viernes, 26 de enero de 2018

Uxue se está cargando Argibide


El euskogobierno del “cambio” ha decidido deshacerse, desde el pasado 1 de enero, de los profesionales desplegados por la Fundación Argibide en la red sanitaria pública. Efectivamente: estamos hablando de los pioneros en la atención a la salud mental en Navarra.

Así, esos psiquiatras y psicólogos vienen preparando a sus pacientes y familiares, desde la resignación y la prudencia, en la transición y derivación correspondientes: todos unos profesionales. Los pacientes por encima de todo; un comportamiento muy distinto -el de los trabajadores de Argibide- al irresponsable y soberbio que caracteriza a los políticos del euskogobierno.

Hablar de salud mental en Navarra es remitirse, inevitablemente, a Argibide. Y hacerlo para bien.

Como Fundación se constituyó allá, en 1976, por un grupo de expertos que ya contaban con una buena trayectoria volcada a enfermos y sus familias: Vicente Madoz Jauregui, Pilar Martinicorena Maeztu y Pedro Enrique Muñoz Rodríguez. Fue declarada de interés social por la Diputación Foral de Navarra en febrero de 1978.

Sus psiquiatras y psicólogos fueron pioneros en la atención a la salud mental a nivel individual, familiar y colectivo; también en la elaboración de los primeros programas públicos de salud mental.

Hasta el primero de enero de este año, además de su propio Instituto de Salud Mental del barrio de Iturrama de Pamplona, Argibide gestionaba, por un concierto con el Gobierno de Navarra, el Centro de Salud Mental de Burlada y el Hospital de Día del Área de Salud Mental II.

Y decimos bien: hasta el día 1 de enero.

De nada sirvieron promesas, recomendaciones del Defensor del Pueblo, interpelaciones parlamentarias, discretas declaraciones de los implicados (http://www.eldiario.es/norte/navarra/ultima_hora/Gobierno-Salud-Mental-concertado-fundacion_0_696081394.html)... Uxue, de nuevo, ha actuado con su característico estilo de apisonadora estatista: finalmente, no ha renovado el concierto.

¿Las razones para cargarse a Argibide?: pura política, pues, para el cuatripartito, lo público (mejor diríamos lo estatal) debe imponerse en todo caso, antes o después, sobre lo privado.

Las enfermedades psiquiátricas y los trastornos psicológicos generan, en pacientes y familiares, un dolor y sufrimiento extremos. En muchísimas ocasiones, éstos se manifiestan particularmente entre los integrantes de determinadas familias; pero, objetivamente, nadie está libre de pasar por tan dolorosos como inexplicables trances.

Genética, desarrollo personal y entorno social, juegan sus cartas en cada individuo, de modo que a lo largo de la vida, es muy posible que desarrolle algún tipo de dolencia mental: desde las más leves, hasta los brotes psicóticos ocasionales o crónicos, e incluso el suicidio.

En la prevención y respuesta, a tantos desórdenes mentales existentes, las políticas de salud mental han avanzado notablemente, desde que se empezaron a implantar, en Navarra, de la mano e iniciativa de los pioneros de Argibide. No obstante, profesionales, pacientes y familiares siguen reivindicando -desde la dolorosa experiencia cotidiana, e incluso en ocasiones desde el estigma- que todavía no hay suficientes recursos. Particularmente gravosa es la escasa capacidad de respuesta –incluso judicialmente hablando- a la necesidad de ingresos psiquiátricos que requieren largas estancias en los escasos centros de régimen cerrado.

Pero llegó Uxue y se acabó: ahora, los pacientes de ambas entidades se encuentran en un régimen de transición, en tanto las plazas de sus profesionales sean cubiertas por los sistemas generales de provisión de personal sanitario. Unos meses de transición, decíamos, pero desde la perspectiva vital de los pacientes, se trata de meses de incertidumbre moral.

Pero, tal cambio, ¿era necesario?

¿Había denuncias por un mal funcionamiento de los centros?, no. ¿Era un método de gestión más caro?, no. Entonces, ¿por qué cambiarlo? Pues porque a Uxue Barkos y los suyos les ha dado la gana: por pura politiquería.

El programa de gobierno de la mayoría actual es estatista, al considerar como dogma de fe que lo estatal debe prevalecer sobre lo privado. En educación, en sanidad y en todo. ¿Para mejorar los servicios? No, por ideología y por tener una creencia en “lo público” de carácter religioso.

Existe otra manera de estructurar y organizar la sociedad: que cada ámbito social se organice en sus necesidades e intereses y, lo que no pueda alcanzar, se delegue en el ámbito superior, ya sea privado o estatal. Nos estamos remitiendo a la aplicación del participativo principio de subsidiariedad. Más sociedad, menos Estado. Si la sociedad es libre y eficaz organizándose, en lo que no llegue, ya actuará el Estado. Si la sociedad puede hacerlo, ¿por qué ha de hacerlo el Estado?

La voluntad estatista no es fruto de un conocimiento empírico, sino de una decisión política, es decir ideológica: es el fruto de la una mentalidad socialista intervencionista de pulsión totalitaria (ya sea marxista, socialdemócrata revisionista o radical-izquierdista).

La postura alternativa contempla la libertad de acción y el fortalecimiento de la sociedad civil, concebida como espacios auto-organizados y libres del intervencionismo estatal.

Concretamente, Navarra ha conocido, a lo largo de su reciente historia, el florecimiento de muchas obras sociales nacidas desde la sociedad civil e inspiradas por la Doctrina Social de la Iglesia: cooperativas, cajas de créditos, centros deportivos, mutuas laborales, centros educativos, hospitales...

Y que no nos confundan: el dilema no es Estado o neoliberalismo salvaje. A otros con este cuento.

Las izquierdas en su conjunto -el cuatripartito foral no es una excepción- son estatistas, con necesidad empírica y sin ella. No en vano, pese a sus declaraciones sentimentales y buenistas, sospechan de la libertad: quieren controlarlo todo. No les gusta la sociedad civil: lo que quieren es clientelas dóciles. Y con ellas, la “construcción nacional vasca”.

Esa es la filosofía que ha llevado a Uxue y los suyos a cargarse la gestión de Argibide en estos centros; lo que podría acarrear incluso la desaparición de la propia Fundación Argibide. Y a los enfermos, que les den. Muchos llevaban años y años con los mismos profesionales, en unas rutinas confortables, confiados, acogidos. Ahora deberán cambiar… Lo que les puede acarrear sufrimiento y temores. Pero eso, a los políticos, al menos a estos políticos, les importa cero patatero. También están en situación muy complicada unos 35 profesionales. No importa: lo que les va a Uxue y sus comisarios es introducir, como sea, a sus afines: vía dedo, euskera o lo que se ocurra. Que para eso tienen el BON.

No ha habido protestas en la calle: ¡bastante tienen ya, enfermos y familiares, con sobrellevar sus sufrimientos y el día a día! Tampoco ha merecido, este sinsentido, crónicas o tertulias en los medios de comunicación. Ni protestas de los políticos, ni de asociación alguna. Todo ello acredita, nuevamente, la necesidad de organizarse colectivamente frente los abusos del poder. El que sea.

Sila Félix

2 comentarios:

  1. Una situación muy grave: ¿y el "defensor del paciente, etc., etc.?

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  2. He sido paciente de Argibide. Les debo mucho. Encontré entre ellos respeto, paciencia, discreción.
    ¿Así se paga un buen servicio a los navarros?

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