Mostrando entradas con la etiqueta Victimas del terrorismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Victimas del terrorismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de marzo de 2018

Refugiados y exiliados bienvenidos de vuelta a Navarra


Las guerras entre terroristas y dictadores de Oriente Medio han provocado una importante ola de refugiados hacia Europa. Puesto que Occidente goza de prosperidad, parece lógico acoger a toda esa pobre gente.

Sin embargo prosperidad también hay en Japón, Corea del Sur...y en países musulmanes. Arabia Saudí, Kuwait, Catar...son países sumamente prósperos que no tienen nada que envidiarnos en ese sentido.

Está demostrado que los refugiados e inmigrantes que mejor se adaptan a su nuevo país son los que comparten religión con ese país de acogida. Así pues en España los latinos y europeos orientales se adaptan mejor que los magrebíes o sirios.

Esto no implica necesariamente que para adaptarse haya que ir a misa o llevar una Biblia debajo del brazo. De hecho algunos refugiados e inmigrantes que vienen de países cristianos son ateos o agnósticos, pero su cultura subyacente es cristiana y más asimilable a  la nuestra.

Tampoco quiere decir eso que en todos los casos los que son musulmanes se adaptan peor que los cristianos.

Si hay una minoría perseguida en Oriente Medio esa es la cristiana. No importa que los cristianos sean asirios, caldeos, melquitas, maronitas, nestorianos... También están mucho más perseguidos en esta convulsa zona geográfica los drusos, alevíes, yasidíes, mandeos, bectasíes...

Algunas de estas minorías son teóricamente musulmanas, pero el consumo de vino en su liturgia, entre otras tradiciones heterodoxas, les hace ser considerados como herejes por el islam ortodoxo y, por tanto, blanco del proliferante terrorismo islamista.

"Exiliados etarras" y exiliados por los etarras

La etarrada y demás aberchungos llevan años tratando de vendernos a los españoles de bien y a la opinión pública internacional que España no es suficientemente democrática por dispersar a sus presos.

Por mucho que se empeñen, sus presos no son políticos, sino asesinos a sueldo de hombres, mujeres y niños. Y los que no lo son es porque su papel era el de reclutar a asesinos, robar armas o colaborar determinantemente con los que cometieron los asesinatos.

No están en la cárcel por emular la encomiable labor de la hermana Teresa de Calcuta. No se persigue la diferencia ideológica, sino la comisión de los peores delitos contra los derechos humanos.

Si en Navarra las peñas sanfermineras, los hinchas Indar Gorrinos, la política del euskera... siempre ha estado dirigida por los que siempre pierden las elecciones de goleada es porque tenían el respaldo de la banda de asesinos ETA.

Sin ETA y sus juventudes (Ernai, Jarrai, Segi, Haika) los gobiernos no nacionalistas (al menos de UPN) se hubieran atrevido a cortar las ayudas públicas a los vagos de IKA y AEK que de otra forma tendrían que cerrar el chiringuito por falta de alumnos.

Sin ETA la zona bilingüe, conocida como vascófona, sería llamada mixta, y la hispanófona monolingüe, conocida como mixta, sería parte de la zona no vascófona. Sin ETA las peñas llevarían en sus pancartas banderas rojigualdas y de Navarra, sin ikurriña alguna. 

Sin ETA las decenas de ciudadanos pamploneses que lucen banderas españolas en su balcón o chándal de la selección, serían miles. Sin ETA Osasuna seguiría siendo el mejor aliado y amigo del Real Zaragoza. 

Sin ETA los miles de vascos y navarros que se tuvieron que exiliar por opinar distinto seguirían estando entre nosotros, igual que los cerca de 1000 asesinados, paralíticos...

Por no contar que la política del euskera, que siempre ha dado ventaja (puntos) para acceder a un puesto de trabajo a los mimados de los vascófonos (cuando no era requisito) y que ha provocado que tantos navarros de bien se vayan a lugares en los que se midan sus aptitudes, no sus conocimientos de euskera.

Sé que es pedir un imposible a nuestra clase política, pero ahora que está tan de moda la ley de memoria histórica, sería de justicia una ley de memoria histórica sobre ETA.

Habría que eliminar todo lo que exalte o blanquee a ETA y su mundo, bien pancartas, recibimientos a etarras, calles y plazas nombradas en su honor... Además en Navarra se le debería dar la oportunidad de votar a los exiliados que echó ETA hacia el resto de España, sean vascos o navarros.

Los nacionalistas pondrían el grito en el cielo y alegarían que eso sería hacer trampas porque esos exiliados por ETA no votarían nacionalista. No, trampa hizo ETA, que fue la que echó a bombazos y a tiros por la espalda a miles y miles de vascos y de navarros no nacionalistas. 

Sé que ninguna de estas medidas las secundarán los no nacionalistas porque no tienen la suficiente valentía. Ni UPN, PSN, PP, Ciudadanos... estarían por la labor de siquiera plantearlo, aunque cualquiera de ellos tuviera mayoría absoluta y no necesitaran pactar con otros.

Los exiliados vascos y navarros no son los etarras. Son los que expulsó ETA a bombazos y tiros en la nuca.

Pamplonica

viernes, 22 de diciembre de 2017

Con las víctimas del terrorismo, en memoria de Juan Atarés Peña, con Vecinos de Paz


Los ciudadanos navarros tenemos una nueva oportunidad para homenajear a las víctimas del terrorismo el día 23 de diciembre; concretamente en un acto que tendrá lugar allí donde una de ellas fue asesinada por ETA en 1985. Hablamos de Juan Atarés Peña.

Nacido en Huesca en 1918, al igual que el comandante Joaquín Imaz a quien rememoramos recientemente, había rechazado llevar escolta; y ello a pesar, incluso, de que la banda le hubiera intentado asesinar hasta en cuatro ocasiones acreditadas.

Fue tiroteado en la Vuelta del Castillo de Pamplona, a escasos metros de su vivienda, unos minutos después del mediodía.

Casado con María Luisa Ayuso, tenían ocho hijos.

A los pocos minutos del asesinato, viuda y una hija se personaron en el lugar. Los fotógrafos recogieron instantáneas en las que la mujer, arrodillada, y varios hijos, además de otras personas, rezaban…


María Luisa Ayuso manifestó, según recogió ABC al día siguiente: “Ha muerto como un valiente y yo les perdono, ahora que todo el mundo habla de odio”. Y no eran meras palabras: las sobrecogedoras fotografías de aquel trágico día retrataron una familia unida en la tragedia, por el amor, la oración y, en consecuencia, la esperanza cristiana.

Tales imágenes -dolientes y devastadoras, pero también serenas- contrastaban con otros comportamientos colectivos marcados por la indiferencia, la justificación tranquilizadora, el no querer saber nada, el “algo habrá hecho”, las rutinarias condenas de “toda violencia, venga de donde venga”.

General de Brigada de la Guardia civil, había ganado varias condecoraciones militares a lo largo de su dilatada carrera profesional. A causa de un incidente con el entonces ministro de Defensa y Vicepresidente del gobierno, Manuel Gutiérrez Mellado, que tuvo lugar en noviembre de 1978, se encontraba en situación de reserva activa. Paradójicamente, ambos habían combatido en Rusia contra el comunismo.

Tal circunstancia generó ciertos latiguillos y crónicas periodísticas perversas que, aún más, estigmatizaron su ya, de por sí, devaluada condición de víctima del terrorismo, con adjetivos lindantes con la justificación.

En este ejercicio de memoria conviene traer a colación los nombres de los verdugos: Mercedes Galdós, Juan José Legorburu Guerediaga y María Cruz Azcona Larreta; no en vano, la memoria debe ser completa y no cabe la mirada parcial o la equidistancia.

El recordar a las víctimas, y el manifestarse públicamente acompañándolas, en consecuencia, son imprescindibles gimnasias de la memoria individual y colectiva. Y es que hubo víctimas y verdugos. Valientes y cobardes. Personas de bien y asesinos desalmados y fríos.

Recordar en tales términos no es inmovilismo ni intolerancia, tal y como aseveran desde determinados medios de comunicación, como el Noticias de Navarra y sus mercenarios de la pluma y el embuste. No en vano, una supuesta equidistancia moral, además de contradictio in terminis, es el ropaje habitual de la manipulación de las conciencias, la perversión del lenguaje, la destrucción de la memoria y la anulación de la Historia.

En esta fecha-aniversario, ocasión para un homenaje navideño a todas las víctimas del terrorismo, a la familia Atarés se le suma un nuevo golpe del destino: la prematura muerte de su hijo, el también general Ángel Atarés Ayuso, el pasado 2 de diciembre a los 56 años en Granada. Entre otros destinos, muchos de ellos en el extranjero, había servido en el Regimiento de Cazadores de Montaña “América 66”, tan vinculado a Navarra.


Los modélicos Vecinos de Paz han asumido –otra vez- la organización y la responsabilidad de visibilizar el triste aniversario de uno de tantos crímenes terroristas que jamás debiera haber tenido lugar.

Por todo ello, es más pertinente que nunca recordar a las víctimas, rezar por ellas, reconocer y agradecer su sacrificio –en silencio y con respeto- asistiendo a esta convocatoria pública. Sábado, 23 de diciembre, a las 19 horas, en el mismo lugar donde Juan Atarés Peña fue cobardemente asesinado.


Navarra por España/NavarraResiste.com

viernes, 24 de noviembre de 2017

Comandante D. Joaquín Imaz Martínez: el primero de los nuestros


Pasado mañana, domingo 26 de noviembre de 2017, tendrá lugar el cuarenta aniversario del primer asesinato de la banda terrorista ETA, en Navarra, en la persona del comandante y jefe de la 64 Bandera Móvil de la Policía Armada, D. Joaquín Imaz Martínez.

Aquel crimen conmocionó profundamente a la sociedad navarra de entonces. Si bien ETA ya había perpetrado diversos atentados terroristas en nuestra tierra, todavía no había cruzado la fatídica “línea roja” del asesinato cobarde y por la espalda que tanto le caracterizaría; nada, pues, de romanticismos: asesinos y cobardes. Lamentablemente, en su aberrante e interesada valoración del coste/beneficio, entendieron que el terrorismo facilitaría sus objetivos últimos; de modo que a este primer asesinato le siguieron otros muchos.

Y con los asesinatos llegó el terror, la extensión del miedo, los silencios, las miserables justificaciones del “algo habrá hecho”, la deshumanización de las víctimas, el mirar a otra parte, el hacer el vacío a las víctimas y sus familiares “para evitar problemas”, la diabolización de los señalados por ETA como “objetivos.

Los terroristas alcanzaron sobradamente sus objetivos tácticos, prolongándose sus efectos perversos hasta hoy: además de los muertos, los daños morales y psíquicos, las heridas abiertas, los viciados comportamientos colectivos. Mientras tanto, nuestra sociedad permanece en gran medida insensibilizada y desmovilizada. Y las caretas “políticas” e institucionales de los terroristas (EH Bildu y sus aliados) controlan, sin vergüenza ni remordimiento alguno, buena parte de los espacios públicos y los mecanismos de control social de Navarra. Y ello también merced otras formas de violencia en continuidad con el terrorismo puro y duro: el señalamiento personal y colectivo, las amenazas, las falsas noticias difundidas en sus medios, la eliminación física de cualquier presencia simbólica española, su chulería exteriorizada en todo lugar concurrido, la imposición lingüística, el desprecio de las minorías, la mentira reiterada hasta el aburrimiento, su hispanofobia, etc., etc.
Joaquín Imaz  Martínez nació en Pamplona en agosto de 1927. De familia de larga trayectoria y profundas convicciones tradicionalistas, ingresó en la Academia Militar de Zaragoza en 1946 siguiendo la genealogía militar, entre otros familiares, de su padre, Gerardo Imaz Echavarri, fundador de la Legión Española.

El 26 de noviembre de 1977 le dispararon por la espalda nueve tiros, siendo rematado por un tiro en la sien. Tenía 50 años de edad. D. Joaquín se había negado a llevar escolta para no poner en riesgo la vida de otras personas; sabedor de la consistencia de las amenazas de muerte que ETA le había hecho llegar. Dejó viuda, Dª. María Teresa Azcona Hidalgo, y una hija de siete años, Mari Carmen Imaz Azcona.

Viuda e hija, del comandante Imaz, abandonaron Pamplona unos pocos meses después: no en vano el ambiente era irrespirable. «Nos marchamos porque la sociedad de entonces no era como la de ahora. La gente tenía miedo de estar contigo o cerca de ti ―rememoraba la hija del matrimonio, Carmen Imaz, en una entrevista publicada por Germán Ulzurrun en Diario de Navarra con motivo del 25 aniversario de la muerte de su padre―. Nos mudamos a casa de mi abuela, a la calle Olite. Cuando mi madre se acercaba al mercado a hacer la compra, veía que los vendedores simulaban otra actividad y se daban la vuelta para no atenderla».

Desde este blog animamos a nuestros amigos y lectores para que acudan a los actos de homenaje a D. Joaquín Imaz Martínez organizados este domingo en el acceso del parking de la Plaza de Toros de Pamplona, a partir de las 19 horas, en el mismo lugar donde el fanatismo, la crueldad y la ideología marxista-leninista y nacionalista, acabaron con el primero de nosotros: primero en honor, primero en lealtad, primero en hombría, primero en ejemplo. Primero en ofrendar, con su vida y sangre, el tributo al ideal.

martes, 21 de noviembre de 2017

Elaboración del “relato” del terrorismo: cobardía, hipocresía y cinismo


Un nuevo frente de la omnipresente “batalla de las ideas” se encuentra en pleno fragor: nos referimos a la denominada “elaboración del relato del terrorismo”.

Ésta viene siendo desarrollada desde diversas instituciones, generalmente de carácter académico, con notables aportaciones de instancias de cierta sociedad civil y de los autonombrados “operadores” internacionales especializados en “conflictos”. Este significativo movimiento socio-ideológico cuenta con el decidido impulso -material y legislativo- de las administraciones hoy ocupadas por exponentes de la izquierda abertzale y sus compañeros de viaje. Son muchos, pero destacaremos, aquí en nuestra tierra, a uno de estos grandes actores bien instalado en el Gobierno de Navarra: Álvaro Baraibar Etxeberria, director general de Paz, Convivencia, Derechos Humanos y Propaganda, dentro del Departamento de Relaciones Ciudadanas e Institucionales del que es Consejera Ana Ollo Hualde

De tal modo, viene desplegándose, desde hace unos pocos años, un lenguaje intencionalmente equívoco (conflicto, relato, memoria, sufrimiento compartido, socialización, orillas) cuyo objetivo no es otro que el de la imposición de una hipócrita y deseable “equidistancia moral” ante el presunto “conflicto” y su “resolución”. Y, con ella, la desactivación y neutralización de cualquier autoridad individual o colectiva capaz de señalar la existencia del bien y del mal.

El mar de fondo en el que navega esta estrategia es el mismo que, en líneas generales, ilustra nuestra sociedad posmoderna: una perplejidad generalizada cargada de posverdades y microrrelatos; unidos por su rechazo de toda moral objetiva. Así, cualquier moral y ética únicamente tendrían virtualidad privada. Sería el Estado, por medio de sus voceros mediáticos autorizados, los únicos cualificados para señalar qué está bien y mal: lo admisible y lo punible; lo actual y lo superado; lo que se lleva y lo que retrae; lo que vende y lo que no.

Estamos hablando, efectivamente, del relativismo. Y con ello no nos referimos sólo a ese latiguillo del que, obispos y algunos clérigos, todavía se sirven para intentar orientar a sus ovejas en el desasosiego de estos tiempos. Estamos pensando en su expresión práctica y cotidiana que todo invade; facilitando el asentamiento de cualquier tipo de comportamientos inducidos desde los poderes reales. De tal manera, lo que antaño podría entenderse como un grave atentado contra los intereses y las necesidades de la comunidad, ahora se oferta como un “nuevo derecho” individual o social que debe protegerse desde la discriminación positiva; otro instrumento de lo “políticamente correcto” hoy. Bien y mal no existirían. Tampoco moral ni ética. “Todo depende del color con que se mira”. Lo importante son “las experiencias”. “Y a vivir, que son dos días”. ¿Comerse el coco? ¿Para qué?

Sin duda, desde tales perspectivas, cualquier comportamiento puede debatirse, admitirse e incluso protegerse. En tamaña deriva, los casos son múltiples, pero ello permite que muchos afirmen, sin sonrojarse, que el “terrorismo” de ayer, hoy sería “autodefensa popular” o “vigilantismo social”. Pero, ¿estamos hablando sólo de meras palabras?

Asumido por el marxismo cultural, por las factorías radical-progresistas, y con toda la artillería del mundo abertzale y sus colaboradores de la “galaxia” Elkarri/Lokarri y sus numerosos epígonos institucionalizados, esa “elaboración del relato del terrorismo” pretende, básicamente, modificar los registros morales de la colectividad. Ello allanaría la despenalización de buena parte de los actos de terrorismo ya juzgados y condenados y la exploración de medidas de gracia; además de obtener una legitimidad política y moral para el proyecto totalitario de los terroristas, sus amigos, y compañeros de viaje.

La palabra clave es equidistancia. ¿Objetivo?, que la “mentalidad común” reflexione y comparta, más o menos, las siguientes ideas-fuerza: «Hubo un tiempo en el que el Estado español perpetraba diversas “violencias políticas” (policiales, parapoliciales, laborales, ecológicas, de género, etc.). En respuesta a tanta injusticia, determinados colectivos se habrían defendido cómo pudieron (la banda ETA, Solidarios con Itoiz, Comandos Autónomos Anticapitalistas, Iraultza, Jarrai, FRAP, etc.). Hubo excesos por ambas partes. Pero también mucha generosidad y buena intención, especialmente entre los rebeldes. Y mucho sufrimiento: muertos por ambas partes, inválidos de por vida, viudas, familias con hijos encarcelados a 700 kilómetros de su casa, accidentados, enfermos por contaminación». A partir de tales premisas ya es posible falsificar la historia, distorsionar la realidad, cambiar los comportamientos colectivos, confundir los espíritus, mercadear con el dolor real, prostituirse en el intento.

Este “relato”, pese a su extensión, es falso desde sus primeras premisas; empecemos por la primera de ellas.

Hubo unos agresores, los asesinos y sus numerosos cómplices, que libre y voluntariamente decidieron lanzar una campaña terrorista –con todas sus consecuencias- al objeto de instalar una “república socialista, vasca, independiente y euskaldún”. Ya fuera en el régimen franquista, a lo largo de la “Transición” o en una democracia del 78 ya instalada y consolidada, los terroristas persistieron en su estrategia; muy conscientes de que se trataba de una vía de muerte y dolor. Semejante estrategia siempre fue la misma; pero no pararon hasta comprender y asimilar que no era posible conseguir sus objetivos con tales medios. Por puro interés: ni generosidad, ni arrepentimiento alguno. En definitiva: asesinaron, coaccionaron, amenazaran y destruyeron la convivencia colectiva -sin remordimientos, ni reparar en daños de cualquier tipo- en aras de su ideal. Nadie les obligó. Organizaron y armaron una máquina formidable al servicio de la muerte y el terror “porque les dio la gana”; pudieron optar por otras alternativas. Entonces, ¿cómo equiparar el sufrimiento de cualquier víctima a la del verdugo que se prepara concienzudamente para ser eficaz en sus asesinatos fríos, cobardes, por la espalda e, incluso, tras torturarles?

Si las premisas son falsas, el relato consiguiente será una gigantesca impostura.


Las víctimas, inicialmente, fueron ignoradas y apartadas; después, despreciadas y silenciadas; tardíamente, instrumentalizadas por unos y por otros. Que las víctimas mantengan, durante tantos años y vicisitudes, la cordura y el sentido común, su capacidad crítica y tan altísima ejemplaridad, fue y es una suma casi infinita de actos heroicos.

Además de esta maniobra, propia de una ingeniería social que pretende sustituir ciudadanos por productores/consumidores acríticos y manejables, otra tendencia creciente es la de la rápida desmemoria social. Para muchos jóvenes, el terrorismo de ETA es cosa del pasado: no lo vivieron. Para otras generaciones más veteranas, se trata de algo a olvidar, pues sigue resultando “desagradable”, e incluso “superado”. No en vano, “hay que vivir”, mirar al futuro.

Así las cosas, toda iniciativa desarrollada por las víctimas del terrorismo, o quienes les apoyen de alguna manera, debe conocerse, difundirse y apoyarse; sin pretensiones de ningún tipo.

En Navarra ETA asesinó y mucho. No pocas de aquellas víctimas fueron personas procedentes de aquel tradicionalismo que, antaño, fuera una de las señas de identidad colectivas de esta tierra y sus gentes. En este contexto de desmemoria, manipulación y hartazgo, con demasiado dolor y sufrimiento sin cura en tantas familias rotas, Víctor Ibáñez Mancebo ha escrito un libro que nos toca muy de cerca: Una resistencia olvidada: tradicionalistas mártires del terrorismo (Ediciones Auzolan, 228 páginas, Córdoba, 2017). El libro se puede solicitar en el correo info@edicionesauzolan.net al precio de 22 €. El autor estará presente en una tertulia sobre el relato del terrorismo el próximo miércoles en Pamplona.


Este domingo tendrá lugar también en Pamplona otro en recuerdo a la primera víctima de ETA en Navarra, pero a este homenaje le dedicaremos un artículo completo avanzada la semana.


Es nuestra obligación: ante la desmemoria, el mercadeo y la tergiversación; estaremos con las víctimas siempre. Frente a la mentira y la manipulación. Memoria, dignidad y justicia.

Sila Félix

viernes, 27 de enero de 2017

In Memoriam 27/01/1979 Jesús Ulayar Liciaga


Hoy 27 de enero de 2017 se cumplen 38 años del asesinato de Jesús Ulayar Liciaga. Su delito fue tener enfrentamientos en cuestiones personales y económicas con batasunos de la zona, pero al haber sido alcalde de Echarri-Aranaz entre 1969 y 1975, la etarrada "justificó" el asesinato de un humilde navarro (que por cierto, tuvo que presenciar uno de sus hijos) acusándolo de actividades fascistas y antivascas  (cuando se da la casualidad de que Jesús sin ser nacionalista fue culturalmente vasquista). El caso se hace más sangrante si cabe ya que mientras la familia de Salvador caía en el anonimato, eran tratados como apestados, e incluso, recibieron insultos, amenazas y pintadas en su casa, los asesinos (que también eran del pueblo; Vicente y Juan Nazábal, Jesús María Reparaz y Eugenio Ulayar, hijo de un primo carnal del asesinado) fueron tratados como héroes por el Ayuntamiento y gran parte de los vecinos.

martes, 20 de septiembre de 2016

La basura proetarra, en Vitoria contra la libertad, ¿algo nuevo?


El pasado viernes tuvo lugar en el barrio vitoriano de Judimendi un acto completamente normal en cualquier democracia civilizada del mundo, siempre y cuando ese lugar no sea una de esas regiones españolas en las que la extrema izquierda separatista campa a sus anchas. Como venía diciendo, el pasado viernes el partido patriota VOX ofreció un mitin en un centro cívico de la capital alavesa, hasta ahí todo normal teniendo en cuenta que este partido se presenta como candidato a las elecciones autonómicas del 25-S en el País Vasco. 

Pero como estas tierras no son un lugar nada normal, hoy no tenemos que hablar de este acto electoral; sino de los aproximadamente doscientos chimpancés que terminada la semana, no tenían otra cosa mejor que hacer que intentar reventar el mitin de la formación verde ya que, en su exigua inteligencia, juzgaron que los militantes de VOX no tenían derecho alguno a la libertad de expresión.

El número de asistentes a la reunión rozó el centenar y en la misma se dieron cita algunas personas destacadas en el partido; como las víctimas del terrorismo José Antonio Ortega Lara - funcionario de prisiones secuestrado durante 532 días por la banda terrorista ETA- o Ana Velasco Vidal Abarca -hija del comandante Jesús Velasco Zuzaola, asesinado por la ETA-; además de Santiago Abascal  -actual presidente de VOX-, entre otros.


La convocatoria de este acto fue señalada por los autodenominados "antifascistas" en diversos blogs y cuentas de las redes sociales. Como era de esperar, durante el mitin político empezó a congregarse ilegalmente una recua de unos doscientos borrokas en una bocacalle que conduce al centro; para acto seguido comenzar a ladrar insultos hispanófobos como "españoles hijos de puta", consignas usadas por el entorno de ETA como "Alde hemendik utzi bakean" (fuera de aquí, dejadnos en paz) o "Jo ta ke, irabazi arte" (luchar hasta ganar), además de amenazas de muerte a los asistentes como "Lo que tú necesitas es un tiro en la nuca". Como se puede ver, un grupo de jóvenes sanos y pacíficos; amantes del respeto, la cultura y el bien hacer.

Artículo relacionado: El timo del "antifascismo"

A la salida del acto ya sí, pasaron de la violencia verbal a la física; lanzando botellas, piedras y tuercas en dirección a los asistentes al mitin, lo que motivó cargas de la Ertzaintza para disolver esta piara de oligofrénicos. Por fortuna, no hubo que lamentar heridos ni males mayores gracias a la protección de la Guardia Civil y la policía autónoma vasca.

En estos momentos los únicos partidos que me consta que han condenado estos hechos son UPyD y Ciudadanos. Ningún otro candidato a las elecciones vascas se ha dignado a condenar esta acción de terrorismo de baja intensidad. No es que espere que este tipo de hechos incomoden lo más mínimo a los nacionalistas o la extrema izquierda, es que ni el PSOE ni mucho menos el PP han siquiera reprobado esta vulneración de los derechos electorales y la libre expresión.
Sin embargo, la respuesta de los jóvenes de VOX a este intento de sabotaje no ha podido ser más brillante y ha logrado un mayor impacto que los propios incidentes en Vitoria. Durante un acto en Bilbao en el que participaba Otegi, uno de los militantes logró colar un altavoz que interrumpió el discurso del líder extraoficial de EH Bildu con los gritos de insutos y amenazas proferidos por sus propios cachorros proetarras en Vitoria. Mejor que veáis el vídeo para ver el careto que se le queda a Arnaldo el secuestrador:


Volviendo al primer tema que nos ocupa, hechos semejantes tuvieron lugar en Pamplona durante las Elecciones al Parlamento Europeo del año 2014. Un grupo de niñatos se dio cita mediante redes sociales, whatsapp y carteles en la parte vieja; para boicotear un mitin de según ellos "Fuerza Nueva" que iba a tener lugar en las Escuelas de San Francisco. Realmente se trataba de un mitin de la coalición eminentemente carlista Impuso Social, que con mayor o menor fortuna se presentó a los comicios a la Eurocámara. Como era de esperar, a la cita acudieron medio centenar de descerebrados (I. Antifa, gorrinos, etc) que se dedicaron a increpar y amenazar a los asistentes al acto, pero que no se fueron a casa sin unas buenas multas por violentar derechos electorales.


Desde que la banda terrorista ETA dejó al menos momentáneamente las armas, por mucho que se empeñen en emplear discursos pomposos en los que hablan de paz, normalidad y nuevos tiempos; esconden la realidad de que, en estas tierras, no rige el Estado de Derecho. No existe verdadera libertad ni paz donde los disidentes son amenazados y agredidos. La libertad no se gana mendigando, la libertad se toma por asalto. No mires a otro lado y haz tu parte para que las generaciones venideras lo sean de españoles libres.

Hispano

domingo, 29 de mayo de 2016

25 años del atentado contra la casa cuartel de Vich


Hoy se cumplen 25 años del fatal atentado cometido por la banda terrorista ETA contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic, en el que resultaron asesinadas de forma directa 9 personas, 5 de ellas niños. Otro guardia civil también fallecería accidentalmente durante las tareas de rescate. 

Juan José Zubieta fue encontrado único responsable de aquella matanza, ya que sus otros dos compañeros de comando habían resultado muertos en un tiroteo con la policía. Al ser cuestionado por el juez respecto a si vio a los niños jugando antes de lazar el vehículo cargado de explosivos, Zubieta respondió que: "ése es un hecho que no valoramos porque no es nuestro problema que los guardias civiles utilicen a los niños como escudos humanos", esta es la verdadera catadura moral de los hipócritas que hoy nos hablan de "derechos humanos".

Juan José Zubieta fue condenado en 1993 a 1311 años de cárcel como coautor de  nueve asesinatos consumados y otros 44 en grado de tentativa. En el año 2013 y tras 22 años de prisión fue excarcelado en virtud a la resolución del TEDH que invalidaba la "doctrina Parot", un tribunal cuyas sentencias no son acatadas por otros países realmente soberanos, siendo esta última resolución una sentencia no ejecutiva que vergonzantemente fue aplicada con total celeridad por el Gobierno de Mariano Rajoy y aplaudida por la extrema izquierda; única y exclusivamente porque entre los asesinos y violadores reincidentes, también fueron soltados decenas de terroristas de ETA.

Con motivo del 20 aniversario de la masacre, fue estrenado el excelente documental "mientras jugaban los niños" de David Fontseca y os lo dejo aquí porque nos pueden robar la justicia, pero no la memoria.



Hispano

miércoles, 23 de diciembre de 2015

30 años de una vergüenza en Pamplona


El 23 de diciembre de 1985 los etarras Juan José Legorburu Guerediaga, Juan María Lizarralde y Mercedes Galdós Arsuaga asesinaron al general Juan Atarés Peña mientras paseaba por la Vuelta del Castillo en Pamplona. Tres tiros por la espalda y en el suelo otros dos por supuesto, como corresponde a los valientes abertzales. El militar tenía 67 años, estaba casado y era padre de 7 hijos.

Mercedes Galdós Arsuaga fue condenada a 829 años de prisión, después de fundar el 'comando Nafarroa' y haber participado en persona en 17 asesinatos cometidos desde 1977 a 1986. Cumplió menos de 19 años de cárcel, y fue liberada en 2005, gobernando Zapatero y hace ya 10 años, tras perdonársele gran parte de su pena por sus importantísimas actividades en la prisión, como sus estudios de pedagogía y sus actividades de limpieza, aerobic, mecanografía y fútbol sala. Glorioso. Sus correligionarios políticos gobiernan hoy Pamplona, y el general Juan Atarés no tiene un monumento en el lugar de su sacrificio, ni se le ha puesto su nombre a una calle o una plaza, como debería. No lo ha hecho UPN en 30 años de gobierno, y no parece que el euskoalcalde Joseba Asirón vaya a hacerlo.

Juan Atarés murió con la dignidad de un soldado, cumpliendo con el juramento prestado. Una dignidad que nunca han tenido los abertzales y que no demuestran los que se supone que defienden hoy a España en las instituciones. Su familia ha perdonado a los criminales con un admirable sentido religioso. Y en tres décadas las cosas, que al caído le parecía ya que iban mal, han ido peor: tenemos más ideología nacionalista con ánimo de romper España, más extrema izquierda en el poder, más difusión y manipulación del vascuence, menos libertad para defender la Navarra foral y española, más miedo y menos Patria.

Mientras, Asirón quita su calle a los hermanos Imaz y no se la pone a Juan Atarés, ni tampoco a tantos a los que ETA ha matado, chantajeado y herido en Navarra. ¿Dónde está la placa en recuerdo de Jesús Alcocer? ¿O por qué no se pone su nombre a Mercairuña, donde trabajaba y donde fue asesinado? ¿Dónde están las calles de Joaquín Imaz, José Luis Prieto o Alberto Toca? Navarra no puede olvidar 30 años después, ni podemos aceptar que los asesinos sean premiados mientras se desprecia a las víctimas.

martes, 28 de agosto de 2012

Asesinatos de ETA en Navarra, una historia de dolor e impunidad

A lo largo de su historia criminal, la banda terrorista ETA ha asesinado en Navarra a 40 personas, destrozando a su vez 40 familias, dejando 99 niños huérfanos de padre o madre y causando cientos de heridos de diversa consideración; además de obligar a miles de personas a marcharse de su tierra o a vivir bajo las amenazas de los terroristas y quienes les apoyan.

Este artículo ha de servir como recordatorio y homenaje a todas las víctimas de los atentados de ETA en Navarra. No en vano, el legado de dolor de la banda terrorista se extiende desde el primer asesinato atribuido a ellos; el del guardia civil José Ángel Pardines Arcay, hasta los asesinatos en Mallorca de los guardias civiles Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá Lezaun, este último pamplonés de nacimiento, siendo el último atentado mortal de los terroristas en España hasta la fecha.


26-11-1977: Joaquín Imaz Martínez. La primera víctima mortal de ETA en Navarra fue el jefe de la policía armada de Pamplona. Joaquín se negaba a llevar escolta a pesar de haber recibido amenazas de muerte, había dejado como de costumbre su coche en las inmediaciones de la plaza de toros y al anochecer un grupo de pistoleros de ETA le disparó por la espalda cuando volvía de estar con sus amigos en el cercano Casino Eslava de la plaza del castillo. Estaba casado y tenía una hija de 6 años. 

Los autores del atentado nunca fueron detenidos, aun que en 1979 se encontró colaborador a Francisco Javier Martínez Apezteguía, el cual fue condenado a más de 100 años de cárcel por esta y otras causas, salió de la misma en el año 2000 habiendo cumplido tan solo 21 años del total.


11-01-1978: José Manuel Baena Martín. Era inspector de policía y murió en acto de servicio en un tiroteo que se registró en las inmediaciones de un piso franco de ETA en la ciudad de Pamplona. Durante el transcurso del mismo también fueron abatidos los miembros de ETA militar Mariano Perez Viñaste Churruca y Ceferino Sarasola Arregui. El tiroteo se produjo a media tarde cuando la policía estaba apostada para detener a los miembros del comando, los agentes sorprendieron a los miembros de ETA saliendo del piso, produciéndose entonces un tiroteo en el que resultaron muertos los dos miembros de la banda, un tercero salió corriendo del portal disparando varias veces a José Manuel, que falleció en el acto, dejando viuda y tres hijos.


09-05-1978: Manuel López González. El Guardia Civil volvía de un servicio en la estación de RENFE en Pamplona junto con otros cuatro compañeros cuando a su paso por El Puente Nuevo en la Taconera de Pamplona fueron alcanzados por una bomba colocada en una farola, resultando herido de gravedad junto con otros dos guardias civiles, uno de ellos su hermano. Finalmente Manuel murió por la gravedad de las heridas en el Hospital de Navarra con tal solo 23 años de edad y tan solo a un mes de casarse. Tras el funeral se produjo una manifestación de repulsa que fue increpada de forma violenta por un grupo de abertzales en las calles de Pamplona. A día de hoy se desconoce la autoría del atentado.


02-01-1979: Francisco Berlanga Robles. Miembro de los artificieros de la policía nacional moría en acto de servicio desactivando una bomba colocada en la inmobiliaria Jiménez Fuentes de Pamplona dejando una viuda y tres hijos. Los asesinos de Francisco: Ricardo García Solano, Miguel Mateo Asnariz Dicastillo y su mujer María Gloria del Sagrario Recarte Gutiérrez, fueron condenados por la audiencia nacional en 1982 a 21 años de cárcel. 

La etarra Gloria Recarte pese haber sido condenada a más de 60 años de cárcel, salió en libertad habiendo cumplido tan solo 19 años de prisión, asumiendo desde entonces la dirección de las sucesivas asociaciones de presos de ETA (Gestoras, Askatasuna y Etxerat)


27-01-1979: Jesús Ulayar Liciaga. Jesús había sido el alcalde de Echarri-Aranaz entre 1969 y 1975. Era sábado por la noche, el y su hijo Salvador de 13 años salían de su casa a comprar gasóleo para la calefacción cuando un hombre con una media en la cabeza se acercó al padre y le descerrajó 5 tiros para a continuación salir corriendo hacía un coche donde le esperaban otros encapuchados. Los asesinos de Jesús: Vicente y Juan Nazábal, Jesús María Reparaz y Eugenio Ulayar, este último hijo de un primo carnal de Jesús, fueron finalmente detenidos. 

Como suele pasar cuando el asesinado es del pueblo, la familia se vio obligada a soportar una campaña de desprestigio y hoy ninguno de los Ulayar vive ya en el pueblo. No contentos con eso, el ayuntamiento de Echarri-Aranaz recibió como héroes a los asesinos de Jesús conforme fueron saliendo de la cárcel, incluso fueron invitados a lanzar el cohete de las fiestas y fueron nombrados hijos predilectos del pueblo. Un día, uno de los hijos de salvador se encontró con el asesino de su padre, Vicente Nazábal, y cuando este le recriminó el asesinato de su padre, Vicente le dio una patada. Actualmente Vicente Nazábal trabaja en el bufete de abogados de Patxi Zabaleta, dirigente de Aralar y portavoz de Nafarroa Bai.


05-04-1979: Pedro Fernández Serrano. Pedro era el propietario del bar El Moicano en Pamplona, que se encontraba situado frente al gobierno civil y era frecuente que algunos policías tomasen el café en dicho local. Los terroristas escondieron en el baño un artefacto explosivo que detonó cuando Pedro se disponía a cerrar el local, siendo este la única persona presente en el mismo. La explosión provocó la muerte de Pedro dejando viuda y dos hijos de 3 y 4 años. En 1983 fueron condenados por el asesinato de Pedro a 27 años cada uno los etarras Miguel Mateo Asnariz Dicastillo, Ricardo Garciandia Solano y María Gloria del Sagrario Recarte Gutiérrez.


08-10-1979: Carlos Sanz Biurrun. A Carlos habían intentado asesinarlo unos meses antes, pero no lo habían encontrado en casa,  era el jefe de la brigada de investigación criminal de la comisaría de policía en Pamplona. Carlos acababa de aparcar su coche en la Bajada de Labrit cuando unos pistoleros de ETA le dispararon nueve veces causándole la muerte, murió poco después en el hospital sin haber llegado a poder ser atendido de urgencia. Carlos Sanz Biurrun tenía 39 años cuando fue asesinado, era natural de Genduláin (Cizur) y estaba casado. 

En 1987 la Audiencia Nacional condenó a Mercedes Galdós Arsuaga y a José María Zaldua Corta, este último en rebeldía, como autores del asesinato de Carlos, así como en 1991 condenó a Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui en concepto de cómplice.


08-01-1980: Sebastián Arroyo González. Sebastián había sido Guardia Civil y desde hacía 10 años trabajaba en la fábrica de guantes Igartex de Alsasua. Cuando se encontraba volviendo en coche a su casa desde el trabajo, fue ametrallado desde otro vehículo en marcha ocupado por varios terroristas de ETA. Sebastián recibió seis impactos de bala y perdió el control del coche. Tras recibir los primeros auxilios en Alsasua, se le trasladó al Hospital de Navarra donde fue intervenido durante casi ocho horas. Poco después de las diez de la mañana fallecía de una insuficiencia renal, dejando a una mujer viuda y cuatro hijos huérfanos.


16-05-1980: Francisco Ruiz Hernández y Francisco Puig Maestre. Ambos guardias civiles cenaban habitualmente en el bar Huici de Goizueta y un vecino del pueblo pasó la información a miembros del grupo Adarra de ETA, formado por vecinos del pueblo de Hernani. Ese día, el informador entró al bar para comprobar la posición exacta de los agentes, a continuación, dos etarras encapuchados entraron en el comedor desde la cocina y ametrallaron a muy corta distancia a los dos guardias civiles causándoles la muerte. Francisco Ruiz estaba soltero y Francisco Puig se hallaba casado y con dos hijos de corta edad.

En 1981 fueron condenados José María Aramburu Lete y Juan Miguel Apecechea Arocena a sendas penas de 25 años de cárcel por su colaboración en este atentado. En 1985 fue condenado como autor material Francisco Javier Lujambio Galdeano a 54 años de cárcel.


15-06-1980: Ángel Postigo Megías. Ángel había acudido esa mañana al barrio de La Rochapea para visitar a su abuela, al salir del domicilio se dirigió al automóvil cuando una pareja de terroristas de ETA que se encontraba sentada en un banco cercano se acercó a el y lo acribilló a balazos cuando se disponía a abrir la puerta de su coche. El policía recibió seis impactos de bala que le causaron la muerte en el acto. Ángel estaba casado con una vecina de Villava y tenía un hijo de 5 años. Los pistoleros huyeron en un coche con otros dos miembros de ETA también armados.

Una de las etarras que participó en el atentado, Mercedes Galdós Arsuaga, fue condenada por la audiencia nacional en 1987 a 27 años de cárcel. Pese a acumular penas de prisión por otros 16 asesinatos, quedó en libertad en 2005 tras haber cumplido solo 19 años de reclusión. En el año 2002 fue condenado como inductor del asesinato Santiago Arrospide Sarasola a 27 años de cárcel. En el año 2000 Holanda extraditó al etarra Esteban Murillo Zubiri para ser juzgado por su participación en el atentado contra Ángel Postigo, aun que no se pudo llegar a demostrar su colaboración con los miembros del comando Nafarroa Mercedes Galdos y José Ramón Martínez de la Fuente Intxaurregui. Este último actualmente cumple condenas por su participación en varios asesinatos.

Por otra parte, también el etarra José María Zaldúa Corta participó presuntamente en el asesinato de Ángel, aun que Francia en el momento no concedió la extradición del mismo. Murió en 2010 por un infarto mientras montaba en bicicleta en el país galo. Por último cabe decir que la banda utilizó a un menor para recabar información sobre las rutinas diarias de la víctima, por este “trabajo” se le pagó al mismo 10.500 pesetas. Fue detenido en 1981 y condenado a 2 años de prisión.


21-03-1981: José Luis Prieto García. Teniente coronel retirado del Ejército, José Luis se disponía a entrar en la parroquia de Nuestra Señora del Huerto cuando un etarra se acercó al militar y le disparó dos veces en la cabeza. Varios familiares presenciaron el hecho, incluso su mujer intentó detener a los terroristas, que huyeron en un coche. La muerte de José Luis fue instantánea, y su cadáver permaneció en la acera una hora a escasos metros de la entrada de la iglesia, acompañado por varios de sus hijos. El párroco celebró la misa a la que iba a acudir José Luis en memoria del mismo. Tafallés de 61 años, casado y con 7 hijos, había ostentado el mando de la policía foral del que se retiró en 1979. 

Por este atentado fueron condenados como autores  Juan José Legorburu Guerediaga, Mercedes Galdós Arsuaga y José Ramón Martínez de la Fuente. Fueron hallados cómplices: José Ramón Artola Santiesteban y Manuel Víctor Tomás Salvador Labat.


17-04-1982: Vicente Luis Garcera López. A las 3:00 de la mañana el comando Nafarroa de ETA atentaba con una granada anti-carro contra una tanqueta de la policía nacional que circulaba con una dotación de 9 agentes por las inmediaciones del Puente de la Magdalena en Pamplona, y que regresaba de hacer el relevo de vigilancia en una subestación eléctrica. La granada al hacer explosión contra el vehículo dejo heridos muy graves al conductor, Vicente, y a un compañero suyo, Teodoromiro Díaz Flores. Vicente murió una hora después a la edad de 28 años, casado y con una hija, mientras que a Teodomiro hubo que amputarle la pierna izquierda. Los otros 7 agentes sufrieron heridas de diversa consideración, a pesar de ello, lograron saltar de la tanqueta y repeler el ataque de los terroristas, emprendiendo un fuerte tiroteo que puso a los etarras en fuga dejándose una importante cantidad de armamento.

Fueron hallados culpables del atentado en el año 2004 Juan José Legorburu Guerediaga y Mercedes Galdós Arsuaga, los cuales fueron condenados a penas de 30 años de cárcel. También participó el etarra José María Zaldúa Corta, que murió de un infarto en Francia, nunca juzgado por sus crímenes. Otros miembros de la banda que también participaron fueron Odón Ulibarrena y Mikel Mezkiriz. Fueron hallados cómplices Manuel Víctor Tomás Salvador Labat, Anton Murgiondo, Estaban Murillo Zubiri y Iñaqui Aldecoa. Actualmente Iñaqui Aldecoa pertenece a Aralar. 


04-07-1982: Juan García González. Juan se encontraba con otro compañero del Grupo Especial de Intervención en Montaña de la Guardia Civil cuando salían de la discoteca Irrintzi, al subir al coche y ponerlo en marcha, una bomba trampa colocada por un comando de ETA hizo explosión alcanzando con metralla a ambos miembros del instituto armado y dejándolos heridos de gravedad. Juan falleció mientras era trasladado al Hospital de Navarra, a la edad de 21 años y estando soltero, mientras que su amigo Francisco López García resultó herido de gravedad. Por este atentado fue encontrada culpable Mercedes Galdós Arsuaga.


08-10-1982: Alberto Toca Echeberria. Alberto era el director de la Mutua Patronal de Accidentes de Trabajo ASEPEYO en Navarra y se encontraba trabajando en su oficina de la calle Castillo de Maya nº 42 cuando dos pistoleros irrumpieron en la misma y tras confirmar su identidad le descerrajaron cuatro tiros, cayendo este sobre la mesa y posteriormente al suelo. Tras esto los terroristas escaparon a la carrera perdiéndose por las calles de Pamplona. Alberto fallecía en el momento a la edad de 54 años, estando casado y siendo padre de siete hijos.

Nunca llegó a detenerse a nadie por este crimen, aun que un grupo vinculado a ETA en el sur de Francia, los Comandos Autónomos Anticapitalistas, asumieron la autoría del mismo.


15-10-1982: Gregorio Hernández Corchete.  Una gran afición de Gregorio era la caza, esa tarde había acudido al cuartel de la Guardia Civil en Leiza junto con sus cuñados para legalizar una escopeta que acababa de comprar ese mismo día. Una vez terminado el trámite y saliendo del cuartel, se produjo un ataque del grupo Goierri de ETA, en primer lugar desde un vehículo varios terroristas dispararon contra la fachada del edificio, Gregorio se echó al suelo para protegerse pero ya era demasiado tarde, había sido alcanzado en la yugular y en la pierna por los primeros disparos y moría en el acto. Gregorio tenía 27 años, estaba casado y tenía tres hijos. Acto seguido, otros terroristas escondidos en unos setos junto al río lanzaron una granada de fusil, que hirió a un cuñado de Gregorio así como a varios Guardias Civiles, al mismo tiempo que causaba daños en la parte baja del cuartel.

En el ataque tomaron parte los etarras Pedro José Pikabea Ugalde y Juan María Tapia Irujo. El último fue condenado por la audiencia nacional en 1988 por este y otros crímenes a una pena de cárcel de varios cientos de años. Fue excarcelado en el año 2005 habiendo cumplido tan solo 22 años de prisión.


28-05-1983: Antonio Conejo Salguero y Fidel Aparicio.  Aquella mañana Antonio y Fidel se encontraban en el interior del edificio de Correos en el Paseo de Sarasate de Pamplona. Se encargaban de la seguridad del mismo tres guardias civiles, dos de ellos en la zona pública y el otro situado en una garita blindada del interior. Entonces dos terroristas entraron en el edificio y en cuanto se encontraron a un metro de ambos guardias civiles, sacaron sendos revólveres y realizaron 12 disparos, sin que el tercer guardia civil pudiese reaccionar. En medio del pánico provocado por el tiroteo, los pistoleros huyeron con total tranquilidad. Ambos agentes fueron trasladados rápidamente al hospital pero ingresaron ya cadáveres. Antonio tenía 41 años, estaba casado y tenía dos hijas. Fidel tenía 48 años y estaba soltero en el momento de su asesinato.

A los pocos minutos de producirse el atentado, varias personas que se habían acercado al lugar de los hechos pusieron una bandera de España y dos ramos de flores en el lugar del asesinato. Nunca se supo quienes fueron los autores del atentado, aun que los Comandos Autónomos Anticapitalistas lo revindicaron. Judicialmente ha quedado impune.

27-06-1983: Jesús Blanco Cereceda. Jesús era el Jefe de comunicaciones del aeropuerto de Noain, como cada mañana salía de su casa a las 8:00 para dirigirse a su trabajo cuando se encontró con una vecina y la ayudó a trasladar unos paquetes a su coche. En ese momento fue abordado por un individuo que llevaba un rato esperando en la acera de enfrente y que le disparó tres veces a bocajarro sin mediar palabra. Sangrando abundantemente, Jesús pudo recorrer unos metros hasta desplomarse frente a su portal, en el barrio de San Juan. Fue atendido por su vecina y su marido, que eran enfermera y médico respectivamente, pese a todo, falleció cuando era trasladado por la Cruz Roja al servicio de urgencias del Hospital de Navarra. Jesús, de 58 años, estaba casado y tenía tres hijos.

Los terroristas mientras tanto, se habían dado a la fuga en un vehículo que habían robado a punta de pistola horas antes metiendo a su dueño dentro del maletero. Los integrantes del grupo Mendaur de ETA ya habían intentado acabar con la vida de Jesús dos meses antes. En 1986 la audiencia nacional condenó a Enrique Labay Machín a 29 años de prisión por este asesinato, diez años después Fermin Urdiain Ciriza y Joaquín Sancho Biurrun fueron condenados por el mismo crimen.


13-04-1984: Jesús Alcocer Jiménez, Tomás Palacín Pellejero y Juan José Visedo Calero. Como cada mañana Jesús había acudido al mercado de mayoristas de Mercairuña para para comprar las frutas y las verduras de los tres establecimientos que tenía en la capital navarra. Cuando se disponía a entrar en el edificio, dos jóvenes a cara descubierta le dispararon a quemarropa dos veces, lo que le produjo la muerte instantánea. Jesús moría a la edad de 65 años, casado y padre de cuatro hijas, era comandante de infantería retirado. Hace cuatro años, tanto su vehículo como un establecimiento comercial suyo fueron destrozados por la colocación de una bomba, revindicada por la propia ETA Militar.

Los terroristas huyeron pistola en mano en un Renault 18 donde les esperaba al parecer un cómplice. Varios testigos pudieron ver dicho coche, con lo cual se estableció un amplio dispositivo policial con el fin de localizarlo, lo que se materializó 45 minutos después en la Vaguada de Ermitagaña, justo enfrente de un instituto de enseñanza media. El cabo primero Tomás Palacín y el policía nacional Juan José Visedo procedieron a examinar el vehículo cuando al abrir una puerta hizo explosión una potente bomba en el interior del vehículo causando la muerte en acto de servicio de ambos agentes.

Fueron condenados como autores materiales de dichos crímenes los terroristas de ETA Mercedes Galdos Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga, Juan Carlos Arriaga y José Ramón Martínez de la Fuente Inchaurregui. También fue condenado por la muerte de los dos policías Jesús Jiménez Zurbano, que fue quien facilitó el explosivo para la bomba trampa en la huída.


27-05-1984: José Luis Ollo Ochoa. El capitán, jefe del cuartel de la Guardia Civil en Aóiz, había acudido ese domingo a su piso en el barrio de La Chantrea de Pamplona. A las 8 de la tarde abandonó la casa junto a su mujer para regresar de nuevo a su localidad de destino, al poner en marcha el vehículo la vibración del mismo activó una potente bomba colocada en los bajos del coche, matando en el acto a Luis que quedó atrapado en el amasijo de hierros en el que se convirtió su coche. Luis, natural de Ochagavía, tenía 54 años en el momento de su muerte, estaba casado y tenía dos hijas. Su mujer Esther, que estaba en el exterior del vehículo resultó herida de gravedad y fue lanzada a varios metros, aun así tuvo fuerzas para levantarse y gritar: “¡Me han matado a mi marido! ¡Me han matado a mi marido!” posteriormente fue trasladada a la unidad de vigilancia intensiva del hospital Virgen del Camino.

Por este atentado fueron condenados a penas de prisión como autores materiales los terroristas: Juan José Legorburu Guerediaga, Jesus Jimenez Zurbano, Jesus María Altable Echarte, Miguel Santiago Izpurua García. También fué condenado Javier Martínez Nogales como complice. Finalmente, en 2005 fue condenado José Javier Zabaleta Elosegui por ordenar el atentado. Presuntamente la etarra Mercedes Galdós Arsuaga participo también en el atentado.


07-06-1984: Diego Torrente Reverte. Diego se encontraba en las inmediaciones del estadio del Sadar, estaba preparando un examen para profesor de educación física y todos los días bajaba a esa zona para entrenarse. Se encontraba lavando su coche cuando dos etarras se le acercaron con la intención de robarle el vehículo, ignorando que su propietario era policía. Uno de ellos se dispuso a sacar la pistola mientras decía “Somos de...” Diego, que creyó que iban a matarle y se abalanzó sobre ellos. Durante el forcejeo, uno de los terroristas consiguió darle un empujón, momento que aprovechó el otro para dispararle dos veces fatalmente. Diego tenía 30 años en el momento de su muerte, estaba casado y era padre de tres hijos de corta edad.

Los autores del asesinato pertenecían al grupo Mendaur de ETA, la audiencia nacional encontró culpables del asesinato a Enrique Labay Machín, José Ignacio Urdiain Ciriza y Joaquín Sancho Biurrun, de los cuales solo el primero fue condenado conforme al código penal antiguo, saliendo de prisión en el año 2006 en vez de en el 2014.


30-05-1985: Alfredo Aguirre Belascoáin y Francisco Miguel Sánchez.  Poco antes de las 21:30 de la noche se recibió una llamada en el 091 de Pamplona avisar de la agresión de un drogadicto a su madre. Cuando llegaron los coches zeta de la Policía Nacional al lugar, hizo explosión una bomba escondida dentro de una bolsa de basura junto a una farmacia. En el momento de la explosión Alfredo, que acababa de dejar su bicicleta, estaba llamando por el telefonillo a el domicilio de una vecina donde se encontraba su madre. El niño fue alcanzado de lleno y murió en el acto a la pronta edad de 13 años. En el coche de policía resultó herido de gravedad Francisco Miguel Sanchez y fue trasladado al hospital junto con sus otros tres compañeros. Francisco falleció nada mas ingresar en el hospital debido a la importancia de las heridas.

La bomba había sido colocada poco antes por Mercedes Galdós Arsuaga simulando ser una mujer embarazada. En 1987 la Audiencia Nacional condenó a Mercedes Galdós Arsuaga, Juan José Legorburu Guerediaga y José Ramón Artola Santiesteban como autores del atentado por el cual les fueron impuestas penas de 85 años de cárcel.


23-12-1985: Juan Atarés Peña. Era la víspera de Nochebuena y Juan se encontraba paseando cerca de su casa por el parque de la vuelta del castillo, algo que hacía habitualmente. Dos etarras se bajaron de un coche robado y salieron corriendo por el mismo camino por el que paseaba el general Atarés. Sin mediar palabra, la etarra Mercedes Galdós Arsuaga disparó por la espalda a Juan matándolo en el acto. Juan era general de brigada de la Guardia Civil, tenía de 67 años, estaba casado y era padre de 8 hijos. Los pistoleros se dirigieron al mismo coche del que habían bajado, donde les esperaba otro terrorista y se dieron a la fuga. A los pocos minutos de cometerse el asesinato, la mujer del general y varios de sus hijos llegaron al lugar del crimen. El 24 de diciembre se instaló la capilla ardiente en la comandancia de la guardia civil por deseo de su viuda. El funeral se celebró bajo un ambiente de enorme tensión.

En el año 1987 la Audiencia Nacional condenó a Juan José Legorburu y a Mercedes Galdós Arsuaga por el asesinato de Juan. El tercer autor material, Juan María Lizarralde falleció en los sucesos de la Foz de Lumbier. También fue condenada María Cruz Azcona Larreta como cómplice del asesinato.


17-10-1987: María Cruz Yoldi Orradre. La organización terrorista había colocado un coche bomba en el centro de Pamplona, que pese a las llamadas de aviso por parte del comando, no había podido ser localizado debido a las instrucciones confusas e inexactas de su emplazamiento. María Cruz, repartidora de periódicos, se encontraba depositando ejemplares de la prensa del día en la puerta de la sucursal objetivo cuando la bomba hizo explosión, lanzándola a 12 metros contra un coche y provocándola graves heridas y fracturas “incompatibles con la vida” según el parte médico. María Cruz, procedente de la localidad navarra de Najurrieta, estaba casada y tenía seis hijos.

Este atentado fue cometido por el grupo Amaiur de ETA y por el mismo la audiencia nacional condenó a Bautista Barandalla Iriarte a más de 40 años de prisión. Otros componentes del comando fueron Mikel Castillo Furtado, Alberto Ilundáin Iriarte y Juan Carlos Pérez. Este último secretario de HB en el ayuntamiento de Pamplona a la vez que terrorista de ETA.

21-08-1988: Antonio Fernández Álvarez y José Ferri Pérez. Antonio y José pertenecían a la agrupación de tráfico de la Guardia Civil y se encontraban patrullando por Estella cuando los etarras hicieron estallar un coche bomba al pasó de su coche patrulla, matando a ambos agentes en el acto. En el momento de su asesinato Antonio tenía 35 años y José 34, ambos agentes estaban casados y tenían 2 y 3 hijos respectivamente. También resultaron heridos por la metralla de la explosión una madre y su bebé de pocos meses, ya que vivían en las inmediaciones del lugar del atentado.

Este atentado terrorista desató una gran indignación en la localidad navarra, ya que ambos agentes eran muy apreciados, unos días antes del atentado tanto Antonio como José habían participado en una operación de rescate en un incendio que se había desatado en Estella. Más de 5.000 vecinos participaron en una marcha silenciosa que recorrió la ciudad. El concejal de HB Patxi Lage fue destituido de su cargo como gestor de sanidad y medioambiente al negarse a condenar el atentado.

En 1992 la audiencia nacional absolvió al etarra Germán Rubenach Roig al no poder demostrarse su participación en este atentado.


16-10-1988: Julio Gangoso Otero. La noche de este día los terroristas hacían explotar un coche bomba en la calle Larraina al paso de un comboy policial formado por una tanqueta y un Land Rober que venían de prestar servicio de vigilancia en la cárcel de Pamplona. La deflagración afectó de lleno a la tanqueta, hiriendo de gravedad a 7 jóvenes guardias civiles y provocando la muerte a Julio Gangoso Otero a la edad de 31 años, estando casado y siendo padre de dos hijos.

En 1995 la Audiencia Nacional condenó a los miembros del comando Nafarroa Juan José Zubieta Zubeldia, Javier Goldaraz Aldaya y Germán Rubenach como los autores del atentado que le costó la vida a Julio, siendo condenados a peñas de 170 años de cárcel cada uno.

04-06-1990: Francisco Almagro Carmona. A la una y media de la madrugada los miembros del comando de ETA llamaron al portal de Francisco de forma amistosa para que bajase: “Baja, Paco, baja”. Cuando abrió el portal, le descerrajaron cuatro tiros y huyeron en un vehículo que habían robado a punta de pistola a una pareja que habían dejado encadenada a un árbol cercano al pueblo de Arre. Francisco estaba casado y dejaba dos huérfanos de 9 meses y 7 años respectivamente.

Francisco había sido expulsado del Cuerpo Nacional de Policía diez años antes por tenencia de estupefacientes. Durante su estancia en Pamplona nunca había sido detenido o procesado por causas relativas al narcotráfico, sin embargo HB, que se había erigido por aquel entonces contra el consumo de drogas, repartió panfletos acusándolo de traficante.

Tres semanas después se encontró la pistola que había sido utilizada para asesinar a Francisco al lado del cadáver del etarra Juan María Lizarralde Urreta, que al parecer se había suicidado junto con su compañera Susana Arregui Maiztegui al creerse rodeados por la Guardia Civil. En estos sucesos resultó herido y detenido el terrorista Germán Rubenach Roig, el cual fue condenado a 30 años de prisión por el asesinato del ex policía nacional.


25-06-1990: José Luis Hervás Mañas. El sargento de la guardia civil pertenecía a un dispositivo de seguridad de la Guardia Civil para proteger a los turistas que visitaban el paraje natural de la Foz de Lumbier debido a que se habían producido robos en los meses anteriores. Los agentes habían observado los movimientos sospechosos de tres individuos acampados a las orillas del río Irati, José Luis bajó por un terraplén para proceder a la identificación de los sospechosos, en ese momento el etarra Germán Rubenach Roig disparó varias veces contra el, alcanzándolo 3 veces y provocándole la muerte. José Luis estaba casado y tenía dos hijos de 10 y 12 años. Una vez en el suelo, los terroristas le robaron su arma reglamentaria, y emprendieron un fuerte tiroteo con los demás miembros del instituto armado a la hora de cubrir su fuga, en el mismo resulto herido grave el sargento José Domínguez Piris que fue trasladado a la Clínica Universitaria de Pamplona.

Inmediatamente se estableció un dispositivo policial para localizar a los terroristas, a las 9 de la noche, se localizó a un hombre herido que resultó ser Germán, el autor del asesinato, y que fue trasladado al hospital de Navarra para ser intervenido quirúrgicamente. Al día siguiente, la Guardia Civil, que seguía batiendo la zona, encontró los cadáveres de Juan María Lizarralde y Susana Arregui con sendas heridas de bala en la cabeza ya que al parecer se habían suicidado al sentirse acorralados por los agentes del cuerpo armado.

Posteriormente se determinó que los terroristas se encontraban estudiando la rutina de las patrullas de la Guardia Civil para atentar contra ellas. Germán Rubenach Roig fue juzgado y encontrado culpable tanto del asesinato de José Luis Hervás como del intento de asesinato de José Domínguez, por ello fue condenado a 57 años de prisión. También fueron hallados cómplices los terroristas Juan José Zubieta Zubeldia y Javier María Goldaraz Aldaya.


19-04-1995 Eduardo López Moreno. El policía nacional se encontraba fuera de servicio y había ido a pescar al río Bidasoa en la frontera con Guipúzcoa. Nunca se llegó a saber por qué, quizás vio a alguien o algo sospechoso, o quizás solo fue a echar un vistazo al antiguo cuartel de la Guardia Civil en Endarlaza. Los terroristas de ETA habían colocado una bomba trampa en el edificio abandonado ya que rutinariamente era inspeccionado por patrullas de la Guardia Civil. La explosión del artefacto afecto de lleno a Eduardo que falleció a los 38 años dejando viuda y tres huérfanos.


06-05-1998 Tomás Caballero Pastor. Como todos los días desde que tomó posesión de su cargo como portavoz de UPN en el ayuntamiento de Pamplona, Tomás se dirigía al ayuntamiento para realizar su trabajo. Tomás acababa de poner en marcha el vehículo e iba acompañado por una vecina que habitualmente acercaba a su puesto de trabajo en el centro de Pamplona, cuando dos etarras tirotearon su coche alcanzándole dos veces. Tras los disparos, dos terroristas huyeron en direcciones opuestas. Su hijo, que oyó los disparos desde su casa, avisó a la policía y bajo para intentar atender a su padre, que fue trasladado al Hospital de Navarra, falleciendo una hora después debido a la gravedad de sus heridas. Tomás estaba casado y era padre de 5 hijos.

El día que ETA asesinó a José Ignacio Iruretagoyena, el 9 de enero de ese mismo año, los miembros de Herri Batasuna del consistorio pamplonés se negaron a condenar el crimen, con lo que Tomás Caballero les dijo: “Debemos plantar cara no solo a los asesinos, si no a quienes les jalean, les apoyan y nunca les condenan. Me estoy refiriendo a los miembros de HB” Por estas y otras declaraciones HB se intentó querellar por injurias contra Tomás, causa que no prosperó, ante esto el diario Egin publica su fotografía señalándolo de facto un mes antes de su asesinato.

Por el asesinato de Tomás la audiencia nacional condenó a 30 años de prisión a los etarras Francisco Javier Ruiz Romero, Mikel Javier Ayensa Laborda y Alberto Viedma Morillas.


09-08-2000 Francisco Casanova Vicente. El subteniente del ejército Casanova regresaba de su trabajo en el acuartelamiento de Berriozar cuando al entrar en el garaje de su casa un miembro de ETA le disparó a través de la ventanilla del coche varios tiros que le alcanzaron en la nuca. A continuación, los terroristas salieron a pié del garaje y huyeron en una moto. La esposa y su hijo de 11 años fueron los primeros en acercarse hasta el cuerpo del subteniente, que falleció en el acto. Francisco además tenía otra hija de 7 años.

El ayuntamiento de Berriozar sacó adelante un pleno extraordinario en el que se condenaba el asesinato con el apoyo de todas las formaciones políticas salvo de Euskal Herritarrok, a la que pertenecía el alcalde José Manuel Goldaracena. Semanas después los concejales del PSN, IU y CDN presentaron una moción de censura por la cual Goldaracena dejó de ser alcalde de Berriozar.

En el año 2004 la Audiencia Nacional condenó a Alberto Viedma Morillas y Mikel Javier Ayensa Laborda a 30 años de prisión por el asesinato de Francisco, con el agravante de haber actuado por la espalda y sin posibilidad de defensa “Con una frialdad que repugna a todo ser humano”.


14-07-01 José Javier Múgica Astibia. A primera hora de la mañana José Javier salía de su casa ya que se disponía a hacer un reportaje fotográfico de una pareja de novios. José Javier había estado unos días fuera del pueblo para apartarse de la tensión, dadas las continuas amenazas que venía sufriendo por estar al frente de UPN en el ayuntamiento de Leiza, las cuales culminaron con la quema de su furgoneta de trabajo por parte de terroristas callejeros. Alguien avisó a los etarras de que este había vuelto, los cuales colocaron una bomba lapa en su furgoneta nueva por la noche que hizo explosión la mañana siguiente al poner en marcha José Javier el vehículo, matándolo en el acto.  

El equipo del gobierno de Euskal Herritarrok optó por “lamentar profundamente lo ocurrido” en un tenso pleno en el ayuntamiento en el que algunos de los asistentes calificaron de “cobardes” a los concejales proetarras.

Los autores materiales del asesinato de José Javier fueron los miembros del comando Argala 2, Andoni Otegui, Oscar Celarain y Juan Carlos Besance Zugasti. Otros miembros de ETA que participaron en el atentado fueron el sanguinario Francisco Javier García Gaztelu, alias “Txapote” y Ibon Urrestarazu.


24-09-02 Juan Carlos Beiro Montes. ETA volvía a asesinar en el mismo pueblo después de matar 14 meses antes a un concejal de UPN. Los terroristas habían colocado una pancarta en la que ponía “Gora ETA, GC jota bertan hil” (Viva ETA, GC muere aquí) además del anagrama de la banda terrorista y una diana con un tricornio. La misma estaba colocada al lado de la carretera y fue vista primero por un agente de la Guardia Civil que no estaba de servicio y que dio aviso al cuartel de Leiza, de donde se envió una patrulla para retirarla. Cuando los guardias civiles se acercaron a retirar la pancarta, los terroristas accionaron una carga explosiva que impactó de lleno en el sargento Miguel de los Reyes Martinez Morata y el cabo Juan Carlos Beiro Montes e hirió levemente a otros tres compañeros suyos. Tras ser atendidos en el lugar del atentado, una UVI móvil trasladó al cabo al Hospital Donostia, donde ingresó ya cadáver tras sufrir una parada cardiorespiratorioa. Juan Carlos fallecía a la edad de 32 años, estaba casado y tenía dos hijos.

Cuatro días después, 50.000 personas marcharon por la capital navarra tras el lema “Paz y libertad /Bakea ta Askatasuna. ETA NO” Manifestación en la que participó su viuda. A día de hoy este asesinato sigue estando impune, en el cuarto aniversario del mismo, la viuda de Juan Carlos pidió que “No abandonen nunca la investigación y que no paren sean cuales sean las coyunturas políticas hasta que los asesinos paguen sus delitos”.

30-05-03: Bonifacio Martín Hernando y Julián Embid Luna. Como cada varias semanas, habían acudido a la localidad de Sangüesa tres policías nacionales para facilitar a los vecinos la renovación del DNI, evitando el desplazamiento de los mismos a la capital navarra. Para que los vecinos pudieran pedir cita, la fecha de la visita era anunciada públicamente con días de antelación. Tras terminar el trabajo de la mañana, los agentes se dirigieron al coche para regresar a Pamplona y al accionar el contacto del coche, hizo explosión una potente bomba lapa en los bajos que acabó con la vida de Bonifacio y Julián. Ambos agentes estaban casados y tenían dos hijos. El tercer agente, Ramón Rodríguez Fernández, salvó su vida al no encontrarse en el interior del vehículo aun que quedó herido de gravedad en los miembros inferiores, abdomen y tórax. También resultó herido de gravedad un empleado de telefónica que pasaba por el lugar, así como también hubo decenas de heridos leves que se encontraban en una plaza cercana.

A dia de hoy sigue sin saberse quien acabo con la vida de Bonifacio y Julián.


Agradecimientos:

Este artículo no habría sido posible sin el admirable trabajo de blogs como In Memoriam, El mapa del olvido y páginas web como el boleto.


Hispano