jueves, 1 de septiembre de 2016

El incendio más grave jamás contado en el corazón de Uxue


Al terminar agosto ardieron 4.000 hectáreas de tierra navarra, o sea casi 50.000 robadas para entendernos los de aquí. Los de aquí son y somos los de la Zona Media de Navarra, ese espacio bello, rico y envidiado entre el calor de la Ribera y la Montaña húmeda. Entre Tafalla, Añorbe, Pueyo, Garínoain y Artajona se combinan algunas de las cosas que hacen a Navarra un espacio envidiado y envidiable: bosque nativo de encinas y coscojas, bosque mediterráneo de pinos, pastos milenarios nacidos en milenios de trashumancia de ganado menor, olivos, viñas, y por supuesto grandes tierras de labranza, sean de secano sean regadas por el Canal de Navarra

Un incendio grave, muy grave. El incendio forestal en palabras de la consejera de Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Administración Local, Isabel Elizalde, "estaba todavía sin terminar de apagar del todo" una semana después de empezar. Y eso en una Navarra cuatripartita sin Agencia de Emergencias y maltratando a los bomberos y policías, que se ve que no iban a hacer falta.


¿Cómo podemos medir la gravedad del peligro? Una manera es que el humo se viese desde Pamplona. Pero otra es el humo que salía a la vez de las cabezas y de los corazoncitos de algunos en Pamplona y en Tafalla.

Un Gobierno con Bildu, el resto de la extrema izquierda antiespañola y Geroa Bai dentro, y siendo su alma en lo que se refiere a orden público y demás, pidió la intervención de las Fuerzas Armadas Españolas. No, no fue una invasión fascista españolista: descubrieron que los medios provinciales, ante un peligro enorme, no bastan. Y entonces nadie puso peros a los helicópteros de Agoncillo, a los aviones de Zaragoza, a casi un centenar militares de la UME ni a 18 vehículos pesados y ligeros para ayudar a sofocar el incendio de Tafalla. De hecho, con ellos y gracias a ellos el incendio se contuvo y no fue a más, y no se extendió ni hacia Artajona, ni hacia el Carrascal ni hacia Olite, como podría haber hecho.


Si a los agricultores, ganaderos y vecinos de la zona les lloraba el alma con las llamas, quién sabe qué pensarían los abertzales, comunistas y jeltzales al haber tenido que recurrir, evidentemente, a los medios y la eficacia del Estado opresor español. Nuestro Estado, nuestra España, mal que les duela a ellos.

Caius

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