más elemental sentido común. Si hoy es imposible recabar apoyo institucional alguno en la búsqueda de un requeté navarro desaparecido en combate en el frente de Belchite, por poner un ejemplo, alegándose desde las instituciones actuales que sus familiares pudieron hacerlo durante 40 años de franquismo y que no se contempla por ley, algo está fallando en los presupuestos de tales medidas; y en el mismísimo sentido de realidad. En el franquismo tampoco se desplegaron excesivos medios al respecto; respondiendo buena parte de las mismas a iniciativas particulares. De hecho, hoy mismo, vienen siendo recuperados restos de combatientes del ejército nacional, si bien se consideraba que corresponderían a republicanos represaliados (https://www.20minutos.es/noticia/3070917/0/exhuman-primera-fosa-figuerola-dorcau-encuentran-17-soldados-guerra-civil/).

Soldados republicanos llevan capturado a un oficial del bando nacional para ser fusilado durante la Guerra Civil Española (1936)

En la pretensión de borrar todo rastro de aquél que sea considerado como rival, despreciando por puro sectarismo otras legítimas pretensiones, no hay grandeza alguna. Si se pretende resarcir la violencia pasada con otras modalidades más “actuales y “sofisticadas” de violencia espoleadas por el rencor, sus frutos no serán duraderos. Ni responderán a la verdad.

Memoria Histórica, de acuerdo, pero para todos y para todo. En caso contrario, se trata de elemental sectarismo.

Reconciliación… Todas las personas de buena voluntad afirman que es un bien colectivo siempre deseable. Pero hoy algunos persiguen un tardío castigo del “otro”, borrar su recuerdo, eliminarlo del relato histórico, imponer una única visión… Todo esto es incompatible con las prácticas más elementales dirigidas a la reconciliación; lo que implica “unos”, “otros”, acaso unos “terceros”, y, en todo caso, pluralidad de fuentes, testimonios, miradas... Unanimidad equivale, entonces, a totalitarismo.

Perdón… Un movimiento de la inteligencia, la voluntad y el afecto que debe ser siempre libre, moral y personal: no existiendo Ley que lo imponga. Ni violencia que lo sostenga por siempre.

El que fuera presidente de la Segunda República, y tantas veces citado, D. Manuel Azaña, incorporó otra palabra en tan difícil, pero necesaria, ecuación colectiva: piedad. Un término que acaso hoy suene a “antiguo”, se perciba como demasiado “religioso”, o simplemente imposible de practicar.

Paz, piedad, perdón; en palabras literales de Don Manuel de su célebre discurso del 18 de julio de 1938 en Barcelona: «Cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que les hierva la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelva a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y escuchen su lección: la de esos hombres que han caído magníficamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, piedad, perdón».

Es la pura y dura realidad: muchos de quienes dicen ser deudores del espíritu del intelectual alcalaíno, o no le comprenden o simplemente lo ningunean…. conforme el bastardo interés del momento. Piedad, por tanto.

Por último: verdad. Simplemente, verdad. Para buscarla, sin adjetivos, hay que ser honesto y veraz. Pero cuando hay una ideología por medio, ello es imposible; o extremadamente dificultoso. Aquí radica la clave de la peculiar Memoria Histórica de hoy: está al servicio de una ideología totalitaria que pretende destruir la Historia, cambiar las mentalidades y predeterminar el futuro. Un ejercicio de “ingeniería social” que torpedea la convivencia.

Por todo ello, hoy, los espíritus críticos no pueden permanecer en silencio cuando se dogmatiza y discursea por medio de eslóganes vacíos de estricta virtualidad propagandística. Ser rebelde y crítico implica rechazar la Memoria Histórica que nos quieren imponer desde el poder.


Sila Félix